X-504 EN RECITAL
OSCAR ROBLEDO HOYOS *
El impacto al llegar a la sala del recital de Jaime Jaramillo Escobar no podía haber sido más grande. Desde el comienzo se nos exigió el más estricto silencio. Que fuera sepulcral – lo confirmamos por el dedo índice sobre los labios de la azafata a este viaje entre las estrellas. “Chiss, por favor no hagan ruido”; nos indicó mientras con la mano derecha nos abría la puerta de cristal. La exigencia de silencio era porque detrás venían dos grupos de estudiantes de un colegio femenino que igualmente llegaban tarde a la hora de la cita. Viaje a la estrellas o viaje intergaláctico porque al fin y al cabo eso es la experiencia de la poesía, meterse a un mundo desconocido en donde las palabras saltan, brillan, significan de manera diferente más si se trata de esta poesía “sui generis” que fue llamada en su momento “Nadaísta” y que apuñara con su sello Gonzalo Arango el gran gurú de la Montaña. Efectivamente, el maestro habia comenzado el espectáculo.
El impacto no lo fue por contraste al tenor de la Real Academia de la Lengua “Golpe emocional producido por una noticia desconcertante” sino por la sensación de sentir el mismo clima poético -o “el clima Nadaísta” como lo planteara en su momento Cobo Borda en su Antología Portátil. La misma tensión interior que tuvimos veinte años atrás cuando nos encontramos con su poesía. Esos primeros poemas que disfrutamos en audio, nos habían gratamente sorprendido y nos dejaron pegados al piso. Fueron aquellos sobre la temática de la muerte “Aviso a los moribundos” y “La cena de los muertos” de su primer libro - para muchos el mejor de todos – LOS POEMAS DE LA OFENSA - que publicó hace cuarenta años y que merecieron comentarios de Andrés Holguín en su “Antología critica de la poesía colombiana”. Al borde ya de sus ochenta años X-504 volvió a sorprendernos con su verbo disolvente y ácido cargado de fino humor. Socarrón e irreverente por ese espíritu burlón de fina herencia quevediana.
A momentos, más que poesía, deviene en prosa poética generalmente inspirada en temas populares muy colombianos. Se nos hace imposible pensar una traducción ya que se extiende en diarios de campo de tipo etnográfico tanto en lo idiomático como en otros como la flora y fauna tropicales, sitios, municipios sonoros de Colombia, etc. Las enunciaciones se vuelven prolijas en su inventario de imágenes y sonidos a tal punto, que si no interviniera su picante sentido del humor traerían el sueño a lectores y auditorios. Hay en su puesta de escena algo de patético y teatral por su figura esbelta y demacrada, voz ronca con trémolos continuos que por un momento asustaron la colegiala del lado. Pasó con su quijada enhiesta y su verbo a veces cálido, a veces tierno y otras, simplemente dantesco. En la muestra que entregó dejó clara su sensibilidad por la temática afro descendiente. Declamó – evidentemente - con voz tremendista y profunda, como solo él puede hacerlo, “Ruego a Nzamé”: Dáme una palabra antigua para ir a Angbala // con mi atado de ideas sobre la cabeza. // Quiero echarlas a ahogar al agua.// Una palabra que me sirva para volverme negro, // quedarme el día entero debajo de una palma, // y olvidarme de todo a la orilla del agua.// Dame una palabra antigua para volver a Angbala,// la más vieja de todas, / /la palabra más sabia.// Una que sea tan honda como el pez en el agua. // ¡Quiero volver a Angbala!”. Más que ecos de Rimbaud en su peregrinaje por Abisinia, lo que se ve en este poema es el simple y elemental negro del Pacifico colombiano que tan bellamente nos dejó en su ópera prima Oscar Ruiz Navia en su película El Vuelco del Cangrejo, una acuarela fotográfica y sociológica maravillosa.
En Alheña y azúmbar, Jaramillo Escobar además del repertorio de frutas tropicales, generalmente “de los negros” y de clima caliente, describe con colores encomiásticos a la mujer bella de nuestras dos costas: “Mi negra tiene un meneo que no cabe por la calle, // Mueve el tacón y la punta del zapato y ese baile// Derrama tantas fragancias que no caben en el aire. // Mi negra es alta y esbelta, muy lucida y bien plantada, // Su cuello es tan largo que anda su cabeza por el aire. // El donaire de mi negra no cabe en ninguna parte. // Mi negra tiene ojos blancos, dientes blancos, calzones blancos,// Calzones en diminutivo, calzoncitos, prendas íntimas…// Yo no sé qué tienen de íntimas si las anda mostrando por todos lados”
Gracias maestro por haber unido de manera tan estrecha para los asistentes el Libro, la poesía y el teatro. Fue su recital una muestra viva de lo que en nota anterior denominé “El poema lo prefiero caliente” que publicó nuestro Bloq Lalocadelacasa, Manizales, Colombia.
*. Sociólogo.
Manizales, Septiembre 16 de 2011.

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