jueves, 2 de agosto de 2012

LECTURAS URGENTES DE POESÍA/Fundación Fellini


Julio César Correa en la lectura del libro Días Aciagos

El pasado 28 de julio, por iniciativa e invitación del poeta Flobert Zapata, se realizó la segunda lectura de poesía, en la denominada LECTURAS URGENTES DE POESÍA, en la sede de la Fundación Fellini. Bella ocasión para el encuentro y la posibilidad de encontrar un espacio para compartir, leer y departir poesía.

En tiempos de escasez, es necesaria y urgente la poesía. Ya lo dijo Edgar Morin, "En tiempos de hiperprosa es necesaria la hiperpoesía". Creo que son tiempos donde la prosa, y no la prosa literaria, sino la prosa de la violencia, de la estupidez, de los relities, de las penurias y del abandono se toman el mundo y lo convierten en la única forma de la realidad. Por eso son urgentes estas otras formas de la realidad, esas otras lecturas que nos permiten asumir la vida, más allá de la imperiosa inmediatez que nos imponen los noticieros y los telediarios.


domingo, 8 de julio de 2012

Vargascarreño sobre Días Aciagos




Julio César:

He leído esta madrugada de domingo tus Días aciagos, recibido de las manos de tu hermano en mi reciente visita a Bucaramanga. Poética del dolor, del desgarramiento y de la herida que lentamente nos tasajea sin dejarnos morir del todo para que este asunto que llamamos patria nos siga convirtiendo en sus víctimas eternas. A lo largo de sus poemas la temática logra implantarse con belleza ante una realidad del horror, difícil oficio para el poeta que vive, ve y muestra sin ambages el terror de los días aciagos, que son todos los días que nos ha correspondido vivir en estas tierras sin dios. Dolor de hombre, desesperanza, desolación, grito callado ante la impotencia que engañosamente se serena un poco con el peso de las palabras hilvanadas por el poeta para elevar el canto de la elegía en que se han convertido nuestros días. Palabras que erigen sus gritos de sangre, muerte lenta devenida en poesía, así esta poesía nos vulnere tanto como el silencio de los poderosos. Pero para eso está la voz del poeta, bandera transparente erigida a los vientos celebrando el día con la palabra que redime.

Hernán Vargascarreño

domingo, 3 de junio de 2012

Premio de Poesía Café Con-verso Ciudad de Bucaramanga


Los cafés literarios tuvieron su origen en el París del siglo XVII, los que rápidamente se extendieron por las principales ciudades europeas.

En América muchos de los refugiados políticos europeos, ante todo escritores y artistas, tuvieron que ver con la apertura de cafés literarios en grandes ciudades como México, Buenos Aires, Santiago de Chile y Bogotá, y si no tuvieron que ver con su apertura, su presencia en esos espacios fue motivo suficiente para acrecentar la fama de estos cafés, ya que mucha gente quería acercarse y al menos conocer o estrechar la mano del artista de sus preferencias.

Hace tres décadas los tertuliaderos culturales empezaron a desaparecer en Colombia para darle paso a cafeterías totalmente comerciales y romas en las que la palabra ya no era el personaje ni las ideas libertarias podrían alzar allí su vuelo.

En un intento por recuperar esos espacios maravillosos en los que todos caben sin pisotear los ideales de los demás, últimamente han ido apareciendo galerías-café, libro-cafés, cafés-culturales -aunque en realidad son pocos los que se han mantenido- y tras estos cafés siempre hay un artista en potencia o un quijote o un mecenas o un libertario que requiere de su propio espacio para compartirlo con aquellos que tienen tanto para dar como para recibir.

La existencia de cafés-tertulias en una ciudad son sinónimo de apuestas culturales alejadas del asistencialismo gubernamental y garante de ideas renovadoras en torno a la vida artística y al pulso de una comunidad que reta sus propios atrasos en medio de un mundo neoliberal y consumista, y bien valdría la pena desde este concurso proponer un directorio colombiano de cafés-culturales, lo que permitiría incluso un intercambio entre artistas de las regiones que componen nuestro país.

viernes, 1 de junio de 2012

GABRIEL ARTURO CASTRO Y SU CENIZA INCONCLUSA



Por Jaime García Pulido


Hay poetas que son diplomáticos o abogados, empresarios o publicistas, periodistas o vendedores de arte. Hay poetas que no son más que poetas. No les alcanza la vida para más. Viven en tono menor. Tal es el caso de Gabriel Arturo Castro. Nacido en Bogotá en 1962, irrumpió por los lados de la Casa Silva y la Universidad Nacional a fines de los años 80. Luego desapareció para volver a aparecer con su lira intacta en Ibagué, donde hoy reside ganándose la vida como profesor.


Primero nos sorprendió a los lectores con Libro de Alquimia y Soledad (1992). Un texto que es como las entrañas de una manada de unicornios pudriéndose en un aljibe de vino blanco.  Después vinieron Alquimia de La Media Luna (1996)  y Tras Los Versos de Job (2009). En estos últimos viene a confirmar una tesis que al propio Gabriel no le disgusta para nada: es un antropólogo poeta, o quizás un poeta antropólogo. Uno de tres.


Hoy, en plena Feria del Libro de Bogotá, el poeta nos sorprende con Ceniza Inconclusa, editado por la Universidad del Tolima en el 2012. Un mural que en todo caso ya se veía venir. Es una compilación de notas, comentarios, críticas y mil cosas más, arrancadas al vacío de los magazines dominicales, de las revistas literarias y los periódicos clausurados a destiempo. Se trata del mundo propio de un lector exquisito. Aquí abandona con noble gesto la zona de sol, para entrar con su pincel en la de sombra. Casi uno lo puede ver leyendo, anotando, sopesando cada palabra de este impresionante libro, lleno de erudición viva, no de academia o protocolo de medicina legal.


Resulta imposible reseñar un libro así en pocas líneas. Tiene un solo defecto: el reloj de sus páginas supera y arrasa con mucho al reloj interno del lector. Uno termina abrumado, sin aire, con rubor en las mejillas. Uno no sabe si empezar a leer tantos autores o quemar este catecismo pagano de una vez por todas. Y es que son muchos los años de intensas y jugosas lecturas decantadas en unas cuantas páginas. Baste decir lo que ya se dice en los bares y tabernas bogotanas por los lados del barrio La Candelaria: Gabriel Arturo Castro es hoy por hoy el mejor crítico joven de literatura con que cuenta Colombia. ¡Y ya pisa los cincuenta! ¡Y bien podría llegar a los cien años, rodando sobre sus eternas botas universitarias de suela de goma!


Pero él sigue siendo ese gran poeta menor, sin mucha repercusión, ni mayor visibilidad. Y con esa proverbial mirada de fraile fugado de un cuadro de Zurbarán, con esos pasos de gnomo extraviado en este tiempo. A nadie podrá engañar. Ni aquí ni allá se puede quitar el tricornio de poeta. Muy a pesar de sus anuladores o detractores, este profesor sigue siendo el poeta in vitro de siempre: habita ese lugar entre la página en blanco y el café del desayuno de mañana.  Está hecho por dentro y por fuera de ceniza, para bien o para mal, inconclusa. Pero también enamorada del legado de Quevedo. Sólo le resta el favor de los muchos lectores que acaso lleva dentro y lo persiguen, y aún no lo encuentran por los caminos... 

Y también de eso se trata, en su fatum, desde sus propias palabras:


El perseguidor de la montaña no necesita de lazo,
 ni la trampa, ni el dulce metal fundido de una
 ballesta. No. Sólo le basta lanzar las astillas de la
 palma para cazar los pájaros nocturnos.

sábado, 26 de mayo de 2012

MILAGROS DEL HUMOR/ Víctor López Rache


Por VICTOR LOPEZ RACHE
La poesía de Omar Ortiz ayuda a preservar el milagro. El milagro de la palabra como la usa el ser natural. Es imposible encontrar un verso con pretensiones poéticas, sin embargo, podemos decir que los 30 textos de este libro son poesía; inquietante poesía. Página tras página vamos descubriendo sorpresas conforme suceden los azares de la vida. Pues  cuando Omar Ortiz habla de vida, la asume como algo parecido a una máxima cargada de humor, especialmente en aquellos poemas que evocan las aventuras de los personajes ajenos a las tragedias de la época. 
Entre líneas el poeta nos dice, que quienes han elegido la seriedad como destino, la vida se les ríe y han terminado en malas relaciones con ella. Lo pueden confirmar los poemas de Las muchachas del circo, en cuyas apariciones el enano no es la viñeta de un adulto, ni una caricatura infantil; más bien, es el maestro de la ironía, o un dios perverso.
El poeta también nos recuerda que escribir poesía no implica divorciarse de la realidad y de los placeres y desencantos del trascurrir, la poesía no esquiva ninguna etapa de la edad. De manera sutil nos dice lo que siempre ha hecho el hombre, pero al contrario. El ser tradicional celebra el nacer y llora el morir, mas en el mundo de Omar, la palabra abre un nuevo camino y, para recorrerlo, es necesario desatenderse del nacimiento para poder establecer “las minucias de la muerte”.
En dicho trasegar un hombre puede someterse a la costumbre irresponsablemente. Sin embargo,  como es sensato,  ya sin enojos, debe entender el silencio de los vecinos; otros,  menos tímidos se casan para poder seguir siendo fieles a las delicias de los bajos fondos. 
La poesía de Ortiz eleva el amor proscrito a un nivel en que, un experto en bares, lo podría describir con una pluma de ángel. Es tal el manejo de sus situaciones y personajes (no pocos poemas son titulados con nombres propios) que, en sus páginas, no es raro encontrar circo, alambique, matrona, alcantarilla; palabras que en un poeta distinto simplemente causarían escozor. También es capaz de hazañas que ni siquiera ocurrieron en las épocas que soportaban los héroes: atravesar montañas y valles por un puñado de sal.
 Esto no significa que Ortiz sea un poeta de misterios invisibles. Nuestro tiempo es nuestro principal bien, y lo único a salvo de embargos. Es un tiempo intransferible al ritmo de nuestros contemporáneos. No es el tiempo de los inmortales y menos de lo inaprensible, de lo metafísico. De tamaña trascendencia nos podría dar un testimonio menos etéreo “el gato que sabe de memoria la huella de sus dedos”.
Los poemas de Omar Ortiz no ignoran aquella premisa que dice que el poeta verdadero poetiza las experiencias de su tierra: “Ahora soy una desteñida foto que mi madre lleva a cuestas en plazas y desfiles”. Es innecesario saber la historia para observar que su trabajo se adentra en la memoria de los desaparecidos. Entre bromas y furias, Omar es un poeta con poemas afortunados acerca de la violencia. A través de su poesía conocemos una época de hechos perversos: temeroso de lo que ven sus ojos hasta los cuervos huyen. Bajo esos mismos cielos, eliminan a un hombre cuando querían asesinar a la mujer que encarna la palabra de un pueblo. La sobreviviente es Aída Quilcué y, refiriéndose al presidente encubridor, ella dice:
“Mentiroso, mentiroso, mentiroso”.
Difícilmente la palabra mentiroso podrá oírse tan estremecedora en un poema distinto al de Omar Ortiz. Su grito es el susurro de una indígena, herida, huérfana y viuda. Evoca distintos gritos de desespero e indignación. Leyendo el poema, incluso, podemos oír el eco del gallo que cantó tres veces para cumplir la sentencia capciosa de Dios. Nada de alma en tiempos de despiadados en que las religiones son más avaras que los banqueros. El espejo es incapaz de dejar ciego al asesino cuando se peina. El alma sería, apenas, uno de los licores de la lengua insaciable de Dios. 
Dentro de estas mismas fronteras hay quienes ensayan el suicidio por diversión. No para asustar a deudos ni para burlar las cartillas de los especialistas en la mente humana. No. El suicida de este libro le “gusta observar el rostro culposo de Dios”. Poética manera de ponerle a Dios defectos y responsabilidades del hombre.
La poesía de Omar Ortiz oscila entre la broma y el milagro.

lunes, 7 de mayo de 2012

Una mirada al siglo XX, según Roca./ Víctor López R.


"Y ojalá así sea, porque los colombianos no tenemos, todavía, un Rubén Darío, un Vallejo. Apenas tenemos grandes poemas y, sobre todo, ver­sos".

Una mirada al siglo XX, según Roca*

VICTOR LOPEZ RACHE

Solo quien conoce a fondo el oficio, puede convertir lo raro en tema de interés general. Y en un país de poetas, la poesía es rara en extremo. Por ello se nece­sita una luz que no se pierda en los intere­ses de los fabricantes de espejismos. Galería de Espejos (una mirada a la poesía del siglo XX) será, por este motivo, un libro de importancia para la formación poé­tica colombiana. Además abrirá el debate sobre la historia nacional vista desde la perspectiva de sus poetas. Basta abrirlo para que la primera página le tienda al lec­tor un hijo que lo llevará hasta la última línea sin pausas ni saltos de capítulos y de autores. No es el trabajo riguroso de un juez; es el de un lector y cultivador de la palabra en sus distintas manifestaciones. 
En relación con la herencia literaria del mundo, la nuestra apenas llega a la infan­cia. Pero para no dejarnos sin un punto de apoyo, Roca menciona las voces que inauguraron nuestra sensibilidad e imagi­nación: parte de las indígenas (un ejem­plar y bello canto de solidaridad), pasa por Sor Josefa del Castillo, y llega a 1896, año en que muere Silva, de quien el establecimiento cultural del momento escribi­ría, "dicen que hacía Versos".
Con estos antecedentes se ocupa de la galería de poetas del siglo XX. De ellos hay análisis, poemas, anécdotas y una definición personal según palabras del propio poeta. Pombo diría, "no sirvo para nada sino para hacer versos". Vidales, "la poesía nueva no entra en cerebros viejos". Luis Aguilera, "eludir el convencionalis­mo del espejismo poético".
Las voces sobresalientes no se ocultan en penthouses inalcanzables ni se alimentan de ideas ajenas a nuestro tiempo. Ellas viven su propia paradoja; quien se autode­nomina monarquista puede poseer un espí­ritu anarquista; y un anarquista puede tener un cerebro oficialista. No puede ser de otra manera. Son seres humanos que sufren presidentes, dictadores, periodos de vio­lencia, miseria y riquezas, y tienen sus pro­pios intereses. Y cómo ignorarlo, un país donde la burocracia ha dado más versistas que el talento poetas, resulta imposible liberarse de la sociedad y sus matices.
Según este libro, ¿qué nos dejo el siglo XX? Se creería que escuelas, movimien­tos, grupos, obvio, muy importantes para la historia de la poesía. Pero a través de la lectura se van imponiendo las voces suge­rentes, reveladoras, con sello propio, como ha sido y será. El lector, ahora, podrá identificarse con las voces de las almas solitarias: Arturo, Charry, Oscar Hernández. Rojas Herazo. De los olvida­dos tenemos el grandioso ejemplo de Carlos Obregón. Son poetas que, de cual­quier manera, se han sobrepuesto a la dia­ria nube de espejismos y, acudiendo ape­nas a su vocación, han dejado la marca del espíritu de una colectividad. Hay melan­cólicos, soñadores, silenciosos e irónicos. Tampoco ignora a los poetas que están revelando su oficio. Podremos encontrar un bello poema de William Ospina; uno doloroso de Mery Yolanda Sánchez; uno esperanzador de Orietta Lozano; uno inquietante de Fernando Afanador. En fin, cierra el ciclo con los poetas nacidos en 1959. La obra de ellos todavía de no ha entrado a la balanza ajena de la vida, la única imparcial.
Leyendo con atención, podemos compro­bar que la poesía es un asunto del cuerpo y del espíritu. Y quienes llegan a ella traicionando otra vocación, deberían recor­dar la sentencia de la sobrina de Don Quijote, "la poesía es enfermedad incura­ble y pegadiza". En nuestro caso, lo con­firmaría Raúl Henao. Él dejó la pintura y tuvo que tratar, seguramente de por vida, con la “canalla literaria".
En diálogo constante con sus fantasmas, Juan Manuel Roca ha escrito un libro que nos enseñará lo mejor de cada poeta. Estimulará a los lectores desprevenidos a adentrarse en la retadora pasión de la poesía, ¡en la auténtica poesía! para liberarmos del estigma de país de poetas. Y ojalá así sea, porque los colombianos no tenemos, todavía, un Rubén Darío, un Vallejo. Apenas tenemos grandes poemas y, sobre todo, ver­sos. José Umaña Bernal nos heredó uno mejor que los de Borges: "El tigre lleva en la piel los barrotes de su jaula". Estamos en la infancia de nuestra tradi­ción literaria, es verdad; pero como la poesía es asunto de perpetua niñez, es hora que aparezca un poeta con una obra. Ojalá lo propicie Galería de espe­jos (una mirada de poesía del siglo XX). Pues es un libro para quienes se inician; mas no para ingenuos.
*Reseña publicada en el suplemento Generación, de El Colombiano, domingo 29 de abril de 2012.

miércoles, 25 de abril de 2012

En el marco del Día del Idioma, en la Universidad Católica de Manizales, 
estaré presentando el libro DÍAS ACIAGOS. 
Auditorio Marie Poussepin
4: p.m.

             






















 PIEDAD
 

 De sonidos de campana
está hecho el día
de labios que susurran
de rodillas que se hincan
de mujeres que claman
por el paisaje
y sus orillas
por este silencio que cae
como una lluvia dulce
sobre los cuerpos
que ahora yacen
tendidos
sosteniendo apenas
con la mirada
el cielo extenso
             el mar de la eternidad



PLEGARIA

Sembrado de piedras
y de sauces
el sendero
aguarda en silencio
este día que canta

las voces crecen
con la fruta
y el tiempo
        en las hojas verdes

una lluvia tierna
cubre el campo
y refresca la tierra
pero las flores
y las voces
reclaman luz
sobre los cuerpos




LA NOCHE CIERTA
Entre estacas
y piedras
alguien ha dejado
expuesto
el cuerpo
los ojos abiertos
los brazos extendidos
mientras el sol
           deja 
caer sus buitres
          puñales
sobre la carne
          y las heridas
entre la sal
hasta que la memoria
abra zanjas
y crezca el árbol
y la fruta
en tiempos secos
        áridos
sin más verdad
que las piedras
y la noche cierta




ELEGÍAS

Van llegando
en camiones
y se arremolinan en el parque
bajo los árboles
y aguardan
la noche con sus toldos
beben el café negro bajo el humo
de sus cigarros
mientras escuchan el gallo que canta
el día que despunta
a la hora
en que las mujeres
abren sus fogones
entre rezos
y elegías




OTROS PAISAJES

Con golpes de obsidiana
se descuajan los árboles
se lanzan a los ríos
y su agua bendice los cuerpos
habitados ahora por los peces
en las riberas
junto a las aves
que recelan otros cuerpos
otros paisajes


sábado, 25 de febrero de 2012

SIETE CONVERSACIONES Y UN LIBRO




(A propósito de la antología “Sombra en  los Aljibes”)


Por: Jairo Hernán Uribe Márquez


Llega un libro a nuestras manos y es como si apareciera un desconocido a proponernos una conversación secreta. Sabemos, como lectores y conversadores enviciados, que es un interlocutor inevitable.No obstante la mutua voracidad que suponen estas citas, regateamos arduamente.

Por fin se produce el encuentro, nunca exento de complacencias y contrariedades. El desafío de fondo –cualquiera que sea- se resuelve también secretamente, sin testigos.

A veces los extraños se desextrañan y cambian de sitio, alterando las cómodas convenciones de escritor y lector. Éste es el caso. Leído el libro “Sombra en los Aljibes”  de José Luis Garcés González, le devuelvo mis lecturas como una excusa para iniciar y extender nuevas charlas.



PRIMERA: PANÓPTICO



Título: Sombra en los Aljibes. Género: Poesía. Autor: José Luis Garcés González. Monteriano. Ediciones El túnel 2008. 117 páginas. 21 cm x 14 cm. Carátula con solapas, en propalcote. Contenido: siete partes, ciento once poemas. Ilustraciones del pintor Moisés Paternina.

Título sonoro que evoca oscuridades. Sombra, aljibe. Aljibe es árabe: algúbb. Invita, como en las pesadillas, a lanzarse, a bucear profundamente, pero no en el agua sino al interior de la tierra. La carátula es extraña: el fondo general es terroso (ocre, marrón o zanahoria claro), pero la casa solariega y el árbol están en blanco y negro.

La contracarátula es rotunda, pues tiene árbol y poema. Ahí mismo un verso inquietante:



Un ojo roto flota en el agua del fondo”.



SEGUNDA: POÉTICAS



Con aire cabalístico, José Luis acomoda sus poemas en siete partes (jornadas, capítulos o libros), a las que presiden siete epígrafes provenientes de siete diversas tradiciones poéticas.

De esta forma: Drummond de Andrade es un tótem que señala los caminos de la creación; la cultura Zen rige proverbios y máximas vitales; Pacheco nos empuja a las memorias cotidianas y  personales del autor; Eliot extiende su brazo y nos muestra los itinerarios del legendario Río Sinú; Cardoza y Aragón convoca y permite los retratos cotidianos del autor; Sabines contempla horrorizado las estancias de barbarie y muerte que no reconocemos como país; y, finalmente, Rojas Herazo es el sacerdote que justifica los poemas entrabados en las mil formas maravillosas del deseo, las mujeres y el amor.

Uno diría que, además de influencias, esas voces sagradas son los ‘animales bravíos’ que gobiernan los motivos del poeta. Éste responderá, irónica y brevemente:



Con qué rapidez devoramos

lo que otro ha construido

con la tristeza de su corazón”.



TERCERA: AJUSTE DE CUENTAS

No sólo a lo largo y ancho del libro, también a lo hondo, JLGG hace prontuario de sus instantes esenciales y arregla cuentas con vivos y muertos por igual.

Con los muertos es implacable. Habiendo advertido que “cada uno es dueño de su propio naufragio”, se atreve a cuestionar la finalidad de esa sucesión interminable de seres y cuerpos. Con notable tono existencial alude a las ‘generaciones’ como un ciclo de ‘repeticiones’:

“Es la misma monotonía,

el mismo cansancio

de la carne que se pudre”.



Y entonces, consciente de que los antepasados viven en él como una forzosa e impagable cadena hereditaria, se rebela y proclama:



“He decidido

que conmigo finalicen

los eslabones de esa deuda”.



Se me ocurre pensar que, tal vez, esa deuda no finaliza en la materia (que no se extingue) y que la muerte no es el único y definitivo final. Como si leyera mis pensamientos, el poeta replica: “tienes que morir para continuar. No hay otra forma de proseguir el camino”.

La idea de pudrición, de disolución, resuena no solamente en los poemas sino, además, en los ‘itinerarios’ de los amigos muertos. Pero, ni siquiera en esos gestos  hay consolación. En el borde desolado de sus metafísicas, el poeta sólo puede admitir que todos somos “esa materia que se prende y que se apaga en los rieles de la vida”.





CUARTA: VIAJEROS DE RÍO



El ancestral Río Sinú –sus aguas, sus canoas, sus iguanas, sus barrancas y sus gentes- es universo de otras memorias.

Sabemos –a través de Jorge Luis- que el río  “se estira y bosteza como si regresara de una vieja borrachera”. Y también que el río  “por la noche duerme” y al hacerlo “cierra las pestañas de los peces”.

Lo que ignorábamos, hasta hace poco, es que los viajeros del actual río son “cadáveres amargos” que no sólo “van inflados de tiempo / arrugados de frío”, sino que son los mensajeros de una patria infame, “sin fragua en la conciencia”, un “país de muertos”, donde la muerte es “macabra flor de locos pétalos”.



Sólo cuando hicimos el viaje completo en la piragua mortuoria del poeta, comprendimos que en las riberas del majestuoso río se recibe  a los difuntos o a sus restos:



Con un cirio encendido

en una mortaja de amor”.



QUINTA: MUERTE PLURAL



La Patria, la guerra, la muerte, el dolor. En esta tetralogía sempiterna parece resumirse toda nuestra historia como  pueblo y como país.

Vientos amargos, nacidos en aquellas cuatro maldiciones, se empozan en los textos de JLGG: una lastimosa patria que es “un dolor en el costado y una cuchillada de lágrimas”; la guerra que hacen ‘otros’, en el país de ‘ellos’, mientras “la gente sigue llorando y callando”; la muerte, ostentosa y brutal (un gigantesco pie “sobre el pescuezo” de los inocentes), estacionada en los barrancos del río “a la espera de una lástima”; y el dolor  que da vivir en este “país de muertos”, la rabia que da insistir en esta “tierra de escombros” y la vergüenza de saber que no hay esperanzas sino solamente “sombra sobre sombra”…



Muy poco queda por agregar. “En este país la muerte es plural” se queja el poeta.



SEXTA: ROSTROS DE MUJER



Ante los saldos oscuros y siniestros que deja la muerte, el poeta se resiste. La sombra inveterada de su paso cede ante la contemplación de ciertos ojos y bocas y labios: “ciertos rostros de mujer”. El mirar –como el deseo- se desliza y arrastra entre las muchachas que dejan “sospechar sus cuerpos”.



Y entonces hay varios placeres, una declaración y dos elogios enardecidos.



Los placeres pueden ser: un balcón florido “para ver tus piernas”, una mujer que “es toda invierno” y viene a “ofrecerme su brebaje”; alguna belleza escondida que sólo puede  ser un “pequeño mar con sed” y el follaje femenino que “no se nombra y se aprieta en la profundidad de tu entrepierna”.



La declaración se hace para una entrega definitiva:



“Pero, también, yo soy tú.

Y si no estás tú, yo no soy yo,

pues eres tú todo mi yo,

el puño cerrado de mi corazón”.

Y,  como coronación de estas epifanías sensuales,  asistimos a tres elogios: Al día domingo, porque permite “que las muchachas muestren los muslos y sus oscuridades apretadas”. A las mujeres gordas, tiernas y frescas, que “huelen a limón azucarado”. Y un último y delicioso ELOGIO A WHITNEY (presagio que en estos días se transformó en Oración):



Labios de Whitney, agua o fruto

para esta vieja sed que nunca duerme”.





SÉPTIMA: SEÑALES BENIGNAS



Luego de múltiples escarceos con el libro (en buses, filas, cafeterías y ‘donde me cogía’ el deseo, como aconsejara el de ‘otraparte’) lo dejo en paz. Observo que está más ajado y un poco revuelto quizá.  Y por primera vez, se me antoja rara flor, llena de pliegues y dobleces que el mismo autor –acertadamente- conjura como “señales benignas”, ajenas a toda ignominia. “Flor de permanencia” –confirma José Luis- que incita al regreso y, claro, a la relectura.

Con esa admonición bienhechora elijo, para el repaso personal: LAS PALABRAS, REFLEXIÓN, SEÑALES BENIGNAS, CUMPLEAÑOS, EL MAR, METAMORFOSIS, ELOGIO DEL DOMINGO, NOSTALGIA DE LA BUENA, ELOGIO DE WHITNEY, LA NOCHE, DOS VECES, SOMBRA EN LOS ALJIBES, ALBORADA EN EL FESTIVAL DEL PORRO, LA NOCHE DEL RÍO, VIAJEROS DE RÍO, SER LO QUE NO SE ES,  ITINERARIO, FIDELIDAD, EL TIEMPO DE LA MUERTE, DE DÓNDE VENGO, ELOGIO DE LAS MUJERES GORDAS, CUERPO EN SILENCIO, DEL MIRAR Y SUS AFANES, ROSTROS DE MUJER.



El libro de poesía está conversado y maduro. Es un viejo conocido ahora, fiel a la noche, la memoria y la nostalgia.



En el abismo del aljibe, en vez del “ojo roto”, descubro –o quiero creer que descubro- una posible redención, acaso innecesaria:



la decisión de no decirle a nadie

que hemos hallado tierna luz

en nuestra zona de sombras”.



Nota: El texto completo del Libro “Sombra en los aljibes” de José Luis Garcés G., se puede descargar en la siguiente dirección electrónica:




Manizales, Febrero 24 de 2012.


lunes, 19 de diciembre de 2011

PEQUEÑO BESTIARIO de Horacio Benavides



TAUROMAQUIA

El toro
construye al torero

despojándole
en cada pase
de sus adherencias

lamiéndole
en toda la extensión
de su piel

comprimiéndole
a golpe de nervios

Hasta dejarlo solo
lavado
brillando
en el aire transparente
de la plaza


EL CABALLO

De la tormenta de tu galope
desciendes
a la caricia áspera del belfo
al más leve soplo de terciopelo

Salido de la leyenda
llegas en la noche
a tocar en nuestra puerta

Y en la ciudad
perdido
acompañas con tu cuerda tensa
una música cruel


EL CERDO

El cerdo entra en el poema
como una ofensa
pero nadie sabe
que el cerdo también reza

Al final del verano
cuando las golondrinas
arrastran el paracaídas
de la lluvia
el cerdo se sale de sí:

da vueltas salta grita
aplaude al universo


EL GATO

El gato duerme
     es otro gato
porque a las once
    es sólo sombra
El que a las tres
   de la mañana cae
como sombrero lento
es porque ya no ondula
           en el agua
           en el desierto
El que a las seis
          busca la leche
es porque guardó
         su oscuro sobretodo



LA RANA

Cuando Nadie
llama a la puerta
es Ulises el que llega

Muchacha
entre las ranas de la charca
una canta para tí
Es tu principe



PEQUEÑO SAURIO

Este pequeño saurio
pintado con los colores
del amor
zapote y negro
fósforo
en la oscuridad del diablo
mínima sombra
de un paraíso subterráneo
anda entre los ladrillos de mi casa
Como si tener cien millones de años
fuera poco
como si ser un inmenso lagarto enano
fuera nada


TORCAZA

Minuciosa recoge
la poca abundancia
granos de maíz
de millo
huellas de otro pájaro

Y en la alta cofa de la mañana
con el vacío
entre pecho y espalda
como una capa
mínima quilla sobre el mar
tilde la más pura
en esta telegrafía



MARIPOSA NOCTURNA

Fuera de tí
errando
entre tanta noche dispersa
caes de pronto
en la órbita
de la lámpara

Como en el amor
su luz es tu ceguera

El fuego te consume



LA CHICHARRA

Tensa al mediodía
su arco de dicha

estalla de música

se ofrece al verano


GRILLO

Como un zapatero remendón
en cualquier rincón de la noche
instalas tu mínimo taller

Y con qué desvelado ardor
afilas tu lúcido metal
tu tensa cuerda disparada

Cruel muchacho
al oído de tu madre rayas
el negro pizarrón de tu tarea



EL PEZ

Hondo
vive el pez
en el olvido

Pez y agua
en uno
confundidos

espejo
en el espejo
siempre ciegos

Y cuando
el dorado anzuelo
de la muerte llama

nace el pez
para la muerte

primer dolor
última pena



EL LEÓN


En un lejano país
en tiempos en que bastaba
desear algo
para que el deseo se cumpliera
existió un rey


.......................................

Horacio Benavides nació en Bolívar, Cauca, Colombia, en 1949. Cursó estudios de pintura en el Instituto Departamental de Bellas Artes en Cali. Ha sido profesor y coordinador de talleres de literatura. Dirigió el Taller de Literatura con niños Viento Sur; coeditó la revista de Poesía Deriva y coordinó la Ruta de la Literatura, un proyecto de talleres de Literatura de la Gerencia Cultural y la Secretaría de Educación del Valle.
.
Ha publicado, entre otros, los libros de poemas: Orígenes, 1979; Las cosas perdidas, 1986; Agua de la Orilla, 1989; Sombra de Agua (1994); La aldea desvelada (1998);Sin razón florecer (2002), Premio Nacional de Poesía Instituto Distrital de Cultura de Bogotá (2001); Todo lugar para el desencuentro (2006), Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus 2005; "De una a otra montaña" (2008), en la colección de poesía "Obra reunida" de la Universidad Nacional de Colombia, el cual fue presentado en la reciente 21 Fería Interancional del libro de Bogotá, Abril-Mayo 2008.
Ha publicado también: un "Agua pasó por aquí", adivinazas, y "En la carpa de un circo", cuentos para niños.
.
Sus poemas han sido incluidos, entre otras, en las siguientes antologías: Tambor en la sombra, Poesía colombiana del siglo XX, México, Editorial Verdehalago; Para conocernos mejor, Poetas colombianos y brasileros, Editorial Universidad de Antioquia y Universidad Estadual de Sao Paulo; Antología de la Poesía Colombiana. Colcultura y Ancora Editores. Hace parte del libro de cuentos "EL QUINTETO DE VERSALLES" . http://ntc-eventos.blogspot.com/2008/05/el-quinteto-de-versalles.html (2003) ( Ver además: "El quinteto de Versalles" ) ..
Actualmente realiza en Cali talleres de poesía con niños y jovénes y dirige la colección de poesía Escala de Jacob de la Universidad del Valle.
Fuentes: http://www.festivaldepoesiademedellin.org/pub.php/es/Revista/ultimas_ediciones/68_69/benavides.html , solapa del libro "De una montaña a otra" ,2008, y archivos de NTC … . )

viernes, 18 de noviembre de 2011

DANIEL PADILLA, PREMIO NAL. DE POESÍA "UNIVERSIDAD EXTERNADO DE COLOMBIA"



Daniel Padilla Serrato. Sicólogo y escritor.

0.

En las aguas de la noche nos dijeron los mendigos que veríamos
la cara de la soledad más ciega y definitiva.

Apareció como una sirena que soñaba.
Aseguró morir de sed y yacía desnuda
sobre el cielo congelado.

Desde entonces su piel se refleja en el fondo de nuestras escudillas.
No hemos podido apartar la vista de su vértigo.

En los plenilunios
esta pálida cazadora se baña
con agua de nieve.

Temblamos bajo sus cabellos cristalinos. 
Por espejos de niebla cambia nuestros huesos.



I.

En el comienzo era un cráter:

Su vacío recorría el espejo
y nada se interponía entre la superficie y el fondo
salvo una música
poblada de agujeros luminosos.

Acostumbrado a mirarse con cautela
y desnudo de la cintura para abajo
poco a poco el cielo
fue dándose cuenta de su condición
                           de eslabón perdido.




II.

Un espejo vaga dormido en las ruinas del tiempo.
Hecho de arcilla, entra con sus huesos lacrados en los templos de la noche.

A ojo cerrado avanza por un sendero de ceniza rumbo al mar,
nocturno abismo donde se refleja el vértigo.

Siempre vuelve a encontrarse con la nada:
Un hombre erguido ante los astros
imagina que construye en sueños lechos de cristal.




V.

Aquí en las entrañas de la tierra estamos
nadando en los espejismos del antiguo jardín.
Toca con la noche nuestro despertar,
para abrir los ojos en el barro y hacia el cielo ver las estrellas
que duermen en Tu nombre.

Dichosa la constelación que te vio nacer
con esa herida en el costado,
donde bebimos los mares de un caos muy antiguo.

Aquí en el centro del agua
los muy olvidados besamos esponjas de sangre.
Con siete clavos en la lengua
y otros siete en los ojos
dormimos en el tiempo
el silencio de una eternidad que nos sueña.



X.

Dormimos en el alma de un fantasma
sueños invisibles.

Flotamos en el fragor de un mundo que desaparece
sin ruido. La herrumbrosa espada de la muerte pende sobre nuestro cuello de polvo.

La destrucción es otro sueño que se asemeja al agua cuando lo circunda todo.







ACTA DEL JURADO CALIFICADOR
DEL XXIV CONCURSO UNIVERSITARIO NACIONAL DE POESÍA
UNIVERSIDAD EXTERNADO DE COLOMBIA


En la ciudad de Bogotá, a los once (11) días del mes de noviembre de dos mil once (2011), se reunieron en las instalaciones de la Universidad Externado de Colombia, los integrantes del jurado del XXIV Concurso Nacional Universitario de Poesía Universidad Externado de Colombia, María Clara Ospina, Luz Helena Cordero y Gonzalo Mallarino.

Después de leer y analizar los 53 libros presentados al concurso estuvieron de acuerdo por unanimidad en otorgar el premio a la obra bajo el título “El espejo dormido” presentado con el seudónimo: “Sebun”, que corresponde a Daniel Padilla Serrato con cédula de ciudadanía N° 80000683 de Bogotá, de la Facultad de Humanidades de la Universidad Tecnológica de Pereira, sede Ibagué. De este trabajo, dice el jurado: Los espejos y las reflexiones sobre el universo y la existencia humana dan unidad a este libro en el que el lenguaje poético construye y propone formas de ver y sentir. La otra realidad, la que muestra el espejo en su papel deformante y constructor, surge para fundar múltiples imágenes, con un lenguaje depurado y carente de lugares comunes.

Así mismo, el jurado quiere destacar el libro bajo el título “Desnudo, bajando una escalera” presentado con el seudónimo “Jack Lamotta” que corresponde a Andrés Camilo Torres Estrada con cédula de ciudadanía N° 1020717813 de Bogotá, estudiante de Humanidades de la Universidad de los Andes.


La presente acta se firma en Bogotá, D.C., a los once (11) días del mes de noviembre de dos mil once (2011).



María Clara Ospina               Luz Helena Cordero             Gonzalo Mallarino
CC N° 41.516.709 Bogotá     CC N° 63.291.342 Bogotá     CC N° 19.345.689 Bogotá
Firmado                                Firmado                                    Firmado










NOTA DEL POETA ALIRIO QUIMBAYO


Apreciado,Daniel Padilla Serrato, considero que este reconocimiento a nivel nacional a tu trabajo poético El espejo dormido”, llega con la certeza de la madurez de los frutos que tú has cultivado en silencio, con esmero y paciencia. Me alegro porque tu escritura pulsa otras líneas invisibles de nuestra existencia; pues, he tenido el grato placer de saborear la luz de algunos textos poéticos tuyos en verso y en prosa. Me alegro también porque tu Premio obtenido en XXIV Concurso Nacional Universitario de Poesía Universidad Externado de Colombia 2011, es en gran medida el justo reconocimiento a la Universidad Tecnológica de Pereira y a la Universidad del Tolima que nos abrieron este espacio académico; de modo especial, a la labor pedagógica y literaria de quienes fueron nuestros maestros en los seminarios de la Maestría en Literatura. 

De nuevo, buenas noticias para quienes amamos y reescribimos estas cordilleras y este cielo tolimense; que buena noticia para su gente laboriosa. Por eso, estoy compartiendo con mis amigos tu logro. 

Daniel, deseo que culmines lo que empezaste con la misma tenacidad del insecto devorando el tiempo. FELICITACIONES y un ABRAZO INMENSO con muchas bendiciones del Eterno.


Alirio Quimbayo Durán



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