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miércoles, 5 de diciembre de 2012

HUYENDO DE LAS FIGURAS LITERARIAS/Víctor López R.


                 
“Otra de las fantasías del alba del milenio,
será la desaparición del intelectual".
               

Por VÍCTOR LÓPEZ RACHE

1.                FANTASÍAS OFICIALES

Hay una regla sin excepción. Las estrellas de la inteligencia impiden ver las actividades, la obra y las aventuras del creador auténtico. Su dicha es tan plena que anulan la existencia de los semejantes y han alterado la realidad convirtiéndola en un mosaico de fantasías. Las figuras anulan la capacidad de pensar e irradian un magnetismo que deja a la comunidad satisfecha noche y día.

Les encanta la idea de acumulación individual, la ayudan a propagar y les parece magnífico no hablar de intelectual, sino de productos del conocimiento. Su presencia le otorga legitimidad a la red de fantasías que ha llevado a ponerle fin a la vieja noción de sentido común. Ya no se pregunta de qué se trata un libro, sino qué multinacional lo ha publicado. Los demás debemos fingirnos escépticos prehistóricos e ignorar el impacto del Tratado de Libre Comercio, donde no sólo la semilla de las plantas tendrá un sello extranjero, sino el fruto de la imaginación. Un pequeño artefacto absorberá las ideas del auditorio atento o del transeúnte desprevenido, y el experto en recolectar ideas ajenas gestionará las patentes y será su propietario. El argumento será: la vivencia es tuya; pero la versión es mía y, como tal, la obra me pertenece. Si hay demandas, el juez concluirá que no hubo plagio ni apropiación, sino una inspiración colateral en bruto.

Para hacer menos tensa la regla sin excepción, es necesario observar las opciones que le quedan a las criaturas que nacieron en las décadas precedentes a semejante avance de la humanidad. Además, el lugar, la formación y la capacidad de resistencia, quizá, nos pueda ayudar a entender porqué confiamos en fantasías que, finalmente, nos dejan tranquilos bajo el paraguas de las confusiones. Por ejemplo, yo nací en un país cuyos habitantes hablan el mejor español, exaltan los símbolos nacionales y triunfan donde vayan. Crecí en una democracia nunca interrumpida y de valores respetuosos de la diferencia.

Tuve la dicha de entrar a la adultez aplaudiendo el fruto de ello: un premio Nobel dispuesto a decir siempre: el único deber del escritor es escribir bien. Dejé atrás la edad de la razón bajo la guía de un gobernante descendiente de Cristo. Y comienzo la ancianidad en medio de la gente más feliz del mundo. Además, he gozado los dones superiores de la inspiración gracias a la abundancia de bellezas tan fascinantes que sólo son aptas para valientes dedicados a negocios de alto riesgo… En fin, moriré en el mejor vividero del mundo.


2.      SENSATEZ ARTIFICIAL

A los sensatos les queda difícil liberarse de tan nobles ventajas y sólo aquellos que no han eliminado el necio interior, arriesgan el futuro mirando otras posibilidades. Los ilusos ignoran que triunfar es adaptarse al oscurantismo de las fantasías y han terminado en la confusión y, como es lógico, los gestores culturales se ven en la obligación de consagrarlos como expertos en cerrarse puertas. Son amigos de las trasgresiones, avanzan en sentido opuesto a la velocidad de los procesos de creación, e irrespetan los buenos modales; pues adular al famoso es deber de todos; pero cuestionarlo es una opción digna de alguien más famoso; o sea, para refutar la actuación de un Nobel, el atrevido debe tener dos Premios Nobel. A ello le llaman autoridad intelectual.

Pero gracias a la confusión he logrado informarme que Colombia se parece a otros países del continente. Por ejemplo, México también tuvo un premio Nobel que, todavía, celebramos aunque nunca le concedió media línea al nuestro. Tienen un pintor que le dijo al nuestro que dejara de admirar esas obras alargadas hasta la flaqueza y se pusiera a pintar gordos. Estas son influencias secundarias. Es bueno resaltar lo dinámico y sugestivo, emprendedor y divertido. La democracia de nuestro país es semejante a la de allí, apenas interrumpida por un partido, sagazmente, llamado PAN. Lo ratifican los científicos de la comunicación de los distintos medios de la misma multinacional. Allá, como aquí, la obra importante no es la del Nobel, los pintores y, menos, la de un pensador. No. Es la obra de aquellos conocidos en boca de la gente mal hablada, como mafiosos, cuando los analistas los han llamado hombres dedicados a negocios de alto riesgo.

Con otros países las semejanzas se estrechan. A pesar de la ascendencia racial y literaria de Argentina, Colombia al fin la superó. Hace años logramos los 30 mil desaparecidos y, según el mismo gobierno, vamos en 61.404. Entre más grande la cifra más profundas las ideas de los burócratas de alma, preparados en instituciones de prestigio universal. Ellos asesoran y los gobiernos violan los convenios internacionales sin sufrir sanciones de las Naciones Unidas. El principal tutor de la gama de delitos es un expresidente, cuya ira arroja un sinnúmero de manicomios en cada frase. En distintos escenarios del continente repite el mismo monólogo, y como su cosmovisión avergüenza, incluso, a sus fieles, el Nobel Vargas Llosa, lo llama líder de la democracia y la libertad, paradoja que también usa para exaltar a Piñera, quien logró su fortuna gracias a Pinochet.

En los países ricos en miserias es más fácil ocultar la verdad que cambiar de fantasía. En 1982 García Márquez recibió el Nobel y en el 2012 todavía no hemos podido recuperarnos. El impacto fue tan hondo que el presidente Betancur canceló el mundial de futbol afirmando: con Gabito –así le dicen los cultos del poder–, basta para que Colombia sea conocida en los países decentes y las lenguas civilizadas. Este presidente es poeta, ha sido jurado de poesía, lidera una fundación cultural, y toleró el Holocausto del Palacio de Justicia que propició la izquierda y consumó la ultraderecha. Y como existe el temor que deba responder penalmente, ha recibido la nacionalidad española; pues sería de mal gusto que un poeta e intelectual pasara sus últimos días en las mismas condiciones que Fujimori. Después de dicho Holocausto, con raras terminologías, los magos del derecho han afianzado el concepto jurídico Homicidio Justificable.

Por su parte, el padre de la antropología colombiana expresó especial afecto por las diezmadas minorías indígenas y, según un profesor e investigador, fue miembro activo de los campos de concentración de Hitler. Al respecto el joven decano de una facultad de sociología, sonriente, explicó: ello acaba de enriquecer su obra; fue un intelectual integral.

Hay bocas todavía más directas. Sin importar que un autor sea anciano, los jóvenes editores le aconsejan: muchacho, elimina tus originales; una época no resiste más que un hombre de letras. Son el eco de aquellos que aseguran que, en nuestra lengua, sólo se salvan El Quijote y Cien años de soledad. Y los nuevos sabios en poesía consideran lejano a César Vallejo y del Siglo de Oro ni siquiera rescatan un poema. La razón la dio décadas atrás otro de los grandes: el español es inepto para la poesía.

No sobra reseñar una moda repetida año tras año. Existe un círculo experto en ganar premios y para superar el calificativo de Parroquianos Globales decidieron leer a Kafka. En la siguiente sesión renunciaron porque los personajes eran ambiguos, las atmósferas deprimentes, el lenguaje no emulaba la amena calidad del periodismo; en fin, las novelas kafkianas no se ajustaban a la línea editorial de las multinacionales en que ellos publicaban. El juicioso hojeó con menos afán El Proceso y, además de capítulos invertidos e inconclusos, descubrió que algunos episodios se repetían en sus cuentos, y los cuentos se parecían a las parábolas de una pesadilla.


3.      PREGUNTAS MOLESTAS

Las figuras cumplen su labor cuando estimulan las fantasías colectivas y, ahora, nadie piensa que una obra auténtica es fruto de sufrimientos, insomnios, soledades. Nadie piensan que existen creadores inéditos, marginales, depresivos, exiliados y, sobre todo, ajenos a las fórmulas vigentes. Son creadores que, en el aislamiento, todavía se preguntan:

~¿Las figuras son tan ajenas a la realidad como para que se conviertan en fuente de fantasías?
~¿Por qué los artistas de fama absolutista no les importa sacrificar su obra y la de los demás?
~¿El libro de un talento sincero puede cambiar el alma de una comunidad manipulada?
~¿Exaltar las distintas variables de la violencia es la única opción que nos ofrece la época?
~¿Nos sentimos mal siendo útiles al sistema; pero, también, agitando las banderas opuestas?
~¿El éxito es tan peligroso que trasforma a los creadores en publicistas cuando no en políticos?
~¿Se debe sacrificar la imaginación y el lenguaje a cambio del reconocimiento instantáneo?
~¿Las figuras del saber y la creación, en verdad, son técnicamente inmortales?

Pero como las preguntas son molestas, ellos ni siquiera renacerán en la biblioteca de los fracasos, porque las figuras también llenan sus anaqueles con los libros que les preparan los asistentes mientras reciben homenajes y premios. Quienes no son totalmente anónimos se han refugiado en el imposible arte de saber callar. Si cometen la necedad de expresar sus dudas, también se consagrarán como expertos en cerrarse puertas. Sus libros no serán parte de catálogos y, mucho menos, recibirán el favor de los burócratas de la cultura. No correrán la dicha que sigue corriendo el menor del Boom.

En cuarto de bachillerato leímos la admirable Casa Verde; nuestros hijos en noveno leyeron Los cuadernos de Don Rigoberto; en noveno nuestros nietos están leyendo Travesuras de la niña mala; y en noveno nuestros bisnietos leerán alguna novela póstuma de Vargas Llosa, así no haya sido escrita por él.

La suerte de Sábato y Lezama Lima es opuesta y, sin exagerar, ya nadie recuerda a Gutiérrez Girardot y, menos, a Rojas Herazo. Quienes enseñan a transgredir la escritura de los notarios  de los crueles, a amar la palabra, a leer los clásicos, a revelar los misterios de la realidad oculta en las fantasías, corren peor suerte. Para impedirles coger vuelo, les aumentan la carga académica y son el punto crítico de alumnos y colegas. Y sinceramente es loco mencionar a los creadores que carecen de apoyo público y privado. En cambio, la publicidad se ha vuelto sinónimo de creativo, y la estadística, de inteligencia. No puede ser de otra manera. Autoridades de los  números y las finanzas diseñaron una fórmula que permite salir de la pobreza con 90 dólares al mes. En consecuencia, en lo que demora un clic, Colombia pasó de 33 millones de pobres a 28; el gobierno subió en las encuestas y los líderes del conocimiento, en concreto, pudieron demostrar su función social.

Esta ligera paradoja apenas vislumbra una época sumisa a las facultades de la distorsión y, desde luego, apta para venerar a los modelos que perfeccionan los gobiernos y las multinacionales y, agradecidos, ellos contribuyen a volver espuma la realidad. Un autor logra reconocimiento súbito si en la primera página es capaz de acomodar una frase que evoque la más aguda de las violencias. Si pasa la prueba tendrá micrófonos, televisión y espacios impresos y virtuales. Todos los medios, todos, se disputaron la visita del hijo de Pablo Escobar que, ahora, ostenta un apellido de proyección presidencial: Marroquín. El venía de Argentina a exaltar la obra de su padre y los medios lo presentaron como el documentalista y director nunca visto. Los hijos de las víctimas famosas fueron los primeros en darle el abrazo de bienvenida. La puesta en escena no sólo ponía en ridículo el perdón cristiano, sino privilegiaba el crimen sobre la imaginación.


4.      EQUIVOCACIONES CON FUTURO

El montaje de las fantasías oficiales es tan perfecto que a los bien pensados les brinda la dicha de refugiarse en las confusiones para evitar referirse a las tragedias ocultas por la distorsión.

Muchas veces asistí a conferencias de nacionales e internacionales y, siempre, ponían los mismos ejemplos de Borges, García Márquez, Octavio Paz. Sin mencionar a Proust, los menos regionalistas citaban a los franceses. Los pedantes a Musil y Hermann Broch. Y aquellos intelectualmente insoportables elogiaron a Tolstoi y Joyce cuando un astro de las letras había calificado a Guerra y Paz como un hermoso ladrillo imposible de leer y, otro, a Ulises como un fracaso literario. Pero siempre oí los mismos ejemplos. Y los saberes no literarios, dignos de feria, también exhibían figuras incubadas en el mismo tubo de ensayo.

Los extranjeros no salían del asombro y consideraron a Bogotá como la ciudad más posmoderna del mundo: en avenidas parecidas a autopistas virtuales niños descalzos arrastraban carritos de reciclaje e interrumpían la velocidad de autos de extraditables y, seguramente, de generales y banqueros. Nuestro aspirante a Nobel de medicina llama filántropo de la ciencia a un banquero que, la envidia asegura, hizo su fantástica fortuna guardando el dinero de los colombianos dedicados a negocios de alto riesgo. La arquitectura reúne distintas ramas del conocimiento, la imaginación, la belleza y la sensibilidad. E ingeniosos arquitectos han logrado diseñar penthouses de encanto para el hampa oficial, fugitivos de Venezuela, gerentes de multinacionales y sanguinarios de bien. Sin exagerar, cierta inteligencia y creatividad están al servicio del poder, sea oficial o clandestino. En Colombia no hay una sola investigación a los constructores de las maravillas de los homicidas. La utilidad del conocimiento, dirán los defensores de la propiedad ilimitada y del homicidio justificable.

Ante este arcoíris de oscuridades, los intelectuales críticos pensaban en su futuro y, en voz baja, culpaban a las confusiones propias de todo fin de milenio. Tanto escuché las mismas citas, las mismas evasivas, que puedo afirmar que la contribución de los expertos, de paso por Bogotá, fue haber revelado la existencia de la Equivocología. Con tanta solvencia los Equivocólogos repetían las distintas versiones del mismo contenido que me expulsaron de los sagrados pabellones del saber internacional; sin embargo, logré recobrar mi adicción al engaño y volví a la siguiente Feria. Una multinacional de la publicación invitaba a descifrar los misterios estéticos de la obra de Roberto Bolaño y los panelistas no habían alcanzado a preparar la charla en el avión y el hotel les había resultado poco inspirador; pero ya estábamos en la era en que se publican libros con fecha de vencimiento y, desde luego, les bastó proyectar el espíritu de un triunfador de las letras.

Eran sobresalientes de la quinta ola postboom, los apuraba el itinerario de promoción por la aldea latinoamericana y, como es lógico, debían adaptar sus impresiones a la medida de los auditorios de cada capital, y todo tiempo les era escaso. Representaron su papel, los aplausos anularon toda posibilidad de reflexión y la falta de preguntas acabó de confirmar la altura excluyente del acto. En las últimas promociones del Hay Festival, algunos de ellos, han visto todo maravilloso y, como si la Tecnociencia permitiese las viejas plumas, los periodistas afirman que los vieron recibir la pluma de Fuentes, García Márquez y Vargas Llosa. Si estos elegidos contagian de optimismo a los gestores de los países donde vayan, confirmarán la regla sin excepción y serán adornos vitalicios en los podios del mundo. Y una estrella carece de responsabilidad distinta a multiplicar la admiración de las sociedades adictas a consolar sus carencias celebrando los triunfos de aquellos símbolos que los desdeñan.
Por todo lo anterior, y para no arruinar también el lugar común, me atrevo a decir que, otra de las fantasías del alba del milenio, será la desaparición del intelectual.

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