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miércoles, 1 de abril de 2009

CANCION SOLAR Y ENSALMO / Gabriel Arturo Castro Morales



Testamentos
Juan Manuel Roca
Norma, Bogotá, 2008, 124 páginas.




MUSEO DE LOS POETAS


Hay espejos que duplican los rostros de Narciso. Y una parvada de poetas que se niega a cualquier llamado del silencio.


Hay un paraguas y una máquina de coser sobre una mesa de disección, un azaroso bodegón que envidiaría Duchamp, obra de un conde fraudulento. Hay un salón circular diseñado por un alumno de Dante donde los poetas se leen sus versos, eternamente. Alguien sostiene que en el verdadero infierno Borges debe escuchar por siempre los versos de Neruda y el diablo traducir ad infinítum los poemas juveniles de Dios.


Hay flautas rotas para llamar a Eurídice, que padece de sordera.


Hay estatuas, camafeos, medallones, óleos, monedas con grandes poetas muertos o a punto de morir. ¿Y si la poesía no fuera más que el ardid que retrasa la muerte?




¡OH! MAROSA DI GIORGIO


Cuando inauguraron con bombos y platillos la guerra
Marosa di Giorgio vio caer unos cuantos murciélagos
En los platos de la cena que hace muchos años se enfriaba.
Marosa tenía un trato familiar con los ángeles
Que bajaban a tomar leche en la cazuela de los gatos.
Tenía una colección de estampillas de ninguna parte,
Una réplica del escudo de armas de Lautremont
Y un paraguas de barbas de ballena
Que iba a tono con su blusa de flores.
La vi pasar caminando con sus pasos de algodón
Por el pasillo ajedrezado de un viejo hotel de mi ciudad.
Hice mal en no ponerle las gafas
Que olvidó junto a los restos del desayuno
Para saber si eran ellas las que la hacían ver,
Donde todos veíamos un simple poste de luz,
Un árbol compartido por novias y veleros.
Escarbaré de nuevo sus papeles salvajes,
Guardaré en el portarretrato de Nadie
Su gesto de niña y de bruja, de maga azul y madrastra de los dioses.





TESTAMENTO DE PEDRO PÁRAMO


Polvo de las desgracias
Y un jarro roto
Que gotea en otra edad,
Los murmullos de Comala
Que es la patria del viento,
Un cielo de cobalto
Asomado a un muro blanco
Despellejado por el sol,
El perchero de un cactus
Para colgar la piel del verano,
Una calle empedrada
Por donde bajan los relinchos
Antes de que bajen los caballos,
Señales de quien deja la huella
Antes de poner el paso,
Un puñado de nada
Es todo lo que hereda mi hijo,
Nieto y biznieto de fantasmas.





TESTAMENTO DE CHARLOT


Por vivir de inquilino
En el abrigo de un comediante,
Por viajar de polizón
En el teatro de sus gestos,
Por dormir a la diabla
En vestuarios y camerinos,
Por estar al vaivén
De una maleta de viaje,
Por recorrer un no lugar
En las calles del paria,
No habrá anuncios de mi muerte.
No es buen asunto
Habitar en cuerpo ajeno.





TESTAMENTO DE NEZAHUALCÓYOTL



El tigre
Se va borrando en la selva pintada,
Raya por raya,
Y el águila
En el cielo pintado,
Pluma por pluma.
Vivimos dibujados en cortezas,
Seremos tachados
Por la tinta negra del Dador.


TESTAMENTO DE JEAN ARTHUR RIMBAUD


Lejos
De la avaricia del silencio,
Lejos
De los ocultos grimorios
Y del oro sepultado en la nieve,
Lejos
Del mercado negro de las traiciones
Y de los viajes de inmersión
En los mares del cuerpo,
Volver a ser un artesano
Que talla un gárgola de Dios.




CANCIÓN SOLAR Y ENSALMO
Por: Gabriel Arturo Castro

La poética de Juan Manuel Roca, tras la múltiple variedad de sus temas, se ha revelado como la construcción de un derrotero mítico: el drama y el pensamiento del hombre enfrentado al misterio o quizás también de cara a la muerte, “el fruto que todos llevamos dentro, en torno al cual todo gira”, de acuerdo con Rilke. Aquí la palabra es el otro comienzo, se escribe un testamento para detener la muerte en su eterno movimiento. Después de la caída , la palabra sigue erguida e indicando caminos, lo perdido se recupera y se revela. El poeta viste el vacío a través de la poesía, apetito de vida, pulsión, inmersión, verticalidad, intensidad, acto verdadero, virtud del hombre que resucita y se manifiesta por medio de la experiencia, necesidad implacable de hacer emerger la palabra del escondrijo del mundo.



El testamento es lo que queda en pie después de la muerte, aquél que en ausencia modela la palabra con su voz y aproxima los espacios del acá y del allá, una dimensión y medida potencial donde surge de nuevo la palabra, su cuerpo imperecedero de piedra levantada, el ondear la voz del otro, el discurso íntimo que imagina a los fantasmas y los interroga a través del diálogo, del monólogo, suma de conversaciones donde intervienen testigos, testimonios de una vida evocada con toda su vibración interior y la fuerza propia del secreto, la inteligencia y la creación que recupera el sentido humano del vagabundeo, de la errancia por el tiempo de aquellos que hoy ya son máscaras de ausentes, hitos de la magia y el drama, de las grandes y pequeñas palabras. Palabra que sondea el interior del otro espíritu, “una palabra clara como la palabra lámpara”, “un puñado de versos, monedas irreales que circulan mejor en otro mundo”, “las máscaras de las hadas del sake que ocultan su refinamiento y su dolor”.



La poesía es otra forma que dispone de la muerte para darle un sentido, como el mismo autor lo pregunta: “¿Y si la poesía no fuera más que el ardid que retrasa la muerte?”.
La palabra vence pero deja detrás de sí una huella, un rastro, un impulso que sigue obrando en silencio perturbador, el lugar del nómada o el judío errante, la evocación del recuerdo de Nadie, del insomne, de Casandra muerta o Eurídice sorda, lotófagos, mujeres cronógrafas, políticos, ebrios, sonámbulos, habitantes todos del museo de los imposibles, el tiempo lento que cose el hilo de los días, Sherezada y su palabra angustiada, “un museo surreal entre ruinas de antiguos esplendores”, “un salón circular diseñado por un alumno de Dante donde los poetas leen sus versos eternamente”.



La palabra discordante y la forma distorsionada que sobrecoge al lector con sus revelaciones, el viaje a mundos profundos, a la poesía viva y el porvenir: “La ausencia era el nombre de Dios”; “Hay flautas rotas para llamar a Eurídice, que padece de sordera”; “Seremos tachados por la tinta negra del Dador”.



Intensidad y energía, seducción y hechizo, fábula de lo imposible, canción solar y ensalmo, esta poesía viva es una laboriosa y activa fuerza de fe y saber, humor y espontaneidad, azar y milagro, persistencia afectiva, paradojas e imágenes de la memoria, invención y signo de embate.

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