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miércoles, 10 de junio de 2009

EL ESCEPTICISMO COMO FORMA




Por Gabriel Arturo Castro


Al leer la antología Sueños Adelante, de Víctor López Rache, asistimos al juego de una poesía vehemente y grave, donde la creación, como lo pensó alguna vez Bretón, deja de ser un acto puramente literario para transformarse en un medio de explorar los mundos y dar lugar a uno de ellos, habitado mediante una fuerza fundante propia que hace de la obra algo distinto, novedoso y original. En este universo predomina la duda sobre la certeza, los interrogantes sucesivos que cuestionan la existencia vacilante, mutante, imprecisa y en agónico movimiento:

Qué les diremos a los hijos cuando nos pregunten
¿qué sucedía en tu entorno mientras se enamoraban?
Qué les diremos si dejando el juego exclamaban
¿y bailaban bajo el cielo temblorosos con relámpagos de
aviones fantasmas.


Una poesía o una actitud poética que sólo puede aprehenderse de modo interrogativo, gracias a la posición escéptica e incrédula frente al ser, a su devenir. Se cuestiona aquí el artificio del tiempo, el exilio tomado como una fábula, la tradición, la vanidad de los muertos, la condenación del hombre por el poder, la huida de la realidad, el llanto de la guerra, la refutación de lo cronológico, la duda del espacio y la reiteración del laberinto cuyo centro es el vacío.

Por ello los signos de Sueños Adelante son conjeturas, un conjunto de probabilidades que redescubren las cosas eternas: el vértigo, la soledad, la rueda, la ciudad, el misterio, la ceremonia, la palabra, la desdicha, el paraíso, el infierno, el verdugo, la oscuridad, el desierto, lo invisible y el tiempo, el duro tiempo irreversible que todo lo envuelve..

El poeta se estremece ante la existencia temporal y responde por medio de la metáfora del creador, el “apasionado por la revelación”, como lo llamara Cardoza y Aragón. La metáfora, ese “error óptico” necesario, según Nietzsche, que conduce al juego de inventar realidades y hacerlas creíbles, hasta el punto de lograr que, por la fe de los hombres, tomen cuerpo.

Percepción abstracta del tiempo que comunica desde dentro y manifiesta el instante, la fugacidad del mundo. El poeta interpreta el sentimiento de un ser estremecido ante su existencia temporal y responde ante él por vía figurada. Todo tiempo anterior es el origen y todo trazo temporal volverá a la matriz de la cual proviene. Tiempo del creador, tiempo laberíntico, inextricable, pensado y vivido.
Es el tiempo psicológico, discontinuo, fragmentario, cambiante, personal, el cual se encuentra en la imaginación y la memoria. Desde aquí se asimila y reinterpreta los demás tiempos, el mito y la historia:

Después del solitario
que unificó en su mano todos los peligros de la suerte,
nadie se atreve a comprometer el alma
para inventar un emoción digna de ser perseguida.
Feliz en nuestra lengua quien de nuevo pueda nombrar el amor
para evitarse las palabras.


El sujeto y el tiempo se comunican. El yo responde a la trama laberíntica de la memoria, se funde en ella y depende del tiempo propio. El yo se acuerda de sí mismo, reconociéndose en y a través del tiempo. El yo es que se suspende y accede a un territorio global donde el instante se alía con la eternidad, tiempo verdadero, de la verdad poética, de quien ahora presiente en un instante la eternidad:

Ojalá con tu visita
bajo tu pie desaparezca el origen de los caminos
que aún se repiten en las estrellas.

Aquí existe una santificación del instante que nos torna infinitos e imperecederos.
La escritura de López Rache llega a un lugar utópico donde los tiempos interior y exterior se concilian tras el conjuro de la palabra. Un tiempo inacabado, inconcluyente y libre de toda obligación retórica; este poemario hace valer el ejercicio y la sentencia de Goethe: “Vuelvo sobre mí y encuentro un mundo”.

Pero las imágenes parten de lo personal y lo superan ofreciendo una sensación de movimiento desde una perspectiva ontológico – existencial. Movimiento que en López Rache adopta la figura de un viaje evocativo e imaginario:

De este viaje nadie regresa.
La sed de las ruedas pide sacrificios
imitando el antiguo hábito del sol


Poesía de quien presiente en el relámpago toda una perpetuidad, porque el tiempo se despliega y se repliega sin distinguir el pasado del presente, naciendo de la imaginación e intuición del escritor, siendo esta última la visión directa de una verdad, diferente al pensar discursivo. El poeta siente por la imaginación y conoce sólo por la esencia de las verdades originales. La intuición descubre lo Absoluto mediante la total libertad del sujeto y retoma el fluir de la vida interior. De allí la alta brega para recobrar el originario sentido que tenían en común la imagen, la escritura, el sonido, el verbo, la palabra y la acción.

Restitución que intenta realizar Sueños Adelante, al despertar realidades ocultas, al hacer una reescritura del vestigio, sostener una utopía, interrogar el destino del hombre y trascender la materialidad de las cosas para llegar a su vida y razón de ser.

Como la obra tiende hacia el origen, la experiencia del creador se revela y se eleva y “el acto poético no tiene otro fin que cantarse a sí mismo”, según Mallarmé, para lo cual el autor de Sueños Adelante se impone una minuciosidad, una lentitud de aproximación ritual, una precisión detallada, un rigor de exactitud, un calculado dominio del oficio. Su ritmo es pausado, sus frases largas hipnotizan, desafían al lector tras la adivinanza, la sugerencia y el imposible fascinante, haciendo del poema “un signo inaugural que abre el camino”, un sendero que conserva sentidos secretos y una razón poética, metafísica y religiosa, realizada desde la oscuridad de las entrañas:


Desde el arribo de los investidos con las finezas del verdugo de la tierra vivimos huyendo dentro de las mismas paralelas. y no hay punto de espera ni huellas para el retorno. el movimiento sólo pertenece a ellos y de nada nos sirve soñar itinerarios secretos, bajo su mirada hemos crecido amando el temor a la misma tragedia.



(López Rache, Víctor. Sueños Adelante, Antología, Editorial Color Laura, Bogotá, 2009, selección de Jaime García Pulido.)