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viernes, 30 de octubre de 2009

POESÍA Y NEGOCIO


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Julio César Correa
La Pipa de Magritte
LOS LUGARES COMUNES del lenguaje se apropian de la palabra poética; su abuso permite que lo poético devenga justificación más que razón. La poesía entonces habla el lenguaje de la prosa y de lo prosaico. Se mercantiliza lo innegociable. El espíritu del hombre, su espacio más íntimo de libertad, termina convertido en jaula desde la cual se pretende decir. Pero no hay libertad para expresar lo que es auténtico en el hombre, su propio duelo, sus más preciadas alegrías y conquistas. Quizás, por ello, y renunciando a un lenguaje auténtico, se incurra en la palabra gastada y enquistada en la negociabilidad que le propone el consumo y la sociedad de consumo. La poesía pierde su más preciado lenguaje y termina confundida con la palabra que negocia, que oprime, que constriñe. Luego, antes que liberar y hacer estallar los automatismos que genera el comercio lingüístico, se potencia la banalidad propia de la sociedad del pret a porter, la del fast think y del fast food. Nos da miedo mirarnos en el espejo de la poesía, porque quizás nos ocurra como a los vampiros: no nos podemos reconocer. Invisibles, parados apenas en la sombra que la noche del lenguaje abre como un abismo, nos hundimos y nos extraviamos en la algazara, en el ruido anunciado por Baudelaire, en la promesa y en la necesidad de seguridad que nos hurta la condición más preciada, la de ser irremediablemente libres en la imaginación y en la capacidad de poder seguir poetizando el mundo, porque como en Hölderlin: “no es por sus méritos, sino por la poesía como el hombre hace de esta tierra su morada”.

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