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jueves, 2 de marzo de 2017

AFUERA PASAN COSAS, de Uriel Giraldo Alvarez




Del libro Al borde la vía (1988)





Afuera pasan cosas carros gentes


Alguien que aprovecha la mitad de la noche


para lanzar un grito que a nadie espanta ni conmueve


Aquí en el silencio de este cuarto


donde de una manera impalpable estás presente


mi desolada piel también lanza su grito


y te reclama











Hace frío en San Francisco de Quito


Proveniente de todos los rincones


el viento trae un olor a berrinche


ee hombres que orinan en los andenes


a cualquier hora del día o de la noche


Buses para enanos cruzan atestados


de indígenas que dormitan


mientras amamantan niños de hasta tres años


En las calles se mezclan


olores que escapan


de los restaurantes


y de las canastas de indígenas


que en los andenes


sirven habas fritas


en papel de envolver


Al filo de las cinco de la tarde


el centro recobra su aire de colonia


tremendamente triste y gris


sobre todo su esplendor de oro retorcido


y el polvo el polvo el polvo


cubre de abandono


todo su pasado


su presente


y su futuro?











Me pregunto qué habrá sido


de la muchacha aquella


que a tantos enseñó a besar


en el zaguán de una casa en penumbra


mientras en las piezas del fondo


su madre y su abuela


murmuraban plegarias a los santos


Fue la primera que permitió a nuestras manos


traspasar la valla enresortada


para descubrir la incógnita de siempre


¿Recordará nuestros juegos


cada vez que alguien la posee de afán


en algún zaguán oscuro?








Del libro Calle 13 Carrera 13 (1990)





LA DE ENFRENTE








1





El tipo tiene cara de cornudo


aunque se las tira de vivo


Ella tiene cara de tigresa en acecho


Me pregunto cuál va a ser la presa de la cuadra


Hace pocos días viven enfrente


Vinieron una noche en un camión inmenso


con muchachitos que ayudaban


a quebrar


espejos y trastos de loza


Hasta la madrugada estuvieron


entrando y saliendo


acomodando cosas y dando lora


Se diría que se sentían


tomando posesión del paraíso








2





La tipa de enfrente


pese a todo


parece ser buena gente


y sobre todo buena hembra


Cuando camina


parece que el aire le estorbara


y se lo aparta


sacudiendo las caderas


Mira como tanteando las miradas


Trata de sorprender en los rostros


el efecto de sus movimientos laterales


Así se ha convertido


de presa apetecible en cazadora


y a nosotros nos ha puesto en guardia


¿Será esa su arma


para mantenernos a distancia?


3





La tigresa tiene sus lados vulnerables


- ¡y qué lados! -


y deriva gran placer en exhibirlos


Se recuesta contra la ventana


con los brazos cruzados


ofreciendo en bandeja sus senos al sol


y a nuestras miradas que no le son indiferentes





4





Últimamente veo vecinos que no conocía


haciendo uso de sus ventanas


para saber lo que pasa en el mundo


y sobre todo en el mundillo mórbido de enfrente


Yo me siento como príncipe


desde mi ubicación envidiable


que me permite seguir el transcurso del mundo


sin que se me escape movimiento





5





Hay alarma en las huestes femeninas de la cuadra


y empiezan a tejer historias dela intrusa


Tal para cual   dicen las ofendidas


No sé cómo mujeres que no dejan sus casas


supieron que el tipo tiene otra familia


con dos hijos a bordo


y que ella se cobra revancha


refregándole en la cara


aventuras con donceles atropellados





6





Múltiples ojos masculinos acechan sin recato


en horas imposibles


el decurso de los acontecimientos


porque –se supone- tiene que haber un desarrollo


si la lógica que da la experiencia


no fracasa


Se espera que de un momento a otro


surja la señal que indique la escogencia





7





Son cinco los hijos


entre los seis y los diez años


tan flacuchentos y pálidos


que cuesta imaginarlos


sentados en los inmensos


y mullidos muebles


de ricos emergentes


La mayor tiene tanto mundo


como carne le falta


Diríase que goza


con el revuelo de miradas


que levanta su madre


Habituada sin duda a sus andanzas


habría que considerarla cómplice


aunque sin saberse aún


hasta qué parte del juego





8





No sé qué aspectos desequilibraron la balanza


después de ser pesados y sopesados por más de una


semana


pero de pronto fue hecha la escogencia


Nadie sabe con qué gesto preciso


le fue revelada a Fortunato


la riesgosa fortuna


de ponerle los cuernos al celoso vecino


Pero se vio que con inútil disimulo


Fortunato desde su ventana


dada por señas unos números


que la adelantada hija


copiaba en una hoja


arrancada de afán


Al momento se oyó un teléfono


que sonaba en alguna parte de la cuadra





9





El vecino para suavizar los cuernos


decía del adúltero


“pobre muchacho le hace el amor a una nevera”


El pobre mientras tanto


borbotaba sobre un volcán de lava


hasta sentir los pasos de la muerte




Uriel Giraldo Alvarez: Profesor asociado de la Universidad de Caldas. Salamina, Caldas. Ingeniero Electricista de la Universidad Nacional y Especialista en  Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Caldas. Bajo el nombre de Lecturas Temáticas de Poesía desde el año 2006 realiza ciclos anuales de conferencias sobre autores hispanoamericanos. Director del Semillero de Investigación Literatura en Escena, A Cántaros Danza. ➽➽➽➽
Ha publicado los poemarios
Al borde de la vía, 1988
Calle 13 Carrera 13, 1990
Visiones, 1990
Aquel amor ya nostalgia, 1993
Fe de erratas, 1997
Insistencia en la tierra, 1999
El libro de cuentos Todavía la vida, 1995
Y la novela Un habitante más, 2000

Ha obtenido los siguientes premios y reconocimientos:

Finalista Concurso Nacional de Poesía Universidad de Antioquia, 1987
Primer premio de cuento Juegos Florales de Manizales, 1993 y 1994
Primer premio de poesía Juegos Florales de Manizales, 1996
Primer premio de poesía Casa de Poesía Fernando Mejía Mejía. Manizales, 1997
Primer premio de novela Concursos Literarios Fondo Editorial de Caldas, 2000

Traducido al alemán  por Renato Vecellio. Textos suyos han aparecido en numerosas revistas y antologías de Alemania y Austria.

miércoles, 3 de agosto de 2016

EL ARBOL, POEMAS DE GABRIEL ARTURO CASTRO



 
EL ÁRBOL,  poemas de Gabriel Arturo Castro

Desde  tiempo atrás me han atraído los temas y motivos de la naturaleza interior y exterior del hombre, según la conocida síntesis aristotélica, donde la psiquis y la realidad circundante forman un todo, una unidad interrelacionada, llena de conexiones y relaciones que varían, evolucionan y  cambian todos los días. Dicha metamorfosis es a veces invisible para el hombre que contempla los espacios y lugares que lo rodean. 

Siempre ha existido una dicotomía entre la naturaleza y el hombre, gracias a una visión antropocéntrica del mundo, aspecto que ha permitido el total dominio del hombre sobre su entorno, una doble condición de creación y destrucción. Esta visión judeo-cristiana, reforzada por la revolución mecánica, tecnológica e industrial, desconoce la existencia sagrada en los otros seres vivos que nos rodean, por ejemplo, animales y plantas, quienes no poseen principios espirituales propios. Los no humanos, en este caso, están desligados de nuestro origen, separados del mundo humano y por lo tanto pueden ser destruidos sin atenuantes morales. La contaminación es un  ejemplo, junto a la deforestación y pérdida de la biodiversidad, actividades realizadas por el hombre quien su razón práctica erradica lo que considera extraño a su naturaleza: la lógica del depredador, “cuya razón produce monstruos”. Dicho comportamiento pragmático ha llevado a la pérdida de contenidos vitales en la naturaleza, sobre todo el plano simbólico e imaginario de naturaleza humanizada. Hoy en día asistimos a todo lo contrario: la deshumanización del entorno propiciado por el racionalismo capitalista, profano, secular, de acuerdo al mito del “progreso”.

La cultura dominante ha impuesto una visión pobre y limitada de la naturaleza, según los modelos de consumo. Los seres que rodean al hombre entran sólo a tener valor de cambio y no valor de uso. Entre ellos están los bosques y el árbol, cuya existencia es de un valor esencial para el hombre. Es la encarnación de la vida, el punto de unión del cielo, la tierra y el agua, el eje sobre el cual se organiza todo el universo. Los antiguos pueblos creían que el árbol estaba imbuido de gran cantidad de energía divina creativa. Los bosques llegaron a simbolizar el misterio y la transformación, la longevidad, la inmortalidad, la regeneración y el renacimiento, además de sus propiedades curativas. Desde el inconsciente colectivo el árbol es el centro del Paraíso, el origen de la vida, lugar de paz y refugio, un lugar donde se hallan afectos, secretos y recuerdos, una memoria activa del cada hombre acerca de la armonía, el crecimiento espiritual, el saber, la manifestación del sol, la madre tierra, la fuerza vital invisible que duerme, la iluminación, la fertilidad. 


El árbol es casi para todos los pueblos y culturas del mundo el símbolo del universo, el soporte, el origen y el conocimiento. Con él se simboliza toda una cosmovisión que expresa un carácter sagrado del mundo, de la vida y la naturaleza. Su figura contiene los tres niveles cósmicos: inframundo (raíz-Madre- Tierra); tierra (tronco-fertilidad) y cielo (copa-los cuatro rumbos). Ha significado eje del mundo, ceiba sagrada, sostenimiento del cielo, columna de la tierra, cordón umbilical, centro del mundo y  libro de los destinos. Para James Frazer algunos árboles están dotados de alma, lo que les permite ser “poesía viva”, gracias a su extensión vertical, mirada aérea, textura de sus nudosidades, sus ramas virtuosas,  su perfecto orden interior y su idioma, que según Eduardo Cote Lamus, anudan letras en sus troncos. Alguna vez José Eustasio Rivera escribió en “La Vorágine” acerca de la extracción del caucho: 
                                               
Mientras rodeo el tronco para recoger el líquido con la varilla acanalada del carana y guardar sus trágicas lágrimas en el recipiente, la nube de mosquitos que la defiende chupa mi sangre y la templada bruma de la selva me cubre los ojos. De este modo, el árbol y yo, cada cual con su tormento, derramamos lágrimas ante la muerte y luchamos cuerpo a cuerpo hasta sucumbir.


PERSEGUIDOR

El perseguidor de la montaña no necesita de lazo,
ni la trampa, ni el dulce metal fundido de una
ballesta. No. Sólo le basta lanzar las astillas de la
palma para cazar los pájaros nocturnos.

FOGONERO
                          
El fogonero, cuando prendía la hoguera de roble,
solía mirar a la mariposa de fuego que brotaba
con sus tildes rojas y las dos gotas de aceite quemando
el vivo paisaje de la noche.
Al final, extinta la llama, únicamente podía ver un
puñado de líneas delgadas sobre la ceniza.


                                   EMBRIAGUEZ

                                   El hombre del bosque cortó la sombra del viejo árbol,
aquel e speso ramaje que sostenía la embriaguez de los
pájaros de diablos y lunas, y al mono aullador fijando
su voz ebria sobre la copa o la corteza.
De la tala surgió un misterioso árbol, segunda reunión
de espigas, madura sombra, extensa y cierta.
Ahora la flor seca huele a vino rancio.



TRAMPA

           La perdiz camina alrededor del árbol dulce,
           raíces amargas disfrazadas de aromas,                                 
           frutos agrios vestidos de miel silvestre.
           Trampa de copa ancha y tronco corto,
            la perdiz se acerca al árbol para ser cazada.




            BOSQUE

Quizás el brujo viaje a buscar al árbol calmante
de la sarna, a rezar frente al abuelo revivido dentro
de un roble infestado de abejas, a descubrir el lugar
donde los follajes ocultan los cuernos del ciervo o a
seguir dialogando cerca al hombre árbol, el árbol que
habla de la mujer durmiente bajo su espectro. O quizás
el brujo extraviado por siglos entre el bosque siga
juntando ramas para formar una montaña.

JUANA DE ARCO
           
Al pie de la casa de mi padre se ve un bosque, cima de monte, madriguera del sol descendiendo. Allí los enfermos preguntan por el árbol de la fuente que los sana.
Ellos son fuertes cuando caminan sobre la colina, decididos al cruzar el campo. Pasean alrededor del árbol, sujetan las guirnaldas de sus ramas y hablan de la vigilia, del paraíso al extremo del cielo, del sueño vuelto llama y ceniza.
No son adeptos a la inmortalidad, llevan la palidez, el final en su propio vientre. No sé si transitan por la edad de la razón, pero les oí murmurar que de ese tronco saldrá una joven, una heroína creadora de milagros.
Desde entonces elegí mi destino junto al árbol.


                                                 

           ENTRE LA SELVA Y EL HOGAR        

No midieron su viaje entre la selva y el hogar. El algún lugar del mapa tocarán con las manos el suelo de su origen y lo reinventarán todo, la raíz oscura, lenta y verdadera, el mapa de todas las grutas, el musgo ceñido a la garganta, la idea de otra edad en expansión, la afilada indecisión de un límite.
Su sitio en el paraíso será feriado, junto a su sed por el zumo de sandía, el bosque de cuerpos luminosos.