martes, 14 de junio de 2011

DE FRENTE AL MAR/ Poema de Oscar Robledo Hoyos


DE FRENTE AL MAR.*
Saga con epílogo. 
I.

He visto de frente el mar,
Venir con sus olas impetuosas
Sus rugidos, sus arrullos, sus murmullos
Ante la sumisa arena
Eferveciendo entre las olas
Lo he presentido llegar, a solas.

Oh, mi mar, el rugiente
El león en la estepa del planeta
Siempre a solas
Amo un rey venir,
Llegar, estar conmigo
A solas

He visto de frente el mar,
Venir con caracoles y corales 
Quiero con el estar a solas
Solo, entre sus olas.


II.

He visto el mar de frente
He muerto por un instante
Entre sus olas, solo
Lejos de rascacielos y el atruendo de los autos
En estampida en un planeta
Que muere solo entre olas de basuras,
Fushiyama, volcanes, llamas, suciedades, solo.

Lo he visto en su casa llegar
Espumoso, castigado como monje y célibe
Divino, golpeado contra rocas, suelto,
Vuelto espuma, orquestado de aves y de peces
Pelicanos pescando entre sus olas,
Solo.

Rugiente y solo, apolíneo, divino y solo.


III.

Hoy he visto el mar de frente, solo,
Con sandalias en mis pies escaldados
Por hongos quemantes mimetizados en la célula
Monitoreando el hambre de mis huesos,
De mi carne disecada y rubia
Cuando entraba entre sus olas.

Lo he visto de frente,
Y he pensado que siempre he estado a solas
Frente a su furia y sus embates
Con las rabias de un dios viejo, sus peleas
Con princesas árabes y respuestas cataclísmicas a los
Que los que lo saludan con los sables.

Oh, mi mar, mi océano,
Te presiento en mi pequeña rabia
A solas ante tus olas,
Solo testigo Zeus, Plutón, Neptuno y
Uno que otro lucero nocturno y madruguero
Tú solo desmayado, a solas

 IV

He visto hoy el mar de frente,
Escaldado, rubio, amarillo de conchas y sargazos
Sucio de algas y de nalgas,
Plancton y plantones
Furtivo de rabias y trancones,
Saliendo de urbes y potreros huérfanos de establos.

He visto de frente el mar
Vestido todo de un azul engalanado de festones
Pleno de solo en Finarena
A un paso entre Barranquilla y Cartagena
Cayendo al lado de Bocagrande
Hecho una mar de fina arena.



Epílogo.


Si no fuera ágil la paloma
No volara
Si no tuviera los años abreviados
No iría al Mar como una diva.

Los años los inventan los humanos,
Los dioses como el Mar
Neptuno y Poseidón cuentan los años
Por las eras.

Apenas van en la primera
Y su grácil figura lo penetra como
El fino estilete la blanda cera
Como la lanza el viento o la paloma el cielo.

Grácil es Graciela ante sus olas,
El Mar sumiso se retira
En sus bramidos y su  batiente espuma
Para que entre triunfante su paloma.

Apenas tiene veinte años su escogida
Cuando cierra sus brazos blancos,
Para recibirla  arrodillado a sus tobillos
Como un mancebo o un efebo griego.

El Mar tiene veintiuno.

Finarena  (Cartagena), lunes 24 de mayo, 2011.

OSCAR ROBLEDO HOYOS, 

viernes, 10 de junio de 2011

LIBRO DE LAS ABLUCIONES, de Carlos A. Castrillón


Por Nelson Romero G.


El Libro de las abluciones, que se presenta en esta colección de “Cincuenta poetas colombianos”, es una acertada elección. En la poesía colombiana hay una cierta “Generación del silencio”, la cual podría designar a aquellos poetas que escriben una obra significativa al margen del afán por aparecer que tanto daño le ha hecho a nuestra tradición. En esa vocación del silencio hay obras que nos aguardan, tesoros que nos sonríen, duendes que se burlan. En el caso de Carlos A. Castrillón, conviven las tres formas de aproximarse al poema, inseparables, complementarias: el creador enfrentado a la palabra como algo vivo, casi inaprensible; el traductor exquisito que bebe en la tradición de la poesía oriental; y el ensayista asombrado que ve en el poema o en el oficio de hacerlo, una interpretación de sus múltiples sentidos.


Particularmente, el Libro de las abluciones responde en el tiempo a diferentes momentos de su escritura, pero en primer lugar a ciertos impulsos intactos de la palabra por reconocerse en el lugar de la memoria, sin estabilizarse en la historia, pero sustrayendo de sus lugares escondidos el sumun de la fantasía; aquí resalta lo biográfico apócrifo de las vidas anónimas de  Hispacia, Kikoyo, Kleis o Iclinia; en ellas, el juego, la ironía y sus vidas un tanto crueles y risibles,  burlan la erudición. En el apartado de “Libro de los motivos”, asistimos a un breve e intenso paso por una de las tradiciones más fuertes de la poesía del Quindío: el  haiku. Carlos A. Castrillón, fiel admirador y estudioso de esta exigente expresión, lo traslada a su entorno geográfico para hacernos ver flores bellamente extrañas, sin nombre, que surge de las alcantarillas; herencia de los poetas peregrinos es éste que trascribo: “La tumba de Cavafis/ es la Ítaca original/ dice el peregrino”. Finalmente, la poesía de Castrillón establece un diálogo distinto al de la “gran tradición” reconocible en la poesía colombiana. El prefiere leer y traducir a poetas “raros”, poco estridentes, pero esenciales; de ahí que en su libro hay un sitio especial para ellos, por donde vemos desfilar vueltos poema a Liu Zhanqiu, Ryokan el Gran Tonto, Liu Chang Oing o Dionisio Aymará, Huésped del Asombro.


El viaje por el río alegórico donde “Un buey leve escribe el mundo/ desde el comienzo”, la cotidianidad desesperanzada, la palabra imposible, el paisaje oculto en el hombre y la brevedad de la palabra hecha pincel en la escritura son, entre otros,  los motivos centrales de su obra.




Útero

Hay que pensar,
de vez en cuando,
en la oscuridad que nos da sombra,
en la ventana que guarda
nuestros primeros desgarrones.



                 

Pulmón izquierdo

Hermoso fuelle
con que nos bebemos el mundo todo;
el aire todo nos cabe dentro,
con sus vientos, sus polvos y vibraciones;
nos caben todos los nombres pronunciados;
los vientos ya respirados y vueltos a ser vientos,
también nos caben.
Se nos mete el olor del mundo,
y el acoso; nos cabe.
La huella del paso de la golondrina,
El aire; y la canción
Nos cabe. El aire y el dolor;
Vapores, ruidos, sarcasmos, miedos,
Todo eso y más nos cabe
En el fuelle hermoso de piel terciopelo.
Y nosotros, ingratos, en pago sólo damos
Vapor de agua y anhídrido carbónico.




Tu   fuerza

La noche pasa por ti
sin oscurecerte.
La lluvia no te desmorona.
Todo en ti es persistente:
Mis dedos no te desgastan
Ni te abren caminos.
Todo el frío de la tierra está sobre ti,
pero vives.
Tu cuerpo es una prolongación del aire,
baja la niebla cuando subes la montaña.




Poema para cruzar el río

1
Primero que todo, el ardor de los labios,
la sonrisa pronta a desgajarse
sobre el limo y las piedras.
Y una vara sin curvaturas
para levantarla al aire
y cortar la niebla que quita y pone las cosas
con total desparpajo.

2

El viento socava pedregales.
El río deja atrás las piedras.
Un buey leve escribe el mundo
desde el comienzo.
(Este poema
es una victoria contra las inclemencias del tiempo;
este poema
es áspero o suave, según el viento).

3

Sólo llueve donde estemos: bajo los árboles,
sobre los árboles.
Se debe ir con cuidado sobre el lomo de las piedras
porque el agua llama y se lleva los ojos,
el agua llama y se lleva las manos
para hacer gestos de amenaza al que cruza por los
puentes;
y los recodos aman con secreta armonía.
Vamos por el mundo como los recodos,
Que alimentan en lo profundo a sus criaturas.
Recogiendo aguas dispersas,
Luchando con el día y su tiempo invertido;
la mentira del agua no conoce silencios,
pero tiene memoria;
y un Ángel perverso nos desacomoda la orilla.
(La única perfección
es vivir el mayor tiempo posible).
El río es perfecto
en su desacostumbrada presencia.

viernes, 3 de junio de 2011

EL ARTE DE ESCRIBIR / Alberto Lauro



Por Alberto Lauro
escribir 
Desde que se inventó la imprenta la palabra ha sido para el ser humano una tabla de salvación en el naufragio final que es toda existencia. Y sobre escribir, ya sea como un arte o como un oficio se ha escrito mucho. Hay quien diferencia entre un poeta y escritor. Los dos no usan lo mismo: palabras.

Es Marguerite Duras una de las últimos autores que acabo de leer, o mejor dicho de releer, sobre la escritura, algo que me acompaña creo que antes de que tuviera memoria. Según ella: “Un escritor es algo extraño. Es una contradicción y también un sinsentido. Escribir también es no hablar. Es callarse. Es aullar sin ruido. Un escritor es algo que descansa, con frecuencia, escucha mucho. No habla mucho porque es imposible hablar a alguien de un libro que se ha escrito y sobre todo de un libro que se está escribiendo”.

Todo lo contrario a la vanidad de que habla Juan Cruz en su bello libro Egos revueltos. He visto desde dentro –porque he trabajado en diarios y hasta en una agencia literaria- cómo los escritores “se fabrican”. Y es todo lo contrario a lo que yo creía. O a lo que un día creí. Vuelvo a mis años de adolescente en que la palabra escrita era lo único que me daba un poco de paz, de conocimiento y de sabiduría. Ahí estaba La Biblia –el libro de los libros- que nos ha precedido y que habrá de sucedernos en su inmensidad, como muchos creen, como palabra de Dios.

Tampoco ponderemos al escritor por encima de otras ocupaciones igualmente importantes. ¿Acaso es menos importante un jardinero, un  panadero, una costurera, un pastelero o un sastre? El pastelero y el panadero trabajan con la masa de harina como materia prima. El sastre y la costurera con retales de telas. El jardinero con las plantas. Cada uno tiene su espacio. El escritor con la palabra. Antes dije que era tabla de salvación para náufragos. Pero también es un arma arrojadiza. Contusionan, cortan como navajas, hieren. Y a veces matan. ¿De dónde viene el silencio de autores que como Rimbaud o –una experiencia a mi cercana- Dulce Maria Loynaz, llegados a un término de su existencia, dejan de escribir?

La palabra es también polisémica, o como decía en broma, poliédrica. No se lee igual bajo una prohibición que en total libertad. Bajo una dictadura o una tiranía las palabras para un escritor son también objetos peligrosos. Aunque estas prohibiciones tienen para Borges su  beneficio y su lado positivo. Según su agudeza a la que nos habituó, hasta el punto que ya no podía dejar de ser Borges, “la censura es madre de la metáfora”. Habría que preguntarle: ¿y la autocensura, la madrastra de qué?

Ray Bradbury, y eso que no me considero lector de ciencia ficción,  nos ha dejado un bello legado: “Zen en el arte de escribir” (Ed, Minotauro, Barcelona, 2002). Fina García-Marrúz me decía en La Habana que el único consejo que le había dado a ella Gabriela Mistral, siendo una bella muchacha enamorada como hasta hoy de la Poesía, fue esto: “escriba por urgencia y sólo por urgencia”. Si la urgencia no existe, que es lo único que justifica el uso de las palabras en la escritura, ¿para qué agregar nada a las miles de ellas que ya existen impresas?

En una memorable tarde de noche de paseo por Madrid, con los poetas Caballero Bonald y su esposa, Ángel González, Pablo Armando Fernández, Benjamín Prado, el editor Chus Visor, presididos por el cantante Joaquín Sabina y su bella peruana Ximena, haciendo yo de coctelero experto en Dry Martini –con la anuencia de los camareros de El bar “El brillante” de Madrid, le escribí al gran poeta y amigo de Oviedo, que tal vez resuman para lo que sirve el arte de la escritura, a lo que Antonio Acevedo Linares también se aferra como sobreviviente solo en alta mar:

PALABRAS
                          Para Ángel González

Mientras fornican, se bañan
Comen, bostezan, frivolizan
Se drogan, se emborrachan
O duermen como yo
poco importan.
¿Pero a qué teléfono llamo
-todavía peor si es madrugada-
En caso de urgencia?
¿A qué hospital acudo
Cuando son heridas,
Agonizan o mueren?
¿Dónde las entierro?
¿Con quién las velo?
¿Con qué fina aguja e hilo de seda
Las suturo para que no sangren?
Lo mismo que si fueran tuyas.
¿Por qué morimos?
Tú no que eres un Ángel
Y los ángeles ni nacen.
Ni se reproducen. Ni mueren.
Más frágil que todo son las palabras.
Y es lo dejamos. 

*Alberto Lauro nació en Holguín (Cuba) en 1959. Poeta, escritor y periodista. Licenciado en Filología por la Universidad de La Habana y la Autónoma de Madrid, dirigió el Taller Literario “Pablo de la Torriente” en Holguín desde 1981 a 1986. Ha trabajado como guionista de radio y televisión, en el Archivo Nacional de Cuba y en el Museo de La Ciudad. Ha obtenido numerosos premios y menciones en concursos literarios de Cuba, entre ellos el David, el Caimán Barbudo, el Mirta Aguirre, Literatura 86, La Edad de Oro y el Premio de la Ciudad de Holguín. Autor del poemario Con la misma furia de la primavera (1987) y de los libros para niños  Los tesoros del duende (1987) y Acuarelas (1990), todos premiados en Cuba. Además de los poemarios Parábolas y otros poemas (Ed. Rondas, 1977), El errante (Ed. Jábega, 1994),Cuaderno de Antinoo (Ed. Betania, 1994) y de varias plaquettes y libros de arte, aparece en numerosas antologías en Cuba: Como jamás tan vivo (1987), Andará Nicaragua (1987), Mi madre teje el humo de los días (1990). Y fuera de Cuba en: Un grupo avanza silencioso (UNAM, México, 1990), Poesía cubana: la isla entera (Betania, Madrid, 1995) y Poemas cubanos del siglo XX (Hiperión, Madrid, 2002). En el año 2004 fue galardonado en España con el VI Premio Odisea de Literatura por su novela En brazos de Caín. Obtiene en 2011 el XVI Premio Internacional de Poesía Luys Santamarina-Ciudad de Cieza por su poemario Hijo de mortalesColabora con crítica literaria, ensayos de arte, reseñas y notas en distintas revistas literarias de España. Vive exiliado en España desde 1993. Es articulista del diario La Razón.

DOS POEMAS DE RUBÉN VEDOVALDI



“SIENTO QUE SÓLO LA SOMBRA ME ALUMBRA.”
                                                                              Miguel Hernández


en este día me pregunto el mundo
toda la sangre  la carne del miedo,
todo es dolor conmigo bajo el cielo;
el hombre se me rompe de preguntas
y agoniza mi alma sin sosiego

en esta hora me duele el silencio
tanta nocturna nota  tan profundo
caer sin fondo el hombre en desconsuelo;
hoy el amor se me quema en las manos
y en mis entrañas crece sólo hielo

en esta noche me pregunto el día
con la mirada transida de espanto
barre mi boca de barro este viento
toda la pena se tumba en mi lecho
y estoy hasta los huesos de quebranto

en este mundo me pregunto un mundo
soy llaga amarga que no cierra el duelo
está tan alto el pan  tan agrio el vino
que ardo desnudo en mi pena  llorando
por este día roto que no entiendo



Rubén Vedovaldi
                                                                                        
         



LOS PÁJAROS MAÑANA


todavía está muy oscuro aquí abajo
hace mucho frío y la soledad es enorme
casi pareciera un sepulcro todo esto 

a simple vista no se ve
pero hay un sueño
arde un sueño  creciente  inarrancable

ojo salvaje     
neurona libre

a simple vista todo es cada vez peor
o siempreigualdemalynuncacambiará
pero el jaulón es viejo
tiene herrumbre

los pájaros que rompen el cascarón
son cada vez más
cada vez más
cada vez más pese al silencio

casi no tienen cielo los pájaros
no encuentran con qué alimentarse ni donde trinar
pero hará falta un infierno
más grande que el sistema planetario
para tenerlos muertos de miedo ahí
de alas caídas
un nudo en la garganta
pegados a la herida de su sombra

faltará espacio donde tenerlos atrapados
y tiempo para controlar a cada uno

un sueño anónimo crece y se expande 
y faltará cemento
                             armado
                                            para enterrarlo

                                                                                          Rub@n Vedovaldi *


* (Copyright) Estos 3 poemas son parte de mi libro CULTURICIDIO EN ARGENTINIEBLA
publicado por Ediciones "NO MUERDEN"  Rosario -1991
=========================================================================================

Rubén VedovaldiNace en Rosario, provincia de Santa Fe, Argentina, Argentina,  el 1º de julio de 1951.
Obra poética :“Culturicidio en argentiniebla” y “Problemas para quedar mal con dios y con el diablo” Ediciones “No muerden” Rosario, 1991; Laurel de fuego & Boca de tormenta, Ediciones EN LA CLARIDAD DE LA NOCHE, Bs. As. año 2008.
Desde 1977 escritos suyos de poesía y prosa figuran en revistas y antologías nacionales y extranjeras. Participó en los videos: “La imagen del poema” realizado por Denise Almeida Rosario, 1994; “La única ciudad” video editado por librería Homo Sapiens, Rosario, 1995,
Grabó el disco compacto “Cuando la palabra canta” –canciones y poemas- con el músico Carlos Medrano, 1999 y el disco compacto “Palavra livre ” (2004) muestra fonográfica del taller de escritura homónimo, que coordina desde 1988.
Incluido en las antologías: PUENTES DE POESIA ARGENTINA MEXICO Ediciones Kosmos, 1977;
MESTER DE JUGLARÍA, Argentina-España, 1978;
LA ÚNICA CIUDAD  compilada por Eduardo D'Anna para Editorial Homo Sapiens, Rosario, 1994
ANTOLOGÍA MUNICIPAL DE AUTORES BERMUDENCES , 1996.
POESÍA Y POETIZAR  selección de Daniel Serra  Imago Mundi, Buenos Aires, año 2010, entre otras. 
Algunos de sus poemas fueron traducidos al italiano, portugués y catalán.
A pesar de los Hipermercados sin amor, de la Oficina de Vigilancia del Vaticano, del cine chatarra, del evangelismo industrial-bélico, del Fondo Monetario, del Cambio Climático y de otros censores, no compra oro ni euros ni dólares sino que difunde poesía  propia y de autores en micros de emisoras radiales de frecuencia modulada y en sitios de internet como LA MAS MÉDULA, MIS POETAS CONTEMPORÁNEOS y LA MÁQUINA DE ESCRIBIR. Sobrevive en el pueblito perdido de Capitán Bermúdez, provincia de Santa Fe, Argentina.

La sociedad narcisista: todos escriben, nadie lee.

  Tomado de Kalewche.com La sociedad narcisista: todos escriben, nadie lee El breve ensayo que compartimos a continuación, y que puede leers...