sábado, 20 de septiembre de 2008

OBRAS DE MAMPOSTERÍA DE NELSON ROMERO GUZMAN



Por Hernando Guerra Tovar


La poesía es edificante. Misión del poeta es construir, y crear consiste en el lento hacer. El tiempo talla la piedra, la pule, la limpia y decanta para la obra, pero el tiempo cabe y no cabe en la eternidad. El tiempo y la eternidad se atraen y se repelen, así como hay lugar y distancia entre el sueño y la vigilia, entre la flor y la guerra, o entre la puntilla y la flor. El tiempo pertenece al reino de lo irreal, no al de lo invisible. “Dios en lo visible remedia la afrenta a sangre y fuego.” Pero, “¿Dios es real porque no existe?” Percibir la “flor secreta” que los mamposteros han diseñado con “la argamasa de las invisibilidades”, a la luz de “estrellas rotas”, se hace visión, y entonces la argamasa pega. Pero el poeta debe ser cuidadoso, mesurado en el uso y tratamiento de la piedra. De no hacer así, podría construir un precipicio, un muro impenetrable, o hendiduras de la luz por donde nadie puede entrar. Además, la piedra, materia prima, escasea. No es cierto que la palabra poética abunde como la arena, como tampoco toda arena es. De ahí la importancia del ahorro y del arte de la mezcla, la argamasa, el decir poético. Por ejemplo el adjetivo, que sólo es eso, accesorio, nunca es viga y casi siempre sobra. Pasa igual con el verbo. Vemos a los poetas a la orilla del río, en verano, buscando el verbo preciso, el que encaje en la columna, el que sea columna misma. Y pasan muchos veranos con sus lunas y peces y flores, sin que el buscador halle tal piedra. Mientras, el río ya no es y el poeta tampoco. Entonces Heráclito El Oscuro ríe de su río en la luz de la eternidad sombría, porque no encontrar la piedra indicada, es no tener cimientos.


En Obras de Mampostería Nelson Romero Guzmán asume otra vez, como ya nos tiene acostumbrados, el oficio de poeta, es decir de constructor, de creador. Este es un poemario edificante. Su obra está bien hecha. Los cimientos, las vigas y columnas, tienen los materiales necesarios. Ni más ni menos. La justa medida en la piedra, el agua, la arena, el cemento y el metal. El conjuro. La plomada. La solidez consiste, precisamente, en el equilibrio que dan el oído y la visión acoplados. Todos los sentidos acoplados: “los cinco rencores de los cinco sentidos, / las cinco crueldades del cuerpo, / los cinco animales enjaulados / hacen verdaderas las piedras y los muros.” La puntilla clavada en la flor no es un accidente, es un acierto: “eso es deseo, hecho misterio…” Con varillas y puntillas de percepción se logra la estructura: “No veo el alba / veo un caballo blanco / aquí, donde grandes mariposas con cuernos, / húmedas / velludas / depositan el huevo del día” Esta percepción atenta, hecha visión, constituye terreno seguro para la arquitectura del lenguaje poético. De un mundo visible, el de la tensión, en donde “el Iluminado y el Oscuro se enemistaron por una rosa”, se pasa a un mundo invisible, paralelo, en el que “no se borra el rastro de lo que pudo haber sido y allí estuvo”. Las guayabas se transportan desde el país de lo fantasmagórico en cajas apuntilladas, fuertemente amarradas con cables acerados, para que durante el viaje no se vuelvan irreales pero, aun esta previsión, no deja de observarse en la piel de las frutas “el hambriento mordisco del otro lado.”


Crece la hierba en la mirada del poeta, el monte como palabra, el cadáver del alfabeto entre las piedras, la palabra al-ba-ñil pegada con argamasa, el idioma remendado en los ojos de una lagartija. Todo entre las piedras. El poeta no quiere despertar del sueño de ser piedra entre las piedras porque desde allí, desde ese lugar que es la palabra, el paisaje luce, es, alcanza una nueva visión, extraña visión que alucina: oye la respiración de los árboles, “cuando los mueve la inmensa rueda del cielo”, el agua adquiere visos o notas musicales, se vuelve virgen que el hombre no mira, no adora como tal, sino que confunde con la Proserpina seductora de los alucinados, de los seres del inframundo. “Un paisaje no visto, recién llegados (nosotros) de lo visto”. Desaparece la frontera entre lo real y lo irreal, entre lo visible y lo invisible, desaparece el tiempo, que ahora es una ilusión, que siempre ha sido ilusión porque nunca ha existido: “o Dios haciendo visible de esa forma / las paralelas de su ilusión”. Los mamposteros conspiran en la trampa, en el ocultamiento, quieren hacer invisible la guerra, “pero ella es cada vez más visible.” Existencialismo, fenomenología, escepticismo, percepción, poética. Uno imagina a Sartre y a Berkeley; a Husserl y a Descartes; a Hume y a Blake; a Kasper y a Nerval; a Heidegger y a Höelderlin; a Parménides de Elea y a Rimbaud; a Pyrro de Ellis y Baudelaire; reunidos en una estancia del tiempo inmóvil, que puede ser una taberna flotando en el espacio, o un café de Paris, en tertulia perpetua sobre lo irreal e irreal, sobre lo que es y lo que no es, sobre lo visible y lo invisible, entre lo que se debe creer y lo que no. Escepticismo, fenomenología, chamanismo, magia, misterio: poesía. Y percepción. La mirada del poeta Nelson, aguda, desacralizadora:
“No veo catedral / veo un gato enorme sentado / sobre sus patas traseras, / unos ojos llenos de fe, / piel de carne de circo, / frente meditando en su oración (…)
alto en la entresombra / erige ante mí la parábola de la duda.” (…)

Pero esta duda es certeza cuando la ciega Narcisa en loco sueño se hace Eva y refunda el paraíso. Pronuncia la palabra y el Génesis cambia. Toma el color de su signo, su género y la fuerza de su convicción, para mostrarnos el Edén alucinado. Fantasmas, visiones en la honda sombra, la serpiente, el trabajo, el exilio, pero sobre todo el dolor, la ceguera, la locura. Una Eva loca y ciega que va dando tumbos de hospicio en hospicio, en eterno círculo, nos dice de un paraíso como clínica para enfermos mentales. Y esta duda-certeza de corte teológico salta a la grafía, a la escritura misma: “sin escribir escribo, / salto de esta tapia al patio ajeno / a robar los melones encendidos.” ¿Habla acaso aquí el poeta de las resonancias, de las influencias, o de esa voz de la poesía que está en el viento, más que en libros y talleres, que está en la plástica, como en los pintores de sus libros, Surgidos de la Luz y la Quinta del sordo, o “de la poesía que todos escribimos”, o nos habla de la lectura, de esa otra lectura no de libros, sino del entorno, el entorno interior o exterior del hombre, esa otra lectura que llamamos percepción? Cierto es que la poética de Romero Guzmán nace, entre otras fuentes, de una percepción atenta, aguda. En Grafías del insecto, por ejemplo, las imágenes tienen validez y asidero desde una profunda y paciente observación de entomólogo, o de poeta. Asistimos en este libro, a una palabra encantada y des-encantada, o si se prefiere, reno-va-dora: “la redondez es apenas una visión / una costumbre del ojo.” No en vano el poeta tiene sus propios invitados: el atormentado Jaime Sáenz, el de “las impenetrables obras de mampostería”, y Antonio Gamoneda, el de “vas hacia lo visible / y sabes que es real lo que no existe.” Mas hay un personaje aquí que no está anunciado, pero que se pasea sin más por todo el libro: hablo de George Berkeley, el obispo de Cloyne, el mismo que hace más de tres siglos lanzó al mundo su oración, su blasfemia, o su herejía: “esse est percipi”. Y entre la visión y la ceguera, entre lo real y lo irreal, entre lo visible y lo invisible, entre lo que existe y lo que no; una exaltación:

“Celebramos limpios aniversarios de aire,
muertes hormigueantes llegan de lo visto,
piedras se hacen invisibles.


Lo más hermoso de no ser visto: ¡el homenaje al ojo¡”
El poeta Nelson Romero Guzmán estuvo en el río, en verano, buscando la piedra, y encontró la revelación. Para Nelson Romero Guzmán y su obra no hay tiempo, sino eternidad. Porque, como bien sabemos, la revelación pertenece al ámbito del instante, del ahora, del presente, es decir, del siempre. Entonces el río y el poeta no cambian. Se funden para permanecer intactos: milagro de la poesía, inmutabilidad en el fluir. El poeta regresa a su hogar, el poema, con su obra perdurable de dicha y acierto: plena de agua, de viento, de asombro, de luz.

Obras de Mampostería. Nelson Romero Guzmán.
Premio Nacional de Poesía Ciudad de Bogotá, 2007
Alcaldía Mayor de Bogotá.
Secretaría Distrital de Cultura, Recreación y Deporte.
Fundación Gilberto Alzate Avendaño

martes, 16 de septiembre de 2008

VIDA FICTICIA, NOVELA REAL


Por Claudio Anaya

No puedo resistirme a recomendar la lectura de las novelas de William Somerset Maugham (Inglaterra 1874-1965) veterano narrador del mundo contemporáneo, que sigue vigente, pues las condiciones estructurales del mundo socioeconómico prácticamente no han cambiado de sus tiempos hacia acá; en sus novelas como La Carta, La Caída de Eduardo Barnard, El Rojo, Lluvia, Servidumbre Humana, o su célebre Al Filo de la Navaja, la vida de sus personajes oscila en la cuerda floja, en el umbral donde cualquier ser humano tambalea en el filo de la navaja, entre los condicionamientos sociales y los más recónditos deseos de una instintiva y total libertad. Ante el fracaso de todos los sistemas económicos y políticos para solucionar las necesidades de la humanidad, surge el deseo de abandonar esas asfixiantes condiciones impuestas por un sistema, en el cual las relaciones están absolutamente determinadas por el factor económico. La total obediencia del hombre a la producción y acumulación de capital, y la aceptación de las modificaciones en las condiciones de vida introducidas por la tecnología, además de los condicionamientos morales que desde la antigüedad lo determinan y planifican, le hacen vivir un silencioso y desgarrado drama.

Pero en algunos individuos, estas fuerzas del pasado remoto afloran, haciéndolos tomar determinaciones que plantean cambios fundamentales en su vida. Abandonan la sociedad esquematizada y rígida, para ir en búsqueda y a veces encontrar ese lugar cuasiprimitivo y tal vez paradisíaco, donde se puede vivir de manera natural, en armonía con los elementos cósmicos que son los únicos factores que les permiten el encuentro consigo mismos, y permiten también una evolución espiritual hacia lo trascendental, hacia la verdadera vida.

Maughan ejerció su oficio principalmente hacia la primera mitad del Siglo XX. En sus relatos y novelas cortas podemos conocer que las angustias que afligían a los hombres y mujeres de ese tiempo, se encuentran vigentes hoy en día, con la gran diferencia de que en ese entonces todavía se podía soñar con escapar del sistema para ir en busca de ese rincón apartado, olvidado o hasta inaccesible donde se pudiera hallar la tranquilidad y la libertad; hoy sólo tenemos los días de descanso en fincas de veraneo, en clubes con naturaleza domesticada, o playas descuidadas y hasta virtuales; ya no quedan lugares vírgenes o incontaminados, los tiempos de Maughan tal vez fueron los últimos tiempos cuando ese ideal formó parte del imaginario universal. Había sitios donde el hombre no había llegado y eso permitía el sueño de lo ignoto. El Siglo XIX con sus grandes exploraciones encogió el planeta, y el Siglo XX con el desarrollo de las comunicaciones lo convirtió, como lo expresó Marshall Mclujan, en una aldea global.

Uno de los aspectos que más llama la atención en sus narraciones, es la magistral precisión para personificar y sin retóricas ni hojarasca verbal, hacer unos retratos psicológicos que definen el espíritu de sus protagonistas; a veces por la descripción que de ellos hace el narrador, a veces por la voz y los diálogos de ellos mismos. Así, no solamente se escenifican los lugares en los cuales transcurre la historia, sino que también se ven las vastas praderas de lo oculto, instintivo o atávico que siempre acompañará al hombre como ese malestar en la cultura por la libertad perdida.

De las conveniencias o inconveniencias que ofrece la vida en sociedad, y de esas fuerzas ocultas que pugnan por salir al galope, surge una lucha despiadada en toda la frontera de estas dos tendencias. Es el umbral en el cual, después de cien años transcurridos, continuamos viviendo los personajes de Maughan.
*
Texto publicado en el periódico EL FRENTE, página 4 A, Opinión, el jueves 21 de febrero de 2008, Bucaramanga.

lunes, 25 de agosto de 2008

PADRE NUESTROS PROFANOS / Hernando Ardila


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Por Claudio Anaya

El poeta santandereano Hernando Ardila, nos presenta un libro de poemas de profunda vocación social, en donde, apoyándose en referentes históricos y culturales como la Biblia, la historia, la constitución y otras coordenadas de la cultura universal, explora con sentido crítico al actual sistema económico y social. Juega o experimenta de manera desenfadada con esos conceptos, para finalmente sorprender, al contarnos que la anécdota ha terminado con lo que creíamos que iniciaba, como al final de su poema Génesis:
“ Al final,
el oro hizo al hombre y al hambre
homo hominis lupus…
y a Dios, a su imagen y semejanza”.
Se percibe también en algunos poemas de Hernando Ardila, un regusto por el humor. Poemas como Zoom politicom:
(Dios los crea… ellos un día se juntarán)
El hombre es un ser social por naturaleza: Aristóteles.
Y le dijo el padre:
“tráeme un hombresolo”
el hijo regresó
trayéndole…
una muchedumbre.
poemas que aparentemente son un juego con el absurdo y lo sorpresivo, no se quedan en el humor ni en el juego de los contrasentidos y la experimentación, al empalmar dos situaciones o factores que nada tienen que ver, para de ahí sorprender al lector con la nueva significación o escena que surja de este encuentro.
Hágase… páguese
(Midas se aprovechó de todo cuanto dijo el señor)
Dios dijo:
“hágase la luz”
¡ella alumbró para todos por igual!
Luego,
Edison la atrapó patentándola suya
Phillips, en oro la convirtió
nuevo Dios…
Faber dijo:
“brille para todos la luz perpetua”
La multitud en silencio coreo:
Que Dios nos saque de penas
la luz
no se puede ir a pagar.
No solamente eso. Este libro tiene implícita una actitud que para no llamar de esperanza, menciono como de persistencia y avance, tal vez de confianza en ese mundo que él quiere refundar con su nueva narración del mundo y la cultura.
El poema Tanto y nada es un descarnado diagnóstico desde la realidad de las calles de las ciudades colombianas, donde la brutal presencia de las condiciones actuales, descalifica cualquier argumentación apoyada en la propaganda política y hasta en lo jurídico.
Otro rasgo es el tono de marcada tendencia épica, con el cual canta y cuenta sobre las diferentes culturas latinoamericanas, hermanándolas al mencionar sus rasgos y diferencias, uniéndolas al visualizar para ellas un destino común, derivado de las actuales condiciones políticas. Y es así como Hernando Ardila retoma la vieja bandera de un debate ya olvidado: el papel del intelectual y el artista, en la transformación y liberación de la sociedad.
Debate que tuvo vigencia de los años sesenta a mediados de los ochenta, aproximadamente, y que de ahí hacia acá prácticamente nadie ha dicho ni pío al respecto. Y el intelectual que era visto con desconfianza por el poder, prácticamente desapareció de los escenarios públicos (con algunas excepciones gracias a los dioses y los mortales) y fueron reemplazados por una granizada de artistas lacayos, burocratizados por una ley de cultura que acabó por pauperizarlos en muchos aspectos.
Hernando Ardila entiende la creación artística y la poesía, como un importante ámbito a través del cual se posibilita la creación de conciencia en los individuos y de ahí la transformación de la sociedad y del mundo. Es una vieja utopía que renace, precisamente ahora, cuando más turbias y oscuras son las condiciones políticas, sociales y culturales en Colombia; situación agravada por la ignorancia y el desparpajo con los cuales la gran mayoría de los compatriotas mira y deja hacer, marginándose del debate y pensando que la obediencia, la resignación o el mimetismo con el régimen, contribuyen a depurar nuestra democracia.
Traición
Mateo 10 -14, contextualizado por Nando 8 - 21
No…
Jodas,
¿por un peso entregas
al hijo del hambre?

Claudio Anaya
Escritor, tallerista y dibujante santandereano

domingo, 24 de agosto de 2008

POEMAS DE LEÓN DARIO GIL RAMÍREZ



DIMINUTA SOLEDAD


Entre las miles de sus hordas sería otra más.
Sola, es una, no más una: una migaja mágica con patas.
Qué racha de suerte negra
qué hados
qué lío con sus congéneres la extravió del camino
huyendo de un ultraje
persiguiendo un ilusivo instinto
o va gastando la postrera ración de su esperanza.
Trasponiendo escollos, regodeando charcos,
arriesgando abismos o peñascos,
impetuosa dilucidando grietas o cavernas.
Ni la tierra ni el sol
ni el hombre que la ojea
caben en sus minúsculas creencias.
Ni es nada, ni es sombra la sombra que la abruma
Y no es árbol:
es destino el árbol que trajina.
Ha llegado a la casa
si, buscándola, cualquier azar la destripa.
hojasanchas@hotmail.com



LA A




En la tierra, en el mar, está en el aire;
en el fuego le arde en las llamas.
Atildada está en el árbol. Sin falta en las corolas de las flores.
No la lleva la sed. Dos veces la lleva el agua que la sacia.
Por ella empieza el amor y acaba la tristeza.
Al principio está y al fin de la alegría.
En la pura mitad del corazón se planta.
No la trae el ruiseñor pero la vuela y la canta.
El tren la tiene en los vagones. El botón en el ojal.
El tigre en las garras y en las rayas que lo amagian.

Se balbucea en la sílaba primera de la vida.

Arrulla en las nanas.
En la letra, en la palabra, va en la frase.
Encabezando campante el alfabeto.
Por miles se cuenta metida entre solapas.
Con la S, su vecina, es la tecla del teclado más tecleada.
No tiene sonido en el silencio.
Tres veces suena rotunda en la campana.
Se asoma donde termina la ventana.
Duplicada la ostenta la Ana en la diadema.
Es mujer aunque en mujer no vaya.
Ni en el viento ni en la nube;
sólo si el viento es ventarrón y es nubarrón la nube.
El pobre la carga en la pobreza.
Es la única vocal que necesita el alma.
Del uno al diez sólo en el cuatro se resguarda.
El crepúsculo poético la omite;
a la sombra de su T la luce la prosaica tarde.
En Dios no está que está en todas partes
ni en el sinónimo del mundo que es el universo
pero es una certeza en la migaja, en una hormiga,
en los arabescos, en la nada, en cualquier cosa.
En Aracataca engloriada se enfiesta.
La conjuraron los magos en abracadabra.
Le falta al norte al sur al occidente y al oriente;
la misteriosa brújula la tiene
y la tiene la aguja que tirita en su cuadrante.
En el desierto falla pero está presente en cada arena que lo abruma.
Y un beso no es un beso si no lo da la boca.
Desapercibida viaja en el barco con la B correcta,
un poquito apenada en el varco con la V chiquita.
No aparece en el robo. En el ladrón sí y en lo robado.
En las alas de todo lo que vuela,
en las patas de todo lo que anda.
En la cola está de la esperanza,
está en la cola de la zeta.

hojasanchas@hotmail.com

jueves, 17 de julio de 2008

CINCO POEMAS DE HERNANDO GUERRA




DURRELL 
La ciudad cambia de nombre, se pierde con nosotros
calle abajo.




CIUDAD ILUMINADA
Escindidos, quizás una ciudad iluminada nos mire
desde adentro.

Divididos desde el primer abismo.

Desde el primer poema exiliados en esta ciudad
que se desploma.




EXTRAVÍO
La ciudad está en otro lugar, el cielo se nos viene
encima como laberinto.

Cruzamos la noche por calles inconclusas.

ANTES
Calles de todos los colores rumbo al abismo. Sin
mirarnos avanzamos por la noche enfundados en
gruesos abrigos de miedo. Sin sabernos.

Antes de caer, al menos un trozo de sol, un pedazo
de luz,

o el derecho inalienable de morir.




DESARRAIGOComo al principio el extravío, la separación.
Como la primera vez el desarraigo.

Y los años descendiendo verso a verso,

la frágil escalera del poema.

miércoles, 18 de junio de 2008

RESPUESTA A DOS POETAS AL FILO DE UN PARTEAGUAS/ Alvaro Marín






He recibido los mensajes de los poetas Juan Manuel Roca y Gabriel Jaime Franco. Entiendo el envío de los mensajes como un llamado a la toma de posición frente al reconocimiento al Festival por parte del Congreso, y no quiero pasar de agache en este debate -si es debate y no camorra-. Partamos de la desprevención y también del hecho que no es un asunto trivial el homenaje por parte del Congreso a una expresión cultural importante para el país como es el Festival de Poesía de Medellín. Me asalta la preocupación, como a todos, -incluido Prometeo- del beneficio, o el maleficio, que pueda ser un reconocimiento del actual Congreso, pero también tengo la costumbre de no ser ladino en mis opiniones: mi criterio es el que sigue frente a este hecho de la cultura colombiana:
La doble connotación: cultural y política del reconocimiento, me invita a mirar el hecho como ciudadano y no como poeta amigo de... o enemigo de... que parece haberse fundado en Colombia bandos poéticos y no corrientes críticas y literarias; resabios del pasado clerical ¿o miserias del presente aldeano de la cultura colombiana? El caso es que el empobrecimiento y la involución intelectual del país y de su inteligencia se hace evidente en la forma de tratar asuntos de la cultura, la literatura, o la política, y ese ya es un signo preocupante ante el cual es necesario superar las posiciones ladinas y enfrentar la diferencia con la argumentación, el diálogo, o la crítica de forma directa, sin las oblicuidades propias del interés individual, o del celo exacerbado ante el reconocimiento colectivo del otro que no somos.
Seamos directos y seamos también de buena fe: digamos que el poeta Juan Manuel está muy preocupado por el destino de la poesía colombiana y ve en el Festival un bien cultural que hay que defender; digamos también que la forma de cuidar el Festival es no convertirlo en instrumento político, ni en “boca de partido”, expresión que le he escuchado al poeta. Estoy en acuerdo total en este punto. Sin embargo, lo que he visto en el nuevo rumbo del Festival es su desdoblamiento en acción política de la cultura, y esto ya es otro asunto; si los poetas no son sensibles a su entorno, y con mayor razón ante el oscuro entorno que habitamos, entonces no se puede esperar de ellos más que anacronismo contemplativo y balbuceo retórico, y este último es hoy profuso.
La cultura es siempre creación poética y por supuesto construcción política. Seamos también de buena fe en reconocer que el Festival es ese doble aporte a la cultura y amerita un reconocimiento de la nación – aunque esta nación, como es hoy, no nos guste- y que ésta puede ser una forma de consolidar el Festival y los demás procesos surgidos de allí, como el Movimiento de artistas, que es ciertamente una propuesta política.
Lo que no se puede aceptar de las afirmaciones del poeta Juan Manuel, y allí no veo buena fe, es que trate de relacionar este reconocimiento con el gobierno de Uribe, cuando el esfuerzo ha venido del Polo Democrático, entonces habría que echar en el mismo saco al Polo. El dogmatismo consiste precisamente en ver en blanco y negro, es el caso de Uribe y el de algunos escritores de los medios, como Collazos quien a una propuesta de paz del Movimiento de artistas e intelectuales por la paz, respondió con el señalamiento de “aliados de los insurgentes”; ni escudero de Obdulio que fuera. ¿Es el Polo uribista por estar en el Congreso, son los senadores Germán Reyes, Alexander López, Germán Navas, Gloria Inés Ramírez, Gustavo Petro, Jaime Dussán, Jesús Bernal, Jorge Enrique Robledo, Luis Carlos Avellaneda, Orsinia Polanco, Parmenio Cuellar, Venus Albeiro Silva, y Wilson Borja congresistas de Uribe? ¿Es Piedad Córdoba una ficha de los congresistas que están en la guandoca? Afirmaciones como las que hace Juan Manuel Roca, me parece que no están respaldadas por la argumentación crítica, mas bien olfateo mucho de mezquindad y de dificultad para reconocer los méritos ajenos.
Es como decir que el día en que María Mercedes llevó de la mano a Jota Mario y Juan Manuel a una iglesia de Bogotá, a ofrecerse mutuamente perdón como un acto de paz –y ellos la siguieron- ese día Jota Mario y Roca entraron al reino de los confesos; el hecho de haber asistido a una iglesia y recibir “la paz” de la mano del cura no los convierte en poetas secuaces de Monseñor Rubiano o en cómplices del ultra godo Espíritu Santo colombiano. Estas actitudes lindan más con las acrimonias de Arquitrave que con una argumentación inteligente. Lamento profundamente la decadencia de los buenos poetas y la peripatética caída en el odio de un poeta que indudablemente ha hecho aportes a la literatura colombiana. Hay momentos en que la cultura y la vida social necesitan de las posiciones claras de sus mejores hombres, momentos cruciales de la cultura y de los pueblos en que no se pueden permitir las bajezas. Es lamentable ver a quienes hemos tenido por nuestros mayores revolcarse en las miserias de la época.
Ya va siendo hora en que las aguas vuelvan por sus cauces naturales y se reconozcan la inteligencia y la poesía, por el fuego en la frente, como nos lo enseñó Martí, el poeta amoroso de la independencia de Cuba, y no por las bajas ulceraciones. Celebro el reconocimiento que hacen la izquierda y los demócratas en el Congreso al Festival de Poesía de Medellín, su mérito es hoy incuestionable. La preocupación de los Poetas Fernando Rendón y Gabriel Jaime Franco por el crucial momento que vive el país, nos lleva a hacerles además un reconocimiento como intelectuales de la acción, así nuestras convicciones políticas corran por aguas distintas.
Si los poetas de Prometeo van como ignorantes políticos, como garzas voluntariosas, a un espacio que tradicionalmente ha sido el bebedero de las zorras legislativas, la cosa está perdida. Pero tengo la certeza de la formación política de los poetas de Prometeo, y esa es una de las cualidades del Festival: el desdoblamiento de la acción cultural en acción política. Y es más meritorio aún cuando buena parte de la intelectualidad colombiana señala al Festival con el dedo ensangrentado de la deidad vengativa que escoge la próxima víctima para el holocausto. No se han espantado los poetas de Prometeo con los señalamientos, contrariamente han tomado un aliento mayor para decirle al país frontalmente lo que piensan. Allí no hay asomo de miedo; ni el señalamiento, ni el miedo, ni los escritores oficiales callarán la voz crítica de la poesía.
Creer que el Congreso es el presidente, es tanto como pensar que el gobierno es el Estado, y esto ya manifiesta, cuando menos, una falta de información, que es preocupante cuando viene de un intelectual que trata un tema político. En Colombia todo es paradojal, y casi siempre se imponen la cerrazón y la paradoja; los llamados a abrir caminos los cierran, las voces convocantes llaman al odio, la ridiculización y la afrenta, y cuando no, al holocausto. Y esto es así porque se impone la sordidez y la maledicencia sobre esa metáfora necesaria que es la necesidad de crear un país distinto por encima de nuestras diferencias.
No es una responsabilidad menor con el país anteponer los intereses nacionales sobre los intereses individuales, o de las fracciones políticas. Los individuos que disocian y las fracciones que pretenden representar el universo social, no hacen otra cosa que ayudar a hundir al país en la fosa común de la soberbia y el conflicto insoluble, que lindan más con la neurosis que con los problemas de la política. En momentos como el que vivimos es más que ofensivo el dedicarse a enviar correos para señalar a otros. Uno quisiera que los poetas fueran hermanos, pero hay que estar preparados para la alta marea que se nos viene y nos separa, uno quisiera hacer un llamado a la conciliación, pero es el tiempo de las definiciones. Escribo con dolor estas palabras de respuesta que no desearía haber escrito jamás, lo mejor para el hombre, y más para los poetas es siempre la hermandad.
Son los tiempos, los giros de la historia, la agonía de un odio cetrero, la hora de los claudicantes, de los señaladores. Es “el tiempo de los asesinos”, pero también puede ser, precisamente éste, el tiempo de la dignidad.
Sobre el Movimiento de artistas e intelectuales
Con las piedras que nos han arrojado hemos ido construyendo, piedra sobre piedra, una fortaleza. El odio subterráneo lo exhumamos para exponerlo ante todos como afrenta colectiva, y luego lo vamos transformando, con el barro de de la poesía, en fuerza para la creación. Porque vamos hacia la raíz del conflicto colombiano somos señalados de radicales, término que bien nos define, y no el de “tibios” o medianos, y mucho menos el de oscuros. El Movimiento es una fuerza amorosa, no contemplativa ni conciliadora; amorosa en el sentido martiano, es decir, una fuerza de la acción creadora, un espacio abierto para la luz en medio de la oscura manigua de nuestra realidad; no es la contemplación desesperanzada e indolente. No somos el que lanza la ofensa y esconde la boca, sino el Movimiento que expresa sus ideas con claridad y avanza, y vamos hacia la vida, huyendo de una realidad ominosa. Huimos de las fuerzas de la muerte para construir otro país, otra vida. Huimos creando al lado de las fuerzas de la vida. Trabajamos sobre ese vacío que han dejado el odio y la muerte; juntamos nuestras partes resquebrajadas, las recomponemos y volvemos a andar, con todo aquel que quiera trabajar por la paz de Colombia, desde la resignificación misma del término “Paz”, que es acuerdo entre los colombianos, pero también ruptura con las actitudes negativas de la ausencia de diálogo, la desidia, la actitud ladina y la mezquindad, que son las fuerzas culturales que sostienen este engranaje de muerte.
Y Paz también es un país distinto, no el de las madres lactantes de las comunidades ancestrales durmiendo bajo los gélidos puentes urbanos, miradas con desdén por transeúntes tan fríos como las fosas comunes de este gobierno de la muerte. Paz no es el país de los campesinos que piden tierra y son arrojados bajo la tierra que piden. No el país de la mezquindad, nunca el país de los poetas que desconocen la noción de fraternidad. Y sin embargo es mejor la ruptura definitiva que abre las compuertas de una cultura estancada, que el hermanarse en las medianías, o haciendo tabla rasa por lo bajo. Es necesario desgarrar este manto de sombras para que sea posible la luz, todos los días lo aprendemos del sol.
Álvaro Marín
Mensajes recibidos:
<juan_manuelroca@hotmail.com>
paraalvaro marín <alvmarin@gmail.com>
A
Así, querido Gabriel, que leerán poemas en el Congreso y que están pedientes del aval presidencial, de que les firme la importacia del festival un poeta de grades kilates, el doctor Álvaro Uribe Vélez. Qué bien. Les deseo la mejor de las fortunas. Lo único malo es que la lectura en el honorable Congreso tendrá muchas sillas vacías. ¿No piensan en hacer una teleconferencia para el resto de los congresistas del gobierno que están en la guandoca? Échenle cabeza al asunto, camaradas. Juan Manuel Roca
gabrieljaimef@yahoo.es>
paraalvmarin@gmail.com>
--- El lun, 9/6/08, Gabriel Jaime Franco Uribe <gabrieljaimef@yahoo.es> escribió:
Pues sí, querido Juan Manuel. Tu ironía no socava ninguna de mis convicciones. La Ley que declara al Festival como Patrimonio Cultural de la Nación fue una iniciativa de congresistas de la bancada del Polo, no del presidente (que por lo demás probablemente no sancionará la Ley , como ya lo dio a entender el Ministro de Hacienda a Germán Reyes). Para nosotros es importante la Ley porque le brinda un blindaje al Festival (y de paso a algunos de nosotros), y porque no deja los apoyos a merced de la voluntad o de las veleidades de cualquier ministro o presidente de turno: se trata exactamente de un triunfo de la izquierda sobre el ejecutivo, así no te guste. Respecto a la lectura en el Congreso: también fue solicitada por representantes del Polo, y sin duda tendrá muchas sillas vacías, no sólo por la sana ausencia de los congresistas que están en la guandoca, sino porque a muchos otros congresistas la poesía simplemente les interesa un comino. Pero sucede que tendremos transmisión en directo por TV., y ahí nosotros podremos decirle al país lo que pensamos, así eso que pensamos no le guste a ninguno de la derecha y a algunos de la izquierda o que dicen estar en ella. Nosotros por lo menos no nos hacemos los mudos ni hacemos mutis por el foro, ni aceptamos viajes al exterior con dineros de la Cancillería o la Presidencia. Y tu ironía sobre la teleconferencia muestra más resentimiento que argumentos.
Gabriel
Escrito con el Navegador Flock

lunes, 16 de junio de 2008

EL SENDERO ILUMINADO / José Ortega Moreno



1
Somos ríos
nos encontraremos en el mar
allí mismo moriremos

2
Alcanzo la cima de la montaña
Y aun en la cúspide
no termino por conocerme

3

Todas las noches
la luna deja perlas de rocío
sobre los pétalos de las flores

4

Los sauces en grupo
mientras se inclinan sobre el agua
conversan al atardecer

5
Al ascender la montaña
geranios
mi cabeza llena de sueños

6
En perfume transformado
el jazmín ha desaparecido
bajo la luna

7
Toda carta que llega
tiene el suave aleteo
de una paloma en el tejado

8
En el pentagrama de la brisa
los pájaros escriben
la partitura de su canto

9
Recorro el territorio de tu piel
E insomne busco
Donde sembrar mi cuerpo

10
Cuando estoy despierto
mi alma duerme
mas cuando duermo
un ave vuela por el infinito


JOSE ORTEGA MORENO. Poeta y docente santandereano. Su vasta producción incluye el gusto por esta dificil manera de expresar el mundo: el haikú. Se puede afirmar que este poeta es, de alguna manera, uno de los pocos referentes válidos de la poesía que se cultiva y se escribe en Santander (Colombia), referente por cuanto su presencia y su importancia son indiscutibles. De una fina sensibilidad que lo ha llevado a mostrar en la región lo que muchos otros, quizás con más "gloria", no han podido: que la poesía no es un asunto de centros literarios, ni de homenajes a las reinas de belleza o un simple pasatiempo; por el contrario, para José Ortega la poesía es una manera de ser y de habitar este mundo.

domingo, 1 de junio de 2008

ERÓTICAS/De Hernando Guerra




De pájaro azul, 1994
Poema V
Había siete pájaros sobre la noche
luna de canciones olor a piel
música esparcida en el paisaje
San Antonio lugar del encuentro
calles empinadas, patios
carcajadas carcomiendo el silencio
Después tu piel recorrida lentamente
/ a cada célula
cuerpo colmado de gaviotas
el ardor visitando los rincones de la hora
acoplamiento de susurros
Noche de avenida sexta
dispuesta al parpadeo de las tabernas
cacería de pasos y siluetas
Noche de luna prolongada
cuerpo habitado de pájaros
más allá del grito


De la Noche del árbol, 1998
Tu cuerpo
Remanso del viento
puerto de verano
lugar donde mis pájaros
reposan su viaje interminable


Tu cuerpo hoguera
Crece el fuego
se dilata
la luna discurre
por el paisaje amoroso
de la noche
Crepita la llama
Tu cuerpo hoguera
consume
mi penumbra


Acto final
Los deseos exaltados
sobre la noche sola
En la penumbra tu cuerpo desnudo,
cubierto de luz
Entonces penetré el umbral
hasta diluirme


De Ciega luz, 2004
A su lado el tiempo
La vi sobre el caballo
a su lado el cielo, las estrellas
los árboles de prisa
el día cayendo, deshojándose
la distancia
Por senderos del valle entrelazados
en la desnudez que agita la inocencia
descubrimos la fuente
manantial purísimo
donde abreva la sed de nuestros cuerpos
La vi llorar bajo el árbol de la tarde
¿Dónde ahora su olor que me estremece?
Monólogo del sueño
fulgor de la memoria
viento y brisa de infancia frutecida
¿en qué lugar
bajo qué fuego
galopa su silencio?
La vi sobre el caballo
a su lado el viento

domingo, 25 de mayo de 2008

EN EL PAIS DE LAS MARIPOSAS/ Miguel Angel Pérez Ordoñez





Por Miguel Ángel Pérez Ordóñez

El hombre es producto del azar y la necesidad. El azar es biológico, propio de la naturaleza; a su vez, la necesidad, aunque se apoya en el azar, es una fuerza simbólica, de la cual no se puede prescindir.
De esta segunda característica que constituye al hombre, nace el poeta. Porque, quizá, en una noche cósmica, ese hombre de carne y hueso fue avasallado por el misterio insondable del universo y, por eso, sale a la cotidianidad no como todos lo hacen: a desgastar sus vidas tan solo, sino a ver y a contar las cosas como si nadie, antes de él, lo hubiera hecho. 

De ahí que la única voz que escucha es la suya, pues en ella solo están sus deseos, su fe en la belleza que canta, aunque también sus derrotas y tristezas. Nada, entonces, le llega desde fuera a un artista, a un poeta. Todo está en él y en sus espacios, topias particulares donde se refugia para no dejarse contaminar del ruido que producen los demás.

Como escritor de formas literarias, percibo en esta antología (que completa la trilogía iniciada con “Los girasoles de Van Gogh”, 1999 y “Atlántica”, 2004) una voz propia en Acevedo Linares; la misma que se halla permeada por los recuerdos de su infancia, su erótica y la impronta que le han dejado sus lecturas.

Vivencias que van esparciendo su vida y que el poeta plasma con metáforas sencillas en sus jirones de poemas que forman un todo: escritura de un hombre sensible que camina por las calles anegadas por la lluvia o por atardeceres bermellones que hacen propicio el canto de las cigarras y las danzas efímeras de las mariposas.


POETICA

La poesía se escribe
con la propia vida
de quien la sueña
es de quien la trabaja
como la tierra que se siembra
a veces no es de quien la escribe
sino de quien la enamora
la poesía nace desde el fondo
de sí mismo como desde el fondo
de los ojos de una muchacha
no tiene partido pero
a veces se adhiere
a causas perdidas
y se escribe con ternura
como la que tienes
cuando ella te abraza desnuda.

Pero, a su vez, están las noches en donde los habitantes nocturnos de la ciudad beben sus penas de amor y olvidos, venden sus cuerpos y espíritus, y traman sus acuerdos siniestros que vengarán sus sueños de poder hechos pesadillas. Instantáneas que él, igual a un hábil fotógrafo, deja grabadas en sus poemas en la espera que un hermano de sangre, el lector, les de vida al recordarlas también.
Antonio Acevedo Linares, poeta, ha constituido un mundo propio que ha integrado a un país que él ve así y que el lector lo recrea. Considero que esa es la poesía.


Miguel Angel Pérez, médico y escritor santandereano.

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