lunes, 13 de agosto de 2007

Voces Críticas/Contra la nada literaria/ Ariel Castillo



Por ARIEL CASTILLO MIER

La aparición de la novela La ceiba de la memoria, de Roberto Burgos Cantor, constituye una sorpresa múltiple para los lectores de literatura del país, en una época en la que los narradores nacionales parecen escribir pendientes del dramatizado televisivo, el cine bajamente comercial o los estantes impacientes de los aeropuertos, para lo cual conciben una trama light, de máximo doscientas páginas, letra grande y lenguaje ligero, apto para analfabetas funcionales, sobre sicarios maricas o asesinas apasionadas o chismes de ministerios o crímenes satánicos o infidelidades infames, y la desarrollan con base en las astucias del folletín adaptadas a la novela negra, calculadas dosis de aventura, sexo, exotismo, sangre, policías, política y esoterismo, óptimas para saciar el morbo que inspiran las esferas gubernamentales, el narcotráfico o la narcoviolencia.

Lo primero que llama la atención de la novela, por su contraste con el contexto colombiano actual, es la responsabilidad con la cual el escritor cartagenero asume su oficio. Minuciosa investigación histórica y cultural, literaria y lingüística de las épocas en las que ocurren las acciones, cuidadosa estrategia estructural que le permite a Burgos construir un orbe verbal autónomo y persuasivo, La ceiba de la memoria retorna a las grandes preguntas por el tiempo, la memoria, la libertad, la rebeldía, la dignidad humana, la esclavitud, el desarraigo, la muerte, la independencia, la aniquilación humana, las relaciones del hombre con el poder y las jerarquías, la naturaleza y la divinidad, y de manera simultánea, inconforme con las fórmulas narrativas canonizadas, retoma las raíces épicas del género con sus colectividades en pugna, experimenta con el lenguaje y las técnicas literarias e indaga en las posibilidades de la palabra poética.

Como el árbol que inspira su nombre, la trama de la novela se despliega en varias ramas, cada una de las cuales teje una historia susurrante y sombría con personajes reales y ficticios, entre las cuales sobresalen: el tráfico lusitano de esclavos africanos de Cabo Verde a Cartagena de Indias, visto desde las miradas del líder cimarrón Benkos Bioho, rey del palenque de La Matuna; de la princesa africana, cantora y ciega Analia Tu-Bari; de la esposa de un funcionario del reino, Dominica de Orellana, española arraigada en el Nuevo Mundo, y de los evangelizadores españoles, Alonso de Sandoval, aniquilado por el escorbuto, y Pedro Claver, paralítico y con Parkinson, en la enfermería del Hospital San Sebastián en Cartagena; las visitas turísticas en trenes y taxis del autor caribeño y su hijo a los campos de concentración nazis; y las circunstancias finales de la vida del novelista tejano Thomas Bledsoe, su escritura en el invierno romano de una novela sobre San Pedro Claver para indagar lo que perdura del último rostro del santo en la memoria de los hombres, y su amistad con Alekos Basilio Laska, un marino veterano y filósofo, de la estirpe de Maqroll el gaviero, quien ve la vida humana como una incesante desgracia.

Un sutil sistema de afinidades y contrastes entrelaza esas historias, distantes y próximas en el tiempo y en el espacio, que van desde los barcos negreros a los palenques cimarrones que tenían en zozobra a los blancos y estuvieron a punto de instaurar la primera república de negros en América en el siglo XVII, a los museos de la vergüenza de Auschwitz y Dachau del siglo XX y a las prehistóricas alambradas guerrilleras del siglo XXI, que, con sus diferencias técnicas, constituyen tres variantes de una infamia similar. Perseguidos por la Inquisición, los jesuitas Pedro y Alonso son las dos caras de la misma moneda: la obediencia ciega al dogma y la osadía de la duda, la incapacidad para la risa y la saludable ironía, el aturdimiento mediante la acción y el eros intelectual que intenta esclarecer el divino sinsentido de la esclavitud. Mientras Pedro descree de la letra, Alonso, Dominica, Bledsoe y el autor tratan de afirmarse a través de la escritura, Analia Tu-Bari intenta recuperar las palabras de la poesía y el relato oral que quedaron en la tribu, al otro extremo del mar, y convertirse en “una ceiba, guardadora de acciones, que bañe con su savia traída de otros territorios esta tierra” (p. 74), y Benkos resalta la importancia del grito. Dominica y Magdalena son el ama y la esclava, la blanca y la negra, el conocimiento racional y el mágico. El autor, formado en la tradición del parricidio, quiere comunicarle al hijo la necesidad de la utopía, para enfrentarse a un legado terrible. Bledsoe, Dominica, el autor, Alonso y Pedro personifican el viaje voluntario que contrasta con el forzado traslado de Benkos y Analia del África a Cartagena, emblema del despojo. La permanencia de la palabra opera como un conjuro ante la muerte y las amenazas de la nada. La mayoría de los personajes, peripatéticos, amantes de los libros, se embarca en diversos proyectos de escritura: la epístola y el Libro de Horas de Dominica, la novela de Bledsoe y su carta a Pedro Claver, las imposibles adiciones de Alonso Sandoval a su tratado y las notas del joven que viaja a Roma para estudiar Filosofía.

Esta inquisición irónica en las posibilidades comunicativas de la palabra, reveladora de una profunda conciencia del lenguaje, le permite a Burgos superar el escollo de la hagiografía, de la historia teleológica y de las constricciones de la novela histórica, para hacer de su libro una honda meditación sobre la escritura, el poder de la memoria y su infinita complejidad, evidente en la incesante galería de voces que nos ofrecen diversas aproximaciones a los sucesos, la del pasado y la del presente, la del extranjero y la del nativo, la del hombre y la de la mujer, la del anciano y la del joven, en las que sobresalen las preguntas y las hipótesis, más que las certezas y las conclusiones. Novela de la incertidumbre, La ceiba de la memoria se edifica a partir de la desconfianza en la visión autoritaria y en todo tipo de absolutismo, pero también en la necesidad de una aproximación a la realidad que deje huellas. Construida desde la ironía, la novela es al mismo tiempo biografía y autobiografía, historia y metahistoria, ficción y metaficción, afirmación y duda de la palabra, recreación del paisaje y la vida cotidiana de la Cartagena del siglo XVII y morosa reflexión sobre la vida y la cultura del Caribe.

Novela de postrimerías, La ceiba... se concentra en los momentos finales de casi todos los protagonistas, el tiempo de la enfermedad, la inmovilidad y la inminencia de la muerte, que conducen al individuo a la confrontación franca consigo mismo y al descubrimiento, en ese segundo cenital de agonía, del álgebra y la clave de su destino, del instante en que se sabe para siempre, como señalaba Borges, quién se es. Del único personaje del cual no se menciona esta etapa otoñal es de Dominica, quien con su nombre encarna la esperanza y la utopía, la ventanita de la luz, el aire limpio de la casa de la ficción, la defensa de la imaginación y de la ciencia, la apertura y el respeto de las ideas, la condena de la destrucción por la diferencia, la solidaridad, la entrega amorosa, la transgresión de las convenciones y la afirmación del cuerpo.

Vuelta al origen, La ceiba de la memoria regresa a la preocupación social de los primeros cuentos de Burgos (La lechuza dijo el réquiem y Cadáveres para el alba), pero la habilidad del autor con el lenguaje, su persistente invención verbal distancian al texto del testimonio comprometido exclusivamente con la política o con el rencor o el resentimiento y hacen de su novela una notable creación artística. La ceiba es asimismo un regreso a la escritura experimental de El patio de los vientos perdidos, pero ahora con la madurez de un novelista que se apropia una vez más de las ambiciones totalizadoras (hoy olvidadas o estigmatizadas) del Boom, su persecución de la palabra de fuego para desautorizar la larga cadena de mentiras de la historia en el país. La recurrente insistencia en ciertas imágenes —las oleadas lentas de cangrejos, las enfermedades, el bronco retumbar de los tambores en la noche, el olor a podrido, las aves acoquinadas, los mosquitos carniceros, los desperdicios, el zumbido de las nubes de moscas, el pus de las llagas, la ponzoña de los alacranes, la bestia del mar, la cópula ávida de los leprosos, las calamidades del clima y las pieles heridas— constituyen un antídoto contra el olvido de la vergüenza y contrastan con la constante alusión a la instauración del reino del Nuevo Mundo que culmina en el desastre delirante del orden europeo en América por la mentira, la ambición, el egoísmo de sus funcionarios y las condiciones distintas. Burgos, que había intentado en su narrativa anterior la recuperación del paraíso perdido de la Cartagena de la infancia, parece descubrir que detrás de su Edén irrecuperable yace una caótica pesadilla, un feroz e infeliz infierno.

De la madurez narrativa derivan a su vez varias escenas memorables en las que se alían la denuncia, el erotismo y el humor —el viaje a Tolú de Pedro, el romance mortal del soldado y la esclava bailarina, el coito oceánico de la blanca Dominica y el belicoso Benkos, la danza desnuda y nocturna de las negras para distraer a los soldados y despojarlos de sus armas, la traidora traducción al padre Pedro por parte de una negra de la confesión de otra, la forzada posesión de Atanasia Caravalí por el arzobispo y la visita del holandés errante al puerto de Cartagena—, y el ritmo marino de la novela hecho de encuentros y despedidas, navegaciones y regresos, fracasos y sueños, soles sofocantes y lunas lánguidas, pleamar y bajamar. A lo largo del texto se van distribuyendo fragmentos dispersos que al final proyectan una visión unitaria, como ocurre con las referencias al mar, a la manera de estrofas sueltas que poco a poco conforman un vasto poema, hasta esta obra ausente de la literatura del Caribe colombiano, por la tendencia de sus habitantes y escritores a darle la espalda. De este modo Burgos construye un texto que dialoga sin complejos con los maestros en el tema: Derek Walcott, Saint-John Perse, Álvaro Cunqueiro, Álvaro Mutis, Alejo Carpentier, García Márquez y, en especial, el Aimé Césaire de Cuaderno de un retorno al país natal.

Oráculo y salmodia, plegaria y grito, liturgia y profanación, lápida y vuelo, invocación intensa de la ciudad de Cartagena y del mar, La ceiba de la memoria es una muestra de las posibilidades de la literatura en relación con la historia, de su capacidad para trascender la narración, apropiarse de los contextos y contribuir a la comprensión de los momentos clave de nuestro pasado que siguen gravitando a veces de manera paralizante sobre el incierto porvenir.

Crítico literario.
Universidad del Atlántico.

sábado, 11 de agosto de 2007

POEMAS DE LEÓN DARÍO GIL RAMÍREZ




1

ENCARGOS

(Poema recogido)
Todavía quedan, no traiga papas;
dos atados de panela de buen color;
una de fríjoles, fíjese que no estén picados;
una caja pequeña de maizena de vainilla;
un kilo de azúcar de la nueva;
avena Quáker en hojuelas;
café del de siempre;
una libra de lentejas de empaque azul;
jabón de olor para el cuerpo, todavía hay para la ropa;
canela en astillas;
azafrán el Buen Gusto, ese, dos papeletas;
cominos en bruto;
una caja de caldo, pero del otro;
aceite cero colesterol, un frasco;
la veladora verde para el Tadeo de la cocina
y la blanca para el Niño de la sala;
si no es de durazno, no traiga gelatina;
chocolate amargo;
velas de las grandes, un paquete, amarillas;
doble hoja, que sea Scott, un rollo;
no se le olviden las aromáticas suyas;
fósforos que no pierdan la cabeza;
vinagre de manzanas, eso es barato, un frasco;
un tubito de pega fina para pegarle el cuello al cisne del chifonier;
para mí no me las compre con alas, búsquelas sencillas;
y un tarrito de condensada para los dos.


2

EL TABURETE

Es el más humano de los seres
que arriesgan en mi cuarto
su vida con la mía.
De mi alma está hecha la suya
de mi voluntad su voluntad vacía.
Su naturaleza es estar, manso.
Donde lo pongo se queda, dócil.
Lo encuentro donde lo dejo, esperándome.
Caviloso,
desde su inmóvil silencio
sospecha, inquiere, instiga
mi ánimo, mis dudas, mis anhelos de habitarlo.
Como el más fiel de los amigos
llana y simplemente se me ofrece,
sin reproches aguarda a que a cualquier hora llegue.
A costa de abusar de su oficio
ya, creo, se aprendió de memoria
las orillas de mi cuerpo, su peso,
las talladuras de mis huesos,
los humores que delatan lo que encierro,
las ansiedades que cruzan mi conciencia.
Son de nadie y son borregos
los que por miles se cuentan en las fiestas;
receptáculos, no más, de culos pasajeros.
Aunque apuntalen puertas
los taburetes no pueden ser sino taburetes,
aunque presten su altura de niño
para cambiar la bombilla, el bendito fusible,
limpiar el retrato
o clavar, alta, para otro santo en la pared una puntilla,
aunque sirvan de percha
para colgar los trapos que tapan la vigilia.
Del paraíso no fueron, ni serán del cielo;
de la tierra son
de donde son la sed, el hambre, la tristeza,
el cansancio y la escritura.

3


DOMINGO
Para soportar la carga de años
y espantar los perros, los bastones.
Para el camino dos bombones de coco
que compran donde don Isaías.
Como si filtrara de tristes impurezas el alma
ella, feliz, trajina por los destinos del día.
Lo que se va a untar
lo ordena en la repisa de los santos.
Apronta los aritos de cisnes.
Con la sombrilla saca a orear
la pañoleta de pájaros morados.
A la cartera café de colgar en el hombro
con un pañuelo viejo ella misma le abrillanta las hebillas.
De los chales prefiere el de flecos verdes; ese dispone.
De los dos, él escoge el sombrero gris y lo cepilla.
Las gafas de salir, donde no se le olviden, las deja.
Con los suyos enluce los zapatos de ella.
Es domingo mañana, domingo:
las palomas, la misa, los enredos de gente,
las calles por donde van
y la vitrinas guiñándoles antojos,
el escaño en el parque que con fe los espera,
las crispetas
y una oblea, para los dos, sencilla.
Se ríen unas risas, unas caricias, místicas, se tocan,
el amor que aún les queda se lo miran,
él, con la uña del meñique, le limpia una brizna de maíz,
le horma, ella, con los labios, un beso de gracias,
se oye a lo lejos, como un cocuyo, despabilarse una sirena.
Y si el silencio, acaso, no es propicio
se cuentan lo que les va contando, desde bien adentro, el alma.


4

EL INQUILINO

El semblante desmemoriado de un espejo, un Cristo,
con colores cansados
la foto de un hecho en un atrio ya lejano y triste,
sin canciones una guitarra sin cuerdas,
nieblas entre montañas en un cuadro de nadie,
de un año anónimo la hoja de un agosto,
vestigios de pasados inquilinos,
nidos de arañas
en los rotos desmerecidos de puntillas,
de un día o de una noche
las 11 y 8 varadas en un reloj de péndulo,
en un gancho de palo una muda arrugada,
el suiche mugroso de un bombillo
y el bombillo que sabe sus desvelos.
En cualquier lado, sin querencias, tiznado,
un candelabro de barro.
La cama,
a su diestra, como su retoño, un nochero,
aplastada entre papeles y libros una mesa,
donde se sienta un asiento con la horma de sus huesos.
La ventana y una puerta,
una puerta mala: mala para abrir, mala para cerrar.
No hay luz y no titila la vela.
El inquilino no está,
quizás pueda volver ahora
volver más tarde
o no volver nunca.


jueves, 9 de agosto de 2007

Del libro “La seducción de las palabras"


De Alex Grijelmo

1
La intención de seducir con palabras ha alcanzado en la política y en la economía, en las almenas del poder, su más terrible técnica. "Es en sus palabras y no en sus actos donde yo he descubierto el espectro de la época", decía el austríaco Karl Kraus (1874-1936) al analizar el armamento verbal del nazismo.


2
Si hubiéramos acometido un análisis más atento del lenguaje de los nazis habríamos podido "detectar la llegada del fascismo en Europa y del nacionalsocialismo en Alemania. Se habrían podido advertir ambos con la progresiva corrupción y barbarización del lenguaje precisamente en la polémica política. Esto es importante poruqe según cómo uno habla se deduce cuál es su inclinación cultural y política", comentó a El País Giácomo Marramao.


3
El autor francés Jean-Pierre Faye se dedicó a analizar también, en los años setenta, la relación entre el lenguaje y la manipulación de las conciencias por los nazis y los fascistas. Faye observó cómo determinadas palabras actuaron perversamente en un momento crucial de la historia, la manera en que escoltaron los tanques. En una obra inmensa, de 986 páginas, Faye sigue el origen de esos vocablos desde que nacen hasta que arraigan y comprueba "extrañas reglas cartográficas" que muestran cómo en Italia y Alemania "el nacimiento y desarrollo de una nueva jerga precede a la toma del poder", mediante un "proceso de creación de la aceptabilidad".


4
Lo que comienza como un lenguaje manipulado acaba por conducir a la asunción del totalitarismo y al mayor genocidio conocido por la historia. Incluso la expresión "estado totalitario", que hoy repudiamos, se abrió paso entonces "con galanura" frente al "Estado liberal" y fue descrito como "el Estado en la plenitud englobante su contenido, en oposición al Estado liberal vacío de contenido, reducido a la mínima expresión y vuelto nihilista". Wilhelm Reich analizará la psicología de estas manifestaciones lingüísticas explicando que "los conceptos reaccionarios añadidos a una emoción revolucionaria dan por resultado la mentalidad fascista", originan una peste psíquica que se contagia a través del pensamiento.


5
Los totalitarios fueron capaces de arrinconar el término marxista "lucha de clases" (a su vez otra expresión que buscaba el papel embaucador de la palabra "lucha") por la "lucha de razas"; opusieron pertenencia a igualdad; la personalidad del pueblo frente a sus derechos; inventaron los términos parcialmente opuestos jungkonservativ (jóvenes conservadores) y nationalrevolutionäre Bewgung (movimiento nacional revolucionario). Descubrieron así el poder político de las antítesis, esas formulaciones unitarias constituidas por términos antagónicos: joven se equipara a revolucionario; y nacional equivale a conservador. Pero joven acompaña aquí a conservador; y nacional, a revolucionario. Logran la revolución conservadora. El conservador conserva y se rebela a la vez. Y reinventaron el adjetivo völkisch (el de das Volk, el pueblo; una palabra sin derivaciones fáciles en alemán frente a lo que ocurre en otros idiomas: popular, popularidad...), rescatándola del siglo xv para, aprovechando su sonoridad, adaptarla como expresión de lo "nacional", pero con la particularidad de que se refiere a lo más propio del pueblo en lo "nacional", de modo que el hombre völkische es idéntico consigo mismo y por ello se opone absolutamente a quien se le presente como su negación: el extranjero por excelencia, el esencial "diferente". Hacía falta esa palabra para desarrollar el racismo. Porque sobre su concepto se podrá combatir lo "antialemán en su totalidad"... y lo antialemán era solamente "lo distinto", aquello que no encajaba en esa bárbara concepción del término völkisch.


6
Después, el vocabulario nazi acogerá la voz Voksgenosse, que definirá a un camarada... pero no un camarada cualquiera, sino al camarada en nuestro pueblo: el camarada de raza.


7
La terminología propia de la Alemania prenazi dificulta la comprensión de los juegos de palabras para quienes pensamos en español. Porque aquellos vocablos son herederos a su vez de connotaciones precisas y amtiguas, ajenos a los cromosomas que nos imaginamos en nuestra cultura hispana. La obra de Faye se adentra en esos largos vericuetos, que le resultarán apasionantes al lector armado de paciencia para recorrerlos.


8
Resulta difícil hacerse una idea ahora, tantos años más adelante, del efecto que tuvieron las expresiones nazis en las primeras décadas del siglo xx. Las palabras que entonces ejercieron el poder de seducción se han visto desposeídas de él más tarde, precisamente porque luego acumularon a sus sílabas todos los horrores que varias generaciones han llevado en su memoria después de la II Guerra Mundial. Se heredaron a sí mismas con todo el equipaje; y así donde hace unos decenios sólo se apreciaba una maleta podemos ver ahora los productos corrosivos y letales que contenía. Han llegado a nuestros días desenmascaradas, por fortuna. Y, sin embargo, sus técnicas se reproducen.


9
Slobodan Milosevic, el genocida serbio, extendería muchos decenios después del nazismo, casi en el cambio de siglo, la expresión "limpieza étnica" (genocidio) y seguiría un lenguaje similar en sus trampas y manipulaciones. Pero el mundo tardó demasiado, una vez más, en darse cuenta.


10
La palabras manipuladas van por delante de las injusticias para abrirles el camino. "Cruzada" se llamó a la guerra civil española; "alzamiento" a la sublevación antidemocrática de 1936; y hasta se denominó "Movimiento Nacional" al partido más inmovilista posible.


11
La técnica difundida por Joseph Goebbels (el muñidor del aserto según el cual una mentira repetida mil veces se convierte en verdad) se ha repetido en los más variados campos, también mediante ese proceso de "creación de la aceptabilidad".


12
Sólo entenderemos el poder el poder engañador con que las palabras pueden ser usadas) si analizamos el papel de las palabras previas y de sus difusores. Palabras preparadas para la seducción, dirigidas al subconsciente, mentiras intercaladas en los fotogramas de una película construida con datos ciertos.


13
Los mecanismos con que se construyen los engaños parecen infinitos: tan extensos como la inteligencia humana, tan vastos como los vocablos cuyos significados podamos dominar. Los mecanismos de defensa de que pueda disponer una persona ante tales cargas de profundidad se relacionan directamente con su capacidad de reflexión sobre el lenguaje, con su propio dominio del idioma y con su educación. Pero también la capacidad de usar las palabras arteramente en el propio beneficio es proporcional a esos recursos.

miércoles, 8 de agosto de 2007

EL DÍA POSTRERO/Paracelso




Dios ha hecho estos seres para proporcionar unos guardianes a su creación. De tal manera que los gnomos guardan los tesoros de la tierra, metales y otros: e impiden que se vean a la luz del día antes del tiempo querido. Porque esos tesoros, oro, plata, hierro, etc. no deben ser encontrados todos el mismo día, sino ser distribuidos poco a poco y no a algunas personas solamente, sino a todos. Las salamandras guardan los tesoros de las regiones ígneas. Los silfos guardan los tesoros que llevan los vientos, los ondinos los que se encuentran en el agua. Es en las regiones ígneas, por el cuidado de las salamandras, donde son fabricados todos los tesoros para ser inmediatamente distribuidos y guardados en los demás medios.

Las sirenas, los gigantes, los manes y las escintillas (que son monstruos engendrados por las salamandras) han sido creados con otro fin: deben prevenir de los acontecimientos graves a los hombres, indicarles que estalla un incendio, advertirles de la ruina de un reino. Los gigantes anuncian más especialmente la devastación de un país, los manes el hambre y las sirenas la muerte de los reyes y los príncipes.

La causa inicial del universo sobrepasa nuestro entendimiento. Pero, a medida que el mundo se aproxima a su fin, las cosas se manifiestan a nosotros, cada vez con mayor claridad; vemos así su naturaleza y su utilidad. El día postrero todo aparecerá claro, todo será conocido y nada quedará ignorado, cada uno recibirá la recompensa de sus esfuerzos y de su amor a la verdad. Entonces no será médico o profesor el que lo desee. La cizaña será separada del grano, la paja del trigo. Entonces se inhibirá aquel que hoy grita. Aquel que cuenta el número de las páginas que tiene todavía por escribir sucumbirá bajo el peso de su obra. Entonces será feliz aquel que en este momento trata de ver. Y se podrá comprobar si yo he mentido.

sábado, 4 de agosto de 2007

Biografía y Textos / María Zambrano













María Zambrano. Pensadora, ensayista y poeta española nacida en Vélez, Málaga, en 1904.

Hija del pensador y pedagogo Blas José Zambrano, hizo sus primeros estudios en Segovia. En Madrid estudió Filosofía y Letras con Ortega y Gasset, García Morente, Besteiro y Zubiri. Vivió muy de cerca los acontecimientos políticos de aquellos años, de cuya vivencia fue fruto su primer libro «Horizonte del liberalismo» en 1930. Entabló amistad con importantes poetas y pensadores de la época como Luis Cernuda, Jorge Guillén, Emilio Prados y Miguel Hernández, entre otros.
Finalizada la Guerra Civil, salió de España en enero de 1939, dejando atrás todo lo suyo, exiliándose inicialmente en Paris donde entabló amistad con Albert Camus y con René Char. Posteriormente vivió en México, La Habana y Roma, desarrollando una gran intensidad literaria y escribiendo algunas de sus obras más importantes: «Los sueños y el tiempo», «Persona y democracia», «El hombre y lo divino» y «Pensamiento y Poesía» entre otros. Después de 45 años de exilio regresó por fin a Madrid en 1984.


En 1988 le fue reconocida su obra con el Premio Príncipe de Asturias y el Premio Cervantes.
Falleció en Madrid en 1991.

TEXTOS

1

CLAROS DEL BOSQUE


No me respondes, hermana. He venido ahora a buscarte. Ahora, no tardarás ya mucho en salir de aquí. Porque aquí no puedes quedarte. Esto no es tu casa, es sólo la tumba donde te han arropado viva. Y viva no puedes seguir aquí; vendrás ya libre, mírame, mírame, a esta vida en la que yo estoy. Y ahora sí, en una tierra nunca vista por nadie, fundaremos la ciudad de los hermanos, la ciudad nueva, donde no habrá ni hijos ni padres. Y los hermanos vendrán a reunirse con nosotros. Nos olvidaremos allí de esta tierra donde siempre hay alguien que manda desde antes, sin saber. Allí acabaremos de nacer, nos dejarán nacer del todo. Yo siempre supe de esa tierra. No la soñé, estuve en ella, moraba en ella contigo, cuando se creía ése que yo estaba pensando.


En ella no hay sacrificio, y el amor, hermano, no está cercado por la muerte.
Allí el amor no hay que hacerlo, porque se vive en él. No hay más que amor.


Nadie nace allí, es verdad, como aquí de este modo. Allí van los ya nacidos, los salvados del nacimiento y de la muerte. Y ni siquiera hay un Sol; la claridad es perenne. Y las plantas están despiertas, no en su sueño como están aquí; se siente lo que sienten. Y uno piensa, sin darse cuenta, sin ir de una cosa a otra, de un pensamiento a otro. Todo pasa dentro de un corazón sin tinieblas. Hay claridad porque ninguna luz deslumbra ni acuchilla, como aquí, como ahí fuera.

Zambrano, M.: "Los hermanos" en La tumba de Antígona, Madrid,
Ed. Mondadori, 1989, pp 79-80


2

GEOGRAFÍA DE LA AURORA

Y las piedras preciosas, esas grutas de esmeraldas que nacen en sueños y al soñante acogen tan de verdad que éste conserva en la vigilia las huellas del tacto, a veces hecho memoria tanto o más que un lugar simplemente natural; y el color que sin nombre sostiene la retina por años, por duraciones sin fin, ese color visto tan sólo en sueños y ese felicísimo estar en la gruta, y aun el poder volver a ella encontrándola en tierras lejanas bañadas por otra luz. ¿Cómo suceden, cómo están ahí asequibles aunque no enteramente, y sin sombra alguna de terror, cosa tan extraña a toda gruta desconocida, por insignificante que sea? Este no tener, y no esperar, este estar sin esfuerzo alguno, esta patria perdida o esperada, donde se ha entrado sin saber cómo ni por qué, sin esperanza ni temor. Y ese vivir sin anhelar, ni apetecer, sin añorar sin soñar, duerme al fin en su gruta sin soñar señor alguno, que le haya herido y sin soñarse él a sí mismo, olvidado de toda herida.


El ciervo reposa sin herida, apoyada su cabeza sobre una piedra, flor azul.

Zambrano, M.: "Geografía de la Aurora", en De la Aurora, Madrid,
Ed. Turner, 1986, p.106


3

LA LLAMA


Asisitida por mi alma antigua, por mi alma primera al fin recobrada, y por tanto tiempo perdida. Ella, la perdidiza, al fin volvió por mí. Yentonces comprendí que ella había sido la enamorada. Y yo había pasado por la vida tan sólo de paso, lejana de mí misma .Y de ella venían las palabras sin dueño que todos bebían sin dejarme apenas nada a cambio. Yo era la voz de esa antigua alma. Y ella, a medida que consumaba su amor, allá, donde yo no podía verla; me iba iniciando a través del dolor del abandono. Por eso nadie podía amarme mientras yo iba sabiendo del amor. Y yo misma tampoco amaba. Sólo una noche hasta el alba. Y allí quedé esperando. Me despertaba con la aurora, si es que había dormido. Y creía que ya había llegado, yo, ella, él... Salía el Sol y el día caía como una condena sobre mí. No, no todavía.

Zambrano, M.: Diotima de Mantinea, en Hacia un saber sobre el alma, Madrid,
Ed. Alianza, 1989, p. 197


4

LA PENSADORA DEL AURA

Nacer sin pasado, sin nada previo a que referirse, y poder entonces verlo todo, sentirlo, como deben sentir la aurora las hojas que reciben el rocío; abrir los ojos a la luz sonriendo; bendecir la mañana, el alma, la vida recibida, la vida ¡qué hermosura! No siendo nada o apenas nada por qué no sonreír al universo, al día que avanza, aceptar el tiempo como un regalo espléndido, un regalo de un Dios que nos sabe, que nuestro secreto, nuestra inanidad y no le importa, que no nos guarda rencor por no ser...


...Y como estoy libre de ese ser, que creía tener, viviré simplemente, soltaré esa imagen que tenía de mí misma, puesto que a nada corresponde y todas, cualquier obligación, de las que vienen de ser yo, o del querer serlo.

Zambrano, M.: "Adsum", En Delirio y Destino, Madrid,
Ed. Mondadori, 1989, pp. 21-22



jueves, 2 de agosto de 2007

LA FILOSOFÍA COMO REVELACIÓN POÉTICA / Gabriel Arturo Castro



Por: Gabriel Arturo Castro

La contribución de María Zambrano al pensamiento y ensayo universal es fundamental. Influida por Ortega y Gasset y su vitalismo, donde lo esencial del ser es la vida (interpretada ésta como confluencia dinámica del ser ontológico y su situación histórica), que necesariamente coexiste con la razón vital, aplicada no sólo al ser sino al devenir.

Exiliada tras la Guerra Civil Española hasta 1984, Premio Cervantes de las Letras, colaboradora entre otras importantes publicaciones de la legendaria revista Orígenes, dirigida por José Lezama Lima, Zambrano es autora de libros como Filosofía y Poesía, La España de Galdós, Los intelectuales en el drama de España, Claros del bosque, Persona y democracia, El hombre y lo divino, Los sueños y el tiempo, Pensamiento y poesía en la vida española, El sueño creador, Los bienaventurados y La tumba de Antígona.


María Zambrano hace parte de ese pequeño contingente que enfrentó las insuficiencias heredadas de la Ilustración en el siglo XX, es decir, el optimismo radical en el poder de la razón y en la posibilidad de reorganizar la sociedad a base de principios racionales (expresión del despotismo, de la alta burguesía y de la pequeña aristocracia, cuya supremacía social trató de fundamentar). Junto a ella estarían los lúcidos nombres de Walter Benjamín, Hermann Broch, Ludwing Wittgenstein, Franz Rosenzweig, Hermann Cohen y Stefan Zweig.


Después del nacimiento de María Zambrano (Vélez, Málaga, 1907), sobreviene la Primera Guerra Mundial, la revolución mexicana de 1910 y la soviética de 1917. España pierde las últimas colonias americanas y asiáticas. La Generación del 98 se encarga de esclarecer y proponer una nueva visión del mundo. La Generación del 27 eleva la poesía a la máxima expresión de los nuevos tiempos. El 14 de abril de 1931 se proclama la República española, uno de los acontecimientos mayores del siglo XX.

La Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial serán el principio del desencanto y el origen de nuevas posiciones filosóficas. El desconcierto se instaura a partir de la caída de ciertos gobiernos comunistas y el surgimiento de dos instancias poderosas: el concepto de globalización y el avasallador dominio de los medios de comunicación que cambian radicalmente la visión del mundo. Se impone la realidad virtual, los sentidos se desplazan, predomina la falsa imagen, la publicidad y por supuesto, la coacción de la libertad.


Entonces, para María Zambrano toda la historia de Occidente debe ser entendida como una historia sacrificial. Más que crisis lo que resalta es la orfandad. “Oscuros dioses han tomado el lugar de la luminosa claridad” y ésta última es la que hay que rescatar, por encima de la destrucción, el desborde de pasiones, de fanatismos, genocidios y la nueva esclavitud.


Pero si hubo iluminados que señalaron a tiempo los desvíos, las incongruencias. Lo que no había (y no hay) son receptores dispuestos a corregir las desviaciones. Un “nuevo pensamiento” surgió y propuso otra manera de entender la realidad distinta a la de Occidente y por Occidente fueron condenados. Entre otros fundamentales asuntos, señalaron las insuficiencias del proyecto ilustrado, como la ausencia de diferencia como parte de la identidad y la marginalidad como parte del todo, y la necesidad de invertir la fórmula de Descartes: ser antes que pensar.

El centro de la creación está afincado en la tierra y en la realidad. Incluso, lo sagrado se concibe como percepción sensorial. El racionalismo de herencia griega, por lo tanto, no afecta la cultura española, porque por fortuna el mundo es unainstancia que no ha sido reducida y es un lugar para vivir inmerso en él y jamás será una instancia racional. Fenómeno que conduce a un sentimiento fundamental de la vida española, el de la melancolía. No la melancolía dubitativa o paralizante, sino “una forma de sentir la vida, de sentirla ante todo como tiempo irreversible”, según María Zambrano.


Por supuesto, a lo largo de tres siglos la vía racional, hegemónica, del conocimiento no brindó el resultado esperado, ya que propició el abandono del ser y su dedicación exclusiva al pensamiento apartado del destino del hombre.


Zambrano le apuesta a la revelación como la “búsqueda de fuentes diferentes, marginales y de una instantánea lucidez”. Para comprender la vida y su esencia es necesario el acercamiento a otras expresiones humanísticas, por ejemplo, la teología en Walter Benjamín o la poesía en Zambrano. La poesía implica, desde la concepción de la española, descubrir los velos que cubren los objetos, los hechos, los fenómenos, derribar máscaras el olvido. Es una continua desvelación, igual que la historia de la humanidad.

El poeta y el filósofo luchan contra la conformidad de la muerte, la oscura raíz del olvido, la sombra de la memoria fragmentada. Coincide aquí Zambrano con Heidegger en su libro ¿Para qué ser poeta?, donde, en palabras del profesor Jaime Carbonell Parra:


Heidegger alienta a los pensadores a escuchar la voz de los poetas. Sobre todo, de aquellos poetas que han creado una poesía esencial. Proximidad entre poetizar y pensar. Preocupación que le acompañó hasta sus reflexiones finales donde insistía en el paralelismo de filosofía y poesía, pues ambas dicen lo mismo. Todo pensar, hasta el más riguroso y prosaico, según Heidegger, es arte poética. Y la razón de su vecindad reside en que el nombrar del poeta y el decir del pensador –un decir que a su vez es un Danken, dar gracias- se originan en el mismo sitio, coinciden en la misma obligatoria preocupación por la palabra.


Una de las maneras de renovar las artes y las humanidades, sobre todo en los siglos XIX y XX, fue la de actualizar antiguos mitos (aunque María Zambrano reflexionó acerca de muchos mitos: Antígona, Job, veamos algo de Orfeo). Orfeo siempre será una figura central, piedra de toque. La ambigüedad de su leyenda, la significación para la filosofía, la simbología poética, el entrelazamiento con las varias artes, la metáfora vida-amor-muerte, el viaje oculto e infernal, son apenas algunos elementos de su posibilidad interpretativa.


A partir del romanticismo y de los movimientos de vanguardia de principios del siglo XX, se recupera como fuente de infinitas variaciones. Se relaciona con estéticas renovadoras como la poética de Rilke, la pintura de Kandisky o la música de Debussy, sólo por mencionar tres altísimas creaciones (la idea de que el universo es un espejo que refleja las lucubraciones de la mente humana y como tal establece un todo unitario entre las distintas artes. El antiguo ideal de reunir de nuevo las artes en una unidad indisoluble está latente en esta evocación órfica).

Para María Zambrano Orfeo es el punto de inserción entre lo humano y lo divino. En torno al eje del tiempo, el orfismo metaforiza la angustia humana de un Cronos primario y devorador, pero también el tiempo y la música divina, ya que el concierto representa la suma del arte órfico: “Parte del conjunto de notas de la afinación del instrumento para el cual está escrito. El lamento de Orfeo debió sonar en las notas fundamentales de la voz humana, en la más pura y simple forma matemática: el número sagrado inicial del canto”.


“La música sostiene sobre el abismo a la palabra”, expresa María Zambrano. Tal vez porque la música surge del abismo, por ser laexpresión matemática de los abismos del tiempo, el invisible espacio temporal donde vibra en ritmo y melodía el oscuro indescifrable, indefinido tiempo que nos lleva, que nos hiere, que nos mata. Y que nos arrebata hacia ondas de fuerza y luz, inefables, como si el puro sonar estableciese las más singular y esencial combinatoria en que confluyen todos los sentidos con el más íntimo y aflorado latido de los mundos. Hondas, altas cavernas del sentido del contacto musical al que asciende, aflora y se entrega desde sus raíces nuestro pobre, desvalido corazón, hasta alcanzar en ellas un instante de pura luz, en la cripta de la noche transfigurada y el silencio al que toda música lleva, donde acaba el ruido, el óxido de la banalidad; donde comienza la soledad sonora, la música callada, la elocuencia sin palabras. La música y el tiempo, y su roce adivinatorio, el logro de la intimidad luminosa perdida, diría Zambrano, la actualización de la verdadera poesía y la música, la unidad inviolada de nuestro ser, de lo que habrá de nacer a través del sueño, del soñar perpetuo, de la conjunción del pasado con el futuro:


Hay que permitir a la claridad que circule, ella, en el sujeto, pues que solamente así el sujeto trascenderá, él mismo, encontrándose en una órbita que nos salva de todo absolutismo del ser y de todo sumergirse en la nada. Es la órbita del amor que es al par pensamiento, la órbita en que circula libre de error, de temor, y hasta de esperanza.


A partir de la noción filosófica de María Zambrano, el futuro es uno de los tiempos del soñar. Soñar es una anticipación profética y por lo tanto, poética, el deseo que potencialmente puede hacerse realidad a través de la acción de la palabra.

Al soñar, quien hace poesía, realiza un viaje interior, se exilia por medio de la intuición, la meditación, la búsqueda de las causas, la interrogación del mundo. El eje de la creación poética es el rastreo de la esencia y la renuncia a la anécdota. El discurso poético propone una visión del mundo más fresca y original para entender la existencia, dado que no establece dogmas ni métodos en su acercamiento al vivir y al pensar. Aproximación que incluye todo lo excluido por otros sistemas, sean estos imperativos, fanáticos o fundamentalistas: los sueños, el juego, el canto, el habla, el gesto espontáneo, el amor.


La poesía es, entonces, una forma del conocimiento, una manera libre que no pretende reducir al mundo a un simple objeto de análisis racional, pues “el centro de la creación está afincado en la tierra y en la realidad”. Lo sagrado se impone al racionalismo. Lo que le importa a Zambrano son “los problemas vivientes”, no teóricas definiciones, según sus propias palabras. “Es siempre sin abstracción, es siempre sin fundamentación, sin principios, como nuestra más honda verdad se revela. No por la pura razón, sino por la razón poética”, enfatiza nuestra escritora.

Dos imágenes: “castillo de razones” y “sueño de inocencia”, hacen crecer las dos ramas de su árbol de la sabiduría: pensamiento y poética. El castillo se forma de cámaras y pasadizos por la arquitectura de la razón. Del sueñoy de la inocencia se deriva la creación poética. Así es como se erige la obra de María Zambrano. Con pilares de piedra, mosaicos de sueño y una primera visión de todas las cosas. Inserta, dentro de la reflexión filosófica, la pasión de la poesía. O enla poesía, la serenidad de la filosofía. Su lenguajeconvierte el método en ritmo metafórico. Su juicio crítico, siempre entre lo humano y lo divino, posee la magia del hallazgo creativo.

La razón aristotélica intentó triunfar sobre el universo órfico y pitagórico, procuró que la civilización occidental condenara a la poesía, abrigarla bajo su frío logos, sin percatarse que la poesía es irreductible, autónoma, múltiple. La filosofía tradicional nunca pudo contenerla, ni definirla. La maldición platónica la señaló como mentirosa, cercana al delirio, a la embriaguez, al infierno, injusta y antigua condena.


Pese a todo ello, la poesía “con más fuerza que el pensamiento, ha sabido, hasta ahora, sacar virtud de su flaqueza; su existencia de su contradicción, de su pecado”, de acuerdo con la sentencia de Zambrano.


De tal modo que con el paso del tiempo existe la unión de poesía, religión y filosofía: el hombre se libera, descubre que el acto creador es un evento de naturaleza espiritual y estético; surge el arte como oficio revelador y emancipador:


Vivir humanamente es tener que elegir entre las circunstancias, dice Ortega y Gasset, al anunciar la Razón Vital, más hay una elección previa, decisiva entre todas: la que se hace de sí mismo. Siempre he entendido la afortunada fórmula de Ortega: “Somos necesariamente libres”, como equivalente a ésta: “Somos necesariamente persona”. El ser libre hace coincidir el serlo con la voluntad. Así se actualiza la libertad, la común, la propia.


Ahora el poeta reflexiona también, crea su ética y teoría propias. Siguiendo la enseñanza de María Zambrano, la filosofía representa el sentido verdadero de la historia y la poesía expresa lo que el hombre es, la cualidad de su existencia. Y uno de los sentidos de la Historia, captado por nuestra autora, fue la noción esencial de exilio. Tan sólo en el exilio interior (inxilio) y en el exterior (auto exilio o exilio forzado), la escritura torna un acto de claridad y de liberación, donde las más profundas preocupaciones salen a la luz y encuentran un modo de expresión.


El exilio es un fenómeno consustancial con el ser humano. Desde el primer exilio, que fue de carácter divino, la expulsión del Edén, hasta todos los que le siguieron, de carácter histórico y político, han sido la piedra de toque de pueblos y personas. Se ha considerado como un castigo más cruel que la prisión o la muerte. Ha acentuado la temporalidad del hombre a negarle un espacio propio.


Adán y Eva adquieren la muerte al perder el Paraíso. Quien sale al exilio sale en busca de una muerte sin tierra. La condena es el eterno vagabundeo y la conciencia precisa del paso del tiempo, a la vez adquiere una esperanza inviolable, el anhelo del retorno.

De acuerdo con María Zambrano, el exilio adquiere un sello de bienaventurado. Bienaventurado el que se debate en la inmensidad del exilio y en la inmensidad de la vida, sin hallar un lugar donde descansar.


De lo que se trata, entonces, es de llenar el tiempo, un tiempo que no vale, en un espacio ajeno, pare recuperar el verdadero tiempo y el verdadero espacio, Y he aquí que la manera perfecta de llenar ese tiempo y ese espacio es la preservación de la memoria. Y quienes son especialistas en lo anterior, el filósofo y el poeta, se dan la mano.

Complicidad, alianza, unión viable que la llevar a preguntar finalmente: “¿No será posible que algún día afortunado la poesía recoja lo que la filosofía sabe, todo lo que aprendió en su alejamiento y en su duda, para fijar lúcidamente y para todos su sueño”.

martes, 31 de julio de 2007

POR LA REIVINDICACIÓN DEL CUERPO Y LA PALABRA




Por HUGO CAICEDO BORRERO


En esta reflexión vital y literaria, de innegable herencia surrealista (Lautréamont, quien entre algunas de sus particularidades telúricas está la de haber sido paisano de Benedetti o de Ángel Rama) y que figura ya en la carnadura blanca y negra de "Arte Erótica ", descansando sobre el flanco izquierdo de su contraportada anterior, el autor (pero realidad existen en los autores ?... " digo, es un decir "...) Antonio Acevedo Linares nos conduce apoyándose en esa huella / vertiente poética de los osados y encendidos maestros franceses de principios de siglo (Bretón, Desnos, Aragón, Eluard, Peret, Soupault, Crevel, entre otros) al deseo de la palabra y a la palabra del deseo.


La poética en todas sus manifestaciones a de cumplir la elevada y profunda estrategia, discursiva y praxistica, de la reivindicación estética, ética y erótica del cuerpo y de la palabra. De todos los cuerpos y de todas las palabras en la objetivación y proyección de su existir. De un existir en libertad " como medio de liberación total del espíritu humano, del ser decidido a pulverizar desesperadamente sus trabas " que se expresa en la polaridad del deseo y la acción; de la potencialidad e intencionalidad de los cuerpos y de las palabras, conjugadas en el sentir, pensar y hacer de esa existencia humana, rebelde y transformadora en su infinita capacidad de crear y crearse así misma. En esta línea de pensamiento y de vivencias reales y concretas, el poeta nos propone en su ejercicio, una rememoración de Whitman y Cervantes.


“En un lugar de tu cuerpo

de cuyo nombre quiero acordarme


Cuando hunda los pómulos en la

almohaday los senos desnudos

entre las sábanas blancas sin flores

y ni el viento ni el sol te roce

en la boca y el pelo..






Para concluir en el espacio epigonal del libro, con la construcción del mundo a partir del poema y del cuerpo liberado:


" Como escribir un poema

que tenga la ternura

de una mujer o el rumor

de un río caudaloso

o el follaje de los árboles

en otoño, sin dejar de escribir

la vida, la historia, el hombre

sea un poema lírico, erótico

social: sencillamente un poema

debe escribirse violento

amoroso, como si se hiciera

el mundo o el amor. "

En las nervaduras que sostienen y nutren el poema se manifiesta inquietante, danzando entre las letras y la angustia el poeta, la interrogación surrealista de que manera cambiar el mundo existente para lograr el lenguaje y la acción que manifiesten la esencia vital del hombre, el conocimiento y la realidad como flechas disparadas, desposeídas de retórica, desnudas, violentas y tiernas con los cuerpos y las palabras, para atrapar la libertad realmente humana. Nos ubicamos en primera instancia, en el caso que nos ocupa hoy, en como el arte, en sus diferentes manifestaciones, puede contribuir, con otras fuerzas desarrollas por el hombre, a la recuperación proyectiva, creativa, y liberadora de los cuerpos y aún del arte como significación de la vitalidad del ser, individual o colectivamente considerado. Desde su principio genético el cuerpo establece un reto, una batalla con el mundo de su entorno. Con una realidad, siendo él mismo parte de esta, en su configuración natural y social.


En su proceso de apropiación de conciencia negativa del yo que distingue entre la aceptación y el rechazo, el cuerpo se proyecta en el mundo y éste en aquel, de manera praxistica, cambiante y continuada. La autonomía del yo que no sólo es el resultado de un desarrollo crítico de la subjetividad, sino además de las condiciones sociales del entorno objetivo, dinámico y concreto, pasa de la relación objetual, gestual a la conciencia de esa relación; al juicio y al discurso. Y así, el sentido y significación del mundo y del cuerpo van tomando conciencia de su proyección multánime y recíproca con ese mundo en el cual emerge y vive. El cuerpo en perenne movimiento inicia su camino con un equipaje de demandas, intencionalidades, agresiones, aceptaciones y rechazos, relaciones, campo de sentidos, de "percepciones -- imaginaciones -- memorias " que con llevan a la construcción de su propia historia antológica y social, (el yo y los otros en relación). Su movimiento, de principio a fin de su realidad, le indica a ser un combatiente incansable por la constante elaboración de espacios, que van saturando de significado, de saltos y sentidos, de reconocimiento, de nacer y renacer en una inacabada lucha por la conciencia de si y del mundo. Una lucha a nivel del sentir, del conocer, del pensar, del decidir, de amar y del hacer. Vence así el miedo, la culpa, el mito delictivo y punible, como estigma del origen y se autonomíza en el trazo de su camino siempre reiniciado, entre idas y vueltas, del complejo devenir de su existencia. Ahora las sendas se cargan de tensiones, amigas o enemigas, en una circularidad permanente, al decir de Foucault, entre el deseo, el placer y el acto. Sendas preñadas de significados. Sagradas, míticas, ritualizadas, mágicas y asombrosas, utópicas y actuales, próximas y lejanas, profanas y místicas, comprometidas hasta la médula o indiferentes hasta la raíz amorfa de la apatía, crédulas y escépticas, ingenuas o críticas, problemáticas o facilistas, placenteras o dolorosas, reales o ficticias, libertarias o represivas.



Multánimes, variadas y contradictorias, a disposición de elección de los cuerpos que transitan la vida y el mundo. La magia, el asombro y la utopía, van dando calidad al espacio terrenal de los cuerpos. Magia del arte y la palabra, de la voz, el sonido y el silencio. Magia de la ciencia y de la técnica; magia del amor y del odio; magia de todo aquello que del misterio emerge, como el poema, al conocimiento, entre loas y elegías, del reiterativo bucear del hombre, del huzmear en todos los rincones de la teoría y de la experiencia. A todos ellos se abre la corporeidad activa y transformadora. Se abre como rosa sangrante en búsqueda sedienta del rocío vivificador y esperanzado, en el interminable discurrir de sentir, pensar y hacer.


El cuerpo atraviesa, como una espina siempre perforante, las regiones y subregiones de la cultura, que el hombre va construyendo en sus diferenciadas y simultáneamente complementarias manifestaciones (hombre faber, hombre lúdico, hombre erótico, etc.) en tiempos y espacios de infinita naturaleza. El tiempo del trabajo y del reposo; el culto y de las fiestas; el placer y del deseo; del amor y la ternura; de la vida y de la muerte; cada uno y los otros, destiempo y contratiempo, van configurando la presencia significativa y real de una corporeidad productiva y proyectiva. De tal manera el hombre/ cuerpo se hace temporalidad-especialidad-proyectiva. Y aquí opera el rescate auténtico y verdadero del cuerpo por la vía del arte, de la conciencia, de la historia, de la ciencia y de la filosofía, en tanto objetivaciones humanas. El cuerpo se hace así caminante simultáneo del mundo; su cómplice, testimonio de aventuras, venturas y desventuras de su trayectoria histórica. Es súcubo e íncubo alternativamente en esta relación problemática que algunos condenan y otros exaltan, se convierte en poseedor y poseído, articulación y copulación carnal, terrena, cognoscitiva, espiritual y praxistica.


Se ha llegado a nutrir, por acciones de los cuerpos, innumerables espacios y tiempos. Y esta poética de Acevedo Linares está fundamental e íntimamente nutrida los cuerpos; de cuerpos en libertad de sentir, pensar y actuar, en procura de su auténtica realización no sólo como tales cuerpos, sino como expansión y significación del ser antológico-erótico que reside en el subfondo de su filosofía de la vida y de la transformación del mundo. Tiempo y espacios nutridos de emotividades, sensibilidades y conocimientos; de prácticas y experiencias; de ontologías y existencias, individuales y colectivas, que las diversas formas o símbolos de la producción artística, constituyendo la poética una de las más profundas y representativas, han de retomar para expresar signicamente el quehacer de los cuerpos proyectados en el mundo en las variadas dimensiones de la actividad humana (estética, filosófica, política, social, erótica, etc.). Entran en juego, placentero o doloroso de los cuerpos, las manifestaciones simbólicas y para simbólicas de la conciencia, configurando regiones y subregiones matrices de la cultura, de los juicios y de los valores. Matrices colectivas e históricas que signan a los cuerpos y a sus inevitables relaciones con el mundo. Los cuerpos, como actores en escenarios vitales y poéticos, tal es el ofició que se transpira en cada página levadura con el cual ha sido amasada “Arte Erótica” van reconstruyendo, fundamentando y desarrollando la historia específica y universal de la sensibilidad humana. Es decir, de historia real, genérica y particular de la expresión y proyección liberadora del ser y del estar que constituyen la esencia estructural de toda cultura.



Ahora bien, cuando en la apertura de estas líneas hemos hecho referencia a la relación de los poemas de “Arte Erótica” con la tendencia denominada surrealista, utilizando un tanto de liberalidad calificativa en esta convergencia vital, nos estamos dirigiendo a una cierta identidad de objetivos y significados, más que de imágenes formales en la construcción discursiva-poética. Está asumida liberalidad nos aproxima a poetas, que sin ser característicamente inclinados hacia el surrealismo, articulan el culto del amor carnal con los sonidos líricos verbales. Es el caso de Mauriac (" tu cuerpo blanco y rubio, por dentro iluminado / alumbra la alcoba asfixiante. /un olor de tormenta nuestro abrazo ha dejado... amémonos ahora, con abrazos sin ruido / que no atraigan a Aquel que los odia ". O de Jules Romains, quien partiendo de la psicología, la historia y la sociología, elabora su poesía de la corporeidad y de la sociedad francesa contemporánea, cantando a los " hombres de buena voluntad " (... la piel que sabe palidecer o que un brusco rubor atraviesa/y que el deseo y la piedad sacuden como la hierba, súbito / la agradable custodia del corazón humano presente a toda hora "...) y es válido agregar, en este espacio evocador a Pierre Jean Jouve, escritor de una peculiar capacidad de síntesis para expresar la ternura del hombre, viril y sensitiva, que la sociedad capitalista e hipócrita le ha venido coartando sistemáticamente ("... cuerpo de la carne empeñada por la tumba y que nacen/... salud cuerpo, todo hecho de día/... que renace, salud verdadero cuerpo del hombre/... hombre de nervios y de dolor y de simiente/... ").


Tomamos como primordial el intento de proponer similares finalidades: la reivindicación del cuerpo y la palabra a través de la poesía. Un rechazo sensible y reflexivo a la tradicionalista matriz cultural que nos ha impuesto como herencia de la teo-escolástica en el ejercicio de los cuerpos, de las ideas, de las conductas, que someten al ser y al espíritu a deambular por la enmarañada y supuestamente legitimada selva de trabas, prejuicios y valores de la irracionalidad de la dependencia. De lo que se trata, en rigor de verdad, es combatir por la "liberación total del espíritu " humano en todas las manifestaciones que hacen y reproducen su existencia.


Esta es, a nuestro entender, la cualidad intencional de Antonio Acevedo Linares, quien desde las vertientes complementarias de la sociología y de la literatura, pero especialmente desde su propia y específica vivencia relacional ha sentido, pensado y actuado en la valerosa búsqueda de esta definitoria liberación. Su discurso poético, que cada uno de ustedes tendrá la oportunidad de analizar desde sus particulares querencias y criterios, no se detiene en la apariencia del estilo, de la imaginería, de la epidermis corporal de las palabras y las frases, sino que penetra al problema no resuelto en esta sociedad, de la plena realización de los cuerpos, como medios expresivos-sensibles-cognoscitivos, de un espíritu humano preñado de terrenalidad conflictiva y que transita hacia la conquista de su autodeterminación liberadora. Desde nuestra personal perspectiva de interpretación valorativa, neutra, pero no neutral, saludamos con regocijo y solidaridad, el aparecimiento de “Arte Erótica” como el resultado primigenio de un oficio, el poético, cargado de sensibilidad, crítica y reflexión, tan negadas y deformadas en este medio supuestamente enarbolado por muchos de modernidad intelectual y de apertura a la transformación de condiciones alienantes que determinan los comportamientos individuales y colectivos en la dinámica social .





ANTONIO ACEVEDO LINARES .Poeta y Sociólogo. Magíster en Filosofía Latinoamericana con especialización en Educación en Filosofía Colombiana de la Universidad Santo Tomás, seccional Bogotá y especialización en Filosofía Política Contemporánea del Instituto de Filosofía de la Universidad de Antioquia. Ha publicado: Arte erótica. Ediciones Hojas de Hierba. Bucaramanga, 1988. Los girasoles de Van Gogh. Antología poética (1980- 1999) Ediciones Hojas de Hierba. 1.999. Vol 1. CD, Poesíade viva voz, 2004. Atlántica, Antología poética (1980-2004). Ediciones Hojas de Hierba, 2004. Vol 2. Plegables de poesía y Sociedad de los poetas (Colectivo de poetas santandereanos) Cuatro de máquinas editores, 1998. En el país de las mariposas. Antología poética (1980-2007) Ediciones Hojas de Hierba, Vol 3. (Próxima publicación)


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