Páginas

domingo, 8 de julio de 2012

Vargascarreño sobre Días Aciagos




Julio César:

He leído esta madrugada de domingo tus Días aciagos, recibido de las manos de tu hermano en mi reciente visita a Bucaramanga. Poética del dolor, del desgarramiento y de la herida que lentamente nos tasajea sin dejarnos morir del todo para que este asunto que llamamos patria nos siga convirtiendo en sus víctimas eternas. A lo largo de sus poemas la temática logra implantarse con belleza ante una realidad del horror, difícil oficio para el poeta que vive, ve y muestra sin ambages el terror de los días aciagos, que son todos los días que nos ha correspondido vivir en estas tierras sin dios. Dolor de hombre, desesperanza, desolación, grito callado ante la impotencia que engañosamente se serena un poco con el peso de las palabras hilvanadas por el poeta para elevar el canto de la elegía en que se han convertido nuestros días. Palabras que erigen sus gritos de sangre, muerte lenta devenida en poesía, así esta poesía nos vulnere tanto como el silencio de los poderosos. Pero para eso está la voz del poeta, bandera transparente erigida a los vientos celebrando el día con la palabra que redime.

Hernán Vargascarreño