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sábado, 9 de marzo de 2013

UNA INCURSIÓN EN HECTOR ROJAS ERAZO/Luis Alfonso Ramírez P.





La creación de este libro es una aproximación hermenéutica para exhibir otro modo de acceso a los oscuros y ocultos sentidos, no entendidos ni percibidos con los acostumbrados análisis académicos de la forma material en  sus segmentaciones y distribuciones de versificación rítmica; o de los comentarios inmanentistas y sincrónicos de los temas ajenos a la condición del autor. Es acercamiento a un pensamiento lírico pero sin seguir los postulados de los análisis tradicionales de descomposición y abstracción con generalizaciones postuladas como las explicaciones más profundas de las obras literarias.
Cuenta el autor con un ámbito poético apropiado que en una extensión importante se comparte y sirve a la interpretación de la visión profunda del poeta acerca de su existencia y seguramente del resto de los seres humanos.

Me siento muy cercano a la vía escogida por Gabriel Arturo: la de dialogar con el autor a través de sus enunciados poéticos. Y como lo he repetido a mis estudiantes de literatura, para entender y dialogar con la obra literaria, para explicarla en una tarea académica, se requiere vivir sintiendo el dominio del autor y el ámbito literario, origen de la obra. Son estos los instantes iluminadores y creadores por la escritura de los versos. Ella misma es parte del acontecer que permanece y se innova en los encuentros con cada uno de sus lectores. La escritura, como acto de articulación de significantes en un orden desde la perspectiva poética del autor; no es el comienzo ni el fin de la creación artística, solamente una incursión en la trascendencia del mismo autor en la obra; es la esperanza, no de agotar los sentidos de la obra pero sí de andar rutas para encontrarse con el autor en el texto.

Gabriel Arturo está apoyado del mejor dispositivo e inspiración poética con sus creaciones y su gran imaginación de poeta realizado para encontrarse con Rojas Herazo en sus textos líricos. Solamente algunos ejemplos bastarán para demostrarlo:

“El mar en la Mejilla como un símbolo”, ha sido su selección poética para explicar la significación metafórica de que “el mar habita en el rostro de alguien”, por el bellísimo juego de imágenes del amor que florece y envejece en las imágenes del mar. Y las afirmaciones de que la metáfora es el fin de la mímesis, “ilusión contra la representación-objetivización-racionalización del mundo”,” “recreación de la sensibilidad perversa”, “el silencio y la profecía propio de lo inefable”, muestran la liberación del poeta de los sentidos petrificados de las palabras para juntarlos con sus visiones y sentires en el encuentro con sus mundos vitales.

Brotan así, los enunciados de Gabriel Arturo sobre la metaforización. Aquí la metáfora se ha vuelto un ciclón que arrastra los desechos de sentidos muertos de las palabras aisladas para ubicarlos en otras miradas que sienten el mundo en la autenticidad del poeta. La metáfora es soñar con palabras: “El anhelo de otro estado del mundo, la fundación, exploración y revelación personal de uno de ellos”. Imágenes mezcladas de sabor del Caribe, y de juventud ida por el peso y el paso de los años que van mostrando sus rastros.
De la metáfora, Gabriel Arturo, rastrea en la poesía de Rojas Herazo, una significación nueva, no resultado de la palabra aislada que sustituye; es, más bien, significación como proceso de autorepresentación indefinida de su trayectoria vital. La metáfora es la poética buscando sentido totalizante pero ilimitado: actitud visualizada del ser referido.

Hablando en otro de los ensayos de la alteridad poética, Castro en su indagación, muestra a interlocutor, a un sentido colectivo en el que incluyen, el lector, los otros y hasta el mismo poeta: “Recuérdalo bien hermano mío, sólo hablaré de ti”.

Versos que, como lo escribe Borges al enunciar al otro, reconoce su alter ego, su misma persona que se desdobla para reconocerse como otro, el mismo poeta. Juicio del otro y reconocimiento en sí mismo que trasciende el valor retórico del “tu” convertido en todos nosotros. Para Castro, al ubicar estos versos en una poética del otro, siente que en la poesía de Rojas Herazo se vive en un “teatro de voces, porque está construida a partir del tu poético, monólogo dramático donde surge el diálogo, el escenario en donde se proyecta su experiencia. Y entonces, “proyecta desde su yo, hacia afuera, su ánimo, impulso y sensaciones, y a la vez, se encuentra con las manifestaciones de otros individuos con quienes inicia una vivencia y convivencias únicas”.

Resta aclarar que el “tu” de los poemas no es una indicación del lector, no tiene un valor ni pragmático ni retórico. Es un “tu” como un “yo” del mismo poeta que lo trascienden y remiten a un nosotros, los seres humanos, inclusive sus lectores.

La lectura de la originalidad y autenticidad en el uso del lenguaje que Gabriel Arturo presenta en el ensayo “El lenguaje y el mundo de Héctor Rojas Herazo”, es la culminación de su insistencia en demostrar la autenticidad y original visión de su ser y el de los otros, y del sometimiento del lenguaje a sus deseos poéticos despojando a las palabras de los palabra. Aunque se suele afirmar que la palabra poética es desvío de la palabra normal que acude en auxilio del poeta para denominar lo innombrable; más bien, ellas hacen parte de expresiones simples  o complejas, no como sustitución sino como parte de una totalidad semántico expresiva de la imagen total del poema, como pieza discursiva de la expresividad íntima del poeta. Son expresiones propias del ámbito  poético, comparable al lenguaje de la cotidianidad. En el lenguaje, nada es desvío de nada. Lo inefable,  es un sentir del otro, del lector, no del poeta. El poeta construye y dice su propio mundo con la más bella propiedad, aunque se pueda sentir  irrealizado. Las palabras son partes importantes de los versos como significantes pero los sentidos surgen de la totalidad. Totalidad discursiva construida por el poeta en la interpretación de sus mundos, pero dispuesta también a la interpretación de sus profanadores lectores.

En los versos: “Heme aquí con mis días /, mis semanas, mis meses, metidos en cintura”, la condición de poner en cintura las semanas, los meses y los días no es un desvío de una palabra, es la necesidad de conformar la imagen del recuerdo y de la tensión en que se ponen los tiempos del poeta, y como dice Gabriel Arturo: “La poesía responde a una profunda vivencia del individuo y el poema será una forma sentida y material”.

Resalto el presente ensayo del autor por la capacidad de diálogo con el gran poeta Héctor Rojas Herazo, para mostrarnos en el libro los sentidos resultantes del encuentro de dos experiencias poéticas que no renuncian a su originalidad aleatoria y sinuosa con la cual el crítico se adentra en los significados del transcurrir de la fuerza vital en la que transcurrimos los seres humanos con un “verbo colmado, orgánico, totalizante y trascendente” y afirmar de sus versos que son la exclamación “de su legítima condición humana, el dolor de la existencia, la embestida diaria de la muerte, la memoria angustiada del hombre común y corriente que transita por las tierras, que se desgarra y resiste a pesar del tiempo” Enunciados con los que se valora la potencialización de la palabra de la poesía de Rojas Herazo, sin que sean conceptualizaciones o explicaciones objetivas, sino la vivencia compartida en imágenes de la propia existencia del poeta.

Gabriel Arturo en la originalidad de su voz demuestra que lo mínimo requerido para ser original es reconocer que su propia voz está articulada de otras voces.

Para fortalecer su lectura poética este pensador acoge las voces de tantos autores valiosos, además de los recuerdos y experiencia vivida por Rojas Herazo en el Caribe: Bataille, Blanchot, Caballero de la Hoz, Sloterdijk, Bousoño, Fernando Charry Lara, Henry Luque Muñoz, Jorge Larrosa, Guillermo Sucre, y tantos otros, quienes enriquecen el contenido del ensayo crítico, pero no impiden crear límites al dominio de saberes del autor.