jueves, 2 de junio de 2011

EN DEFENSA DE LA PLURALIDAD Y CONVIVENCIA DE POÉTICAS



CARTA ABIERTA EN DEFENSA DE LA PLURALIDAD Y CONVIVENCIA DE POÉTICAS

La realidad no es legible de manera evidente. Las ideas y teorías no reflejan sino que traducen la realidad, pudiendo traducirla de manera errónea. Nuestra realidad no es otra cosa que nuestra idea de la realidad. Del mismo modo, importa no ser realista en un sentido trivial (adaptarse a lo inmediato), ni irrealista en el mismo sentido (sustraerse de las coacciones de la realidad); lo que conviene es ser realista en el sentido complejo del término: comprender la incertidumbre de lo real, saber que existe una porción de lo posible aún invisible en lo real. Edgar Morin. 


El lenguaje poético es un patrimonio colectivo. Una urdimbre tejida en la arena de la diversidad. Nuestras tradiciones literarias siempre se han visto atravesadas por múltiples mutaciones que han ayudado a componer y descomponer el ovillado paisaje de la palabra. No en vano la palabra recoge la complejidad genésica de nuestra existencia. Así ha sido en el caso de la lengua española. Las literatura(s) panhispánica(s) (de acá y allá, en diálogo unas veces, aisladas otras) siempre han manifestado en su devenir histórico la riqueza de lo plural, el desborde de lo conectivo. No existe una deriva única de lo poético. Nunca se produjo una voz homogénea para toda nuestra tradición. Las tentativas de encerrar el lenguaje literario dentro de límites inamovibles han dado como resultado estructuras cerradas de pensamiento que trabajan en contra de la propia y esencial condición de la palabra.

Las personas que firmamos esta carta creemos firmemente en esta pluralidad poética heredada –a la que hemos tratado de contribuir activamente con nuestro propio trabajo– y por eso nos mostramos resistentes a cualquier forma de cierre normativo. Creemos necesario alzar un muro de contención ante actitudes que pretenden reproducir debates que «ya» no son legítimos –que, en realidad, nunca lo fueron– porque representan en sí mismos una agresión a esa misma pluralidad conquistada, al trabajo y legado creativo, teórico y vital de muchas poéticas y poetas precedentes y que recogen de manera natural el legado incuestionable de los padres de la modernidad poética: del romanticismo inglés y alemán al surrealismo pasando por Baudelaire, Rimbaud y Mallarmé. Ha costado mucho desterrar de nuestro campo literario el cainismo y la exclusión. No vamos a consentir ahora que vuelvan a reproducirse estrategias envenenadas similares. El debate de poéticas es necesario, útil el contraste filosófico, intelectual, en torno a la creación, pero siempre en el marco de un respeto escrupuloso a la diversidad y el disenso.

Por todo ello queremos reivindicar como legítimo y propio de la(s) poética(s) panhispánica(s) actual(es) los siguientes elementos:

- Escritura(s). En plural. Modos del lenguaje que se encuentran. Ningún programa prescriptivo. Huellas. Rescoldos a modo de conceptos, de cruces, de intuiciones. Ninguna tabla de la ley. No sabemos. Quizá sean un modo de operar, de practicar la literatura. Ese acontecimiento ignoto. No sabemos. Disparan la semilla de lo por hacer y de lo hecho. No sabemos. Mueven a la acción.

- Tradicion(es). En plural. Linajes incrustados, desde siempre, en nuestra modernidad, en nuestra memoria literaria. Linajes que se activan y se iluminan desde el presente y de los que debemos hacernos merecedores. Como afirmó Eliot, la tradición «no se puede heredar, y si la deseas debes obtenerla con gran esfuerzo». Cada poeta se forja y construye su tradición, su propia cadena de ejemplos y magisterios, y este esfuerzo es en sí mismo un acto poético, una intervención en el mundo. Puede ocurrir –y de hecho ocurre– que este esfuerzo ponga a prueba nuestra capacidad de asunción cognitiva o de mera comprensión, incluso a lo largo de toda una vida de esfuerzo. La dignidad e inteligencia vitales consiste entonces en asumir esta discapacidad en vez de darle el formato autoexculpatorio de lo incomprensible, lo hermético, lo bárbaro y despreciable. Imposible simplificarla, esencializarla, despotenciarla a través de marbetes o etiquetas reductoras. Imposible normativizarla en interés propio, mediante operaciones espurias de exclusión o ninguneo. Voces habitadas para nuestro presente y nuestro futuro.

- Heterodoxia(s). En plural. Nunca una lectura unívoca de lo poético, no podemos aceptar como obvio ni la desaparición del habla ni el habla homogeneizada. La palabra poética implica desborde, intersubjetividad, entramado conectivo, intersticio, complejidad. Y significa todo ello porque dialoga con lo humano.

- Poética(s). En plural. No hay una poética una que convierta a las demás en otras. No hay norma, no hay centro natural o tácito. Queremos (re)afirmar y defender el deseo y la probada capacidad de convivencia de poéticas diversas que han demostrado en los últimos años su resistencia a la codificación. No precisamos para construir o apuntalar una identidad la negación del Otro. No vivimos la alteridad como amenaza, sino como nutriente y condición necesaria para la construcción de nuestra posible identidad colectiva y personal.

- Hibridez y Diversidad(es). En plural. Creemos que la poesía no es mercancía, no es hija de la rentabilidad económica. Tampoco de las ideologías. La poesía es una multiplicidad de pájaros, aves raris, aves migratorias, que ponen su nido en lo alto, alejado del manoseo y voracidad de las alimañas y carroñeros. No podemos, por tanto, hablar de «una» poesía, sino de «poe-diversidad», en constante vuelo, en constante cruce, en constante mestizaje. Y no enjaulada, sino libre, puede ser del mundo, desde el mundo, con el mundo. Pero siempre «haciendo mundo».

- Pensamiento(s). En plural. Desconfiamos de los falsos dualismos (razón y emoción, realismo e irracionalismo, público y privado, naturaleza y cultura…) en los que se ha querido encerrar lo poético. Se trataría, como dice Miguel Casado, de «ampliar la noción de pensamiento, extenderla a todos los movimientos de la mente, a uno y otro lado de la conciencia, a todos los movimientos interiores del lenguaje que de modo constante nos recorren y atraviesan». En definitiva: destacar el carácter desestabilizador y genésico de la palabra poética como apertura del pensamiento.

- Realidad(es). En plural. La relación de lenguaje y realidad es compleja, porque ambas son complejas de por sí y más cuando se relacionan, influyen, comunican. Es simplista y equívoco detenerse en un estilo o propuesta, en una sola manera de abordar esa difícil exploración de la materia (humana y no humana) que llegará a ser poema.

- Subjetividad(es). En plural. Sin menoscabo de que cada uno/a pueda o quiera llevar la voz poética adonde crea conveniente. Todas las formas de enunciación tienen sentido y no seremos nosotros quienes juzguemos la pertinencia de lo que cabe o de lo que debe desaparecer.

- Emoción(es). En plural. No codificadas, no predeterminadas en un calculado ejercicio de causa-efecto practicado desde las inevitables limitaciones del poeta sino trascendidas y reveladas junto a él en un proceso que hermana escritura y lectura, que convierte al lector en agente activo y co-productor de sentido.

- Lector(es). Recepciones. Por todo lo anterior reivindicamos el respeto a la inteligencia y creatividad lectoras, a la libérrima capacidad de sorprenderse y sorprendernos de aquel que generosamente se acerca a un texto para darle vida; a su derecho inalienable de que nada ni nadie se haga garante ni faro de sus emociones, su criterio, su infinita libertad.

Así, queremos reivindicar la convivencia de poéticas, la pertinencia del debate crítico, la belleza de la pluralidad como alimento de lo creativo. Y rechazamos de manera frontal cualquier estrategia de apropiación, simplificación o reduccionismo literario.

Y para que así conste lo firmamos en Madrid, a 17 de mayo de 2011.

FIRMANTES DE LA CARTA ABIERTA (por orden cronológico de adhesiones)

VÍKTOR GÓMEZ (España) Poeta
ERNESTO GARCÍA (España) Poeta
ESTHER RAMÓN (España) Poeta
JULIETA VALERO (España) Poeta
JORDI DOCE (España) Poeta y traductor
ÓSCAR CURIESES (España) Escritor
MARTA AGUDO RAMÍREZ (España) Poeta
JUAN SOROS (Chile, residente en Madrid) Escritor
CECILIA QUÍLEZ (España) Poeta
ROGER SANTIVAÑEZ (Perú, residente en EEUU) Poeta y docente universitario
MIGUEL ÁNGEL CURIEL (España) Poeta
RAFAEL SARAVIA (España) Poeta y editor
BENITO DEL PLIEGO (España, residente en EEUU) Poeta, traductor y docente universitario
YAIZA MARTÍNEZ (España) Poeta y periodista
ALEXIS FIGUEROA ARACENA (Chile) Escritor
ENRIQUE CABEZÓN (España) Poeta y editor
CARMEN BELTRÁN (España) Poeta y editora
ÓSCAR PIROT (México, residente en España) Poeta
CARLOS IZQUIERDO (España) Abogado y poeta
EDDA ARMAS (Venezuela) Escritora y psicóloga social
JAVIER IGLESIAS SÁNCHEZ (España) Arquitecto
MIGUEL MORATA (España) Librero
MATÍAS ESCALERA CORDERO (Madrid España) poeta, escritor, profesor universidad
JESÚS GE (España) Poeta
ARTURO BORRA (España) Poeta y ensayista
LAURA GIORDANI (España) Poeta y artista plástica
JOSÉ MARÍA DE LA QUINTANA JIMÉNEZ (España) Editor y escritor
MAR BENEGAS (España) Poeta y narradora
JULIO ESPINOSA (Chile, residente en España) Poeta y director de la Escuela de Escritores de Zaragoza
NURIA RUIZ DE VIÑASPRE (España) Poeta y editora
PILAR BLANCO DÍAZ (España) Poeta y docente
PILAR FRAILE AMADOR (España) Escritora y docente
JUAN BAUTISTA IBARRA BONET (España) Docente
IGNACIO RODRIGO EJARQUE (España) Médico y lector
LOURDES DE ABAJO (España) Poeta y compositora
LUIS LUNA (España) Poeta
AMBROSIO GALLEGO (Barcelona, España) Poeta
ANTONIO MANUEL FERNÁNDEZ MORALA (España) Escritor
EDUARDO FARIÑA (Chile, residente en España) Poeta
JUAN CARLOS VALLE (España)
KIRSMA MANCÍA (El Salvador) Escritora
GUILLERMO FERRÁNDEZ (España)
ANA Mª ESPINOSA GUTIÉRREZ (España) Poeta
FERNANDO MENÉNDEZ MENÉNDEZ (España) Poeta y animador sociocultural
FRANCISCO CENAMOR (España) Poeta y docente de teatro
JULIO MAS ALCARAZ (España) Poeta, traductor y economista
ROBERTO ECHAVARREN (Uruguay) Poeta
JESÚS MALIA (España) Matemático y poeta
ALEJANDRO KRAWIETZ (España) Poeta, crítico y gestor cultural
FRANCISCO LEÓN (España) Escritor y docente
PEPE MONTESERÍN (España) Escritor
FERNANDO SABIDO SÁNCHEZ (España) Poeta
ANA Mª ESPINOSA GUTIÉRREZ (España) Poeta
CONCEPCIÓN QUIRÓS SUÁREZ (España) Librera
NONI BENEGAS (España) Escritora
RAÚL HERRERO HERRERO (España) Escritor y editor
ALFONSO PASCAL ROS (España) Escritor
VÍCTOR MANUEL IRÚN VOZMEDIANO (España) Docente
JOSÉ ANTONIO LLERA RUIZ (España) Docente universitario
ALBERTO GARCÍA-TERESA (España) Poeta y periodista
BLANCA FERNÁNDEZ-MARCOTE CASTRILLEJO (España) Lectora
MIGUEL MARINAS (España) Docente y escritor
LUIGI BOSCO (Italia, residente en España) Planificador de Medios
PABLO ACEVEDO (España) Poeta
SOFÍA SERRA GIRÁLDEZ (España) Lectora
MERCEDES CARRETERO NIEMBRO (España) Arquitecta y diseñadora
IVÁN CABRERA CARTAYA (España) Docente
DINA POSADA (El Salvador) Poeta
CÉSAR GONZÁLEZ ÁLVARO (España) Economista
HELENA TUR PLANELLS (España) Docente
VICTOR SILVA ECHETO (Uruguay, residente en España) Docente, investigador y ensayista.
DESIRÉE RUBIO DE MARZO (España) Comunicadora visual
TRINIDAD RUIZ MARCELLÁN (España) Editora de Olifante
JOSÉ ANTONIO OLMEDO LÓPEZ (España) Docente
MAURIZIO MEDO (Perú) Poeta, crítico y docente
XAVIER SABATER (España) Poeta, videopoeta y polipoeta
NÉSTOR E. RODRÍGUEZ (Canadá) Escritor y catedrático
J.P. EMMANUEL [Jorge Torres Carrasquillo] (Puerto Rico) Escritor
ROBERTO BURGOS CANTOR (Colombia) Escritor
JOSÉ ÁNGEL BARRUECO FRANCO (España) Escritor y columnista
JOSÉ ANTONIO RODRÍGUEZ ALVA LOBO (España) Poeta
RUBÉN GARCÍA CEBOLLERO (España) Poeta
CARLOS HUERGA PÉREZ (España) Poeta, crítico literario y docente
ANTONIO CRESPO MASSIEU (España) Poeta
FELIPE ZAPICO ALONSO (España) Músico, fotógrafo y poeta
CARLOS VITALE (España) Traductor y poeta
ALFREDO SALDAÑA SAGREDO (España) Docente
YULINO DÁVILA (Perú, residente en España) Poeta
IGNACIO ABELLA (España) Artesano
SILVIA GUERRA (Uruguay) Poeta
ARANTXA ROCHET MONTEAGUDO (España) Periodista, poeta y fotógrafa
VIRGINIA GIL TORRIJOS (España) Poeta
RICARDO CANO GAVIRIA (España) Escritor
JAVIER GARCÍA MORENO (España) Poeta
RAFAEL REQUEREY BALLESTEROS (España) Lector
LUIS MIGUEL RABANAL (España) Poeta
NUÑO AGUIRRE DE CÁRCER GIRÓN (España) Investigador
ANTONIO TELLO (Argentina, residente en España) Poeta
VIRGINIA RIQUELME (España) Editora
LUIS AGUILAR (México) Escritor y docente
ENRIQUE VILLAGRASA GONZÁLEZ (España) Periodista, poeta y crítico literario
FRANCISCO JAVIER IRAZOKI (Francia) Escritor
REBECA ÁLVAREZ CASAL DEL REY (España) Poeta y editora
GABRIEL IMPAGLIONE (Argentina, residente en Italia) Poeta
SILVIA CASTRO MÉNDEZ (España) Escritora
PAUL GUILLÉN (Perú) Poeta y crítico literario
IGNACIO BELLIDO (España) Médico y poeta
JUAN FELIPE GUZMÁN CUEVAS (México) Documentalista y poeta
SOFÍA GONZÁLEZ MILLÁN (España) Psicóloga
MIGUEL ÁNGEL LAMA (España) Docente universitario
SALUSTIANO MARTÍN GONZÁLEZ (España) Docente
BEATRIZ PORRAS BETHUEL (España) Docente
RENÉ LETONA (España) Poeta y editor
SERGIO GÓMEZ GARCÍA (España) Poeta y docente
ANTONIO MONZONÍS GUILLÉN (España) Escritor
JOSÉ LUIS PUERTO (España) Poeta
PEDRO JOSÉ VIZOSO (EEUU) Poeta y docente universitario
CRISTIAN PALAZZI NOGUES DE TRUJILLO (España) Docente
IDOIA ARBILLAGA (España) Ensayista, poeta y articulista de La Razón
FRANCISCO GÓMEZ (España) Poeta y docente
BRUNO MARCOS CARCEDO (España) Escritor y docente
JOSÉ RAMÓN CIBEIRA BADÍA (España) Docente
JULIO PAVANETTI, (Uruguay, residente en España) Poeta y gestor cultural
SONIA BUENO (Madrid, España) Poeta, editora y hostelera
ANDRÉS FISHER (Chile, residente en EEUU) Docente universitario y poeta
MERCEDES CEBRIÁN (España) Escritora y traductora
PABLO GÓMEZ MONTES (España) Docente
MANUEL RAMÓN MOYA BASCUÑANA (España) Poeta y auxiliar de gestión
ÁNGEL CERVIÑO (España) Escritor y artista plástico
SARA GALLARDO (España) Poeta
MICHEL FEUGAN (Francia) Docente universitario
MARÍA SILVIA FONT JURADO (España) Escritora
BETTY CALVO GÓMEZ (España) Escritora
LINA MERUANE (Chile, residente en EEUU) Escritora
PEPO PAZ SAZ (España) Editor de Bartleby Editores
PILAR MARTÍN GILA (España) Poeta
MARÍA SANTOYO JIMÉNEZ-LAIGLESIA (España) Gestora cultural y lectora
PEDRO LUIS VERDEJO (España) Economista y poeta
FRANCISCO AZUELA (México) Poeta
RODOLFO DEL HOYO ALFARO (España) Escritor
JUAN CARLOS CANALES FERNÁNDEZ (México) Escritor
JUAN CARLOS CUEVAS LANCHARES (España) Docente universitario
TERESA DOMINGO CATALÀ (España) Lector
LAURA A. CANCHO (España) Cineasta y poeta
LUISA PALLARÉS DE CANGAS (España) Pintora y poeta
VIRGINIA TRUEBA MIRA (España) Docente universitario
SERGIO RODRÍGUEZ SAAVEDRA (Chile) Poeta y docente
EVA CHINCHILLA SÁNCHEZ (España) Docente y poeta
CARLOS MIRANDA DE LAS HERAS (España) Corrector
ROSANA SENA (España) Poeta
ANA CUARESMA NALDA (España) Ingeniero y poeta
CRISTIAN ALIAGA (Argentina, residente en Reino Unido) Escritor, periodista y docente universitario
JOSÉ CÓRDOVA (Perú) Editor y poeta
JUAN JOSÉ RODRÍGUEZ SANTAMARÍA (Ecuador) Poeta y traductor
CANDELAS GALA (EEUU)
ESTER FOLGUERAL (España) Poeta
FERNANDO GÓMEZ AGUILERA (España) Poeta y gestor cultural
PEDRO TENA JUNGUITO (España) Traductor
BENITO CALZADO SÁNCHEZ (España) Lector
CARLOS RODRIGUEZ-MÉNDEZ (España) Artista visual
ELENA TEJADA (España) Docente y poeta
LUIS VILLAMÍA IDAL (España) Docente
PEPE OLONA (España) Coordinador de Arrebato Libros
ROSANA ACQUARONI (España) Poeta
TULIO MORA (Perú) Poeta
JORGE PIMENTEL (Perú) Poeta
EMPAR SÁEZ ARTACHO (España) Médico y poeta
ADA SERRANO BORRULL (España) Lectora
GOYA GUTIÉRREZ LANERO (España) Escritora y editora
TOBÍAS CAMPOS FERNÁNDEZ (España) Poeta y artista plástico
ROBERTO A. CABRERA (España) Docente y escritor
ALBERTO VALDIVIA BASELL (Perú) Poeta
ADRIANA URREA (Colombia) Docente universitario
NURIA RUIZ RUIZ (España) lectora y escritora
JORDI TRAPERHO (España) Artista multidisciplinar
CARLOS BOZALONGO (España) Poeta, docente e investigador
RICARD MARGINEDA (España) Banquero y poeta
LUIS VEA GARCÍA (España) Escritor
AGUSTÍN SÁNCHEZ ANTEQUERA (Madrid) Lector
MARIO ARTECA (Argentina) Periodista y escritor
CÉSAR EDUARDO CARRIÓN (Ecuador) Escritor y docente universitario
CONCEPCIÓN BALLESTEROS RUEDA (España) Artista plástico
JAVIER GARCÍA CELLINO (España) Lector
JORGE GUEBELY (Colombia) Escritor
JAMES BALDER (España) Fotógrafo
LUIS ARMENTA MALPICA (México) Poeta y editor
RÓMULO BUSTOS AGUIRRE (Colombia, residente en España) Poeta y docente universitario
CARMEN ESCOHOTADO IBOR (España) Poeta
JUSTO SOTELO (España) Novelista y docente universitario
ALBERTO CHESSA (España) Poeta, cineasta y periodista
FEDERICO OLIVER VEGA (España) Economista
SANDRA MILENA MARTÍNEZ (Colombia)
EMPERATRIZ CARMEN BERENGUER (Chile) Escritora
SAMUEL TRIGUEROS (Honduras) Poeta
JANETTE LOZANO (México) Poeta y traductora
ANTONIO MARCOS (España) Periodista
JUAN GONZÁLEZ SOTO (España) Poeta
MARIO LOURTAU
JOSÉ LUIS ZERÓN HUGUET (España) Editor
PILAR ESCAMILLA FRESCO (España) Bibliotecaria y poeta
MAITE MARTIN-CAMUÑAS (España) Lectora
JORGE EDUARDO MOSCHES (México)
PILAR QUIROSA-CHEYROUZE (España) Escritora y docente
MIGUEL ANGEL MUÑOZ (México) Poeta y crítico de arte
VÍCTOR MANUEL GUÍU AGUILAR HÍJAR (España) Poeta y gestor cultural
ROBERTO ECHAVARREN (Uruguay) Poeta
CARLOS CASTEDO MERINERO (España) Lector y poeta
MARÍA SOLEDAD QUIROGA (Bolivia) Poeta
ESPERANZA VIVES (España) Grabadora y encuadernadora
ÁNGELA DE MELA (Cuba, residente en España) Escritora
JULIO PÉREZ-UGENA (Italia) Poeta y docente
GRACIELA BAQUERO RUIBAL (España) Poeta y docente
CARLOS SAINZ DE LA MAZA VICIOSO (España) Docente universitario
FEDERICO OCAÑA GUZMÁN (España) Poeta
DANIEL DE CULLA (España) Poeta
ANTONIO MARTÍNEZ I FERRER (España) Poeta y artista
ALESSANDRO GHIGNOLI (Italia, residente en España) Poeta y docente universitario
MARCELO PELLEGRINI (Chile) Poeta
JULIO REIJA (España) Poeta y diseñador gráfico
TEDI LÓPEZ MILLS (México) Poeta
ANA MADARRO (España) Psicoanalista y poeta
BEGOÑA MORENO-LUQUE (España) Poeta, abogada y traductora
ALEJANDRO BURGOS BERNAL (Colombia) Poeta
ISIDRO HERNÁNDEZ GUTIÉRREZ (España) Conservador y gestor cultural
IBÍRICO CALALBERCHE (España) Artista multidisciplinar
GUADALUPE GUERRERO DÍAZ (España) Documentalista
ENRIQUE BACCI (Uruguay) Poeta y narrador
FELIX MENKHAR (España) Poeta y lector
DAVID ORTEGA EXPÓSITO (España) Docente
MARIO ORTEGA (Chile, residente en España) Poeta
MANUELA TEMPORELLI MONTIEL (España) Poeta
JOSÉ LUIS NAVARRO MARTÍNEZ (España) Pintor
JUAN RIQUELME PUJOL (Venezuela) Editora
JULIO PÉREZ UGENA (España) Crítico y poeta
MARÍA TERESA SÁNCHEZ HIDALGO (España) Lectora
DIEGO PALMATH (Perú, residente en España) Poeta
RAÚL CAMPOY (España) Poeta
GONZALO ESCARPA (España) Poeta y gestor cultural
JOSÉ NORIEGA (España) Editor
ELOÍSA OTERO (España) Poeta y periodista
CONCHA GARCÍA (España) Poeta
ROSA LENTINI (España) Poeta y editora
JOSÉ LUIS GÓMEZ TORÉ (España) Poeta
JUANA CASTRO (España) Poeta
EDUARDO MOGA (España) Poeta y ensayista
GELA BERTEA FAURE (Argentina) Música y escritora

lunes, 23 de mayo de 2011

DOS LIBROS, DOS AUTORES /Gabriel Arturo Castro M.

Por Gabriel Arturo Castro Morales

Todo lugar para el desencuentro   

Horacio Benavides

Gobernación de Norte de Santander,
Cúcuta, 2006, 74 páginas.


El silencio es una constante en toda la obra de Horacio Benavides, desde Orígenes hasta Todo lugar para el desencuentro, libro ganador del X premio nacional Eduardo Cote Lamus, 2005. El silencio ha fundado lo esencial de su escritura, su misterio, la comunicación de su vida interior. Y lentamente se ha vuelto pausa, calidez, secreto, habitación, dominio, fortaleza interior, gesto litúrgico. Dicha manera de concebir la poesía es posible gracias a su renuncia, meditación, vínculo mágico, sensibilidad, reserva y la elección preferente de lo que podríamos llamar “la gramática de lo humano”.

Al interior de Todo lugar para el desencuentro, existe una necesidad de interpretación acerca del hecho poético, pero desde la poesía misma y su acontecer libre, aquella que alberga al tiempo el pensamiento, la significación y la comprensión, es decir, la unión de lo dicho en su brevedad y lo que se mira del universo, al menos de un trozo de él. Una parte de la naturaleza la encontramos en la poesía del presente libro, donde se procura descifrar el destino a través de la luz, y en este caso, por medio del amor.

Dos epígrafes iniciales lo confirman: “Duerme en la sombra, incierto corazón”, de Fernando Pessoa, y “Quisiera hacer odas de guerra pero sólo el amor resuena en mi lira de siete cuerdas”, de Anacreonte.

La palabra se enfrenta al desencuentro, al maltrecho corazón, a la rivalidad entre la realidad y el sueño, pero igual a la incertidumbre, la inquietud, el dolor y la renuncia. Y lo asume a través de las contradicciones, la negación,  la enunciación de imposibles, por ejemplo, al escribir: “Dices lo que no dices”; “Déjame oírte cuando no me dices nada”; “Muéstrate  amor y no te dejes ver”;  “ Me da sombra la palabra que no dijo tu boca”; “Voy en andas del amor que no tuvimos”; “Cerrando los ojos para verte isla desconocida”; “Yo que no te veo tengo mil ojos para verte”; “Roguemos que perdure lo que no perdura”; “¿Cómo dar contigo ahora que estás aquí?”.

Utiliza las estrofas pequeñas, el verso corto y la conformación en cada poema de un acertijo, una adivinanza, una manera de descifrar el enigma y vislumbrar el secreto de la existencia y de la poesía misma.

El primer poema del libro, El corazón no aprende,  ilustra la afirmación anterior:

Anúnciate.
Piensa que el súbito encuentro
podría ser demasiado
para el maltrecho corazón.
Permite que me prepare
que articule antes las palabras
que no he de pronunciar.
La torpe adolescencia está lejos
y el corazón no aprende.

Decíamos  que Horacio Benavides aparece incrustado en el silencio, el secreto de esta poética, de su actitud vital. Silencio para acoger la palabra, para dejar que el misterio irrumpa en nuestra realidad. De esta manera, el silencio no es ausencia de palabra si no su presencia de otra manera, recogida tal vez como una tensión expectante.

El silencio se hace dominio, fortaleza interior, “gesto litúrgico”, en un espacio donde vive la imagen encarnada en sus manos y en una voz, ya no vacía que responde al exigente llamado de la memoria.

Es la fascinación del silencio, su potencia; herida que a la vez indaga, busca, sueña, duda e inquieta, tal como lo manifiesta Michele Sciacca: “El silencio es todo lo contrario a una ausencia. El existir esencial es lo opuesto a la ausencia; es la presencia de la plenitud y plenitud de un instante presente”.

Es que la poesía tiene como condición previa a su aparición, a su génesis, el signo de la indiferencia, el vacío, el despojo, es decir, la eminente necesidad que el objeto, la cosa o el ser muera para dar la posibilidad de un segundo nacimiento, una segunda creación, una nueva criatura.

Se instaura así, la poesía como la presencia ante la ausencia, el trazo poblado frente al abandono momentáneo, al retiro, al alejamiento que sirven de intervalo: “Cuando llegaste/ya habías partido/ Boca que se aproxima/ y besa en el recuerdo/ Froté mis manos/ al sol de un sueño/ Bebí ausencia”.

 La ausencia coincide con la muerte: oscuridad, falta, ruina, olvido, traición, ceguera. Leamos otro poema titulado  La mariposa de tu alma cruzando el abismo:

Una tarde de regreso a casa
escuchaste una música extraña
el crujir de mínimas armas
airados metales.
En el barranco de tierra cuarteada
diste con un nido de alacranes
enloquecidos de vida.
Barquero
hazle un puesto en tu nave
a este muchacho
que quizás olvidó su moneda
piensa que no es poco
escuchar una música
jamás oída.

Porque la poesía es testimonio concreto, así al frente esté la consecuencia del tiempo, la vejez, la pérdida de los seres amados, la nostalgia, la soledad, el desamor, la ceguera, el vacío, la huida, la lejanía, la sordera, la desaparición, la vigilia, la despedida, la impotencia, el desencuentro.
Sólo la evocación de los sentidos posibilita el caudal de esta poesía, ya que el autor  elabora su escritura basándose en circunstancias especiales que su ser advierte:

He vuelto a la orilla del río
y te visto salir Lidia
del pasado que no regresa.
Te has sentado junto a mí
plena de palabras no dichas
pagana y sosegadamente triste
con la fragancia de las rosas
en la memoria de las manos.
En este crepúsculo
oro mate y azul
en que la noche va entrando
como una nave oscura
en el puerto.

O en circunstancias que le fueron sugeridas por una palabra o una frase. Son expresiones escogidas, cargadas de fascinación, acuñadas para determinados instantes: una imagen interna o externa que aparece. Aquello que es aprehendido en un momento especial, concentrado, que toma contornos, en tanto que es una aparición:

Mi mano encuentra
tu mano
y una ola cálida
cubre la playa de silencio
Tu mano y mi mano
como dos que caen
con los ojos cerrados
                       
La memoria y la expectativa enlazan la aparición con las experiencias y los sueños más antiguos de la humanidad, y con los tanteos de las búsquedas más recientes.
El poema – o los poemas- de Benavides no se basan en un despliegue orgánico, si no en un grupo de instantes que forman una sucesión, una yuxtaposición.

La aparición de las palabras se impulsan mutuamente, se iluminan y llegan a producir las visiones; pero estas visiones se exponen a menudo a la oposición de nuevos instantes, a deslizamientos de nuevas palabras: “Escucho/ lo que no puedo ver. El perfume errante/ de una dispersión de semillas/ Dulzura de azahares/ en los recodos del agua”.

Entonces vemos los objetos de un modo no habitual, con un significado que trasciende lo referencial, descubriendo lo que está oculto: “El viento trae/ el fantasma de su perfume/ Escucha ya/ de sus cencerros/ la música que nos acelera/ el corazón”.

En este sentido opera de modo simbólico, haciendo que lo más trivial resulte sorprendente.
Lo anterior es una memoria simbolizada y que alude a los sueños, considerada ésta como un estado de conciencia.

La memoria es un estado donde predomina la sensibilidad y   por lo tanto va siempre ligado a la magia, a  la imaginación  y el sueño.  

Muy cierto, en  Todo lugar para el desencuentro hay una autoexploración y un descenso al yo. Sin embargo, sus órbitas, aunque intimistas, no son cerradas o estrictamente personales.

La impulsión verbal llena el vacío del pasado y las imágenes se desarrollan en una fuga. Porque el poemario de Benavides es una aventura por el tiempo. Su imaginación desprende a los objetos de sus configuraciones sensibles y fácticas. No levanta una fantasía caprichosa sobre la realidad, sino, respetando la poderosa sugestión inicial de las cosas, completa la otra mitad invisible de la figura que ellas inician, mediante una creación de raíz reminiscente.

Un lenguaje que evoca raíces, orígenes, que es sombra de murmullos, de ecos lejanos y cercanos: “Había comprado estos zapatos blancos/ esta ropa blanca para ir a la fiesta/ y la sangre de mi hermano/ ha salpicado la manga de mi pantalón”.

Evocación, afán de confeccionar una atmósfera. Una voz escuchada que es urdimbre, trama viviente, tejido de tiempos vivos que dialogan. La frase es una clave que abre el mundo anímico, unión de literatura y vida, el poema como una forma plasmada, presenciada y mantenida por la vivencia, afecto, imaginación y oficio.


                                 
La tierra memorable
Gabriel Jaime Franco
Universidad Nacional de Colombia,
Bogotá, 2006, 90 páginas.


Gabriel Jaime Franco es ya una voz madura, profunda, equilibrada, gracias a la búsqueda iniciada desde el libro En la ruta del día, hasta el sorprendente volumen que hoy nos ocupa: La tierra memorable, poesía en acto, poesía de la certeza, de cumplida realización. 
Su escritura posee fuerza y condensación. Además es concisa, clara, sólida y lo mejor, va más allá de todo posible juego literario para centrarse en la preocupación vital de la existencia y devenir humano.
El libro está compuesto de cuatro capítulos que en su totalidad componen una serie de poemas breves, numerados con romanos, textos que se engarzan y se esparcen con sentido metafórico. Sugerentes, ascéticos, espontáneos y vitales, los poemas de la tierra memorable son reflexiones donde habita el hecho poético, el mundo y sus  contradicciones. El inicio del texto V del primer capítulo sirve como ejemplo:

Miro por la ventana. Estoy realmente mirando por la ventana. Y del fragmento del mundo ofrecido por ese fragmento de ausencia ingresa un mundo: la calle tocada por la lluvia, las palmeras con sus hojas de bordes amarillos por el sol, las parejas de jóvenes enamorados de cuyos zapatos de charol uno puede inferir un porvenir hecho pero ilusorio, los autos, los pregoneros de cualquier cosa, los ladridos del os perros, el aire y la luz, y siento de repente, por no sé qué desconocida razón, que he desviado mi camino.

Sensibilidad, ética y vida, serían esos tres órdenes de la creación de Gabriel Jaime Franco, instancias que podemos advertir a partir de su tono intensificado. Lo cotidiano y lo existencial toman otra significación:

(Pues en la noche los objeto estaban reducidos a sí mismos, finamente demarcad su contorno por la penumbra silenciosa: quedaban obligados a admitirse, libres de la servidumbre a una mano, un ojo: se agazapaban, en la noche. Sobre sí mismos se recogían en la mesa, el pequeño nochero metálico, las puertas, los ojos ausentes de luz en los retratos: todo era conspiración de lo  inerte contra el pequeño ser dormido).

Poètica de la proximidad y el desarraigo, del desasosiego y la desmitificación, una poética que testimonia el dislocamiento del mundo, la expresión de un drama de uno y todos los hombres. Se introduce el yo, profundo y poético, como un símbolo de todos,  el yo colectivo y compartido, pues la relación escritor – escritura en la tierra memorable rasa todo fantasma biográfico y anuncia que el drama pertenece a todos. El ensayista Carlos Eduardo Peláez, autor del prólogo, lo expresa así:

El libro comienza con dos epígrafes que hacen del yo la vía por donde iremos a transitar entre metáforas, interrogaciones, enigmas, conjunciones y el fondo existencial de los poemas. El yo se convierte en el centro mismo de lo relatado: el hombre. El hombre, esa invención reciente, al pensar de Foucault, se establece en él mismo,  es la acción de la existencia que guarda la memoria como la más completa individualidad.

Y lo ratifica la voz de La tierra memorable: “Soy este hombre/. O aquel/. Si: yo es otro. Soy un chino, un canario, un irlandés.  Yo es otro/. Cualquiera. Hasta el rostro es el mismo, si se mira bien”.
La espontaneidad creadora viene de aquella raíz compartida. El asombro se comparte al aceptar otras voces, otros seres capaces de participar en su intuición. La soberanía  interior se pierde, se fragmenta a favor de otros, poseedores también de la angustia.
El poema VII del primer capítulo así lo confirma:

Silenciosamente empuja a mi sangre
un eterno rumor de estrellas.

El mundo palpita en mí,
lo que vive me habla
desde su pálpito,
y yo lo escucho.

La vida se agita
entre el mantillo,.
devuelve la luz
desde las hojas muertas.

Agua, noche, tierra o pájaro:
yo estoy solo
frente al milagro,
y lloro.
Jamás tendré palabras
para devolver la luz donada.

Pues yo voy del milagro vivo
a los niños muertos,
al milagro roto.

La materia de esta poética es la existencia actuante, la cual va de la propia mismidad (intimidad, clausura, encerramiento), a la apertura, comunión y participación en las cosas del mundo.
La realidad individual de cada hombre, incluyendo la del escritor, se halla originaria  constitutivamente abierta a la realidad de los otros. De allí que La tierra memorable disponga de una actitud intuitiva y coexistencial de la poesía, es decir, de la memoria, aquella experiencia que se interioriza y se aloja en el ser como huella duradera o profunda, siendo posible su evocación como signo de la vida activa:

                                               Aquél que fui se hunde en la soledad de la memoria.

                                               Llora aún bajo las cobijas tibias,
                                               en la noche inmensa y solitaria,
                                               abandonado a sí mismo,
                                               solitario y llorando en la humedad de su propio
                                               aliento, él y la noche,
                                               oscuros y solitarios.

La memoria poética ordena los objetos, hace visible lo invisible, permite que los espectros del tiempo tomen vida propia, desmomificando al hombre, haciéndolo verbo de adentro hacia fuera. El rostro pasado se interioriza, toma vida tras la rememorización del tiempo. Tras un mundo espontáneo aparecen las imágenes que el poeta escoge, aprecia, valora y reúne tras el corpus del poema:

                                               Infancia también del a crueldad más pura
                                               recuerda
                                               recuerda
                                               recuerda al pequeño pez de colores
debatiéndose sobre las arenas cálidas

los hermosos lagartos de color pardo
apedreados sobre extensos muros veteados de cal
muerta

Los pájaros     de brillante plumaje
muertos al lado de los nidos
los ojos aún vivos de las ranas muertas
a los ratones
acorralados de pavor en los rincones

recuerda
recuerda al niño amigo         recuérdalo
sometido a duras pruebas
y suplicando el abrazo de una breve pertenencia

recuerda los furtivos abrazos nocturnos
al más dulce de los miedos.
al único miedo tolerable

La tierra y la memoria, los territorios imaginados, la fascinación del tiempo, la búsqueda de las esencias espirituales, a todo ello se enfrenta de manera lúcida el libro de Gabriel Jaime Franco.
Porque la puesta en escena de la memoria viene a punzar al lector, a decirle que la poesía restituye al tiempo y nos lleva a una nueva experiencia, emocionante y más intensa. El tiempo de la tierra memorable nos conduce hacia el drama de los seres de la evocación y nos invita, según Carlos Eduardo Peláez, a detenernos “en la mirada de un niño que es el padre de sí mismo y espera al que crece, al que gana su visión del  tiempo. Abre espacios que habitan confusiones, reclamos, historias, maravillas. Hace de la palabra el testimonio de lo que ha pasado por la tierra dejando la marca, cuando menos, de su esfinge interior, que siempre pregunta para que el desierto se extienda en una tierra memorable”.





sábado, 30 de abril de 2011

ERNESTO SÁBATO (Rojas, Buenos Aires, 24 junio de 1911- 30 de abril de 2011)


Capítulo del libro Antes del fin.


El túnel fue la única novela que quise publicar, y para lograrlo debí sufrir amargas humillaciones. Dada mi formación científica, a nadie le parecía posible que yo pudiera dedicarme seriamente a la literatura.. Un renombrado escritor llegó a comentar: “¡Qué va a hacer una novela un físico!” ¿Y cómo defenderme cuando mis antecedentes estaban en el futuro?

El túnel fue rechazado por todas las editoriales del país; hasta por Victoria Ocampo, que se excusó diciéndome: “Estamos medio fundidos, no tenemos un cobre partido por la mitad.” Qué auténtica me pareció entonces esa frase de Oscar Wilde: “Hay gente que se preocupa más por el dinero que los pobres: son los ricos.” Aún recuerdo la tarde en que se abrió la puerta del Querandí –el mismo café que luego frecuentaría en mis encuentros con Gombrowicz-, y vi aparecer a Matilde llorando, encorvada, trayendo entre las manos los originales de mi novela, que yo no me había atrevido a retirar, tanta era mi vergüenza.
Finalmente, el préstamo de un generoso amigo, Alfredo Weiss, hizo posible la publicación en Sur, y fue inmediatamente agotada. Al año siguiente, recibí noticia de su edición francesa, gracias a la generosa iniciativa de Camus.

Cuando años después comenté la historia en un periódico, Victoria me llamó hecha una furia para recriminarme del oprobioso recuerdo, ya que el libro había sido recibido entusiastamente por uno de los máximos escritores de Francia. Pero, “c’est la vie”, como ella hubiera dicho. He hablado de lo importante que ha sido su aporte a nuestra cultura; pero el mutuo y sincero aprecio que nos teníamos, no me dispensaba del inconveniente de no ser francés.

Nunca me he considerado un escritor profesional, de los que publican una novela al año. Por el contrario, a menudo, en la tarde que quemaba lo que había escrito durante la mañana. Y así, cuentos, ensayos y obras de teatro los he visto consumirse en el fuego, al que también estaba destinado Sobre héroes y tumbas; tantas han sido siempre mis dudas. (…)

Lamentablemente, en estos tiempos en que se ha perdido el valor de la palabra, también el arte se ha prostituido, y la escritura se ha reducido a un acto similar al de imprimir papel moneda. Como he dicho en el El escritor y sus fantasmas: “Quedan los pocos que cuentan: aquellos que sienten la necesidad oscura pero obsesiva de testimoniar su drama, su desdicha, su soledad. Son los testigos, los mártires de una época.” Están destinados a una misión superior, no pertenecen a ninguna capilla literaria o cenáculo y, por eso, no tienen como fin tranquilizar a individuos encerrados en una sacristía, sino el de derribar todas las conveniencias, devolviéndonos el sentido de nuestra trágica condición humana.  En esta vocación, muchos han sido empujados  a la locura, a las drogas, o a tantas otras formas de suicidio. Recuerdo cuando el doctor Cárcamo me decía que debía empezar urgentemente una terapia psicoanalítica, porque estaba al borde de la locura. Seguramente se preocupaba de verdad, porque era un buen hombre, pero yo le respondí que sólo me salvaría el arte.

Nunca sabremos la angustia con que Beethoven compuso su última y maravillosa sinfonía, o los momentos de soledad en que crearon sus obras los grandes compositores. Por eso, si el fracaso es triste, el fracaso es el arte es siempre trágico.

Emocionadamente he estado en varias ocasiones en la tumba de Van Gogh, aquel desdichado que nunca pudo vender un cuadro, y de quien ahora se disputan sus obras en millones de dólares, para ser exhibidas en un supermercado. Pobre Vincent; habitado por Dios y por el Demonio, humilde y bondadoso, que iba a predicar el Evangelio a los mineros y que a la vez violentamente atacaba  a Gauguin; que recogía a pobres prostitutas de la calle, como aquella con un chiquito, para ser su modelo, y terminaba llevándola a vivir con él, probablemente porque la comprendía, ya que los dos sufrían el mismo desamparo. Como señala Artaud, otro poseído a quien siempre admiré, Van Gogh murió suicidado por una sociedad que no podía seguir soportando sus terribles revelaciones. Cómo dudar  que Artaud estaba hablando también de sí mismo; en una carta a su médico, luego de terribles electroshocks, declaró sentirse “tratado como un alienado y maltratado a raíz de un gesto, de una actitud, de una manera de hablar  y de pensar que fueron en la vida las de un hombre de teatro, del poeta y del escritor que yo era”. Finalmente murió como un perro; el jardinero lo encontró una mañana, sentado en su cama con un zapato en la mano. Jamás sabremos hacia dónde se dirigía aquel día de su última soledad.

Por eso, la raza de artistas a la que siempre he admirado es aquella a la que pertenecen estos hombres.

Quienes han unido a su actitud combatiente una grave preocupación espiritual; y, en la búsqueda desesperada del sentido, han creado obras cuya desnudez y desgarro es lo que siempre imaginé como única expresión para la verdad.

viernes, 8 de abril de 2011

EL ENSAYO Y EL JUEGO ERUDITO/ Gabriel Arturo Castro

Por: Gabriel Arturo Castro

El ensayo y la poesía de William Ospina derivan de un clasicismo de fondo, procedente a su vez de una actitud espiritual y de una evolución estilística. Escritura vinculada a una visión laica de la realidad (en lo que tiene de racional y fiel a la norma), defensora del arte como elaboración teórica y de la nitidez y la perfección como valores formales. Quizás los géneros literarios son para el autor medios o disculpas que sirven de vehículo hacia la expresión de ciertas preocupaciones intelectuales.

Su punto de vista es el de un puntual lector que va tejiendo una red de conexiones, ayudado por un conjunto de conceptos y asiduas citas  de sus influencias literarias, siendo ellas fuentes de autoridad (Borges, Chesterton, Dante, Whitman).

El tono de sus ensayos tiene que ver igual con su juego erudito, pues refleja el ambiente especulativo, el segmento de la cultura humanista que Ospina extiende desde los textos de La decadencia de los dragones, lugar donde las ideas fundamentales giran alrededor de “los placeres de la lectura, el anhelo de eternidad de ciertas formas del lenguaje, la sed de innovación y ruptura que caracteriza las literaturas de la época”, según palabras del escritor.

El apartado que le da título al libro: La decadencia de los dragones, es en mi opinión, el mejor ensayo, dado que allí Ospina por fin se libera de toda atadura y despliega su espíritu subjetivo, interrogador, de una manera ágil, fluyente y abierta. Es que en los demás, aunque brillantes y lúcidos, tanta cita frecuente como medio de justificación, extravía la voz personal del autor, preocupante rigidez para quienes siempre hemos creído que el ensayo no pretende descubrir nada, sino probar, sondear, pulsar la capacidad de una expresión estética.

Afirmo lo anterior acerca del texto La decadencia de los dragones, epílogo del libro, porque allí Ospina diserta creativamente sobre el ocaso de la imaginación en los tiempos modernos, el derrumbe de las grandes mitologías y el papel actual de la literatura fantástica. Habla de la modificación de la imaginación gracias al paso de la creación colectiva de las antiguas sociedades, al predominio individual de la contemporaneidad. Incluso pasa de la crítica a la autocrítica cuando se incluye en el juicio certero:

“Pero hasta los poetas terminaron sucumbiendo a la idea de que la literatura es un ejercicio de la razón, y desconfiando del dictado de la musa o de la diosa, de eso que llamaban los antiguos la inspiración. ¿Cuándo abandonamos tal espontaneidad?”. 
Pregunta que proviene de una clara afirmación sostenida párrafos atrás: “Yo diría que nuestra imaginación se ha hecho menos inocente, menos espontánea y, si se quiere, más intelectual”.

El arribo de nuevas tecnologías es para William Ospina una de las causas del cambio, sustancial y definitivo, de la concepción de la imaginación. La revolución industrial desplazó la “laboriosa lentitud” del pasado por un espacio cotidiano lleno de “torres electrónicas, de naves voladoras personales y de hogares robotizados”. Culminaron la pasión y la inocencia de las sociedades antiguas clásicas y que constituyen de por sí los reiterados motivos de la nostalgia de Ospina. Su añoranza por la cultura griega, la admiración por sus creaciones y la exaltación de las expresiones del Renacimiento, serán unas constantes en el transcurso de la ensayística del autor de La decadencia de los dragones.

La explicación de Ospina acerca de la transformación de la actividad imaginaria es un poco estrecha. No basta encontrar la culpabilidad en la mentalidad adulta ni en las revelaciones de la ciencia sobre la literatura realista. Además de las anteriores, sería menester encontrar la raíz del debilitamiento de la capacidad de nuestra civilización para la fantasía en otras, variadas, complejas y distintas razones.

Ahora bien, cuando el ensayista se dirige más a la búsqueda de lo excepcional, hallamos en La decadencia de los dragones un excelente texto llamado Temas y obsesiones de Borges, el escrito más apasionado del libro, lúcido homenaje a su maestro Jorge Luis Borges, su influencia mayor, la figura que sobresale en el ámbito de su escritura, tal como lo escribió alguna vez Luis H. Aristizábal: “Ospina domina sus modelos, sobre todo a Borges. Sus ensayos (...) son muy borgianos, sin ser Borges;  apenas lo suficiente para rendir la lección sin dejar de ser Ospina”.
Borges, lo sabemos, fue un ferviente admirador de la literatura anglosajona, fascinación que tomó Ospina por esa vía.

 Borges y la literatura fantástica, es un escrito poseedor de algunas afirmaciones de tipo histórico que valdrían la pena ampliarse. Un asunto distinto es el ensayo histórico-social y otro el artístico-literario. Este último no demanda detallar minuciosamente las pruebas que fundamentan las afirmaciones, pero cuando en él se incluyen aseveraciones de carácter objetivo (sobre los eventos subjetivos del ensayo no se puede discutir su valor de verdad) es imperioso interrogar y precisar ciertos aspectos, entre los cuales subrayo el eurocentrismo del autor, la cuestionable afirmación de la existencia de vacíos históricos y de limitaciones del pasado de algunas naciones.

-¿Lo universal, tal como se insinúa en este ensayo, sólo es factible al heredar culturas europeas y con mayor énfasis si éstas provienen de las tradición griega o de la vertiente anglosajona?

Sobrevive la impresión de que la universalidad es exclusiva de las grandes civilizaciones, idea justificada durante todo el transcurso de la lectura del libro, a pesar del tímido intento de Ospina por desvirtuarlo o matizarlo en las páginas finales del ensayo titulado La palabra y el bronce, donde realiza un leve y poco convincente esbozo de la presencia contemporánea de la literatura latinoamericana, a través de la mención de sus culturas ancestrales y de la presencia de escritores como Pablo Neruda, Juan Rulfo, García Márquez o César Vallejo.

A propósito de Neruda, William Ospina traza un texto que llamó La embriaguez de las palabras, escrito en tono menor, sin el entusiasmo de los dedicados a Borges  o a Shakespeare, deteniéndose en alusiones biográficas, haciendo una especie de reseña del Canto General y transcribiendo poemas completos de dicha obra.

De Shakespeare confecciona una rica semblanza y una adelantada lectura de Romeo y Julieta, “... poderosa exploración de los misterios de la conducta y de los hilos secretos que mueven al destino humano”.

Revelador es también el acercamiento a Don Quijote y los cisnes tenebrosos, a partir de la interpretación de Estanislao Zuleta, de la cual Ospina retoma dos reflexiones cardinales.

Pasando páginas podremos saber luego de Cristo y la literatura en Ese hombre que escribía sobre la tierra, un viaje por ciertas páginas que tienen al profeta como motivo; y finalmente un ensayo que parecía un respiro, una ínsula  en medio de una atmósfera dominada por la presencia acuciante de Whitman, Borges y Shakespeare, me refiero a Literatura del siglo XX: la obsesión de la modernidad. Pero otra vez los dioses tutelares ya mencionados, se mezclan obsesivamente con Baudelaire, Rimbaud, Rilke, Mann,  y Eliot.

Visto de manera orgánica, el libro de Ospina es el resultado de la indagación, la concentración, un rico inventario de nociones e informaciones y una cultura vasta propia de la erudición.

(Ospina, William. La decadencia de los dragones, Alfaguara,  Bogotá, 2002, 222 páginas).


jueves, 7 de abril de 2011

POEMA DE JULIO CÉSAR CORREA



CÍCLOPE

Hay quienes miran por un solo ojo
porque el otro lo reservan para el odio
Hay quienes miran por un solo ojo
porque  el otro lo reservan para la venganza
Hay quienes sólo pueden ver un lado de la vida
De allí que las calles solo les sirva para volver
y  las escaleras tan solo para subir
De allí que la verdad les resulte incómoda
lo mismo que las metáforas
Vampiros que huyen del sol
y permanecen a oscuras
y en profundos silencios
cuando no tienen a quien odiar o maldecir

martes, 15 de marzo de 2011

ENTREVISTA CON EL POETA NELSON ROMERO GUZMAN




Por William Geovany Rodríguez

Nelson Romero Guzmán es uno de los escritores  de poesía más destacados de nuestro país. Su oficio literario se nutre de una visión de mundo que ha logrado construir con sacrificio y humildad. En aras de acercarnos a su proceso creador, hemos conversado con este hombre amante de la literatura y candidato a Magíster en Literatura Latinoamericana de la Universidad Tecnológica de Pereira, en convenio con la Universidad del Tolima.

Willian Geovany Rodríguez Gutiérrez: ¿Cómo descubrió su vocación?

Nelson Romero Guzmán: De niño me gustó siempre leer, me aprendía de memoria algunos cuentos que traían las cartillas escolares. Pero en esta etapa de la vida todavía no tenía una consciencia de la escritura; esta empezó a tomar forma en la adolescencia más o menos a la edad de dieciséis o diecisiete años.

W.R.: Cuándo usted escribe, ¿cuál es su proceso creativo?

N.R.: Primero hay una idea central en un primer plano como la que me invadió hace ya varios meses, y es la de haber imaginado al filósofo Platón echándole fuego a la caverna; esa idea bastó para concebir la primera versión del proyecto de un libro –de la cual hace poco terminé con el título de “La risotada de Platón”- donde imagino a un Platón pirómano que de esta forma se despide de la caverna, de la filosofía, del mundo de las ideas, y esta imagen remite al proceso de evolución de la filosofía que en la modernidad ya no tiene su morada en el ser, al decir de Heidegger. Este es un libro con trasfondo filosófico, dominado por la alegoría de la caverna, a partir de lo cual se visiona lo poético. Pero este proyecto puede fracasar, como tantos otros.

W.R.: ¿Qué se debe tener en cuenta cuando se piensa escribir un libro de poesía”

N.R.: Cuando se va a escribir un libro de poesía tienes que tener en cuenta primero la parte auditiva; uno escribe no sólo con el lenguaje sino que antes del lenguaje está el sonido, la entonación de las palabras, de donde surge como la música de fondo del libro. Cuando ya el tono está  definido, apenas cuentas con la mitad del libro. A esto se une el ritmo y la respiración, sin lo cual su contenido no tendría la fuerza que exige el poema, para lograr sus efectos en un nivel poético.

W.R.: ¿Ha tenido en mente modelos literarios de escritores que quieres imitar?

N.R.: Yo creo que la propuesta literaria más importante ha sido la de la modernidad, donde predomina Baudelaire con su teoría estética, su monumental obra revolucionaria en el sentido estético, y con él todo el simbolismo francés, representado principalmente en Mallarmé. Las vanguardias de los primeros treinta años del siglo XX, a su vez, han sido como los modelos surgidos del proyecto de la modernidad en poesía y de ahí se desprende toda una corriente del lenguaje que permea, incluso, a los poetas más recientes. Yo bebo de esas fuentes.

W.R.: ¿Durante su carrera como escritor ha contado con algún mánager o agente literario?

NR.: Digamos que esa figura ya no es frecuente en nuestros tiempos y menos en poesía, ya que como género literario está muy al margen de otros como la novela, el cuento o el ensayo,  que alcanzan un mayor número de lectores. Pero tengo amigos que me estimulan constantemente, como el escritor Andrés Berger-Kiss, Juan Manuel Roca, Santiago Mutis o Gabriel Arturo Castro.

WR.: ¿Por qué es tan difícil publicar poesía en nuestro país?

N.R.: Considero que es difícil publicar poesía en el mundo en estos momentos, porque los editores no le apuestan a la edición de libros de poesía salvo los mismos poetas ya reconocidos en varias lenguas, que aún se siguen traduciendo y editando, entre los que se puede mencionar los libros de Pablo Neruda, Huidobro, Thomás Eliot, Benedetti,  porque son obras que ya tienen unos lectores asegurados, una tradición de comentaristas que los hace reconocibles por el grueso del  público. De resto, la poesía es como un monólogo.

W.R.: ¿De los premios que ha ganado cuál es el que más aprecia y por qué?

N.R.: Bueno, yo aprecio mucho el primer premio que gané, me refiero al Premio Nacional de Poesía Fernando Mejía Mejía obtenido en el año 1992, en Manizales. Lo aprecio porque fue el primer libro, era más inocente, había mucha más incertidumbre y para mí fue enorme la sorpresa de haberlo ganado, en medio de jurados destacados y de escritores consagrados que fueron por aquel entonces finalistas de ese premio.  

La sociedad narcisista: todos escriben, nadie lee.

  Tomado de Kalewche.com La sociedad narcisista: todos escriben, nadie lee El breve ensayo que compartimos a continuación, y que puede leers...