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martes, 11 de mayo de 2010

EL VERBO Y EL MANDO / Gabriel Arturo Castro

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Vida y  milagros de Gustavo Álvarez Gardeazábal
Jonathan Tittler
Unidad Central del Valle del Cauca,
Tulúa, 2004, 261 páginas.

El libro del profesor Jonathan Tittler, especialista en estudios hispánicos, es el resultado de 26 años de investigación alrededor de la obra de Gustavo Álvarez  Gardeazábal. Advierte el autor que el novelista tulueño es uno de los escritores colombianos más leídos en los últimos 35 años. A través de esta biografía político – literaria, Tittler legitima la carrera de un personaje polémico, excéntrico, a veces deslumbrante, cuya popularidad fue en algún tiempo enorme, gracias a la producción de sus novelas, artículos periodísticos y campañas políticas dentro de su departamento. Escribió best sellers, algunos de los cuales fueron llevados a la televisión y otros se destacaron por sus exitosas ventas. Sólo dos de sus novelas logran una gran  calidad literaria: Cóndores no entierran todos los días (1972) y Pepe Botellas (1984), afirmación en la que coinciden los críticos. Su restante obra, por consenso de escritores y académicos, está mediada por “cierto facilismo sensacionalista en el desarrollo de sus tramas, cuando no una tosquedad en su estilo”. Han señalado además el decaimiento de la calidad de su producción a partir de 1984, pues jamás recuperó la fuerza narrativa que había caracterizado tales obras.

La opinión mayoritaria de los críticos, lo acepta Tittler, dice que Álvarez Gardeazábal “se dejó distraer por la política y nunca realizó el potencial literario que pareció prometer en varios momentos de su juventud”. No olvidemos que tales afirmaciones fueron realizadas antes de la aparición política del escritor  y con bastante anticipación a su ascenso y caída de los avatares del poder público.
Ya en las décadas finales del siglo XX, Gardeazábal dejó de ser un escritor popular. Su mundo postgarciamarquiano, repleto de sugestividad parroquial, desconcertante y lacerante, empezó a eclipsarse. Sobrevino, entonces, la actividad política como un medio para no perder vigencia y seguir incidiendo en la opinión pública, ya desde otras orillas distintas a la literatura.

Los detractores, como los denomina el autor, mencionan la época aciaga de su breve administración, durante los años 2000 y 20001, tiempo en el cual se le realizó un juicio por enriquecimiento ilícito y su posterior destitución de su puesto como gobernador del Valle del Cauca. “En un sentido estrictamente político, esa carrera truncada equivale a un fracaso en cuanto a proyectos realizados (él mismo admite que abrigó ambiciones presidenciales) o cambios logrados en las estructuras del poder en el país”, afirma Tittler.  

Por lo tanto, uno de los principios que sustenta el presente libro, es brindar una versión distinta (¿imparcial?) de los hechos.  Tittler es tajante, la mezcla de actividades para el escritor norteamericano no significa una confusión de objetivos por parte del autor:

Muy al contrario, encarna una combinación muy especial de ingredientes (talentos y esfuerzos) que produce para la sociedad colombiana un cambio paradigmático para la actividad cultural. Lo extraordinario de su papel doble –donde el verbo literario se combina eficazmente con el mando político, con cada ingrediente refortaleciendo el otro recíprocamente- es lo que me costó tiempo en llegar a apreciar y lo que espero impartir en este libro. Hay que mirar el todo cultural y no sólo las mitades literaria y política.

Tittler conoce la existencia de Gustavo Álvarez Gardeazábal desde 1977 a través de Raymond Williams, quien lo invitó un año más tarde a la convención anual de la Modern Language Association of América, para participar en una sesión dedicada a la obra del novelista tulueño. Durante la convención acordaron la traducción al inglés de la novela El bazar de los idiotas y un viaje a su ciudad natal en el año de 1981.  A partir de entonces  se sucedieron innumerables visitas, artículos, capítulos en colecciones, acerca de la obra de Álvarez Gardeazábal y la restante literatura colombiana. En 1983 Williams y Tittler fundan la Asociación de Colombianistas Norteamericanos y su Revista de Estudios Colombianos. En 1989 Tittler publica una colección de ensayos titulada Violencia y literatura en Colombia. Luego, alrededor de 2002 inicia el presente proyecto llamado El verbo y el mando, con el propósito de escribir la historia de su vida. Al respecto cuenta el autor:

La investigación tomó la forma de una dilatada entrevista transpacífica celebrada por una cadena de mensajes de correo electrónico (los dichosos emails). La correspondencia duró más de dos años y consistió en preguntas que invitaron a que el autor recapacitara sobre su ya larga carrera de hombre público (...) Las charlas digitadas son tan reveladoras del carácter del autor y de su visión  sobre los tiempos que ha vivido que he cedido a la tentación de presentarlas como documentos históricos.

Confiesa Tittler su modo antiacadémico de la elaboración del libro, a favor de “un lector de educación general y no poca curiosidad intelectual”. Desde su particular visión, el autor se refiere al “mando” como consecuencia del quehacer político. Para los efectos de este libro, manejar el poder sobre números considerables de personas, donde hace un papel preponderante el carisma, se considera trabajar en la macropolítica.

Según Tittler, detrás de los datos, las descripciones y el análisis que constituyen El verbo y el mando, se encuentra la teoría de que Gustavo Álvarez Gardeazábal es una persona neta y originalmente política: “Se siente destinado a manejar  el poder de la palabra, sea en el patio de recreo del colegio de los Salesianos, en sus obras de ficción, sus columnas periodísticas, sus clases universitarias, sus programas radiales o sus campañas electorales”.
Acepta que utiliza la literatura para alcanzar la celebridad y convertir la popularidad en poder político y prestigio literario. Dos carreras paralelas, “las cuales le dan una base relativamente amplia y estable para construir su persona pública”. Para Tittler, Álvarez Gardeazábal logró establecer una pauta inexistente en la cultura colombiana:

Siendo desencubiertamente homosexual, un hombre puede gobernar de manera independiente, con inteligencia e imaginación y sin robar plata. El impacto de ese modelo de conducta en la psiquis y la cultura nacionales todavía no se ha registrado del todo. La guerrilla y las milicias de autodefensa siguen devastando el paisaje y el campesinado, y el narcotráfico sigue hundiendo la ética del trabajo de la juventud. Pero con el transcurso del tiempo, el rompimiento de estructuras, estereotipos y prejuicios implícito en su constructiva rebeldía promete abrir una de las pocas salidas esperanzadas del dilema político actual.

El libro de Tittler consta de ocho capítulos. El primero está dedicado a establecer los orígenes del proyecto, la presentación del autor y la justificación de la obra, muy endeble por cierto, sin los argumentos sólidos o el acompañamiento de teorías necesarias para la defensa o legitimación que asume.

El segundo apartado habla del nacimiento del Álvarez Gardeazábal, su bautizo, la presunta capacidad de presagiar el futuro, la niñez a orillas del río Tulúa, la biografía de sus hermanos, la primera enfermedad, el inicio de sus estudios superiores en la Universidad del Valle, la algarabía del movimiento estudiantil, su temprana indecisión política (según  Tittler, el joven universitario actuaba, desde aquel entonces, como liberal de centro o en otras ocasiones, igual a un militante de la centro derecha). Su monografía de grado, dirigida por Walter Langford se llamó Las novelas de la violencia en Colombia y la culminó en 1970, año donde escribe Cóndores no entierran todos los días. De 1972 a 1980 dicta clases en la Universidad del Valle, edita las revista Logos, organiza eventos culturales y renuncia por no poder ejercer actividad política, de acuerdo a la prohibición del Ministerio de Educación.

El capítulo tres es el comienzo de la novelística de Álvarez Gardeazábal. Su primera novela se llamó Piedra pintada, y fue publicada en Medellín en 1965. Dicha obra no aparece al interior de la obra reconocida, dado su carácter de experimento literario. Todo lo contrario, como inicial novela el autor reconoce a La Tara del Papa. “Con ella maneja hábilmente un amplio surtido de temas significativos y recursos técnicos contemporáneos para impartir un sentido de lo conflictivo de la vida en el Valle del Cauca.

Luego La Boba y el Buda representa una continuación del mundo ficticio proyectado en su anterior novela. El análisis de su mejor obra, un documento histórico que aún perdura: Cóndores no entierran todos los días, cierra el capítulo.

A continuación, Tittler traza un itinerario denominado por él Consolidación de su lugar y comienza por el estudio de Dabeiba, donde relata el origen de la crisis de un pueblo amenazado a desaparecer bajo las aguas de una represa.

El bazar de los idiotas, la quinta novela de Álvarez Gardeazábal, se enmarca dentro de un pueblo chismoso, relativamente moderno, cuyo interior sufre la invasión de turistas, peregrinos y reporteros. Sin embargo, las instituciones y mentalidades, siguen siendo las mismas, arcaicas e insuficientes para asimilar los cambios dados.

Finaliza este periodo una creación distinta a las anteriores: El titiritero, considerada como una metaficción y a la vez un relato de carácter político, dotado de especiales estructuras narrativas, ya que se presentan seis diferentes hilos narrativos.

Tittler indica en  el capítulo cinco la época de plenitud de la obra del novelista tulueño, entre 1981 y 1986, “cuando publicó sus mejores novelas, ganó importantes premios y becas, dio numerosas conferencias invitado en Colombia y en el extranjero y mantuvo dos puestos políticos electos”. Las novelas ubicadas en este periodo son Los míos, Pepe Botellas y El Divino. Tittler a continuación de tal remembranza realiza una exposición de sus logros políticos y la historia de su encarcelamiento.
El capítulo seis lo dedica al análisis de las novelas anteriormente mencionadas. En Los míos Álvarez Gardeazábal plasma una novela donde el poder se representa desde adentro y arriba y a la vez retrata el mundo de la ambición más desbocada a nivel nacional y global.
Pepe botellas viene a constituirse como una ficción autobiográfica. “Es un texto que es la suma de muchos textos, tanto literarios como documentales; es una obra cuyo ritmo alterna entre acelerado y frenético y cuyo léxico desaforado presiona los límites de la razón”, asegura Tittler. Por su parte, la novena novela del tulueño, El Divino, representa con truculencia y sin sentimentalismos, el anuncio de un cambio de valores en la sociedad colombiana, gracias a la irrupción del narcotráfico.

El capítulo siete resulta sorprendentemente crítico. Lo titula: Declive literario, cuando “ocurre un cambio notable en la escritura del novelista. Sea fruto de un cansancio o una distracción, las novelas compuestas resultan más esquemáticas, más previsibles en su argumento o de alguna manera menos originales que las mejores creaciones del escritor”. Este caso de repetición es ejemplificado por El último gamonal, Los sordos ya no hablan y Comandante Paraíso, obras de las cuales Tittler revisa su contenido.

En el capítulo ocho el autor presenta las conclusiones de la presente biografía política y literaria, vida y milagros de un escritor popular y polémico a la vez. El presente  libro concluye con una entrevista, transcripción de un diálogo electrónico, fragmentado y extendido, entre Tittler y Gustavo Álvarez Gardeazábal, estando el novelista ya  preso en su ciudad natal, alrededor de septiembre del 2000.
  
por GABRIEL ARTURO CASTRO   

1 comentario:

GABRIEL ARTURO dijo...

Tengo la impresión de compartir plenamente las opiniones sobre Gardeazabal. Y eso que no se habla de vida política y pública: el más fino representante de la derecha y de otras cosas non sanctas en Colombia. Uno de los más leídos, eso demuestra la capacidad de lectura crítica de los colombianos, nos parecemos al "bazar de los idiotas"; somos capaces hasta de creer que la salvación de Colombia está en el más ilustrado de los neoliberales, gracias al trabajo que desarrollan los medios masivos de comunicación. No hay nada que hacer, estamos hundidos.
Un abrazo.


Luís Alfonso Ramírez