sábado, 9 de marzo de 2013

UNA INCURSIÓN EN HECTOR ROJAS ERAZO/Luis Alfonso Ramírez P.





La creación de este libro es una aproximación hermenéutica para exhibir otro modo de acceso a los oscuros y ocultos sentidos, no entendidos ni percibidos con los acostumbrados análisis académicos de la forma material en  sus segmentaciones y distribuciones de versificación rítmica; o de los comentarios inmanentistas y sincrónicos de los temas ajenos a la condición del autor. Es acercamiento a un pensamiento lírico pero sin seguir los postulados de los análisis tradicionales de descomposición y abstracción con generalizaciones postuladas como las explicaciones más profundas de las obras literarias.
Cuenta el autor con un ámbito poético apropiado que en una extensión importante se comparte y sirve a la interpretación de la visión profunda del poeta acerca de su existencia y seguramente del resto de los seres humanos.

Me siento muy cercano a la vía escogida por Gabriel Arturo: la de dialogar con el autor a través de sus enunciados poéticos. Y como lo he repetido a mis estudiantes de literatura, para entender y dialogar con la obra literaria, para explicarla en una tarea académica, se requiere vivir sintiendo el dominio del autor y el ámbito literario, origen de la obra. Son estos los instantes iluminadores y creadores por la escritura de los versos. Ella misma es parte del acontecer que permanece y se innova en los encuentros con cada uno de sus lectores. La escritura, como acto de articulación de significantes en un orden desde la perspectiva poética del autor; no es el comienzo ni el fin de la creación artística, solamente una incursión en la trascendencia del mismo autor en la obra; es la esperanza, no de agotar los sentidos de la obra pero sí de andar rutas para encontrarse con el autor en el texto.

Gabriel Arturo está apoyado del mejor dispositivo e inspiración poética con sus creaciones y su gran imaginación de poeta realizado para encontrarse con Rojas Herazo en sus textos líricos. Solamente algunos ejemplos bastarán para demostrarlo:

“El mar en la Mejilla como un símbolo”, ha sido su selección poética para explicar la significación metafórica de que “el mar habita en el rostro de alguien”, por el bellísimo juego de imágenes del amor que florece y envejece en las imágenes del mar. Y las afirmaciones de que la metáfora es el fin de la mímesis, “ilusión contra la representación-objetivización-racionalización del mundo”,” “recreación de la sensibilidad perversa”, “el silencio y la profecía propio de lo inefable”, muestran la liberación del poeta de los sentidos petrificados de las palabras para juntarlos con sus visiones y sentires en el encuentro con sus mundos vitales.

Brotan así, los enunciados de Gabriel Arturo sobre la metaforización. Aquí la metáfora se ha vuelto un ciclón que arrastra los desechos de sentidos muertos de las palabras aisladas para ubicarlos en otras miradas que sienten el mundo en la autenticidad del poeta. La metáfora es soñar con palabras: “El anhelo de otro estado del mundo, la fundación, exploración y revelación personal de uno de ellos”. Imágenes mezcladas de sabor del Caribe, y de juventud ida por el peso y el paso de los años que van mostrando sus rastros.
De la metáfora, Gabriel Arturo, rastrea en la poesía de Rojas Herazo, una significación nueva, no resultado de la palabra aislada que sustituye; es, más bien, significación como proceso de autorepresentación indefinida de su trayectoria vital. La metáfora es la poética buscando sentido totalizante pero ilimitado: actitud visualizada del ser referido.

Hablando en otro de los ensayos de la alteridad poética, Castro en su indagación, muestra a interlocutor, a un sentido colectivo en el que incluyen, el lector, los otros y hasta el mismo poeta: “Recuérdalo bien hermano mío, sólo hablaré de ti”.

Versos que, como lo escribe Borges al enunciar al otro, reconoce su alter ego, su misma persona que se desdobla para reconocerse como otro, el mismo poeta. Juicio del otro y reconocimiento en sí mismo que trasciende el valor retórico del “tu” convertido en todos nosotros. Para Castro, al ubicar estos versos en una poética del otro, siente que en la poesía de Rojas Herazo se vive en un “teatro de voces, porque está construida a partir del tu poético, monólogo dramático donde surge el diálogo, el escenario en donde se proyecta su experiencia. Y entonces, “proyecta desde su yo, hacia afuera, su ánimo, impulso y sensaciones, y a la vez, se encuentra con las manifestaciones de otros individuos con quienes inicia una vivencia y convivencias únicas”.

Resta aclarar que el “tu” de los poemas no es una indicación del lector, no tiene un valor ni pragmático ni retórico. Es un “tu” como un “yo” del mismo poeta que lo trascienden y remiten a un nosotros, los seres humanos, inclusive sus lectores.

La lectura de la originalidad y autenticidad en el uso del lenguaje que Gabriel Arturo presenta en el ensayo “El lenguaje y el mundo de Héctor Rojas Herazo”, es la culminación de su insistencia en demostrar la autenticidad y original visión de su ser y el de los otros, y del sometimiento del lenguaje a sus deseos poéticos despojando a las palabras de los palabra. Aunque se suele afirmar que la palabra poética es desvío de la palabra normal que acude en auxilio del poeta para denominar lo innombrable; más bien, ellas hacen parte de expresiones simples  o complejas, no como sustitución sino como parte de una totalidad semántico expresiva de la imagen total del poema, como pieza discursiva de la expresividad íntima del poeta. Son expresiones propias del ámbito  poético, comparable al lenguaje de la cotidianidad. En el lenguaje, nada es desvío de nada. Lo inefable,  es un sentir del otro, del lector, no del poeta. El poeta construye y dice su propio mundo con la más bella propiedad, aunque se pueda sentir  irrealizado. Las palabras son partes importantes de los versos como significantes pero los sentidos surgen de la totalidad. Totalidad discursiva construida por el poeta en la interpretación de sus mundos, pero dispuesta también a la interpretación de sus profanadores lectores.

En los versos: “Heme aquí con mis días /, mis semanas, mis meses, metidos en cintura”, la condición de poner en cintura las semanas, los meses y los días no es un desvío de una palabra, es la necesidad de conformar la imagen del recuerdo y de la tensión en que se ponen los tiempos del poeta, y como dice Gabriel Arturo: “La poesía responde a una profunda vivencia del individuo y el poema será una forma sentida y material”.

Resalto el presente ensayo del autor por la capacidad de diálogo con el gran poeta Héctor Rojas Herazo, para mostrarnos en el libro los sentidos resultantes del encuentro de dos experiencias poéticas que no renuncian a su originalidad aleatoria y sinuosa con la cual el crítico se adentra en los significados del transcurrir de la fuerza vital en la que transcurrimos los seres humanos con un “verbo colmado, orgánico, totalizante y trascendente” y afirmar de sus versos que son la exclamación “de su legítima condición humana, el dolor de la existencia, la embestida diaria de la muerte, la memoria angustiada del hombre común y corriente que transita por las tierras, que se desgarra y resiste a pesar del tiempo” Enunciados con los que se valora la potencialización de la palabra de la poesía de Rojas Herazo, sin que sean conceptualizaciones o explicaciones objetivas, sino la vivencia compartida en imágenes de la propia existencia del poeta.

Gabriel Arturo en la originalidad de su voz demuestra que lo mínimo requerido para ser original es reconocer que su propia voz está articulada de otras voces.

Para fortalecer su lectura poética este pensador acoge las voces de tantos autores valiosos, además de los recuerdos y experiencia vivida por Rojas Herazo en el Caribe: Bataille, Blanchot, Caballero de la Hoz, Sloterdijk, Bousoño, Fernando Charry Lara, Henry Luque Muñoz, Jorge Larrosa, Guillermo Sucre, y tantos otros, quienes enriquecen el contenido del ensayo crítico, pero no impiden crear límites al dominio de saberes del autor.





lunes, 28 de enero de 2013

MI XPERIENCIA PERSONAL CON EL NADAÍSMO


Por William Marín Osorio

William Marín Osorio, Profesor Asociado y de Literatura Universidad Tecnológica de Pereira, Magíster en Literatura Hispanoamericana Instituto Caro y Cuervo, Director Semillero de Investigación Revista de Literatura Polifonía.

 

El poema es un objeto hecho del lenguaje, los ritmos, las creencias y las obsesiones de este o aquel poeta y de esta o aquella sociedad. Es el producto de una historia y una sociedad, pero su manera de ser histórico es contradictoria. El poema es una máquina que produce, sin que el poeta se lo proponga, anti-historia.

Octavio Paz


Los años escolares  

En mi adolescencia asistí con un grupo de compañeros del Colegio Rafael Uribe Uribe a muchas manifestaciones del Nadaísmo aquí en Pereira.  Corrían los años 80 y nuestra generación era la de unos estudiantes que veían ilusionados ciertos cambios en la cultura, cierta renovada forma de ver el mundo influenciada quizás por un nuevo estilo en la manera de enseñar de unos profesores progresistas: recuerdo especialmente a Gladys López Jaramillo y a su hermano, el escritor Eduardo López Jaramillo –de quien tengo la imagen de su presencia aristocrática por los corredores del colegio, llevando consigo muchos libros y conversando con el entonces rector Humberto Bustamante quien animó muchas veladas culturales en nuestra institución-, Rubén Darío Sierra, Alcides Pérez, Ramón Echeverry Peláez, profesores de Español y Literatura, quienes permitieron que naciera en nosotros una fe por la palabra como medio de expresión de nuestro mundo interior.  

El Primer Manifiesto Nadaísta (1958), anunciaba desde uno de sus postulados “Destruir un orden es por lo menos tan difícil como crearlo. Ante empresa de tan grandes proporciones, renunciamos a destruir el orden establecido. La aspiración fundamental del Nadaísmo es desacreditar ese orden”, buscando crear conciencia en el ciudadano sobre el mundo social y político que habíamos heredado del denominado Frente Nacional, una especie de tregua a la violencia bipartidista que azotaba al país desde El Bogotazo y que significaba la alternancia en el poder de los partidos políticos tradicionales; el Frente Nacional era entonces una forma de la exclusión de otras voces, de otras formas de la disidencia, lo que significó más violencia y más injusticia en un país mayoritariamente católico.  Así, el Proyecto Nadaísta era el de un espíritu crítico y rebelde, frente a la realidad de una sociedad colombiana empecinada en postergar para siempre la experiencia de los ideales de la modernidad, especialmente en los campos de la libertad en las ideas y la expresión de la dignidad humana en todos los escenarios de la vida nacional, una sociedad colombiana precipitada por sus clases dirigentes a la polarización entre los desheredados –vastas masas de marginados- y las élites políticas y económicas. 

Estas reflexiones surgían de las aulas de clase, en esos salones del Uribe, un colegio que ocupó en aquella época un sitial importante en el orden de la cultura local.  Fue la época en que García Márquez recibió el Premio Nobel de Literatura.  Recuerdo que el año 1982 fue de un impacto fundamental en nuestras conciencias de entonces.  En nuestro colegio ya veníamos leyendo a García Márquez desde hacía varios años, y sabíamos de la importancia de su palabra. Se hacían obras de teatro alrededor de sus novelas con el profesor Rafael Antonio Marín, y de la Universidad Tecnológica de Pereira nos visitaba el grupo de teatro que dirigía Antonieta Mercury, un grupo de teatro que lograba impresionar a unas mentes jóvenes con el episodio de La Masacre de las Bananeras, episodio protagonizado entonces por la United Fruit Company y por un brazo armado oficial que defendió los intereses de la compañía bananera frente a los intereses de la clase trabajadora.  García Márquez había pertenecido a Mito, un movimiento estético que buscaba un orden, en el contexto humanístico, en el horizonte de la violencia entre partidos que ya cobraba miles de víctimas en el país después de El Bogotazo.

El episodio de El Bogotazo era recreado de una manera magistral por nuestra profesora de Historia, la profesora Rosalba Salazar, quien nos llevaba a la biblioteca del colegio a escuchar la voz poderosa y vibrante del gran orador liberal Jorge Eliécer Gaitán.  No alcanzaríamos a comprender entonces las repercusiones en nuestras sensibilidades de semejante experiencia con la palabra del caudillo liberal asesinado por las fuerzas oscuras de la época.  Y no alcanzaríamos a comprender tampoco, y sólo los años nos ayudarían a entender esto, cómo la literatura y el arte se convertirían en nosotros en bastión para liderar desde la estética esa revolución invisible que tanto pregonara Jorge Gaitán Durán.  Recuerdo que una vez leímos en clase el discurso de Gaitán en el Congreso de la República sobre La Masacre de las Bananeras y cómo éste señalaba con nombre propio al autor intelectual, un general de la república como determinador de este cruento acontecimiento; nos preguntamos ahora, si ese discurso no sería determinador también del crimen de Gaitán como uno de los episodios más oscuros de la historia de Colombia. 

Así pues, en nuestra época del colegio, por los años 80, fuimos testigos de las repercusiones sociales, políticas y culturales de dos grandes movimientos estéticos y políticos que liderados desde la estética determinaron un fluir de la conciencia progresista y moderna frente a las incertidumbres del diario vivir del ciudadano de a pie.  Estoy hablando de Mito y del Nadaísmo.  El primero fundado por Hernando Valencia Goelkel y Jorge Gaitán Durán y el segundo por Gonzalo Arango.  Dos visiones del mundo, dos enclaves espirituales de hondas repercusiones en la historia del pensamiento colombiano.

Recuerdo que en diferentes ocasiones fuimos convocados por la fuerza del movimiento Nadaísta; una mañana en el colegio Inem Felipe Pérez, el aula máxima estaba a reventar de una juventud deseosa de conocer a los protagonistas de este movimiento espiritual y político, flujo y reflujo de la palabra.  Y después de un enérgico discurso de Elmo Valencia, un joven alto y combativo preguntó:  ¿Entonces qué es El Nadaísmo?  Y el orador respondió inmediatamente, sin mayores preámbulos:  Nada.  Recordemos que el término Nadaísmo había sido utilizado por primera vez por Gonzalo Arango en el año de 1958 en su Primer Manifiesto Nadaísta, y la idea era fundar un movimiento rebelde e iconoclasta que fuera una protesta social contra un régimen de cosas imperante, contra una sociedad caduca y retrógrada. Todos quedamos estupefactos con ese monosílabo, muchos soltaron la carcajada ante tan elocuente respuesta de Elmo Valencia. 

Luego fuimos convocados en innumerables ocasiones por la palabra poética de los creadores de carne y hueso que vivían entonces y que nos visitaban en nuestra ciudad, escuchamos su voz en diferentes escenarios como la sala de música del Banco de la República, el teatro de Comfamiliar Risaralda en donde, bajo la tutela del poeta Eduardo López Jaramillo, entonces director de La Sociedad de Amigos del Arte conocimos a varios poetas y escuchamos la poesía inspirada por sus musas:  Jotamario Arbeláez, Jaime Jaramillo Escobar (X504), Eduardo Escobar, poetas de perenne peregrinación por la geografía ardorosa del poema erótico, por las aguas turbulentas de un país secreto y soñado, poesía contestataria del poder, emblemática y sarcástica, habitada por el humano dolor y por la carcajada crítica que cuestiona al mundo y al hombre pues: 

(…) Una cultura solitaria, desvinculada de los intereses universales, es imposible de concebir. Nadie puede evadirse, ni eludir el papel que representa en el mundo moderno. Todo se relaciona de una manera profunda en esta época en que el simple hombre encarna una misión en la historia: su acción o su indiferencia implican una conducta de inmensas responsabilidades éticas, y al aceptarla o negarla, se salva o se condena. (…) Hemos renunciado a la esperanza de trascender bajo las promesas de cualquier religión o idealismo filosófico. Para nosotros éste es el mundo y éste es el hombre. (...) Nosotros creemos que el destino del hombre es terrestre y temporal, se realiza en planos concretos, y sólo un dinamismo creador sobre la materia del mundo da la medida de su misión espiritual, fijando su pensamiento en la historia de la cultura humana. (Gonzalo Arango. Primer Manifiesto Nadaísta).  

Siguiendo esta tradición en nuestra ciudad y en el marco de la sexta versión del Festival de Poesía Luna de Locos que dirige Giovanny Gómez, se llevó a cabo el año pasado un homenaje a los poetas Nadaístas; en el evento se contó con la presencia poética de Jotamario Arbeláez, Jaime Jaramillo Escobar y Eduardo escobar, un merecido homenaje al movimiento Nadaísta, algo que también había hecho en su momento la revista Mito al dedicar uno de sus números al Nadaísmo.  Seguirá siendo este movimiento de vanguardia una influencia importante en buena parte de nuestra literatura, especialmente a lo que atañe a su espíritu de rebeldía en las formas y en el contenido.

Mito y El Nadaísmo:  Una historia de cruce de caminos          

Hay una serie de voces significativas que se encuentran antes y después de dos momentos claves en la poesía en Colombia:   Mito y El Nadaísmo, con sus diferentes manifiestos.  El primero, liderado por Jorge Gaitán Durán y Hernando Valencia Goelkel quienes fundan en el año de 1955 la Revista Mito, una revista que contó en su comité editorial y patrocinador con los escritores Vicente Aleixandre, Luis Cardoza y Aragón, Carlos Drummond de Andrade, León de Greiff, Octavio Paz y Alfonso Reyes. Gaitán Durán, quien había regresado al país con una formación europea, quiso hacer un llamado a la reconciliación de la nación a partir de la palabra y del conocimiento profundo del origen de nuestra historia de violencia e injusticias sociales; La Revista Mito abrió el pensamiento colombiano a los más diversos acontecimientos nacionales e internacionales, ejerciendo una influencia significativa en grupos como El Nadaísmo, a este respecto Armando Romero señala: “(…) Mito fue el orden estructurador de una rebelión de la conciencia que posibilitó el desorden romántico vanguardista del nadaísmo.” (1985).  El Nadaísmo, fue un llamado a la desintegración de una sociedad caduca y sinsentido ahogada en el baño de sangre entre partidos, recrudecido con el asesinato del líder liberal Jorge Eliecer Gaitán, símbolo de la exclusión desde lo político en el escenario social de vastos sectores de la población colombiana. 

Tanto Mito como El Nadaísmo, fueron epígonos, en sus diferentes momentos históricos de dos formas de ver la realidad nacional a partir de la poesía.  Quiero destacar de ambas visiones estéticas, políticas y sociales, que se tejieron al ritmo de nuestras vicisitudes políticas y sociales, su necesidad de mirar al hombre y sus circunstancias.  Es importante destacar que los Nadaístas publicaron la Revista Nadaísmo 70 (1970-1971) que fue su medio de expresión para ejercer una ruptura con el ambiente literario de la época, por ejemplo contra el grupo El Centenario que expresaba a la élite intelectual que detentaba el poder político. Pero quizás fue muy significativo que este movimiento ejerciera su magisterio desde influencias tan importantes como el surrealismo y el existencialismo, de allí que en sus páginas se publicaron textos de Sartre y Camus, para poner en perspectiva su pensamiento con la crítica a los problemas de la época.

Si bien el movimiento Nadaísta constituye un referente clave para interpretar a la generación del Frente Nacional, sí es significativo el hecho de que escritores como Gonzalo Arango, Jota Mario Arbeláez, Jaime Jaramillo Escobar, Fernando González –animador espiritual del Nadaísmo-, hicieron de la palabra poética una fiesta del lenguaje y una forma de la crítica social a las costumbres de una Colombia secreta, conservadora y anodina.  Este referente es fundamental en una historia de la poesía en Colombia.  El Nadaísmo buscaba como respuesta a esa sociedad que cuestionaba, la destrucción del poema y la sociedad que lo habitaba, su estética fue una antiestética, en mi concepción una propuesta de barbarie y provocación inusitada en contra de los principios universales de la poesía, con algunas excepciones como la del poeta Jaime Jaramillo Escobar.    

Las palabras de Gaitán Durán “todo edificio estético descansa sobre un proyecto ético”(1955) en el contexto de la situación política y social de la Colombia de los años 50 y del presente, advierten que el artista tiene un proyecto humanista de grandes repercusiones, pues el artista tiene un compromiso con el hombre y con el arte, pues hay una simbiosis entre el arte y la vida, y en este sentido las conductas humanas del artista repercuten inevitablemente en su creación.  Gaitán Durán con su revista nos puso en contacto con Europa, y fue el inicio de nuestra primera vanguardia, es decir, el inicio de nuestra modernidad en los campos de la crítica y de la estética, herencia de la tradición simbolista, una tradición que tocó el alma del poema en su estructura, pero también el alma humana en su condición social y política, como lo expresara Mito(1955-1962) en sus manifiestos, especialmente desde la perspectiva del intelectual comprometido con el hombre, con su tiempo.

La Revista Mito(1955-1962) nos hizo contemporáneos del mundo, allí se publicaron obras de escritores hasta entonces desconocidos en nuestro panorama intelectual:  Carlos Fuentes, Octavio Paz, Julio Cortázar, Pablo Neruda, Vicente Aleixandre;  traducciones de la obra de Sartre, Lukács, Husserl, Camus.  Este proyecto de modernidad nos condujo por la senda de la libertad poética y creativa.   García Maffla señala al respecto: 

           Habría que hablar de Jorge Gaitán Durán como de la lucidez de la pasión, que se ha hecho herida y visión; coetaneidad real con el mundo, duelo de la mirada para que el país intelectual abriera sus ojos a un imperativo de humanidad y de autenticidad. Y si habló de lo pasado y de lo extranjero fue bajo la exigencia de una apropiación, de una evolución intelectual y vital de la cual -europea e hispanoamericana- se había apartado Colombia, a espaldas del signo de la modernidad: Heidegger, Marx, Camus, Durrell, Pizarnik, Freud, Breton, Borges, Bataille, Sade, Cernuda o Paz, se aunaban gracias a Gaitán Durán en una visión nueva con lo que era colombiano. Su apuesta fue a la vez crítica y poética, como su obra fue diálogo con el fluir universal, afirmación de la cifra del tiempo e iniciación, tanto de una europeización real como de una auténtica hispanidad. Para nosotros, por figuras como la suya, el siglo XIX quedaba, al fin, atrás. (García Maffla, 1999).

En su estudio de la poesía colombiana de 1940 a 1960, Armando Romero(1985) plantea entonces que Silva será el emblema de la modernidad literaria del país, que su obra será fundadora de una nueva estética y que se hace heredera del romanticismo europeo.  Silva empieza a centrarse en el lenguaje, herencia del simbolismo; pero su clave estética también hay que descifrarla desde su cosmopolitismo, representado en el poeta José Fernández en De sobremesa (2003).

Con respecto a Mito, Romero ve a este grupo más como una expresión del intelectual comprometido que como un movimiento poético, por ello lo estudia como un movimiento de pos-vanguardia:   Romero señala:

Si se mira desde un punto de vista muy amplio, la posición de “Mito” con respecto a la poesía es la de una abertura cada vez mayor hacia ese tono de vibrante inteligencia y aguda sensibilidad que es característico de la posvanguardia, en la cual una mesura de la expresión va acorde con un rigor de la conciencia para evitar que el poema se precipite por los abismos de la incoherencia o el hermetismo. (1985, 108).

Sin embargo, para Armando Romero El Nadaísmo es la única vanguardia en Colombia.  Quizás se hace eco entonces de la vanguardia como ruptura con la tradición, como enfrentamiento con el presente y crítica del pasado.  Gonzalo Arango lo expresa así:  “El nadaísmo es un espíritu revolucionario que excede toda clase de prevenciones y posibilidades” (Arango, 1974: 16). (…) “No dejar una fe intacta, ni un ídolo en su sitio. Todo lo que está consagrado como adorable por el orden imperante será examinado y revisado. Se conservará solamente aquello que esté orientado hacia la revolución, y que fundamente por su consistencia indestructible, los cimientos de la nueva sociedad” (Arango, 1974: 39). Para Arango con El Nadaísmo surge el único movimiento literario en la historia de Colombia. 

En este sentido, siguiendo a Eduardo escobar, la vanguardia del movimiento Nadaísta:

Significaba una revolución en la forma y el contenido del orden espiritual imperante en Colombia. Tenían un extenso programa de subversión cultural (estético, social, religioso), que apoyándose en la duda y en elementos no racionales y teniendo como arma la negación y la irreverencia, el desvertebramiento de la prosa y el inconformismo continuo buscaban el cuestionamiento de la sociedad colombiana. (Escobar, 1989: 1).


Estas son algunas coordenadas históricas para entender el movimiento Nadaísta y su relación de inevitable filiación crítica con Mito.  Dos movimientos estéticos y políticos que definieron el panorama de nuestra crítica y la puesta en marcha de un programa artístico en función del ascenso del hombre.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS 

ALVARADO TENORIO, Harold (2007).  La poesía en Colombia ha dejado de existir.  En: Revista de Poesía Arquitrave.  Bogotá:  Azularte.

ARANGO, Gonzalo (1974).  La obra negra. Buenos Aires, Carlos Lohlé.

ESCOBAR, Eduardo (1989). Gonzalo Arango. Bogotá:  Procultura.

ESCOBAR MESA, Augusto (2003).  Armando Romero.  Aventura vital y goce poético. En: Cuatro náufragos de la palabra. Diálogo compartido con Héctor Abad Faciolince, Arturo Alape, Piedad Bonnett, Armando Romero. Medellín: Eafit.  

GARCÍA MAFFLA, Jaime (1999). Jorge Gaitán Durán 1925 – 1962. Palabra en situación. Bogotá:  El Tiempo.

PAZ, Octavio (1981)  Los hijos del limo.  Del romanticismo a la vanguardia. Barcelona:  Planeta. 

REVISTA MITO (1955-1962).  Bogotá:  Mito, Revista Bimestral de Cultura.

REVISTA NADAÍSMO 70 (1970-1971). Nadaísmo 70:  Revista Americana de Vanguardia. Nos. 1-8.

ROMERO, Armando (1985).  Las palabras están en situación:  un estudio de la poesía colombiana de 1940 a 1960.  Bogotá:  Procultura.

SILVA, José Asunción (2003). De sobremesa. Prólogo de Gabriel García Márquez. Madrid:  Hiperión.





  

miércoles, 5 de diciembre de 2012

HUYENDO DE LAS FIGURAS LITERARIAS/Víctor López R.


                 
“Otra de las fantasías del alba del milenio,
será la desaparición del intelectual".
               

Por VÍCTOR LÓPEZ RACHE

1.                FANTASÍAS OFICIALES

Hay una regla sin excepción. Las estrellas de la inteligencia impiden ver las actividades, la obra y las aventuras del creador auténtico. Su dicha es tan plena que anulan la existencia de los semejantes y han alterado la realidad convirtiéndola en un mosaico de fantasías. Las figuras anulan la capacidad de pensar e irradian un magnetismo que deja a la comunidad satisfecha noche y día.

Les encanta la idea de acumulación individual, la ayudan a propagar y les parece magnífico no hablar de intelectual, sino de productos del conocimiento. Su presencia le otorga legitimidad a la red de fantasías que ha llevado a ponerle fin a la vieja noción de sentido común. Ya no se pregunta de qué se trata un libro, sino qué multinacional lo ha publicado. Los demás debemos fingirnos escépticos prehistóricos e ignorar el impacto del Tratado de Libre Comercio, donde no sólo la semilla de las plantas tendrá un sello extranjero, sino el fruto de la imaginación. Un pequeño artefacto absorberá las ideas del auditorio atento o del transeúnte desprevenido, y el experto en recolectar ideas ajenas gestionará las patentes y será su propietario. El argumento será: la vivencia es tuya; pero la versión es mía y, como tal, la obra me pertenece. Si hay demandas, el juez concluirá que no hubo plagio ni apropiación, sino una inspiración colateral en bruto.

Para hacer menos tensa la regla sin excepción, es necesario observar las opciones que le quedan a las criaturas que nacieron en las décadas precedentes a semejante avance de la humanidad. Además, el lugar, la formación y la capacidad de resistencia, quizá, nos pueda ayudar a entender porqué confiamos en fantasías que, finalmente, nos dejan tranquilos bajo el paraguas de las confusiones. Por ejemplo, yo nací en un país cuyos habitantes hablan el mejor español, exaltan los símbolos nacionales y triunfan donde vayan. Crecí en una democracia nunca interrumpida y de valores respetuosos de la diferencia.

Tuve la dicha de entrar a la adultez aplaudiendo el fruto de ello: un premio Nobel dispuesto a decir siempre: el único deber del escritor es escribir bien. Dejé atrás la edad de la razón bajo la guía de un gobernante descendiente de Cristo. Y comienzo la ancianidad en medio de la gente más feliz del mundo. Además, he gozado los dones superiores de la inspiración gracias a la abundancia de bellezas tan fascinantes que sólo son aptas para valientes dedicados a negocios de alto riesgo… En fin, moriré en el mejor vividero del mundo.


2.      SENSATEZ ARTIFICIAL

A los sensatos les queda difícil liberarse de tan nobles ventajas y sólo aquellos que no han eliminado el necio interior, arriesgan el futuro mirando otras posibilidades. Los ilusos ignoran que triunfar es adaptarse al oscurantismo de las fantasías y han terminado en la confusión y, como es lógico, los gestores culturales se ven en la obligación de consagrarlos como expertos en cerrarse puertas. Son amigos de las trasgresiones, avanzan en sentido opuesto a la velocidad de los procesos de creación, e irrespetan los buenos modales; pues adular al famoso es deber de todos; pero cuestionarlo es una opción digna de alguien más famoso; o sea, para refutar la actuación de un Nobel, el atrevido debe tener dos Premios Nobel. A ello le llaman autoridad intelectual.

Pero gracias a la confusión he logrado informarme que Colombia se parece a otros países del continente. Por ejemplo, México también tuvo un premio Nobel que, todavía, celebramos aunque nunca le concedió media línea al nuestro. Tienen un pintor que le dijo al nuestro que dejara de admirar esas obras alargadas hasta la flaqueza y se pusiera a pintar gordos. Estas son influencias secundarias. Es bueno resaltar lo dinámico y sugestivo, emprendedor y divertido. La democracia de nuestro país es semejante a la de allí, apenas interrumpida por un partido, sagazmente, llamado PAN. Lo ratifican los científicos de la comunicación de los distintos medios de la misma multinacional. Allá, como aquí, la obra importante no es la del Nobel, los pintores y, menos, la de un pensador. No. Es la obra de aquellos conocidos en boca de la gente mal hablada, como mafiosos, cuando los analistas los han llamado hombres dedicados a negocios de alto riesgo.

Con otros países las semejanzas se estrechan. A pesar de la ascendencia racial y literaria de Argentina, Colombia al fin la superó. Hace años logramos los 30 mil desaparecidos y, según el mismo gobierno, vamos en 61.404. Entre más grande la cifra más profundas las ideas de los burócratas de alma, preparados en instituciones de prestigio universal. Ellos asesoran y los gobiernos violan los convenios internacionales sin sufrir sanciones de las Naciones Unidas. El principal tutor de la gama de delitos es un expresidente, cuya ira arroja un sinnúmero de manicomios en cada frase. En distintos escenarios del continente repite el mismo monólogo, y como su cosmovisión avergüenza, incluso, a sus fieles, el Nobel Vargas Llosa, lo llama líder de la democracia y la libertad, paradoja que también usa para exaltar a Piñera, quien logró su fortuna gracias a Pinochet.

En los países ricos en miserias es más fácil ocultar la verdad que cambiar de fantasía. En 1982 García Márquez recibió el Nobel y en el 2012 todavía no hemos podido recuperarnos. El impacto fue tan hondo que el presidente Betancur canceló el mundial de futbol afirmando: con Gabito –así le dicen los cultos del poder–, basta para que Colombia sea conocida en los países decentes y las lenguas civilizadas. Este presidente es poeta, ha sido jurado de poesía, lidera una fundación cultural, y toleró el Holocausto del Palacio de Justicia que propició la izquierda y consumó la ultraderecha. Y como existe el temor que deba responder penalmente, ha recibido la nacionalidad española; pues sería de mal gusto que un poeta e intelectual pasara sus últimos días en las mismas condiciones que Fujimori. Después de dicho Holocausto, con raras terminologías, los magos del derecho han afianzado el concepto jurídico Homicidio Justificable.

Por su parte, el padre de la antropología colombiana expresó especial afecto por las diezmadas minorías indígenas y, según un profesor e investigador, fue miembro activo de los campos de concentración de Hitler. Al respecto el joven decano de una facultad de sociología, sonriente, explicó: ello acaba de enriquecer su obra; fue un intelectual integral.

Hay bocas todavía más directas. Sin importar que un autor sea anciano, los jóvenes editores le aconsejan: muchacho, elimina tus originales; una época no resiste más que un hombre de letras. Son el eco de aquellos que aseguran que, en nuestra lengua, sólo se salvan El Quijote y Cien años de soledad. Y los nuevos sabios en poesía consideran lejano a César Vallejo y del Siglo de Oro ni siquiera rescatan un poema. La razón la dio décadas atrás otro de los grandes: el español es inepto para la poesía.

No sobra reseñar una moda repetida año tras año. Existe un círculo experto en ganar premios y para superar el calificativo de Parroquianos Globales decidieron leer a Kafka. En la siguiente sesión renunciaron porque los personajes eran ambiguos, las atmósferas deprimentes, el lenguaje no emulaba la amena calidad del periodismo; en fin, las novelas kafkianas no se ajustaban a la línea editorial de las multinacionales en que ellos publicaban. El juicioso hojeó con menos afán El Proceso y, además de capítulos invertidos e inconclusos, descubrió que algunos episodios se repetían en sus cuentos, y los cuentos se parecían a las parábolas de una pesadilla.


3.      PREGUNTAS MOLESTAS

Las figuras cumplen su labor cuando estimulan las fantasías colectivas y, ahora, nadie piensa que una obra auténtica es fruto de sufrimientos, insomnios, soledades. Nadie piensan que existen creadores inéditos, marginales, depresivos, exiliados y, sobre todo, ajenos a las fórmulas vigentes. Son creadores que, en el aislamiento, todavía se preguntan:

~¿Las figuras son tan ajenas a la realidad como para que se conviertan en fuente de fantasías?
~¿Por qué los artistas de fama absolutista no les importa sacrificar su obra y la de los demás?
~¿El libro de un talento sincero puede cambiar el alma de una comunidad manipulada?
~¿Exaltar las distintas variables de la violencia es la única opción que nos ofrece la época?
~¿Nos sentimos mal siendo útiles al sistema; pero, también, agitando las banderas opuestas?
~¿El éxito es tan peligroso que trasforma a los creadores en publicistas cuando no en políticos?
~¿Se debe sacrificar la imaginación y el lenguaje a cambio del reconocimiento instantáneo?
~¿Las figuras del saber y la creación, en verdad, son técnicamente inmortales?

Pero como las preguntas son molestas, ellos ni siquiera renacerán en la biblioteca de los fracasos, porque las figuras también llenan sus anaqueles con los libros que les preparan los asistentes mientras reciben homenajes y premios. Quienes no son totalmente anónimos se han refugiado en el imposible arte de saber callar. Si cometen la necedad de expresar sus dudas, también se consagrarán como expertos en cerrarse puertas. Sus libros no serán parte de catálogos y, mucho menos, recibirán el favor de los burócratas de la cultura. No correrán la dicha que sigue corriendo el menor del Boom.

En cuarto de bachillerato leímos la admirable Casa Verde; nuestros hijos en noveno leyeron Los cuadernos de Don Rigoberto; en noveno nuestros nietos están leyendo Travesuras de la niña mala; y en noveno nuestros bisnietos leerán alguna novela póstuma de Vargas Llosa, así no haya sido escrita por él.

La suerte de Sábato y Lezama Lima es opuesta y, sin exagerar, ya nadie recuerda a Gutiérrez Girardot y, menos, a Rojas Herazo. Quienes enseñan a transgredir la escritura de los notarios  de los crueles, a amar la palabra, a leer los clásicos, a revelar los misterios de la realidad oculta en las fantasías, corren peor suerte. Para impedirles coger vuelo, les aumentan la carga académica y son el punto crítico de alumnos y colegas. Y sinceramente es loco mencionar a los creadores que carecen de apoyo público y privado. En cambio, la publicidad se ha vuelto sinónimo de creativo, y la estadística, de inteligencia. No puede ser de otra manera. Autoridades de los  números y las finanzas diseñaron una fórmula que permite salir de la pobreza con 90 dólares al mes. En consecuencia, en lo que demora un clic, Colombia pasó de 33 millones de pobres a 28; el gobierno subió en las encuestas y los líderes del conocimiento, en concreto, pudieron demostrar su función social.

Esta ligera paradoja apenas vislumbra una época sumisa a las facultades de la distorsión y, desde luego, apta para venerar a los modelos que perfeccionan los gobiernos y las multinacionales y, agradecidos, ellos contribuyen a volver espuma la realidad. Un autor logra reconocimiento súbito si en la primera página es capaz de acomodar una frase que evoque la más aguda de las violencias. Si pasa la prueba tendrá micrófonos, televisión y espacios impresos y virtuales. Todos los medios, todos, se disputaron la visita del hijo de Pablo Escobar que, ahora, ostenta un apellido de proyección presidencial: Marroquín. El venía de Argentina a exaltar la obra de su padre y los medios lo presentaron como el documentalista y director nunca visto. Los hijos de las víctimas famosas fueron los primeros en darle el abrazo de bienvenida. La puesta en escena no sólo ponía en ridículo el perdón cristiano, sino privilegiaba el crimen sobre la imaginación.


4.      EQUIVOCACIONES CON FUTURO

El montaje de las fantasías oficiales es tan perfecto que a los bien pensados les brinda la dicha de refugiarse en las confusiones para evitar referirse a las tragedias ocultas por la distorsión.

Muchas veces asistí a conferencias de nacionales e internacionales y, siempre, ponían los mismos ejemplos de Borges, García Márquez, Octavio Paz. Sin mencionar a Proust, los menos regionalistas citaban a los franceses. Los pedantes a Musil y Hermann Broch. Y aquellos intelectualmente insoportables elogiaron a Tolstoi y Joyce cuando un astro de las letras había calificado a Guerra y Paz como un hermoso ladrillo imposible de leer y, otro, a Ulises como un fracaso literario. Pero siempre oí los mismos ejemplos. Y los saberes no literarios, dignos de feria, también exhibían figuras incubadas en el mismo tubo de ensayo.

Los extranjeros no salían del asombro y consideraron a Bogotá como la ciudad más posmoderna del mundo: en avenidas parecidas a autopistas virtuales niños descalzos arrastraban carritos de reciclaje e interrumpían la velocidad de autos de extraditables y, seguramente, de generales y banqueros. Nuestro aspirante a Nobel de medicina llama filántropo de la ciencia a un banquero que, la envidia asegura, hizo su fantástica fortuna guardando el dinero de los colombianos dedicados a negocios de alto riesgo. La arquitectura reúne distintas ramas del conocimiento, la imaginación, la belleza y la sensibilidad. E ingeniosos arquitectos han logrado diseñar penthouses de encanto para el hampa oficial, fugitivos de Venezuela, gerentes de multinacionales y sanguinarios de bien. Sin exagerar, cierta inteligencia y creatividad están al servicio del poder, sea oficial o clandestino. En Colombia no hay una sola investigación a los constructores de las maravillas de los homicidas. La utilidad del conocimiento, dirán los defensores de la propiedad ilimitada y del homicidio justificable.

Ante este arcoíris de oscuridades, los intelectuales críticos pensaban en su futuro y, en voz baja, culpaban a las confusiones propias de todo fin de milenio. Tanto escuché las mismas citas, las mismas evasivas, que puedo afirmar que la contribución de los expertos, de paso por Bogotá, fue haber revelado la existencia de la Equivocología. Con tanta solvencia los Equivocólogos repetían las distintas versiones del mismo contenido que me expulsaron de los sagrados pabellones del saber internacional; sin embargo, logré recobrar mi adicción al engaño y volví a la siguiente Feria. Una multinacional de la publicación invitaba a descifrar los misterios estéticos de la obra de Roberto Bolaño y los panelistas no habían alcanzado a preparar la charla en el avión y el hotel les había resultado poco inspirador; pero ya estábamos en la era en que se publican libros con fecha de vencimiento y, desde luego, les bastó proyectar el espíritu de un triunfador de las letras.

Eran sobresalientes de la quinta ola postboom, los apuraba el itinerario de promoción por la aldea latinoamericana y, como es lógico, debían adaptar sus impresiones a la medida de los auditorios de cada capital, y todo tiempo les era escaso. Representaron su papel, los aplausos anularon toda posibilidad de reflexión y la falta de preguntas acabó de confirmar la altura excluyente del acto. En las últimas promociones del Hay Festival, algunos de ellos, han visto todo maravilloso y, como si la Tecnociencia permitiese las viejas plumas, los periodistas afirman que los vieron recibir la pluma de Fuentes, García Márquez y Vargas Llosa. Si estos elegidos contagian de optimismo a los gestores de los países donde vayan, confirmarán la regla sin excepción y serán adornos vitalicios en los podios del mundo. Y una estrella carece de responsabilidad distinta a multiplicar la admiración de las sociedades adictas a consolar sus carencias celebrando los triunfos de aquellos símbolos que los desdeñan.
Por todo lo anterior, y para no arruinar también el lugar común, me atrevo a decir que, otra de las fantasías del alba del milenio, será la desaparición del intelectual.

La sociedad narcisista: todos escriben, nadie lee.

  Tomado de Kalewche.com La sociedad narcisista: todos escriben, nadie lee El breve ensayo que compartimos a continuación, y que puede leers...