lunes, 23 de abril de 2007

A Través del espejo / Cuento de Héctor Medina Castañeda



El reflejo del rostro de Bibiana ante el espejo queda encerrado. La huella de los años (tan sólo treinta) ha marcado su frente de arrugas largas y atormentadas. Contempla su nariz, la boca, sus ojos, sus orejas, sus pómulos y sus manos con tal ahínco como si jamás se hubiera visto, extrañada de toda una evolución animal. Se pasa las manos por la cara. La noche la exhorta a dormir, alza sus cobijas, cubriéndola y apagando la luz, y hace que el cuarto expire el aire viciado del día.
La mañana siente un dolor fuerte. Lo primero que hace Bibiana es observar su rostro al espejo, siente que la noche anterior no le ha alcanzado para contemplarse. Su cara se refleja; se pasa las manos por ella pero no la siente, como si hubiera pasado un trozo de metal. Limpia el espejo, se le escucha una súplica a ese universo aparente y vanidoso. En la noche se pasa de nuevo las manos pero tampoco lo siente. Ahora sus manos, insensibles, con las que ha acariciado y sentido la materia, no le responden. La noche la acuesta de nuevo.
La mañana se expresa en todos los idiomas. El espejo observa a Bibiana abrir sus ojos y batir sus manos; no puede bostezar, hablar ni gritar, simplemente su boca, de labios delgados y pequeña ha desaparecido; quizás, ahora está en su mente. Se queda todo el día en la cama, escucha lo que dicen otras personas en la calle, a ver el universo abierto porque el cerrado se lo niega todo (está segura que el espejo la engaña, no puede ser realidad. “Ahí no hay razón, yo no creo en lo metafísico”, piensa). Ya no tiene su boca, la que ha probado los más ricos manjares, la que ha politizado, opinado, besado. Espera que la noche la doblegue, y duerme.
La mañana escucha el inmenso ruido de la tierra. Sus pómulos ahora llegan donde empieza el cabello. Un pájaro se posa en la ventana pero no escucha su canto. Al mirar al espejo sus orejas flácidas se han vuelto polvo; remueve los cajones de la ropa, ¡debajo de los colchones! para ver si allí estaban sus orejas pero no ve nada. El sonido físico se expande por toda la tierra; pero el metafísico se diluye en su cuerpo. Con sus oídos ha gozado de la música. Se mira por última vez al espejo y le parece tener en su cuerpo una caja con ojos y nariz. “Será lo único que me quede”, piensa, al poner su cabeza en la almohada.
La mañana huele la basura putrefacta y los aromas más agradables. Bibiana no respira. Va al espejo y su nariz respingona no está. Se desespera (pero cómo vivía si ya no respiraba, piensa, o, sigue insistiendo, no confía en el espejo. Olisquea la madera, los zapatos, los dulces pero no los captura; de pronto; de pronto su nariz ha quedado en otra parte de su cuerpo. Simplemente ve el mundo cómo se satisface: la gente saborea y huele, siente, besa y ella no cabe allí. Los ojos allí quedan, está segura; la naturaleza no le negaría el sentido más importante. Con la vista podría adquirir conocimiento observando, podría imaginar el olor de lo delicioso, escuchar algo, sentir, hablar, ver e imaginar, sería fácil. Viviría a medias pero feliz; la imaginación sería la otra parte. Duerme al llegar la noche.
La mañana contempla todo el planeta tierra. La brisa trae al cuarto de Bibiana todo el mundo. Al levantarse, se siente dentro de una caja (ahora su rostro era una figura geométrica sin conocer, piensa). Busca en el vacío un objeto con qué romper el espejo. Imagina que ha cogido uno de vidrio y lo ha tirado por simple intuición (¿Lo ha roto?). El vacío empieza a dar vueltas, como si se formara un huracán en el espacio exterior. Ahora desaparece su pensamiento, el vacío se ha quedado en las inmediaciones del antes del Big Bang. Flota y crece su extensión; el mundo se diluye. Definitivamente sube al espacio porque al brillar la luz solar todo su rostro se refleja en él.

miércoles, 18 de abril de 2007

BREVIARIO II de Gabriel Arturo Castro





GESTO LITÚRGICO



El silencio no es la ausencia de palabra sino su presencia de otra manera, recogida tal vez como tensión expectante. Centro primordial, “principio y fin de cada criatura, de todo lo creado, el silencio funda para nosotros lo fundamental de la escritura: el círculo de misterio que envuelve la existencia”. Es cierto, la calidad de toda escritura depende en la medida en que se transmite el misterio, el mito de nuestra vida interior. El silencio se hace pausa, calidez, secreto, habitación, dominio, fortaleza interior, gesto litúrgico. Escribía Saint Exupéry: “Sólo en el silencio la verdad de cada uno se anuda y echa raíces”. El silencio es renuncia, correspondencia, relectura, meditación, vínculo mágico, identidad con el infinito vacío, sensibilidad, reserva, elección, alejamiento del ruido, de lo vociferante, del escándalo de la moda imperante, del grito tosco y dominador de la condición humana, la exhibición, la superficialidad, la diversión, el pasatiempo, la especulación, la evasión, las realidades fragmentadas para siempre, lo efímero, lo inconsistente, lo que podríamos llamar “la gramática de lo inhumano”. Kafka expresó que las sirenas, a diferencia de la mayoría de los hombres, “tienen un arma más terrible aún que el canto y es su silencio”.




LA OBRA
La obra, dentro de su esencia espiritual, considera al hombre como depositario y objetivo final de su cometido, así la creación sea de una naturaleza dinámica e inestable, en perpetuo movimiento. Los alquimistas aseguran que lo único estable es el ser increado. Desde la visión oriental la creación nunca termina, ya que hay momentos de fundación y de destrucción en un tiempo cíclico de quehacer continuo. El arte genera una plenitud de recreaciones que son realidades transformables, las cuales se interpenetran.
Todas las relaciones dentro de la obra son provisionales, nada rígidas ni definitivas. Por lo tanto, no se puede afirmar que alguien “concluyó o acabó una obra”, pues la obra es tan sólo un punto de partida.
Una obra de arte es más que una forma acabada y cerrada en su excelencia de organismo perfectamente ajustado.
Cuando la obra proviene de la creencia intensa del éxtasis, del sueño y la fantasía, es imposible ponerle un punto final. Ello sería interrumpir su proceso de transformación permanente y prolongado. La acción (intención, movimiento, tensión, experiencia, ánimo) de la obra subsistirá a través del tiempo y del espacio, al menos que se le intente domesticar, contener, esclavizar y encerrar dentro de fronteras bien definidas, los odios límites de las celdas y campos de concentración de nuestra época actual.
La esencia de libertad de la verdadera obra puede impedir aquellas restricciones que niegan, obstaculizan o reprimen el arte, su desequilibrio, su energía transformadora, su fuerza de emancipación y trascendencia.




INVENCIÓN Y MÍMESIS

El realismo tiene aún sus adeptos anacrónicos y su lucha contra lo esclerotizado y lo decadente se ha vuelto en su contra. En ese sentido los nostálgicos hablan de un regreso al helenismo, a la mitología clásica, al arte renacentista y decimonónico.
Otros, en su versión local, se alojan dentro de lo pintoresco, el folklorismo, la oralidad, la tradición irremediable y el coloquialismo a usanza. Muchos escritores vuelven a encerrarse dentro de la pequeña aldea donde pregonan su afán de verisimilitud, veracidad y representación. Sobreviven el sentimentalismo romántico, la didáctica moralista y la escenificación cruda de la realidad. Suponen, como lo afirma Pablo Montoya, "que por reflejar la exactitud merecen ser llamados artistas".
Es lo que vas de la lucidez a la marginalidad y de la sobriedad al empobrecimiento estético: imitación de modelos, observación y reproducción. Ignoran que el arte es invención y que transformar un objeto es convertirlo en otro (no es perfeccionarlo, ni pulirlo o intensificarlo, sino convertirlo en una verdad distinta a la entidad que sirvió de partida, sin acatar cualquier presunción de verosimilitud).
Olvidan que el arte es un invento de la imaginación, un mundo posible que escapa a la idea postiza, hábil, fingida e ingeniosa de ensamblaje (adición, sustracción, acoplar a las malas, unir lo que no se puede juntar, enlazar mediante el común artificio), donde todo allí se imita: las ideas, las emociones y las pasiones, como si las huérfanas, solitarias y aisladas emociones "hubieran sido capaces alguna vez de crear algo artístico", según lo expresaba Nietszche.



ARTE VIVO

Existe una tendencia de la literatura que pretende reemplazar la tensión por la erudición, esclavizando de nuevo al arte a las ataduras del intelecto, a la estética tecnicista clásica de origen renacentista, cuya dinámica se encauza a la nostalgia grecorromana, inglesa o italiana, el rechazo de otras expresiones que no sean los clásicos, es decir, lo no amoldado a la simetría, al orden, a la claridad-transparencia intelectual, teorética y especulativa de la representación artística.
Sus forjadores son considerados por la crítica conservadora como grandes estilistas, "de rara y exquisita expresión".
Tal erudición pasa de una cultura vasta y profunda en el campo del humanismo, al culteranismo, expresión de extrema artificiosidad que deja de lado lo sensitivo, la espontaneidad, la sugestión y la ilusión, como elementos generadores del arte vivo.
La erudición malsana –la pedantería de conocimientos inusuales pero superficiales e inútiles, datos inconexos, pura nemotecnia, destreza, ejercicio terminológico, sumatoria estéril de informaciones, en fin, el artificio, el ingenio, lo fingido- tiene como horizonte, según Burke, la perfecta conclusión formal de la obra que caracteriza la "belleza clásica".
Buscan el equilibrio de lo totalmente terminado, sin percatarse que toda obra es abierta, inacabada, incompleta, indeterminada, de imperfecta realización.
En esta línea de "no acabamiento" de la obra, que ha de ser completada y cargada de significado por el lector, la nouvelle critique y Barthes en particular, llegan a postular un ejercicio activo del lector, frente a lo cual el destinatario no es un consumidor pasivo, sino un productor, con permiso para "maltratar el texto, para quitarle la palabra".
Desde este punto de vista la obra ya está abierta desde el origen y no sólo en la evidente variedad de las interpretaciones, porque no se cree que el mensaje esté históricamente establecido y consignado en la escritura del texto.
Obertura y fractura que deja una ausencia, algo por concluir en el acto de la lectura, gracias al vuelo de la imaginación. Ambigüedad, la llama Umberto Eco, una de las características del arte y de las poéticas contemporáneas, "una de las finalidades explícitas de las obras".
La erudición nombra al objeto, el arte vivo lo sugiere. La erudición conceptúa, ordena impecablemente, pretende agotar la riqueza del texto, siempre potencial. El arte vivo, por lo contrario, hace de su constancia el hacer, rehacer y deshacer, sosteniendo una utopía de la obra distinta, creadora y crítica a la vez, una obra sin lugar fijo, sin descanso, siempre en movimiento.

 

EL OTRO TÓTEM

La vuelta al provincianismo por medio de un afecto localista es palpable. Benéfica es su actitud cuando se trata de reafirmar la identidad o advertir afinidades culturales de enorme valía. Nociva al levantar los muros para negar la modernidad y la universalidad, o al llegar a pensar dogmáticamente que los hábitos, experiencias y productos particulares, propios de la provincia, son siempre lo mejor.
¿Regionalismo fanático y excluyente, reflejo erróneo que mezcla intereses políticos y económicos, otra manera del subdesarrollo, sentimiento de inferioridad?
¿Atraso cultural en cuanto a pobreza e insuficiencia del pensamiento y de las obras?
Según las palabras de Michael Ende, provincianismo es un aferrarse miedosamente a convenciones, vacías ya de contenido. Lo cierto es que una de las vías para consolidar lo parroquial es la mitificación de ciertos personajes, quienes valiéndose de su poder intentan legitimar una obra casi mediocre (la política reemplazando al arte).
El crítico Mario Sesti ha llamado Claustrofilia a lo que ocurre exclusivamente en un ámbito doméstico, limitado a las cuatro paredes, donde no es posible comunicar, cultivar la propia individualidad ni desarrollar un drama que vaya del mundo particular al universo de todos.
El tránsito del "refugio de la intimidad" al espacio universal se ve truncado debido al provincianismo.
Se mitifican los pensamientos, las acciones y las creaciones, sin importar su valor. Todo culto a la personalidad involuntariamente mitifica. Implica una curiosa interacción de crear y, a la vez, colmar una brecha. La gente pone aparte al personaje (de reminiscencias feudales o de antiguos cacicazgos), exagerando sus características, tildándolas de extraordinarias.
La existencia de lo aparente extraordinario produce en los seres humanos una profunda intranquilidad. A dicho individuo lo buscan y lo exaltan pero a la vez le temen. Suspiran por una tranquilizadora conexión con él.
Cualquier pintoresca figura, cualquier vida aventurera, cualquier persona que acumule poder o estatus en una aldea o ciudad, lleva consigo el germen del mito.
En aquellos personajes sobreviven unos caracteres típicos o actitudes humanas populares, imágenes irracionales. En tales figuras el pueblo se reconoce, en tanto resumen deseos o ambiciones como el éxito, las influencias, el dinero, el mando, el prestigio bien o mal logrado.
Y ello empeora si la figura se adorna socialmente con alguna expresión del arte, la cual valida a través de la mitificación, creación de una fascinación engañosa y simulada.
La mitificación brota de la inercia humana y del temor al cambio, situaciones propias de las sociedades estancadas en el tiempo. Tal temor los lleva a adoptar ídolos, talismán de su incapacidad, tótem de su voluntaria exclusión.


LA FE DE UNA POÉTICA
Para Kandinsky, “valorar una obra de arte significa decidir si en esa obra se hace presente un mundo, si posee alcance profético”. La obra de arte se concibe así como nueva religiosidad, e incluso como una forma de misticismo, donde el creador es “un hombre en todo semejante a nosotros, pero que lleva dentro una fuerza visionaria y misteriosa”, una especie de “alquimia del verbo” o de “cábala de la forma”.
Todas las poéticas proféticas, desde Baudelaire y Mallarmé, luchan por hacer un proyecto de dicho mundo, místico y originario, denso y enigmático, mítico y mágico, intentando descubrir los caminos ocultos.
Es la fe de una poética, el alcance espiritual de las palabras y de las imágenes, su poder evocador, su virtud encantadora, su atributo de creación. Allí “el artista se convierte en deimurgo y la obra en una cosmogonía”.
De esta palabra parte una resonancia sustancialmente secreta, oculta, unión de intuición y reflexión, que va a culminar en la fundación de otra realidad y no en “trivialidades o en construcciones arbitrarias”, como dice la sentencia de Gianni Vattimo.


jueves, 12 de abril de 2007

BREVIARIO DE GABRIEL ARTURO CASTRO


¿ARTE FINAL?

¿Cuál es el futuro de la imaginación y de la Cultura en los próximos años? La respuesta puede estar situada dentro del reto de pensar en los peligros de la cultura masificada. Noción inquietante. La cultura de masas es una degradación-comercialización de la Cultura, una fuerza alienadora, expresión segregada por los medios de aglomeración y su sistema de valores que someten al individuo a una fuerte y amplia presión de seducciones.
Pero el verdadero arte puede retar la cultura de masas. Si es así, entonces, ¿será capaz de restituir la cohesión, la correspondencia entre las condiciones de existencia del hombre y de la sociedad, con el universo simbólico que los sustituye?
En la medida que el arte se resista a ser sustituido por los fetiches de la sociedad capitalista, la respuesta a la anterior pregunta será positiva y el arte no morirá, ni el lenguaje artístico y sus contornos van a desaparecer hasta límites fantasmales. La sobrevivencia de los cimientos antropológicos y estéticos del arte actual se pondrá por delante de las sensaciones y pronósticos apocalípticos. Como lo escribe Antonio García Berrío: “El arte continuará siendo reconocible como ficción literaria, como exhortación lírica de la imaginación y el sentimiento o como la tecnología narrativa de la memoria”.
Las bases humanas, éticas y estéticas del arte, aunque sean variadas o transfiguradas, resurgirán entre las necesidades del hombre. El arte cambiará sustancialmente si se transforma la medida de la imaginación antropológica sobre las estructuras espacio-temporales de la sensibilidad y la simbolización. Mientras tanto deberá convivir con las presiones de una sociedad que ha separado la tecnología de la humanística, relegándola al puro asunto mecánico, a la exclusiva idea de productividad material, sin reparar en su dimensión social e intelectual.
Claro que la constancia del arte se halla junto a su variación, dinámica y modificación, pero todas sus expresiones seguirán con su influencia y continuarán enunciando, como lo pensó Kant, las intuiciones del individuo mediante formadas inventadas por éste, siendo capaz, una y otra vez, de comunicar, conmover y de dar goce universalmente.
Ese extraño progreso tecnológico que ha hecho infeliz al hombre, no puede asfixiar al arte, pues según Walter Benjamín, la actividad artística es una anticipación utópica. Es más, la utopía coincide con el origen. Este no es un pasado histórico, sino un presente eterno, “un tiempo del ahora”.
Michael Ende nos enseñó que el acto creativo siempre se produce en el instante actual y es, por naturaleza, acausal, libre, indemostrable. Indica el autor alemán que en los diarios de Kafka hay una extraña anotación: “Cristo: el instante”. “Suena como una paradoja, sólo en el aquí y ahora aparece lo no temporal, lo eterno creador, lo único que libera verdaderamente al hombre”.
Ello distingue el “presente”, de la repetición postiza edn la que se halla inmerso el gesto artístico. En la reproducción (llámese inmovilidad, yugo, ceguera, mutilación o cautividad) y reiteración mecánica, el arte pierde su autenticidad.


TRAMPA O JUEGO

Escribir sobre un campo de batalla es introducirse en un sendero de laberintos interiores y exteriores: el impulso, la obsesión, el mito, por un lado, y por el otro, la expoliación, el abandono, el chantaje y el intento de reprimir o juzgar al creador que está alejado de la maraña construida desde el poder.
Trampa o juego, sólo contamos con la memoria y la voz propia para enfrentar los sutiles o agudos rostros de la muerte.

PALABRA
La memoria implica también el regreso a la raíz y al útero, itinerario de la imaginación activa de un creador que recupera su cuerpo en la escritura, su juicio corpóreo al fondo de un nomadismo físico y espiritual. Escribir suple la otra vía, “donde errar es la tarea sin fin”, según Blanchot.
La llegada al domicilio de la palabra instaura la fascinación, el embrujo de su espacio interior, resguardado de los embates del vacío, la desnudez y el vértigo exterior.
Comparaba Paúl Valéry la palabra con aquellos puentes, de tablas frágiles, por los cuales se atraviesa lentamente el espacio y el abismo y que “aguantan el paso y no el estacionamiento”.


LO CATÁRTICO


Existen dos factores fundamentales en el desarrollo del arte desde su teoría y práctica: lo ético y lo estético.
La ética lleva a situar la expresión del hombre en un contexto que corresponda a su humanidad. Toda obra y posición artística dice de la acción moral del creador, de su manera de vivir y de pensar.
De acuerdo con lo anterior y siguiendo las palabras de Johanes Pfeiffer, estamos seguros que es tarea de nuestro tiempo “forjar un pensamiento y una expresión que posean fuerza crítica y sean a la vez accesibles a cuantos tengan dispuesto el ánimo y abierto el corazón”.
Varias maneras del arte escaparían a tal propósito: el arte elitista, propio de una minoría selecta que privilegia el esteticismo y cuyo comportamiento está vinculado a la existencia o exigencia de una consideración social o política, equiparable a su función, lo que tiende a constituirlo como arte cerrado, de difícil acceso, generador de intereses específicos. O el arte panfletario, donde el elemento ideológico impera como un medio de doctrina y de lección.
Preferiríamos mejor aquel arte de intérpretes y creadores que acuñaron metáforas sobre la condición humana. Mencionemos a Charles Dickens, Chaplin o Kafka, visionarios de una realidad desconsolada e inhumana, revelada a través de la imaginación, el humor, la poesía, el sarcasmo y la fantasía.
Igual podríamos hacer referencia a Picasso y su Guernica, el celebrado cuadro de la barbarie y la demencia, una obra que parte de un hecho histórico pero sublimado de la mano de recursos expresivos.
Mediante una conmoción de orden estético realiza un conmoción catártica, recuperando la calidad ética de la obra, surgida ésta en la evocación y pasión de la tragedia.
Compromisos artísticos como los de Maiakowsky, César Vallejo, Bertolt Brecha, Peter Weiss, Augusto Roa Bastos, Drumond de Andrade, Juan Goytisolo, Gunter Grass, Luis Buñuel, Pier Paolo Pasolini, José Saramago o Juan Gelma, así lo atestiguan.
Ya en la famosa obra de Tolstoi, Guerra y Paz, se encuentra el preludio literario a Hiroshima y Nagasaki, el mayor genocidio de la humanidad. Quizás allí también hallemos el lejano augurio de Auschwitz y su posterior réplica injusta en los territorios de Palestina y Oriente medio. Recordemos que los holocaustos aún continúan, altamente tecnificados y racionalizados. Bastaron pocos años para que el fascismo renaciera con sus campos de la muerte.
Ética y estética, fundición que hace del arte una forma de la memoria, de la sensibilidad y del afecto, esencia y contorno en su difícil tarea de manifestar una parte del destino del hombre.

martes, 10 de abril de 2007

ANTONIO ACEVEDO LINARES Y LA EXPERIENCIA DE LA POESÍA


 
Por GUILLERMO REYES JURADO
 
El poeta santandereano Antonio Acevedo Linares nació en El Centro, Barrancabermeja el 28 de julio en 1957. Realizó estudios de Sociología en la Universidad Cooperativa de Colombia y de Especialización en Filosofía Política Contemporánea en el Instituto de Filosofía de la Universidad de Antioquia y Magíster en Filosofía Latinoamericana con Especialización en Educación en Filosofía Colombiana en la Universidad Santo Tomás, seccional Bogotá. Ha sido catedrático universitario en varias universidades de la ciudad, y paralelo a su producción poética ha escrito y publicado artículos y ensayos literarios, históricos y filosóficos, entrevistas con escritores y crítica cultural y política en los periódicos locales y revistas nacionales, actividades que combina con la investigación social, asesorias y proyectos.

En veintiséis años de oficio literario que cumple este año ha escrito once libros de poesía y ha publicado seis Plegables de poesía , Arte Erótica, 1988 y una muestra de poesía de poetas santandereanos, Sociedad de los poetas, 1998, CD, Poesía de viva voz, 2004 y ha reunido en antologías su trilogía poética, Los girasoles de Van Gogh, 1999, Atlántica, 2004 y En el país de las mariposas, este último su próxima publicación, junto con un trabajo de filosofía política titulado Tolerancia, Cultura y Democracia, que se puede consultar en la pagina web, monografias.com con el titulo deLa Tolerancia como presupuesto fundamental para la construcción de una cultura de la democracia en América Latina”. Su poesía figura en selección de poetas a nivel nacional y regional: Concurso Universitario de Poesía, ICFES, Bogotá, 1984. Palabra viva, Ecoe ediciones, Bogotá, 1992. En Voces encontradas, Biblioteca Pública Gabriel Turbay, 1997 y en Sociedad de los poetas, Cuarto de máquinas editores, 1998. Ha grabado su poesía en la Emisora Cultural Luis Carlos Galán, en el Programa Voz Viva y Letras que dirigía Jorge Valderrama Restrepo, en 1.994, 1996, 1997, 1999, 2000, 2001 y 2.002 y en la Emisora U.I.S, Stereo, un especial de poesía erótica, 2001. Ha realizado además lecturas de poesía en bares, cafés, tabernas, museos, universidades y bibliotecas.

Ha obtenido mención honorífica, segundo premio y finalista en concursos nacionales y regionales de poesía. Ha sido seleccionado en la Primera Feria de la Santandereanidad, Programa Crea, Ministerio de Cultura, 1996. Seleccionado en el Encuentro Regional Centro Oriente, Programa Crea, Ministerio de Cultura, 1.998. Seleccionado en el Encuentro Nacional, Programa Crea, Ministerio de Cultura, 1998. Ha participado como ponente en la Octava Feria Internacional del Libro con la ponencia, El amor en la poesía, dentro de la Mesa Redonda, El amor en la Literatura Regional, Bogotá, 1995. En la Casa UNAB, 2002, con la ponencia, La ciudad como imaginación, dentro del tema ciudad y literatura, etc. Ha escrito los libros de poesía: Por esta manera de querernos tanto, 1980-1981, La lluvia sobre el tejado, 1982-1984, Bitácora, 1985-1987, Arthur Rimbaud y otros poemas, 1988-1990, Saudade, 1991-1992. Atlántica, 1992-1993, Los girasoles de Van Gogh, 1993-1994, Poemas de invierno, 1995-1996, Los días de Octubre, 1997-1999.En el país de las mariposas, 2000-2002. Los días que a diario son la muerte, 2003-2005, libros que ha reunido en las antologías ya señaladas.
Bucaramanga es una ciudad en donde abundan pero a la vez escasean los poetas. ¿He dicho un contrasentido, una especie de disparate? No. He proclamado una gran verdad. Lo que realmente quiere decir es que aquí muchas personas escriben versos pero muy pocas de ellas son realmente poetas. Entre escribir versos y ser poeta hay una honda diferencia. La diferencia está en la calidad, la profundidad, el temblor interior, el valor estético. Esto solo lo logran los espíritus superiores, los que verdaderamente son poetas. Es la segunda vez que me invitan o me proponen, que lleve la voz en el lanzamiento de un libro de poemas. La primera vez se trato de los poetas Rafael Ortiz González y Ramiro Lagos y el acto se llevó a cabo en la Academia de Historia de Santander. Era la época del sosiego, de la paz, de la confraternidad. La capital de Santander era un conglomerado de gentes dedicadas a trabajar, a escribir, a leer. Se publicaban libros, se daban recitales, se dictaban conferencias, se llevaban a cabo exposiciones de pintura, se exhibían documentales sobre diversos aspectos de Colombia en los teatros. Bucaramanga era una ciudad culta. No había ningún temor al caminar en sus calles, parques y avenidas, así fuera en los sitios más apartados y en las altas horas de la noche. Nadie aguantaba hambre, nadie le arrebataba los bienes al prójimo, la prostituciòn era bastante escasa.
Hoy el país y la ciudad cambiaron. Colombia se convirtió en un matadero de seres humanos que da escalofrío. Treinta mil personas asesinan todos los años en el territorio nacional. Y si a eso se le agrega el hambre, la corrupción, la prostituciòn y el desplazamiento forzado de miles y miles de compatriotas dentro del territorio nacional, el cuadro es aterrador, de profundo espanto. He traído a colación estos hechos para demostrar cómo el colombiano es actualmente un ser violento, casi irracional. Y para demostrar también como en medio de este furor, de esta demencia colectiva, todavía existen seres pacíficos que como los poetas se dedican a escribir poemas, con una paciencia y dedicación dignas de encomio.
El colombiano no era así, no obstante las guerras civiles que enmarcaron el siglo XIX, y las exacerbaciones políticas que dominaron el siglo XX. En esos dos periodos, grandes masas de la población eran pacificas .Pero a partir del año sesenta del siglo pasado, los colombianos se tornaron violentos, en casi un ochenta por ciento de su población. Qué ocurrió? Por un lado el narcotráfico, por el otro la miseria, un tercer ingrediente, la corrupción, irrumpieron en el país, debilitando los resortes morales de la población. Ese fue el cóctel, la bomba que de pronto hizo explosión y acabo con el civismo, la paz, la convivencia de los colombianos.
Por ahora no más exordios. Entremos ya en el motivo que nos congrega en esta reseña. Se trata de acompañar al poeta Antonio Acevedo Linares en el lanzamiento de una de sus últimas obras titulada Atlántica, editada por ediciones Hojas de Hierba. Antes de referirnos a su contenido, conviene hacer un repaso analítico y desde luego histórico sobre la poesía, una de las expresiones más difíciles y exigentes de la literatura, pues quien se aventure en sus dominios debe poseer una exquisita sensibilidad a la par que una profunda cultura y genio creador. Hoy la poesía no es un acto espontáneo sino deliberado, un proceso de creación consciente en el que la razón prevalece sobre la intuición, la profundidad sobre la forma, el valor conceptual sobre el canon retórico. La época de la poesía rimada, de la consonancia y la asonancia, del endecasílabo y el octosílabo, de toda esa cantidad de gambeteos que hicieron de la poesía un mero juego de palabras, una pirotecnia verbal, una especie de fakirismo estético, esa época pertenece al pasado, está definitivamente cancelada.
No hay en la poesía de Antonio Acevedo Linares rima ni métrica, ni toda esa cantidad de gramaticalismos y formaletas en que fueron tan pródigos los ilustres y amanerados poetas del sonsonete. Ya lo dijo hace casi cuarenta años Jaime Mejia Duque en un famoso y aplaudido ensayo sobre la evolución del lenguaje poético en Colombia, que la poesía no era eterna sino histórica, vale decir, que está sujeta a los cambios y mutaciones de la sociedad. Leamos el poema del Cid, repasemos el cancionero de Baena, volvamos a los románticos, acerquémonos a los parnasianos y a los simbolistas, y, confrontando todo eso con la poesía que se escribe en nuestro tiempo, diferenciaremos incluso en la temática más general (amor, muerte, placer, etc) los cambios de la expresión.
“De una generación a otra se operan cambios de conjunto además de los sobrevenidos, dijèrase que orgánicamente, en los estilos individuales. En la base de tales cambios se propone siempre un problema de concepción del hecho poético, una modalidad nueva al afrontar la experiencia como materia de elaboración literaria, una distinta utilización del lenguaje y de las llamadas significaciones de época para comunicarse. Y más allá del comportamiento individual y generacional de los artistas el análisis tendrá que revelar otras determinaciones más ostensibles: las crisis o los reajustes de la vida nacional e internacional que posibilitaron o decidieron las novedosas maneras de reaccionar ideológica y poéticamente a los temas” (Jaime Mejia Duque)
Los verdaderos poetas colombianos, casi sin excepción alguna, se han rebelado contra los clasicismos, contra las rigìdeces de un poética convencional que carece de temblor y de vida, que todo lo sacrifica a las estructuras formales, a los moldes retóricos. Ya lo dijo Borges, refiriéndose a este tema, que un poema se puede construir mejor con los elementos de la inteligencia, que con los dictados del corazón. Hay que apartarse del manido lenguaje secular, de las llamadas influencias expresivas, empleando mejor la cultura, edificando un particular monumento estético. Hasta la prosa, en los tiempos actuales, tiende a hacerse más razonable y más precisa. Las pomposas frases onduladas y recargadas de adjetivos y gerundios a lo Mendèz y Pelayo, no son de buen recibo hoy en día. Quien las use solo provocará la sonrisa de los lectores. Lo mismo sucede en la oratoria. El orador tiene que ser conciso, directo, pues está empleando un instrumento de comunicación por medio del cual pone en conocimiento de otros sus opiniones y juicios a fin de convencerlos de sus afirmaciones. Leyendo la poesía de Antonio Acevedo Linares descansa el hombre de esta resolana infernal que es Colombia. Es como una lluvia refrescante que aplaca los nervios y sosiega el espíritu. Hemos vuelto a soñar, a sonreír, a amar otra vez la vida.
Tu cuerpo es un país
de hermosos valles
y colinas en donde vivo
a orillas de sus acantilados
un vasto cielo en donde
resplandecen sus horizontes
como un mar en donde sumerjo
mi cuerpo, una calle por donde
caminamos con los mismos pasos
de la mano en una noche
que aluna en sus ojos así
en invierno como en verano
un territorio donde siembro
con la lluvia y recojo los frutos
de la vendimia, un hermoso
país de litorales y arrecifes
en el oleaje y en el viento
de su pelo y su sonrisa.
Poesía pura, de buena calidad, escrita con sentimiento y emoción pero también con talento e inteligencia creadora, poesía de bellas imágenes, de amorosas melodías, de honda y sugestiva entonación, poesía para mostrar y exhibir en cualquier meridiano porque está escrita con los valores de la inteligencia y del espíritu.
Por ANTONIO ACEVEDO LINARES
CARIÁTIDES
Son dos hermosas mujeres
con sus espadas que sirven de columnas
originaria de la antigua región de Carias
que en el frontispicio de este palacio
de pronunciar sentencias y castigar delitos
acaso son símbolo de esa constante
y perpetua voluntad de dar a cada
quien lo que merece, justicia.
Son célebres las cariátides del pórtico
de Erecteión en la antigua Acrópolis de Atenas.
.
POEMA DE LA VIDA
Con el arduo trabajo
del tiempo se deteriora inexorable
es lo mejor que se ha inventado
dijo nuestro insigne maestro de las letras
y sin jactancia puedo decir que es lo mejor
que conozco dijo otro que murió acribillado
y es un soplo dijo ese otro en un tango
que la perdió en un siniestro
los que la suicidan parecen insensatos
así ese dolor de existir pero nadie
dijo que era color de rosa, y es un parto
la vida, como la de todos los seres
y es hermoso vivir aunque tiene su
paradoja, que no sólo hay que vivirla
sino también hay que ganársela
acaso sea superior a cualquier fracaso.
AUSCHWITZ
Los hornos crematorios
en Auschwitz
a todo vapor por sus chimeneas
exhalan un humo negro
mientras en algún lugar
de la tierra alguien escribe
un poema o compone una sinfonía.
Son los años cuarenta en Europa
y las ciudades arden todavía en ruinas
y entretanto un soldado mira
en las trincheras el retrato de una
hermosa mujer que dejo
en su país de las estepas.
La victoria está cerca
y el desembarco a las playas
de Normandia del ejército aliado
será el comienzo del fin de un imperio
que se proclamo a mil años
y los soldados serán recibidos
en las ciudades liberadas
con besos y abrazos y flores
y en Paris ondearan
las banderas del mundo.
Del libro Atlántica, Antología Poética (1980-2004) 2004. Vol 2.

martes, 3 de abril de 2007

LA LECTURA COMO VIVENCIA


Por Gabriel Arturo Castro

Foucault, hablando de Deleuze, sostenía la necesidad de sustituir una lógica “ternaria” (designación, expresión, significación) por otra “cuaternaria” que tenga en cuenta el sentido como acontecimiento de naturaleza metafísica. El verbo, en una proposición, hablaría de ese carácter incorporal y aconceptual de lo que acontece.

En lugar de repetir conceptos uniformes, homogéneos e incólumes, se trata de concebir la diferencia a través de la ruptura y de la disyunción.

La lectura, luego de todo análisis (dominio de la razón lógica, necesario primer escalón en el quehacer del lector), entra a la experiencia de la dislocación y el alejamiento, desunión de realidades que contraponiéndose poseen un nexo común, porque en cada lector hay una lucha, al tiempo que busca un espacio imaginativo, su propio intervalo, explora rupturas y teje continuidades y conexiones.

El profesor Alfonso Cárdenas Páez sustenta que la lectura, “además de su capacidad lógica, también debe entrar a los dominios del afecto y la imaginación, ya que ella interactúa y, en consecuencia manifiesta una visión integral frente al universo que la rodea”.

Leer es interpretar, sostiene el maestro Luis Alfonso Ramírez Peña:


Interpretar no es quedarse solamente con el descubrimiento de los significados o contenidos de lo dicho por el texto como lo recomienda una escuela teórica basada en la “representación conceptual”. Es necesario descubrir intenciones, deseos, ideologías y creencias. Al fin y al cabo los contenidos de los textos, además de ser representaciones del mundo, están enfocados desde una subjetividad de quien los produce y desde una relación establecida con su interlocutor, lo cual muestra su manera de ubicarse en la sociedad.La lectura debe apuntar, por lo tanto, a la formación de todos los sectores críticos, no sólo desde el plano intelectual o de las instancias lógicas.

Ruptura, porque la lectura irrumpe en un espacio de posible error, indeterminación y equívoco, pues según Blanchot, no existe un sentido último, ni verdadero, ya que éste se encuentra desestabilizado.

Al respecto Bergson afirma:


Las palabras no tienen siempre el mismo sentido. Hay que entrar a la tercera dimensión y poner palabras en su contexto y en su atmósfera para aprehender sus sentidos justos, para escuchar sus resonancias sin fin.
O como lo dice José Lorite Mena al hablar del griego Jenófanes:

La palabra circula de un estilo a otro, como si la pretensión de Jenófanes no fuera hablar de las cosas, sino de crear relaciones de los hombres y las cosas en las palabras. La palabra adquiere una inmovilidad incómoda para soportar la paideia que contiene, como si la misma palabra sospechara de su capacidad de paralizar el pensamiento, de envejecer las cosas en los contornos de sus límites.
Fuerte y alta tensión entre movimientos de continuidad y discontinuidad, de reflexión y creación, ejercicio que pasa por comprender-entender y hacer el mundo. Heidegger argumentaba que “el ser y la esencia de las cosas no pueden ser calculados ni derivados de lo existente, deben ser libremente creados, puestos y donados. Esta libre donación es instauración”. La esencia está enmarcada en el esfuerzo convergente y divergente del hacer interior y la voz exterior.

La lectura como diferencia y experiencia distinta e irreductible. La lectura entendida desde la experiencia y no sólo a partir del estudio de un objeto. Incluye la vivencia, los afectos y la memoria, es decir, hace de lo emocional, lo intelectual y lo práctico una totalidad. O lo que es lo mismo: informa, interpreta y siente, porque según Dewey, la experiencia es vitalidad elevada, siendo la emoción el elemento que unifica.

El lector se interna dentro del texto, dialoga en su interior, descubre y aprecia. Se instaura entonces la idea de la lectura como riesgo, incertidumbre y ambigüedad, nociones fundamentales de toda obra. “Con base en una idea de la lectura como recuperación y afirmación de la plena indeterminación, surge un cierto modo de interpretar”, sostiene Blanchot.

El lenguaje interpretativo sólo se puede dar con el contacto profundo con la obra, desde su incursión personal por medio de la pasión de la lectura. Así el lenguaje sería “el más peligroso de los bienes”, en palabras de Holderlin.

De este modo la lectura deja de ser objetiva, porque interviene el deseo y la sugestión, el dominio subjetivizante, la percepción honda del hombre.

El lector realiza el viaje ontológico al fondo del libro, recupera la experiencia original de la escritura y abre una distancia al interior de la obra, la cual se convierte también en un espacio creador de búsqueda, imaginación, valoración de la experiencia propia y ajena. “La lectura auténtica es la que devuelve la obra a esa pasión de lo incierto que es su origen”, de acuerdo con la concepción de Blanchot.

Desde tal perspectiva, la lectura es un desafío a la razón, una resistencia a la verdad absoluta, a las posturas mecánicas y anquilosadas, “a la seca pobreza del entendimiento”.

El lector no repite, inventa, piensa a la medida, porque los problemas, según Bergson, se plantean en función de las cosas. En este estadio no hay fórmulas hechas, ideas aprendidas, o tesis sistemáticas. El esfuerzo del lector es “comprender una parte con el espíritu y adivinar el resto con el corazón”.

Y sólo inventa quien tiene una vida interior profunda.


Tal esfuerzo creador se encuentra al principio de nuestro ser. Por ello el acto de la lectura es un acto de interioridad que se inicia por el principio de simpatía que se advierte tras las palabras el espíritu que las ha engendrado.

Conocer es conocer desde adentro, es asumir la raíz de la interioridad donde se concibe la idea creadora. Tal fuerza fundadora hace surgir un mundo, un lenguaje, que vuelto sobre sí mismo, trata de sobrepasarse a sí mismo.

Leer es, entonces, una voluntad de elección y acuerdo fundamental, no un acto mecánico, intelectualista, egoísta o perezoso, la lectura interesada que ve al texto como materia inerte, pieza de museo o de laboratorio.

Por lo tanto, según Max Scheler, se debe hacia la lectura eliminar la inhibición del espíritu: “Un acto del ímpetu de la totalidad y del núcleo del hombre hacia lo esencial”.


De tal forma leer es participar también de la esencia originaria: conocimiento espontáneo, convivencia, ansia creadora, tránsito de la ciencia a la fe, dominio de la probabilidad, dinámica y elevación del espíritu, un acto metafísico referido al fin último, al fundamento y naturaleza de las cosas, donde comienza a obrar el conocimiento intuitivo dirigido a lo interno, a lo singular, a la intimidad de la conciencia.

Dicho espíritu activo deja un rastro inmóvil, un resto inefable sin expresar y que únicamente la intuición puede captar.

La intuición se traduce en imágenes que sugieren, ya no en conceptos que señalan una sola dirección y no se pueden contradecir.

La lectura pone el instinto en acción, aprehende los objetos en interioridad y los provee de aliento, movimiento vital por intensidad y tensión.

Aquí coinciden por un instante y en un punto, la inteligencia y el instinto a través de una intuición breve y profunda.

Luego de la interiorización sucede la transfiguración de las cosas, de la realidad henchida de espiritualidad. El lector viene a descubrir existencias latentes y revive acontecimientos en su duración real, o sea que la lectura se vuelve un acontecimiento o en palabras de Blanchot: “La lectura hace que la obra se convierta en obra”: esfuerzo, conquista, marcha aventurera, libertad, exigencia, génesis y revelación.

La lectura es también motivo de una vivencia, expresión de de la vida del hombre.




Gabriel Arturo Castro. Poeta y escritor colombiano.

martes, 27 de marzo de 2007

MEMORIAS FESTIVAL NACIONAL DE POESÍA VI,VII,VIII




Desde hace algunos días circula el libro que recoge la participación de poetas nacionales e internacionales en sus últimas versiones. Es una sencilla edición, hecha con gusto y un adecuado sentido del diseño.

Liderado por Fabio Arias y Edgar González, más conocido como “el coche”, el Festival Nacional de Poesía se ha convertido en un evento que se ha ido ganando el reconocimiento no solo de los mismos poetas, sino de la ciudadanía y de los gestores culturales en general.
Al lado de otros eventos culturales como el Festival Internacional de Teatro, el de Piano y el de Jazz, Manizales se convierte así en una ciudad que congrega y atrae no solo turistas, estudiantes y curiosos, sino cultores de la palabra y artesanos de la imagen.
Para pensar y reflexionar, en este sentido, el proyecto de ley que cursa en el Congreso de la República y que busca recortar las transferencias a los entes territoriales. Preocupante porque los sectores que más se verán afectados serán justamente aquellos que tienen que ver con la educación, la salud y el saneamiento básico. Empobrecidos los municipios, eventos como el Festival de Poesía, por solo mencionar uno, deberán estar relegados a la mendicidad ciudadana o simplemente deberán desaparecer por simple inanición.
Mientras tanto, la letal alianza entre políticos (casi todos uribistas ¿será una simple coincidencia?), grupos ilegales de derecha y narcos se reparten el erario público para seguir sosteniendo este gobierno ignominioso.

sábado, 24 de marzo de 2007

POEMAS DE LEÓN DARÍO GIL (CEGIL)




 

AGUA
Generosa y despiadada,
todopoderosa y atroz.
Si no fuera por Dios que la creó, lo sería.
El mundo bien podría ser su capricho.
Forma divina de la forma
Harta; más que, juntas,
la tierra, las piedras y la arena,
lo que crece, se mueve, lo que habla.
Murmura y canta,
aúlla en la tormenta.
Pasajera de la nube, del río, de la ola.
Alma del rocío.
Es el albergue del principio,
El sustantivo primordial de la vida,
el nítido trasfondo de la sed,
el sorbo postrero.









ALGODONES DE AZÚCAR
Es un árbol incendiado y un hombre lo lleva a cuestas. Tupido de enormes flores fucsias o desmedidas frutas de nubes de mentiras.
Son para vender y no son flores ni nubes de mentiras.
En los parques suelen morir devoradas por los niños. Allá ellos, parecen dráculas inocuos empegotados con sangre de hadas.






AÑOS
Ojalá que los años me enseñen a morir
pero sin quitarme que no pueda amarrarme los zapatos,
que no me olviden de subir la cremallera,
que ascender escalas no sea un suplicio,
que no me traben las manos de artritis,
que todavía me acuerden
donde carajos fue que dejé las llaves,
que no me quiten de la memoria
los años que voy cumpliendo,
de siempre llevar mis gafas,
que pueda, solo, subirme a la buseta,
darle a pié la vuelta a la manzana
o por lo menos a la cuadra,
que distinga los billetes,
que me dejen mandar en mis orinadas,
vestirme por mi cuenta
y por mi cuenta comerme mi comida,
que sea capaz de decir de memoria mi número de cédula
y dónde y cuándo fue que nací,
yo afeitarme
yo cortarme los pelitos de la nariz,
entrar al baño sin la ayuda de nadie, yo,
que me cambien la caligrafía
pero que nunca los años me resten la escritura,
que me dejen leer, les ruego, hasta el fin de mis días,
me dejen oír mi nombre cuando lo nombren,
que no me trastoquen los números ni las letras,
que me opaquen pero que nunca me apaguen la voz,
contestar el teléfono y marcarlo,
llegar hasta donde motila el peluquero,
y pagarle con mi propio dinero.
Que de vez en cuando me dejen
pararme en un puente y sentir que de abajo
me llaman las aguas
...que algún día me dejen acatarlas.






CUCARACHAS
Su frenética inquietud,
su esclarecida vocación por la noche,
el modo místico de averiguar el mundo;
de averiguarlo y vivirlo,
como aterradoras maquinitas de cuerda.
Incontable legión de ángeles desahuciados.
Inexorables habitantes de la casa.
Su respeto preclaro por el hombre; le huye,
su indeclinable fe por su misión y su suerte,
su reino innombrable de oquedades y de hendijas.
Dios las hizo para procurarnos la noción de la persistencia.
Jamás ni nunca las cansará la eternidad;
son eternas... aunque mueran aplastadas.





LA PUNTILLA
Vos misma, para corroborar la humildad, encubres tu existencia.
Nadie te enseñó ni nadie, en las cartillas de leer, trazó tu ser ni escribió tu nombre.
No mereciste que una tiza te dibujara en el tablero, y vos lo sostenías.
Advertí, siendo niño, que no era un milagro lo que mantenía en la pared a un mar, un peñasco y un castillo. Vos estabas detrás y yo ignoraba tu nombre.
He visto pender de tu oficio todo el universo, la espiga de un trigal, patrias abatidas, tropas de elefantes, vírgenes y santos de todas las calañas, mis llaves, bolívares descascarados, sin mi mí camisa, una cometa y el cielo, cristos, héroes de verdad o de artificio, pliegos de meses, ríos ilusorios, repisas, puentes como cuchilladas en el horizonte, virgilios aterrados, trapos y volcanes, tigres, camándulas, botellas y mujeres, espejos desmemoriados, catedrales y tugurios, los abuelos, arcos del triunfo o de violines, ballenas, sartenes, monalisas y barcos, una primera comunión desleída, relojes con horas varadas, trastornadas o cuerdas.
Tu invención no fue una casualidad, fue un encargo de Dios.







LA TARDE
Quiero salir a celebrar la tarde,
a gritarle al sol
que no inquiete los colores;
a las montañas que acojan su sino
y no el de vagos horizontes;
al viento
que deje en paz las nubes
que no les cambie su ministerio
de dragones
por el de trenes ilusorios
por el de carcazas de cocodrilos rotos
por el de barcos desgreñados
con alargadas chimeneas
como duendes, ángeles partidos,
leones indescifrables
o caracoles enormes;
que desapacigue los arreboles,
les pacifique su ardor;
al cielo
que si es aguamarina que lo sea
que deje de insinuar,
como un engaño,
los grises, los multitudinarios ocres,
los violetas;
que disuelva el encanto
y deje entrar la noche
con su cochero, la luna,
para que, de una vez,
la alucinación
le ceda el turno a los sueños.


LEÓN DARÍO GIL RAMIREZ
Nací en Caramanta, Antioquia, en 1953. Desde 1962 resido en Manizales donde realicé los estudios de primaria, bachillerato y un año de Derecho en la U. De Caldas. Estudié Sociología en Bogotá en la Universidad Cooperativa Nacional. Investigador Cultural, desde la perspectiva de lo “Popular”. Miembro fundador de la Fundación Pedagógica de Caldas “Fupec” en cuyo territorio desarrollamos la investigación: Primera Expedición Pedagógica de Caldas. Redactor y colaborador de varias publicaciones: Revista Foro, Revista Educación y Cultura, Revista Integración, Revista Palabras, Periódico Textos (Festival Internacional de Teatro de Manizales), Papel Salmón (Dominical del periódico La Patria), Revista Ipsipila de la Universidad de Caldas, Revista Gente de Video, Quehacer Cultural, Revista Juegos Florales. Becario del Ministerio de Cultura (1998). Realizador y asesor de varios videos. Realizador de talleres en gran parte de los municipios de Caldas. Conferencista Facultad de Bellas Artes, Universidad de Caldas, Manizales, 2005. Conferencista Caldas 100 años, “Historias no contadas”, Banco de la República, Manizales. Conferencista “Feria del Libro” 2005. Manizales. Conferencista Biblioteca Pública Municipal (noviembre 2005), Alcaldía Municipal de Manizales. Lectura de poemas: Facultad de Bellas Artes (julio 2006), Biblioteca Pública Municipal de Manizales (septiembre 2006), “Feria del Libro” 2006.

La sociedad narcisista: todos escriben, nadie lee.

  Tomado de Kalewche.com La sociedad narcisista: todos escriben, nadie lee El breve ensayo que compartimos a continuación, y que puede leers...