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sábado, 4 de agosto de 2007

Biografía y Textos / María Zambrano













María Zambrano. Pensadora, ensayista y poeta española nacida en Vélez, Málaga, en 1904.

Hija del pensador y pedagogo Blas José Zambrano, hizo sus primeros estudios en Segovia. En Madrid estudió Filosofía y Letras con Ortega y Gasset, García Morente, Besteiro y Zubiri. Vivió muy de cerca los acontecimientos políticos de aquellos años, de cuya vivencia fue fruto su primer libro «Horizonte del liberalismo» en 1930. Entabló amistad con importantes poetas y pensadores de la época como Luis Cernuda, Jorge Guillén, Emilio Prados y Miguel Hernández, entre otros.
Finalizada la Guerra Civil, salió de España en enero de 1939, dejando atrás todo lo suyo, exiliándose inicialmente en Paris donde entabló amistad con Albert Camus y con René Char. Posteriormente vivió en México, La Habana y Roma, desarrollando una gran intensidad literaria y escribiendo algunas de sus obras más importantes: «Los sueños y el tiempo», «Persona y democracia», «El hombre y lo divino» y «Pensamiento y Poesía» entre otros. Después de 45 años de exilio regresó por fin a Madrid en 1984.


En 1988 le fue reconocida su obra con el Premio Príncipe de Asturias y el Premio Cervantes.
Falleció en Madrid en 1991.

TEXTOS

1

CLAROS DEL BOSQUE


No me respondes, hermana. He venido ahora a buscarte. Ahora, no tardarás ya mucho en salir de aquí. Porque aquí no puedes quedarte. Esto no es tu casa, es sólo la tumba donde te han arropado viva. Y viva no puedes seguir aquí; vendrás ya libre, mírame, mírame, a esta vida en la que yo estoy. Y ahora sí, en una tierra nunca vista por nadie, fundaremos la ciudad de los hermanos, la ciudad nueva, donde no habrá ni hijos ni padres. Y los hermanos vendrán a reunirse con nosotros. Nos olvidaremos allí de esta tierra donde siempre hay alguien que manda desde antes, sin saber. Allí acabaremos de nacer, nos dejarán nacer del todo. Yo siempre supe de esa tierra. No la soñé, estuve en ella, moraba en ella contigo, cuando se creía ése que yo estaba pensando.


En ella no hay sacrificio, y el amor, hermano, no está cercado por la muerte.
Allí el amor no hay que hacerlo, porque se vive en él. No hay más que amor.


Nadie nace allí, es verdad, como aquí de este modo. Allí van los ya nacidos, los salvados del nacimiento y de la muerte. Y ni siquiera hay un Sol; la claridad es perenne. Y las plantas están despiertas, no en su sueño como están aquí; se siente lo que sienten. Y uno piensa, sin darse cuenta, sin ir de una cosa a otra, de un pensamiento a otro. Todo pasa dentro de un corazón sin tinieblas. Hay claridad porque ninguna luz deslumbra ni acuchilla, como aquí, como ahí fuera.

Zambrano, M.: "Los hermanos" en La tumba de Antígona, Madrid,
Ed. Mondadori, 1989, pp 79-80


2

GEOGRAFÍA DE LA AURORA

Y las piedras preciosas, esas grutas de esmeraldas que nacen en sueños y al soñante acogen tan de verdad que éste conserva en la vigilia las huellas del tacto, a veces hecho memoria tanto o más que un lugar simplemente natural; y el color que sin nombre sostiene la retina por años, por duraciones sin fin, ese color visto tan sólo en sueños y ese felicísimo estar en la gruta, y aun el poder volver a ella encontrándola en tierras lejanas bañadas por otra luz. ¿Cómo suceden, cómo están ahí asequibles aunque no enteramente, y sin sombra alguna de terror, cosa tan extraña a toda gruta desconocida, por insignificante que sea? Este no tener, y no esperar, este estar sin esfuerzo alguno, esta patria perdida o esperada, donde se ha entrado sin saber cómo ni por qué, sin esperanza ni temor. Y ese vivir sin anhelar, ni apetecer, sin añorar sin soñar, duerme al fin en su gruta sin soñar señor alguno, que le haya herido y sin soñarse él a sí mismo, olvidado de toda herida.


El ciervo reposa sin herida, apoyada su cabeza sobre una piedra, flor azul.

Zambrano, M.: "Geografía de la Aurora", en De la Aurora, Madrid,
Ed. Turner, 1986, p.106


3

LA LLAMA


Asisitida por mi alma antigua, por mi alma primera al fin recobrada, y por tanto tiempo perdida. Ella, la perdidiza, al fin volvió por mí. Yentonces comprendí que ella había sido la enamorada. Y yo había pasado por la vida tan sólo de paso, lejana de mí misma .Y de ella venían las palabras sin dueño que todos bebían sin dejarme apenas nada a cambio. Yo era la voz de esa antigua alma. Y ella, a medida que consumaba su amor, allá, donde yo no podía verla; me iba iniciando a través del dolor del abandono. Por eso nadie podía amarme mientras yo iba sabiendo del amor. Y yo misma tampoco amaba. Sólo una noche hasta el alba. Y allí quedé esperando. Me despertaba con la aurora, si es que había dormido. Y creía que ya había llegado, yo, ella, él... Salía el Sol y el día caía como una condena sobre mí. No, no todavía.

Zambrano, M.: Diotima de Mantinea, en Hacia un saber sobre el alma, Madrid,
Ed. Alianza, 1989, p. 197


4

LA PENSADORA DEL AURA

Nacer sin pasado, sin nada previo a que referirse, y poder entonces verlo todo, sentirlo, como deben sentir la aurora las hojas que reciben el rocío; abrir los ojos a la luz sonriendo; bendecir la mañana, el alma, la vida recibida, la vida ¡qué hermosura! No siendo nada o apenas nada por qué no sonreír al universo, al día que avanza, aceptar el tiempo como un regalo espléndido, un regalo de un Dios que nos sabe, que nuestro secreto, nuestra inanidad y no le importa, que no nos guarda rencor por no ser...


...Y como estoy libre de ese ser, que creía tener, viviré simplemente, soltaré esa imagen que tenía de mí misma, puesto que a nada corresponde y todas, cualquier obligación, de las que vienen de ser yo, o del querer serlo.

Zambrano, M.: "Adsum", En Delirio y Destino, Madrid,
Ed. Mondadori, 1989, pp. 21-22



jueves, 2 de agosto de 2007

LA FILOSOFÍA COMO REVELACIÓN POÉTICA / Gabriel Arturo Castro



Por: Gabriel Arturo Castro

La contribución de María Zambrano al pensamiento y ensayo universal es fundamental. Influida por Ortega y Gasset y su vitalismo, donde lo esencial del ser es la vida (interpretada ésta como confluencia dinámica del ser ontológico y su situación histórica), que necesariamente coexiste con la razón vital, aplicada no sólo al ser sino al devenir.

Exiliada tras la Guerra Civil Española hasta 1984, Premio Cervantes de las Letras, colaboradora entre otras importantes publicaciones de la legendaria revista Orígenes, dirigida por José Lezama Lima, Zambrano es autora de libros como Filosofía y Poesía, La España de Galdós, Los intelectuales en el drama de España, Claros del bosque, Persona y democracia, El hombre y lo divino, Los sueños y el tiempo, Pensamiento y poesía en la vida española, El sueño creador, Los bienaventurados y La tumba de Antígona.


María Zambrano hace parte de ese pequeño contingente que enfrentó las insuficiencias heredadas de la Ilustración en el siglo XX, es decir, el optimismo radical en el poder de la razón y en la posibilidad de reorganizar la sociedad a base de principios racionales (expresión del despotismo, de la alta burguesía y de la pequeña aristocracia, cuya supremacía social trató de fundamentar). Junto a ella estarían los lúcidos nombres de Walter Benjamín, Hermann Broch, Ludwing Wittgenstein, Franz Rosenzweig, Hermann Cohen y Stefan Zweig.


Después del nacimiento de María Zambrano (Vélez, Málaga, 1907), sobreviene la Primera Guerra Mundial, la revolución mexicana de 1910 y la soviética de 1917. España pierde las últimas colonias americanas y asiáticas. La Generación del 98 se encarga de esclarecer y proponer una nueva visión del mundo. La Generación del 27 eleva la poesía a la máxima expresión de los nuevos tiempos. El 14 de abril de 1931 se proclama la República española, uno de los acontecimientos mayores del siglo XX.

La Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial serán el principio del desencanto y el origen de nuevas posiciones filosóficas. El desconcierto se instaura a partir de la caída de ciertos gobiernos comunistas y el surgimiento de dos instancias poderosas: el concepto de globalización y el avasallador dominio de los medios de comunicación que cambian radicalmente la visión del mundo. Se impone la realidad virtual, los sentidos se desplazan, predomina la falsa imagen, la publicidad y por supuesto, la coacción de la libertad.


Entonces, para María Zambrano toda la historia de Occidente debe ser entendida como una historia sacrificial. Más que crisis lo que resalta es la orfandad. “Oscuros dioses han tomado el lugar de la luminosa claridad” y ésta última es la que hay que rescatar, por encima de la destrucción, el desborde de pasiones, de fanatismos, genocidios y la nueva esclavitud.


Pero si hubo iluminados que señalaron a tiempo los desvíos, las incongruencias. Lo que no había (y no hay) son receptores dispuestos a corregir las desviaciones. Un “nuevo pensamiento” surgió y propuso otra manera de entender la realidad distinta a la de Occidente y por Occidente fueron condenados. Entre otros fundamentales asuntos, señalaron las insuficiencias del proyecto ilustrado, como la ausencia de diferencia como parte de la identidad y la marginalidad como parte del todo, y la necesidad de invertir la fórmula de Descartes: ser antes que pensar.

El centro de la creación está afincado en la tierra y en la realidad. Incluso, lo sagrado se concibe como percepción sensorial. El racionalismo de herencia griega, por lo tanto, no afecta la cultura española, porque por fortuna el mundo es unainstancia que no ha sido reducida y es un lugar para vivir inmerso en él y jamás será una instancia racional. Fenómeno que conduce a un sentimiento fundamental de la vida española, el de la melancolía. No la melancolía dubitativa o paralizante, sino “una forma de sentir la vida, de sentirla ante todo como tiempo irreversible”, según María Zambrano.


Por supuesto, a lo largo de tres siglos la vía racional, hegemónica, del conocimiento no brindó el resultado esperado, ya que propició el abandono del ser y su dedicación exclusiva al pensamiento apartado del destino del hombre.


Zambrano le apuesta a la revelación como la “búsqueda de fuentes diferentes, marginales y de una instantánea lucidez”. Para comprender la vida y su esencia es necesario el acercamiento a otras expresiones humanísticas, por ejemplo, la teología en Walter Benjamín o la poesía en Zambrano. La poesía implica, desde la concepción de la española, descubrir los velos que cubren los objetos, los hechos, los fenómenos, derribar máscaras el olvido. Es una continua desvelación, igual que la historia de la humanidad.

El poeta y el filósofo luchan contra la conformidad de la muerte, la oscura raíz del olvido, la sombra de la memoria fragmentada. Coincide aquí Zambrano con Heidegger en su libro ¿Para qué ser poeta?, donde, en palabras del profesor Jaime Carbonell Parra:


Heidegger alienta a los pensadores a escuchar la voz de los poetas. Sobre todo, de aquellos poetas que han creado una poesía esencial. Proximidad entre poetizar y pensar. Preocupación que le acompañó hasta sus reflexiones finales donde insistía en el paralelismo de filosofía y poesía, pues ambas dicen lo mismo. Todo pensar, hasta el más riguroso y prosaico, según Heidegger, es arte poética. Y la razón de su vecindad reside en que el nombrar del poeta y el decir del pensador –un decir que a su vez es un Danken, dar gracias- se originan en el mismo sitio, coinciden en la misma obligatoria preocupación por la palabra.


Una de las maneras de renovar las artes y las humanidades, sobre todo en los siglos XIX y XX, fue la de actualizar antiguos mitos (aunque María Zambrano reflexionó acerca de muchos mitos: Antígona, Job, veamos algo de Orfeo). Orfeo siempre será una figura central, piedra de toque. La ambigüedad de su leyenda, la significación para la filosofía, la simbología poética, el entrelazamiento con las varias artes, la metáfora vida-amor-muerte, el viaje oculto e infernal, son apenas algunos elementos de su posibilidad interpretativa.


A partir del romanticismo y de los movimientos de vanguardia de principios del siglo XX, se recupera como fuente de infinitas variaciones. Se relaciona con estéticas renovadoras como la poética de Rilke, la pintura de Kandisky o la música de Debussy, sólo por mencionar tres altísimas creaciones (la idea de que el universo es un espejo que refleja las lucubraciones de la mente humana y como tal establece un todo unitario entre las distintas artes. El antiguo ideal de reunir de nuevo las artes en una unidad indisoluble está latente en esta evocación órfica).

Para María Zambrano Orfeo es el punto de inserción entre lo humano y lo divino. En torno al eje del tiempo, el orfismo metaforiza la angustia humana de un Cronos primario y devorador, pero también el tiempo y la música divina, ya que el concierto representa la suma del arte órfico: “Parte del conjunto de notas de la afinación del instrumento para el cual está escrito. El lamento de Orfeo debió sonar en las notas fundamentales de la voz humana, en la más pura y simple forma matemática: el número sagrado inicial del canto”.


“La música sostiene sobre el abismo a la palabra”, expresa María Zambrano. Tal vez porque la música surge del abismo, por ser laexpresión matemática de los abismos del tiempo, el invisible espacio temporal donde vibra en ritmo y melodía el oscuro indescifrable, indefinido tiempo que nos lleva, que nos hiere, que nos mata. Y que nos arrebata hacia ondas de fuerza y luz, inefables, como si el puro sonar estableciese las más singular y esencial combinatoria en que confluyen todos los sentidos con el más íntimo y aflorado latido de los mundos. Hondas, altas cavernas del sentido del contacto musical al que asciende, aflora y se entrega desde sus raíces nuestro pobre, desvalido corazón, hasta alcanzar en ellas un instante de pura luz, en la cripta de la noche transfigurada y el silencio al que toda música lleva, donde acaba el ruido, el óxido de la banalidad; donde comienza la soledad sonora, la música callada, la elocuencia sin palabras. La música y el tiempo, y su roce adivinatorio, el logro de la intimidad luminosa perdida, diría Zambrano, la actualización de la verdadera poesía y la música, la unidad inviolada de nuestro ser, de lo que habrá de nacer a través del sueño, del soñar perpetuo, de la conjunción del pasado con el futuro:


Hay que permitir a la claridad que circule, ella, en el sujeto, pues que solamente así el sujeto trascenderá, él mismo, encontrándose en una órbita que nos salva de todo absolutismo del ser y de todo sumergirse en la nada. Es la órbita del amor que es al par pensamiento, la órbita en que circula libre de error, de temor, y hasta de esperanza.


A partir de la noción filosófica de María Zambrano, el futuro es uno de los tiempos del soñar. Soñar es una anticipación profética y por lo tanto, poética, el deseo que potencialmente puede hacerse realidad a través de la acción de la palabra.

Al soñar, quien hace poesía, realiza un viaje interior, se exilia por medio de la intuición, la meditación, la búsqueda de las causas, la interrogación del mundo. El eje de la creación poética es el rastreo de la esencia y la renuncia a la anécdota. El discurso poético propone una visión del mundo más fresca y original para entender la existencia, dado que no establece dogmas ni métodos en su acercamiento al vivir y al pensar. Aproximación que incluye todo lo excluido por otros sistemas, sean estos imperativos, fanáticos o fundamentalistas: los sueños, el juego, el canto, el habla, el gesto espontáneo, el amor.


La poesía es, entonces, una forma del conocimiento, una manera libre que no pretende reducir al mundo a un simple objeto de análisis racional, pues “el centro de la creación está afincado en la tierra y en la realidad”. Lo sagrado se impone al racionalismo. Lo que le importa a Zambrano son “los problemas vivientes”, no teóricas definiciones, según sus propias palabras. “Es siempre sin abstracción, es siempre sin fundamentación, sin principios, como nuestra más honda verdad se revela. No por la pura razón, sino por la razón poética”, enfatiza nuestra escritora.

Dos imágenes: “castillo de razones” y “sueño de inocencia”, hacen crecer las dos ramas de su árbol de la sabiduría: pensamiento y poética. El castillo se forma de cámaras y pasadizos por la arquitectura de la razón. Del sueñoy de la inocencia se deriva la creación poética. Así es como se erige la obra de María Zambrano. Con pilares de piedra, mosaicos de sueño y una primera visión de todas las cosas. Inserta, dentro de la reflexión filosófica, la pasión de la poesía. O enla poesía, la serenidad de la filosofía. Su lenguajeconvierte el método en ritmo metafórico. Su juicio crítico, siempre entre lo humano y lo divino, posee la magia del hallazgo creativo.

La razón aristotélica intentó triunfar sobre el universo órfico y pitagórico, procuró que la civilización occidental condenara a la poesía, abrigarla bajo su frío logos, sin percatarse que la poesía es irreductible, autónoma, múltiple. La filosofía tradicional nunca pudo contenerla, ni definirla. La maldición platónica la señaló como mentirosa, cercana al delirio, a la embriaguez, al infierno, injusta y antigua condena.


Pese a todo ello, la poesía “con más fuerza que el pensamiento, ha sabido, hasta ahora, sacar virtud de su flaqueza; su existencia de su contradicción, de su pecado”, de acuerdo con la sentencia de Zambrano.


De tal modo que con el paso del tiempo existe la unión de poesía, religión y filosofía: el hombre se libera, descubre que el acto creador es un evento de naturaleza espiritual y estético; surge el arte como oficio revelador y emancipador:


Vivir humanamente es tener que elegir entre las circunstancias, dice Ortega y Gasset, al anunciar la Razón Vital, más hay una elección previa, decisiva entre todas: la que se hace de sí mismo. Siempre he entendido la afortunada fórmula de Ortega: “Somos necesariamente libres”, como equivalente a ésta: “Somos necesariamente persona”. El ser libre hace coincidir el serlo con la voluntad. Así se actualiza la libertad, la común, la propia.


Ahora el poeta reflexiona también, crea su ética y teoría propias. Siguiendo la enseñanza de María Zambrano, la filosofía representa el sentido verdadero de la historia y la poesía expresa lo que el hombre es, la cualidad de su existencia. Y uno de los sentidos de la Historia, captado por nuestra autora, fue la noción esencial de exilio. Tan sólo en el exilio interior (inxilio) y en el exterior (auto exilio o exilio forzado), la escritura torna un acto de claridad y de liberación, donde las más profundas preocupaciones salen a la luz y encuentran un modo de expresión.


El exilio es un fenómeno consustancial con el ser humano. Desde el primer exilio, que fue de carácter divino, la expulsión del Edén, hasta todos los que le siguieron, de carácter histórico y político, han sido la piedra de toque de pueblos y personas. Se ha considerado como un castigo más cruel que la prisión o la muerte. Ha acentuado la temporalidad del hombre a negarle un espacio propio.


Adán y Eva adquieren la muerte al perder el Paraíso. Quien sale al exilio sale en busca de una muerte sin tierra. La condena es el eterno vagabundeo y la conciencia precisa del paso del tiempo, a la vez adquiere una esperanza inviolable, el anhelo del retorno.

De acuerdo con María Zambrano, el exilio adquiere un sello de bienaventurado. Bienaventurado el que se debate en la inmensidad del exilio y en la inmensidad de la vida, sin hallar un lugar donde descansar.


De lo que se trata, entonces, es de llenar el tiempo, un tiempo que no vale, en un espacio ajeno, pare recuperar el verdadero tiempo y el verdadero espacio, Y he aquí que la manera perfecta de llenar ese tiempo y ese espacio es la preservación de la memoria. Y quienes son especialistas en lo anterior, el filósofo y el poeta, se dan la mano.

Complicidad, alianza, unión viable que la llevar a preguntar finalmente: “¿No será posible que algún día afortunado la poesía recoja lo que la filosofía sabe, todo lo que aprendió en su alejamiento y en su duda, para fijar lúcidamente y para todos su sueño”.

martes, 31 de julio de 2007

POR LA REIVINDICACIÓN DEL CUERPO Y LA PALABRA




Por HUGO CAICEDO BORRERO


En esta reflexión vital y literaria, de innegable herencia surrealista (Lautréamont, quien entre algunas de sus particularidades telúricas está la de haber sido paisano de Benedetti o de Ángel Rama) y que figura ya en la carnadura blanca y negra de "Arte Erótica ", descansando sobre el flanco izquierdo de su contraportada anterior, el autor (pero realidad existen en los autores ?... " digo, es un decir "...) Antonio Acevedo Linares nos conduce apoyándose en esa huella / vertiente poética de los osados y encendidos maestros franceses de principios de siglo (Bretón, Desnos, Aragón, Eluard, Peret, Soupault, Crevel, entre otros) al deseo de la palabra y a la palabra del deseo.


La poética en todas sus manifestaciones a de cumplir la elevada y profunda estrategia, discursiva y praxistica, de la reivindicación estética, ética y erótica del cuerpo y de la palabra. De todos los cuerpos y de todas las palabras en la objetivación y proyección de su existir. De un existir en libertad " como medio de liberación total del espíritu humano, del ser decidido a pulverizar desesperadamente sus trabas " que se expresa en la polaridad del deseo y la acción; de la potencialidad e intencionalidad de los cuerpos y de las palabras, conjugadas en el sentir, pensar y hacer de esa existencia humana, rebelde y transformadora en su infinita capacidad de crear y crearse así misma. En esta línea de pensamiento y de vivencias reales y concretas, el poeta nos propone en su ejercicio, una rememoración de Whitman y Cervantes.


“En un lugar de tu cuerpo

de cuyo nombre quiero acordarme


Cuando hunda los pómulos en la

almohaday los senos desnudos

entre las sábanas blancas sin flores

y ni el viento ni el sol te roce

en la boca y el pelo..






Para concluir en el espacio epigonal del libro, con la construcción del mundo a partir del poema y del cuerpo liberado:


" Como escribir un poema

que tenga la ternura

de una mujer o el rumor

de un río caudaloso

o el follaje de los árboles

en otoño, sin dejar de escribir

la vida, la historia, el hombre

sea un poema lírico, erótico

social: sencillamente un poema

debe escribirse violento

amoroso, como si se hiciera

el mundo o el amor. "

En las nervaduras que sostienen y nutren el poema se manifiesta inquietante, danzando entre las letras y la angustia el poeta, la interrogación surrealista de que manera cambiar el mundo existente para lograr el lenguaje y la acción que manifiesten la esencia vital del hombre, el conocimiento y la realidad como flechas disparadas, desposeídas de retórica, desnudas, violentas y tiernas con los cuerpos y las palabras, para atrapar la libertad realmente humana. Nos ubicamos en primera instancia, en el caso que nos ocupa hoy, en como el arte, en sus diferentes manifestaciones, puede contribuir, con otras fuerzas desarrollas por el hombre, a la recuperación proyectiva, creativa, y liberadora de los cuerpos y aún del arte como significación de la vitalidad del ser, individual o colectivamente considerado. Desde su principio genético el cuerpo establece un reto, una batalla con el mundo de su entorno. Con una realidad, siendo él mismo parte de esta, en su configuración natural y social.


En su proceso de apropiación de conciencia negativa del yo que distingue entre la aceptación y el rechazo, el cuerpo se proyecta en el mundo y éste en aquel, de manera praxistica, cambiante y continuada. La autonomía del yo que no sólo es el resultado de un desarrollo crítico de la subjetividad, sino además de las condiciones sociales del entorno objetivo, dinámico y concreto, pasa de la relación objetual, gestual a la conciencia de esa relación; al juicio y al discurso. Y así, el sentido y significación del mundo y del cuerpo van tomando conciencia de su proyección multánime y recíproca con ese mundo en el cual emerge y vive. El cuerpo en perenne movimiento inicia su camino con un equipaje de demandas, intencionalidades, agresiones, aceptaciones y rechazos, relaciones, campo de sentidos, de "percepciones -- imaginaciones -- memorias " que con llevan a la construcción de su propia historia antológica y social, (el yo y los otros en relación). Su movimiento, de principio a fin de su realidad, le indica a ser un combatiente incansable por la constante elaboración de espacios, que van saturando de significado, de saltos y sentidos, de reconocimiento, de nacer y renacer en una inacabada lucha por la conciencia de si y del mundo. Una lucha a nivel del sentir, del conocer, del pensar, del decidir, de amar y del hacer. Vence así el miedo, la culpa, el mito delictivo y punible, como estigma del origen y se autonomíza en el trazo de su camino siempre reiniciado, entre idas y vueltas, del complejo devenir de su existencia. Ahora las sendas se cargan de tensiones, amigas o enemigas, en una circularidad permanente, al decir de Foucault, entre el deseo, el placer y el acto. Sendas preñadas de significados. Sagradas, míticas, ritualizadas, mágicas y asombrosas, utópicas y actuales, próximas y lejanas, profanas y místicas, comprometidas hasta la médula o indiferentes hasta la raíz amorfa de la apatía, crédulas y escépticas, ingenuas o críticas, problemáticas o facilistas, placenteras o dolorosas, reales o ficticias, libertarias o represivas.



Multánimes, variadas y contradictorias, a disposición de elección de los cuerpos que transitan la vida y el mundo. La magia, el asombro y la utopía, van dando calidad al espacio terrenal de los cuerpos. Magia del arte y la palabra, de la voz, el sonido y el silencio. Magia de la ciencia y de la técnica; magia del amor y del odio; magia de todo aquello que del misterio emerge, como el poema, al conocimiento, entre loas y elegías, del reiterativo bucear del hombre, del huzmear en todos los rincones de la teoría y de la experiencia. A todos ellos se abre la corporeidad activa y transformadora. Se abre como rosa sangrante en búsqueda sedienta del rocío vivificador y esperanzado, en el interminable discurrir de sentir, pensar y hacer.


El cuerpo atraviesa, como una espina siempre perforante, las regiones y subregiones de la cultura, que el hombre va construyendo en sus diferenciadas y simultáneamente complementarias manifestaciones (hombre faber, hombre lúdico, hombre erótico, etc.) en tiempos y espacios de infinita naturaleza. El tiempo del trabajo y del reposo; el culto y de las fiestas; el placer y del deseo; del amor y la ternura; de la vida y de la muerte; cada uno y los otros, destiempo y contratiempo, van configurando la presencia significativa y real de una corporeidad productiva y proyectiva. De tal manera el hombre/ cuerpo se hace temporalidad-especialidad-proyectiva. Y aquí opera el rescate auténtico y verdadero del cuerpo por la vía del arte, de la conciencia, de la historia, de la ciencia y de la filosofía, en tanto objetivaciones humanas. El cuerpo se hace así caminante simultáneo del mundo; su cómplice, testimonio de aventuras, venturas y desventuras de su trayectoria histórica. Es súcubo e íncubo alternativamente en esta relación problemática que algunos condenan y otros exaltan, se convierte en poseedor y poseído, articulación y copulación carnal, terrena, cognoscitiva, espiritual y praxistica.


Se ha llegado a nutrir, por acciones de los cuerpos, innumerables espacios y tiempos. Y esta poética de Acevedo Linares está fundamental e íntimamente nutrida los cuerpos; de cuerpos en libertad de sentir, pensar y actuar, en procura de su auténtica realización no sólo como tales cuerpos, sino como expansión y significación del ser antológico-erótico que reside en el subfondo de su filosofía de la vida y de la transformación del mundo. Tiempo y espacios nutridos de emotividades, sensibilidades y conocimientos; de prácticas y experiencias; de ontologías y existencias, individuales y colectivas, que las diversas formas o símbolos de la producción artística, constituyendo la poética una de las más profundas y representativas, han de retomar para expresar signicamente el quehacer de los cuerpos proyectados en el mundo en las variadas dimensiones de la actividad humana (estética, filosófica, política, social, erótica, etc.). Entran en juego, placentero o doloroso de los cuerpos, las manifestaciones simbólicas y para simbólicas de la conciencia, configurando regiones y subregiones matrices de la cultura, de los juicios y de los valores. Matrices colectivas e históricas que signan a los cuerpos y a sus inevitables relaciones con el mundo. Los cuerpos, como actores en escenarios vitales y poéticos, tal es el ofició que se transpira en cada página levadura con el cual ha sido amasada “Arte Erótica” van reconstruyendo, fundamentando y desarrollando la historia específica y universal de la sensibilidad humana. Es decir, de historia real, genérica y particular de la expresión y proyección liberadora del ser y del estar que constituyen la esencia estructural de toda cultura.



Ahora bien, cuando en la apertura de estas líneas hemos hecho referencia a la relación de los poemas de “Arte Erótica” con la tendencia denominada surrealista, utilizando un tanto de liberalidad calificativa en esta convergencia vital, nos estamos dirigiendo a una cierta identidad de objetivos y significados, más que de imágenes formales en la construcción discursiva-poética. Está asumida liberalidad nos aproxima a poetas, que sin ser característicamente inclinados hacia el surrealismo, articulan el culto del amor carnal con los sonidos líricos verbales. Es el caso de Mauriac (" tu cuerpo blanco y rubio, por dentro iluminado / alumbra la alcoba asfixiante. /un olor de tormenta nuestro abrazo ha dejado... amémonos ahora, con abrazos sin ruido / que no atraigan a Aquel que los odia ". O de Jules Romains, quien partiendo de la psicología, la historia y la sociología, elabora su poesía de la corporeidad y de la sociedad francesa contemporánea, cantando a los " hombres de buena voluntad " (... la piel que sabe palidecer o que un brusco rubor atraviesa/y que el deseo y la piedad sacuden como la hierba, súbito / la agradable custodia del corazón humano presente a toda hora "...) y es válido agregar, en este espacio evocador a Pierre Jean Jouve, escritor de una peculiar capacidad de síntesis para expresar la ternura del hombre, viril y sensitiva, que la sociedad capitalista e hipócrita le ha venido coartando sistemáticamente ("... cuerpo de la carne empeñada por la tumba y que nacen/... salud cuerpo, todo hecho de día/... que renace, salud verdadero cuerpo del hombre/... hombre de nervios y de dolor y de simiente/... ").


Tomamos como primordial el intento de proponer similares finalidades: la reivindicación del cuerpo y la palabra a través de la poesía. Un rechazo sensible y reflexivo a la tradicionalista matriz cultural que nos ha impuesto como herencia de la teo-escolástica en el ejercicio de los cuerpos, de las ideas, de las conductas, que someten al ser y al espíritu a deambular por la enmarañada y supuestamente legitimada selva de trabas, prejuicios y valores de la irracionalidad de la dependencia. De lo que se trata, en rigor de verdad, es combatir por la "liberación total del espíritu " humano en todas las manifestaciones que hacen y reproducen su existencia.


Esta es, a nuestro entender, la cualidad intencional de Antonio Acevedo Linares, quien desde las vertientes complementarias de la sociología y de la literatura, pero especialmente desde su propia y específica vivencia relacional ha sentido, pensado y actuado en la valerosa búsqueda de esta definitoria liberación. Su discurso poético, que cada uno de ustedes tendrá la oportunidad de analizar desde sus particulares querencias y criterios, no se detiene en la apariencia del estilo, de la imaginería, de la epidermis corporal de las palabras y las frases, sino que penetra al problema no resuelto en esta sociedad, de la plena realización de los cuerpos, como medios expresivos-sensibles-cognoscitivos, de un espíritu humano preñado de terrenalidad conflictiva y que transita hacia la conquista de su autodeterminación liberadora. Desde nuestra personal perspectiva de interpretación valorativa, neutra, pero no neutral, saludamos con regocijo y solidaridad, el aparecimiento de “Arte Erótica” como el resultado primigenio de un oficio, el poético, cargado de sensibilidad, crítica y reflexión, tan negadas y deformadas en este medio supuestamente enarbolado por muchos de modernidad intelectual y de apertura a la transformación de condiciones alienantes que determinan los comportamientos individuales y colectivos en la dinámica social .





ANTONIO ACEVEDO LINARES .Poeta y Sociólogo. Magíster en Filosofía Latinoamericana con especialización en Educación en Filosofía Colombiana de la Universidad Santo Tomás, seccional Bogotá y especialización en Filosofía Política Contemporánea del Instituto de Filosofía de la Universidad de Antioquia. Ha publicado: Arte erótica. Ediciones Hojas de Hierba. Bucaramanga, 1988. Los girasoles de Van Gogh. Antología poética (1980- 1999) Ediciones Hojas de Hierba. 1.999. Vol 1. CD, Poesíade viva voz, 2004. Atlántica, Antología poética (1980-2004). Ediciones Hojas de Hierba, 2004. Vol 2. Plegables de poesía y Sociedad de los poetas (Colectivo de poetas santandereanos) Cuatro de máquinas editores, 1998. En el país de las mariposas. Antología poética (1980-2007) Ediciones Hojas de Hierba, Vol 3. (Próxima publicación)


Poemas

POEMAS DE PIER PAOLO PASOLINI


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ABRO A LA MAÑANA...

Abro a la mañana de un blanco lunes
la ventana, y la calle indiferente
roba entre su luz y sus rumores
mi presencia infrecuente entre las hojas.
Este moverme... en días totalmente
fuera del tiempo que parecía consagrado
a mí, sin regresos ni paradas,
espacio lleno todo de mi estado,
casi prolongación de la existencia
mía, de mi calor, del cuerpo mío...
y se ha truncado... Estoy en otro tiempo,
un tiempo que dispone sus mañanas
en esta calle que yo miro, ignoto,
en esta gente fruto de otra historia

Versión de Delfina Muschietti



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AL MUCHACHO CODIGNOLA

Querido muchacho, sí, claro, encontrémonos,
pero no esperes nada de este encuentro.
Si acaso, una nueva desilusión, un nuevo
vacío: de aquellos que hacen bien
a la dignidad narcisista, como un dolor.
A los cuarenta años yo estoy como a los diecisiete.
Frustrados, el de cuarenta y el de diecisiete
pueden, claro, encontrarse, balbuceando
ideas convergentes, sobre problemas
entre los que se abren dos décadas, toda una vida,
y que, sin embargo, aparentemente son los mismos.
Hasta que una palabra, salida de las gargantas inseguras,
aridecida de llanto y deseo de estar solos,
revela su irremediable diferencia.
Y, además, tendré que hacer de poeta
padre, y entonces me replegaré sobre la ironía,
que te incomodará: al ser el de cuarenta
más alegre y joven que el de diecisiete,
él, ya dueño de la vida.
Más allá de esta apariencia, de este aspecto,
no tengo nada que decirte.
Soy avaro, lo poco que poseo
me lo guardo apretado en el corazón diabólico.
Y los dos palmos de piel entre pómulo y mentón,
bajo la boca torcida a furia de sonrisas
de timidez, y los ojos que han perdido
su dulzura, como un higo agrio,
te parecerían el retrato
precisamente de esa madurez que te hace daño,
madurez no fraterna. ¿De qué puede servirte
un coetáneo, simplemente entristecido
en la delgadez que le devora la carne?
Cuanto ha dado ya lo ha dado, el resto
es árida piedad.

De Poesía en forma de rosa, 1964



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AL PRÍNCIPE

Si regresa el sol, si cae la tarde,
si la noche tiene un sabor de noches futuras,
si una siesta de lluvia parece regresar
de tiempos demasiado amados y jamás poseídos del todo,
ya no encuentro felicidad ni en gozar ni en sufrir por ello:
ya no siento delante de mí toda la vida...
Para ser poetas, hay que tener mucho tiempo:
horas y horas de soledad son el único modo
para que se forme algo, que es fuerza, abandono,
vicio, libertad, para dar estilo al caos.
Yo, ahora, tengo poco tiempo: por culpa de la muerte
que se viene encima, en el ocaso de la juventud.
Pero por culpa también de este nuestro mundo humano
que quita el pan a los pobres, y a los poetas la paz.

De "La religión de mi tiempo" 1961


Versión de Delfina Muschietti


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ANÁLISIS TARDÍO

Sé bien, sé bien que estoy en el fondo de la fosa;
que todo aquello que toco ya lo he tocado;
que soy prisionero de un interés indecente;
que cada convalecencia es una recaída;
que las aguas están estancadas y todo tiene sabor a viejo;
que también el humorismo forma parte del bloque inamovible;
que no hago otra cosa que reducir lo nuevo a lo antiguo;
que no intento todavía reconocer quién soy;
que he perdido hasta la antigua paciencia de orfebre;
que la vejez hace resaltar por impaciencia sólo las miserias;
que no saldré nunca de aquí por más que sonría;
que doy vueltas de un lado a otro por la tierra como una bestia enjaulada;
que de tantas cuerdas que tengo he terminado por tirar de una sola;
que me gusta embarrarme porque el barro es materia pobre
y por lo tanto pura;
que adoro la luz sólo si no ofrece esperanza.


Versión de Delfina Muschietti


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DANZA DE NARCISO

Estoy negro de amor,
ni ruiseñor ni muchacho,
todo entero como una flor
deseando sin deseo.

Me he levantado entre las violetas
mientras aclaraba
cantando un canto olvidado
en la noche serena.
Me dije: «¡Narciso!»,
y un espíritu
con mi rostro
oscurecía la hierba
al claro de sus rizos.

De "La mejor juventud" 1941-1953


Versión de Delfina Muschietti



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DANZA DE NARCISO II

Yo soy una violeta y un aliso,
lo oscuro y lo pálido en la carne.

Espío con mi ojo alegre
el aliso de mi pecho amargo
y de mis rizos que brillan negligentes
en el sol de la orilla.

Yo soy una violeta y un aliso,
el negro y el rosa en la carne.

Y miro la violeta que resplandece
grave y tierna en el claro
de mi cara de terciopelo
bajo la sombra de una morera.

Yo soy una violeta y un aliso,
lo seco y lo mórbido en la carne.

La violeta retuerce su luz
sobre los flancos duros del aliso,
y se reflejan en el humo azul
del agua de mi corazón avaro.

Yo soy una violeta y un aliso,
lo frío y lo tibio en la carne.

De "La mejor juventud" 1941-1953


Versión de Delfina Muschietti



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DAVID

Apoyado en el pozo, pobre joven,
vuelves hacia mí tu cabeza gentil,
con una risa grave en los ojos

Tú eres, David, como un toro en un día de abril,
que de la mano de un muchacho que ríe
va dulce a la muerte.

De "La mejor juventud" 1941-1953


Versión de Delfina Muschietti

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LADRONES

Una vez regresado a tu madre
¿sentirás todavía
sobre los labios
los besos que te he dado como un ladrón?

¡Ah, ladrones los dos!
¿No estaba oscuro en el prado?
¿No robábamos a los chopos
la sombra en tu bolsa?

Los conejos se han quedado
sin hierba esta tarde,
y tus labios robados
besan la primera estrella...

De "La mejor juventud" 1941-1953

Versión de Delfina Muschietti


JAIME ALVAREZ GUTIÉRREZ Y LA CULTURA GUANE




Por ANTONIO ACEVEDO LINARES *



El escritor santandereano Jaime Álvarez Gutiérrez, nacido en San Gil el 20 de noviembre de 1923, un hombre que a sus más de ochenta años viste impecablemente de blanco y sombrero todos los días, es autor de las novelas Las putas también van al cielo, La cruz trenca, El chispeante epitafista Don Ludovico Di Betto, Matrioshka trierótica para su corrección, junto con varios libros de cuentos como Carta al Rey, Par mestizos y Póquer de ases, y es también autor de la investigación en la queinvirtió 36 años de su vida y que publicó en su sello editorial Cabra Mocha en donde ha publicado la mayoría de sus obras, titulada Los Guanes con el código, las claves, los glifos y la revelación de su increíble calendario.

La investigación se centró en la revelación de la astronomía de los indios guanes y sus matemáticas crípticas. Sin ser Álvarez Gutiérrez un antropólogo, y apenas con su magistral pluma de escritor, nos descubre en una lectura increíble, las revelaciones arqueo-matemáticas de los precolombinos guanes que nos lleva hasta el fondo de las raíces perdidas de nuestros ancestros. Se señala en la contraportada de su libro que las revelaciones que nos descubre se parecen a las que hizo en su época Champollion en Francia, cuando nos develo los jeroglíficos epigcios en la piedra Roseta.


Como ya es de histórico conocimiento, el territorio de Santander en su época precolombina estuvo habitado por los indios yariguies, los chitareros, los laches y los guanes. Los guanes pertenecían a la familia de los chibchas y tenían como actividad principal, la agricultura, además de la cerámica, la orfebrería y el comercio. El primer conquistador que piso territorio santandereano fue el español Antonio de Lebrija en 1529.A partir de 1540 Martín Galeano reconoció la mayor parte del territorio mientras los aborígenes pasaron a dedicarse a la agricultura y a la actividad febril, ocupaciones por las que tenían que pagar un tributo al Rey. El aumento continuo de estos tributos fue lo que provocó el estallido de la rebelión comunera que se inicio el 6 de marzo de 1781. El primer movimiento insurgente contra el imperio español.






LA CULTURA GUANE Y EL CALENDARIO

Los guanes emplearon la escritura ideogràfica donde se representaba por símiles a los objetos, las personas y los acontecimientos. Las figuras humanas eran representadas en forma simbólicas como ranas, monos o figuras geométricas. Fueron degolladores de niños en rituales de sacrificio a sus dioses, con cuchillos de caña eran degollados y la sangre vertida sobre las peñas en ofrecimiento al Sol. La numeración y el cálculo del tiempo eran señalados con los dedos de los pies, anteponiendo la palabra quijicha. Al número veinte llamaban Gueta. El jeroglífico del tiempo era un poste, una cuerda atada a la parte alta, aludiendo así al sacrificio del Gueza (niño) al que inmolaban atado al palo indicador del adelanto de la luz solar, al concluir el periodo de veinte años lunares, según lo describe Isaías Ardila Díaz en su conocido libro, El pueblo de los guanes ( Instituto Colombiano de Cultura, Bogotá, 1986) uno de los libros que sirvió de importante fuente bibliográfica al escritor para su investigación con respecto a la cultura guane.

El calendario guane, según el autor de esta investigación, “es un sistema de notación simbólica, numérica, matemática y astronómica, realizada con glifos incisos en diversas piezas o cuentas, referentes todas al cómputo del tiempo, que consideran e involucran como sus partes integrantes, los días o soles, las semanas de tres o de màs días, las lunaciones o meses lunares, los años solares, los siglos y las edades”. Su origen etimológico proviene de la voz griega calendas, palabra con la que los romanos designaban el primer día de cada mes. El calendario guane, según se descifra de esta investigación, es un sistema tecnológico del hombre americano precolombino que era utilizado para fijar, contar y calcular, predecir el tiempo, los hechos y los fenómenos climáticos, y contar los días, los meses y los años. Se fijaban en él los hechos cívicos, agrícolas, religiosos, médicos, culturales y sociales de la cultura guane. Se predecían las épocas de lluvia, la de siembra, las cosechas, las tormentas, las heladas, las granizadas, los inviernos y los veranos.



Los guanes al día lo llamaban zua. Al día lo dividían en dos partes: mañana, suamena o mena y a la tarde, suameca o meca. La noche era llamada zajasa. La primera mitad de la noche, zasca o zaca y a la segunda mitad caqui o zagui. Los meses eran contados por lunas, con sus menguantes y sus crecientes, dividiendo cada una de estas en dos partes en otras dos, resultando así cuatro partes del mes, nuestras semanas. Dividían el mes por las fases de la luna, comenzaban a contarlo desde el plenilunio que ellos llamaban Ubchihica. El pasado era llamado por los guanes, Zocamana, y el año presente, Zocamata. La ubicación geográfica de este calendario guane en su descubrimiento fue hallado en una cueva o adivinatorio en las estribaciones de la Mesa de los Xeridas o Jèridas, conocida actualmente con el nombre de la Mesa de los Santos. Álvarez Gutiérrez señala que el hallazgo del calendario guane es obra anónima, pero que su descubrimiento y revelación de los glifos es obra de su larga y ardua investigación de màs de cuarenta años.

La obra se divide en diez capítulos que comprende la descripción del territorio, la cultura, el idioma, el color y la fisonomía de los guanes. Se describe su alimentación, sus dioses y creencias, su organización social y sus leyes. El intento de invasión al territorio guane por parte de Ambrosio Alfinger y la descripción de las batallas con los Yariguies. Se narra la declinación y la desaparición de la población guane, sus orígenes, sus mitos y leyendas. Sobre los glifos y la numeración guane se narra como contaban los guanes los años y como se ejercían sus cultos al sol. Se señala al conquistador Martin Galeano como el exterminador de los guanes y el autor analiza la mal llamada conquista del imperio chibcha y guane para irnos adentrando magistralmente al calendario guane sobre los números, la numeración y la espiral, la fonética y la lengua, la interpretación de los glifos y la reconstrucción de cómo contaban, con sus significados y símbolos, los días, los meses y los años.




Álvarez Gutiérrez en su investigación analiza como los guanes configuraron su calendario basado en importantes hechos de su historia y propone la construcción del Templo del Sol Guane en el futuro, en algún lugar de la Mesa de los Santos. Los guanes con el código, las claves, los glifos y la revelación de su increíble calendarioes una obra meritoria y bien documentada que va a la búsqueda de nuestras raíces indígenas y está dedicada a la memoria de Juan de Dios Arias, el historiador, folclorista y educador santandereano que otrora fuera “piedra angular” de la Academia de Historia de Santander y que según el autor la Academia se “ olvido del pasado, de su propósito, de la esencia de su vocación y de su divisa, como era la de llegar a ser “despertadora de vocaciones históricas” en palabras de Arias, y que hoy en día no es ni la sombra de su proyecto original”, reitera además Álvarez Gutiérrez en su dedicatoria-carta, que es una “Academia honorífica” que se ha convertido en una “comedia semanal para rendirle honor al deshonor, mediante el lucimiento de lazos nobles y medallas conmemorativas, que premian con falsas ilusiones el soterrado e indigno salario de las genuflexiones que le imponen algunos zafios e intercesores a los aspirantes a una medallita de latón” para concluir que la “Academia como la Nación está enferma ”y que todo no podía estar peor estando la Academia en manos de un prestamista, usurero y vendedor de espaguetis.

La interpretación del calendario guane se terminó de escribir, escribió Álvarez Gutiérrez al final de su libro, en la ciudad de Pembroke Pines, Century Village, Estados Unidos, el día 15 de marzo de 2002 en donde mantiene las piezas del calendario y según su audaz teoría “el calendario guane es el origen de todos los calendarios mayas, azteca y de los calendarios centroamericanos que vino a estas tierras atado al cuello de los sabios matemáticos guanes con Bochica a la cabeza, quienes lo difundieron de norte a sur, junto con sus números ordinarios”.


* Poeta y Sociólogo. Magíster en Filosofía Latinoamericana con Especialización en Educación en Filosofía Colombiana y Especialización en Filosofía Política Contemporánea.

JAIME ALVAREZ GUTIERREZ

Teléfono: 6474881